Capítulo 135
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 135: Reina: Rechazo a la convivencia postmatrimonial ?
Tras una ronda, Roshwitha se sentó sobre el escritorio, su camisón colgaba descuidadamente sobre su cuerpo, con los tirantes finos cayendo de sus hombros fragantes, provocadores. Bajó la mirada hacia la punta de su cola, frunciendo ligeramente el ceño.
Pero pronto bufó con frialdad, decidiendo que más tarde haría que Leon volviera a actuar como su “esclavo lavapiés”.
Con esa idea en mente, Roshwitha alzó la vista hacia Leon, que seguía allí frente a ella, con las manos apoyadas en los reposabrazos de la silla, mirando al techo con la vista perdida, como si estuviera contemplando el sentido de la vida.
La reina se sintió levemente conmovida, y lentamente alzó su delicado y pálido pie, apoyándolo suavemente sobre el tatuaje de dragón en el pecho de Leon. La resonancia del tatuaje comenzó a desvanecerse, dejando tras de sí unos ligeros destellos azulados.
Roshwitha alzó una ceja.
—¿Qué es eso?
—¿Qué cosa?
—La luz del tatuaje de dragón —señaló con la barbilla el pecho de Leon—. ¿Por qué es azul?
Leon bajó la mirada y, al tomar el delicado tobillo de Roshwitha para apartar su pie, confirmó que el tatuaje emitía un tenue resplandor azul, aunque pronto se apagó.
Roshwitha se zafó de su agarre, colocando de nuevo su pie sobre su pecho.
—¿Tampoco lo sabes?
Leon apretó los labios. En realidad, sabía muy bien de qué se trataba: era la magia que había estado acumulando en el tatuaje de dragón durante los últimos días.
Después de varios experimentos, había descubierto que esa combinación de magia con las propiedades del tatuaje generaba ese parpadeo azul.
Y sospechaba que, sin importar el método, mientras se implicara el tatuaje, la magia que él «aportaba» sería consumida.
Intentó sentirla… y efectivamente, su energía mágica había disminuido, aunque por suerte no del todo. Eso le trajo algo de consuelo.
—Quizás se descontroló otra vez. ¿No pasó lo mismo la vez en las aguas termales? —propuso como excusa razonable.
Roshwitha asintió pensativa.
—¿Ah sí…? Pero este descontrol fue bastante bueno.
Leon frunció el ceño.
—¿Bueno?
—Sí. Aunque no fue según el procedimiento habitual, solo usando la cola, teóricamente no debería haberse sentido gran cosa.
Roshwitha recordó el proceso anterior y dijo:
—Pero lo cierto es que me sentí… bastante bien. Entumecida, con cosquilleo, hmm, cómoda.
Leon le lanzó una mirada de soslayo.
Madre Dragona, ¿sabes por qué te sentiste así?
Porque estaba lleno de noble magia del elemento rayo.
Si no, ¿cómo iba a provocarte esa sensación solo un simple tatuaje de dragón?
Sigue soñando.
Roshwitha mordió su labio, y su planta cálida comenzó a deslizarse lentamente por el pecho de Leon. Cuando llegó al abdomen, Leon la detuvo al instante, sujetándole el tobillo.
—¿Qué haces?
Roshwitha ladeó ligeramente la cabeza, preguntando juguetona:
—Te metiste a escondidas en mi alcoba en plena noche, ¿no crees que un solo castigo es suficiente?
Como el método de antes fue simple y no una entrega completa como otras veces, ambos aún tenían energía de sobra.
Y obviamente, ya fuera por castigo o por otra razón, Roshwitha seguía insatisfecha. Quería una segunda ronda. Esta vez, pensaba usar [censurado].
Leon pensó que no podía permitirse otra más. Por fin había acumulado algo de energía mágica; ¡tenía que usarla donde realmente importara!
—Ya basta, Madre Dragona. Estás embarazada —mencionó eso, intentando frenarla.
Roshwitha se reclinó ligeramente, apoyándose con las manos.
—¿Y qué si estoy embarazada? Yo no te obligué a meterte en la cama conmigo.
Los ojos de Leon parpadearon, y replicó al instante:
—Me refiero a que ya casi son las cuatro de la mañana, y las embarazadas no deberían desvelarse tanto.
Una excusa bastante buena; Roshwitha no tenía cómo rebatirla de inmediato. Pero aun así, no pensaba dejarlo libre tan fácilmente.
—No tenemos que continuar, pero dime, ¿para qué viniste a mi habitación en primer lugar?
La pregunta volvía al principio. Leon se dio cuenta de que si no encontraba una excusa perfecta, Roshwitha no lo dejaría ir.
Después de pensarlo, decidió jugar la “carta familiar”, aunque en realidad no compartieran ningún lazo. Pero cuando ya no te quedan más opciones, el sentimentalismo siempre es un buen recurso.
—Yo… me preocupaba por ti, así que quise ver si estabas durmiendo bien —dijo Leon, mirando a Roshwitha con afecto.
Ella se quedó pasmada.
—¿Preocuparte por mí?
—Sí. Ahora que estás embarazada, tu cuerpo se siente incómodo a menudo. Aunque normalmente nos llevamos fatal, sé ver el panorama general. En este momento, tú eres lo más importante para nuestra familia, así que podemos dejar de lado nuestras diferencias.
En unas pocas frases, Leon se pintó como un varón humano de alta calidad, considerado y tolerante. Lo que no sabía era que estaba a punto de derretir el corazón de Roshwitha.
Ella se cubrió la boca con ambas manos, mirando a Leon en silencio, con sus ojos plateados temblando, como si estuviera a punto de decir algo.
Leon, al ver su reacción, supo que su improvisación había dado en el blanco. Aprovechó el momento y continuó:
—Estoy seguro de que tú también lo sientes así, ¿verdad? Somos bastante parecidos. Ambos queremos proteger esta familia, y ahora, he volcado ese afecto hacia ti, Roshwitha. Me importas.
—Leon… —su voz se oyó amortiguada tras sus manos.
—¿Sí?
¿Está conmovida? ¿Va a llorar? Por favor, que no llore…
—Voy a vomitar —dijo Roshwitha.
—¿Náuseas matutinas? —preguntó él.
—No. Voy a vomitar porque me das asco.
Roshwitha cerró los ojos, tragó saliva, respiró hondo y luego suspiró con alivio. Su expresión se suavizó un poco.
—Uf… bien, continúa.
—…¿Qué?
¿Qué pasa, Madre Dragona? ¿Ni siquiera un humano de alta calidad te conmueve? ¿Tu corazón es de granito? ¿Nada te mueve?
Ah… claro, es una dragona. Los humanos de calidad no son lo suyo.
Roshwitha ladeó la cabeza, disfrutando la expresión derrotada de Leon, y sonrió:
—¿De verdad te importo?
Leon parpadeó. Olía a trampa.
—Eh… bueno, en realidad no es que me importes tanto… no como tú crees.
—Hmph. Si no te importo tanto, entonces colarte en mi habitación es un delito grave —replicó Roshwitha, guiándolo con calma hacia la trampa.
—…¿El que me importes no es suficiente?
—¿Cuánto te importo?
—¿Vas a insistir con eso?
Roshwitha ya había visto a través del jueguito de Leon, por eso lo cuestionaba como una niña demandando cariño: “¿De verdad me quieres?”
Leon, por supuesto, captó el juego y decidió no seguirle más la corriente.
Roshwitha sonrió levemente, luego retiró el pie del abdomen de Leon. Pronto, su tono se volvió serio.
—Leon, levanto la restricción. Puedes entrar y salir libremente del Templo del Dragón Plateado, incluso de mi habitación. Pero eso no significa que puedas colarte a escondidas en la noche. ¿Entendido?
Leon levantó las manos en señal de rendición.
—Castígame si quieres, me someto.
Pillado con las manos en la masa, no tenía más que aceptar. Por muy terco que fuera, no podía negar los hechos.
—Hmph, ¿castigarte? Ya tendré muchas oportunidades para eso más adelante —dijo Roshwitha.
Saltó del escritorio, acomodó los tirantes de su camisón, y luego caminó hacia Leon. Se inclinó y le dio un golpecito en el pecho con su dedo índice.
—A partir de ahora, dormirás en tu propia habitación como un buen chico. Y si pasa de las siete de la tarde, no se te permite estar en mi dormitorio. Si lo haces… ya sabes lo que te espera, ¿verdad, querido cautivo?