Capítulo 61
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Esa misma noche, Roshwitha abrió los ojos lentamente.
Ante ella, un techo blanco puro. Bajo su cuerpo, una cama grande y suave.
La manta que la cubría aún tenía ese aroma tan familiar.
Intentó incorporarse… pero no tenía ni una pizca de fuerza en el cuerpo, como si le hubieran arrancado hasta la última gota de energía.
Resignada, se acomodó nuevamente y se quedó quieta, intentando recordar qué había pasado antes de desmayarse.
Recordaba claramente que aquella noche usó elEncanto de Sangresobre Leon.
Y ver a Leon lanzarse hacia ella, seducido y entregado, había sido extremadamente satisfactorio.
Después, con la doble resonancia de los tatuajes dracónicos, ambos se fundieron en un acto apasionado.
Y luego… fue como si hubiese dormido durante muchísimo tiempo.
Durante ese lapso, soñó muchas cosas.
Soñó que Leon la cuidaba durante veinticuatro horas al día, sin separarse nunca de su lado.
Soñó que Leon, por satisfacer sus gustos más extraños, la disfrazaba de conejita erótica mientras ella dormía profundamente.
Incluso soñó… ¿que Leon moría?
Y que sus hijas le organizaban un funeral majestuoso…
No, imposible. Eso sí que era un sueño absurdo. No podría pasar jamás.
Entonces, hablando en serio…
¿Por qué había estado inconsciente tanto tiempo?
¿Fue por el efecto secundario delEncanto de Sangre?
Pero Roshwitha había investigado a fondo antes de usarlo. Con su cuerpo de Reina Dragón, debería haber sido capaz de resistir perfectamente los efectos adversos del hechizo.
¿Cómo es que acabó desmayada tras usarlo…?
¿Podría ser que, por haber salvado a Leon antes, usó demasiado de su—?
“Uhm…”
De pronto, un pequeño quejido infantil le llegó desde un costado.
Roshwitha bajó la mirada y vio un pequeño mechón de cabello despeinado, jugueteando con el dorso de su mano.
Era Moon.
La pequeña dragona estaba acurrucada al borde de la cama, respirando con calma. Parecía profundamente dormida.
Roshwitha sonrió con ternura, agotada pero reconfortada. Alzó la mano con esfuerzo y acarició suavemente la cabecita de su hija.
Ese gesto bastó para que Moon se despertara lentamente.
Todavía medio dormida, tambaleándose sobre la silla, parecía a punto de volverse a quedar frita.
Roshwitha la llamó con una voz suave:
—Moon.
—¿Mmm…? ¿Mamá? ¡¡Mamá, despertaste!!
Moon se despabiló de golpe, totalmente despierta.
Agarró la mano de su madre y la presionó contra su mejilla, los ojos llenos de lágrimas.
—¡Mamá, por fin despertaste! Moon estaba tan preocupada…
—No llores, cariño. ¿Ves? Mamá está bien.
Roshwitha le secó las lágrimas del rostro y le pellizcó con cariño la mejilla regordeta.
—Lo siento, Moon, por haberte hecho preocupar. ¿Y tu hermana?
—Se fue esta mañana de regreso a la academia.
—Oh… ¿se fue por la mañana?
Roshwitha hizo cuentas mentalmente. Cuando cayó inconsciente, Noa acababa de entrar en vacaciones.
Y ahora, ya había regresado a clases.
Eso significaba que había estado inconsciente por más de dos días.
Dos días…
De pronto, Roshwitha se dio cuenta de algo. Quiso levantarse de golpe.
Pero su cuerpo seguía demasiado débil, completamente drenado de energía.
El cuerpo de una Reina Dragón, efectivamente, era poderoso. Eso le permitió despertar antes de lo previsto del estado de coma provocado por los efectos secundarios delEncanto de Sangre.
Pero aunque su consciencia había regresado, su cuerpo seguía bajo los estragos del hechizo.
En otras palabras, aunque estuviera despierta, no era muy distinto de seguir dormida. Solo podía hablar un poco con los suyos.
Y justo entonces, recordó algo.
Leon.
Miró alrededor.
No había rastro alguno de Leon en la habitación.
Él era orgulloso, sí, pero también muy inteligente. Y si para lograr sus fines necesitaba agachar la cabeza o esconderse, lo hacía sin problema.
Y ahora… su inconsciencia le había dado la oportunidad perfecta para escapar.
Roshwitha cerró los ojos con fuerza, mordiendo su labio inferior, frustrada por no haber previsto esto.
Mierda.
Si hubiera planeado todo con más precisión, quizás…
—¿Qué te parece si comemos pescado esta noche? Acabo de pescar uno enorme en la colina de atrás—.
Esa voz tan molesta, ese tono descarado—
¡Demasiado familiar!
Roshwitha abrió los ojos y giró en dirección a la voz.
Cuando vio la figura de ese bastardo, una rara expresión de asombro apareció en su rostro.
—Tú… ¡¿no huiste?!
Recién despierta y aún aturdida, Roshwitha soltó lo primero que se le vino a la cabeza.
Solo entonces notó que Moon seguía ahí al lado.
—¡Ah! Lo que quise decir es…
Leon se encogió de hombros, ayudándola a salir del paso:
—Claro que me fui. Fui a dar un paseo por la colina, a respirar aire fresco, ya sabes.
Roshwitha dejó escapar un suspiro de alivio.
—Hmm… y encima pescaste algo así de grande.
—Obvio. Hay que cuidar la salud de mi esposa, ¿no?
—Tú… —Roshwitha se quedó sin palabras.
Aunque un leve rubor empezó a asomar en sus mejillas.
—¡Papá, qué vergüenza! —Moon se tapó las orejas con ambas manos.
Leon soltó una sonrisa pícara y le pasó el pescado a Moon.
—Ve a buscar a Anna y dile que prepare pescado esta noche. Y ah, necesito hablar con tu mamá a solas. No nos interrumpas hasta la cena, ¿sí?
—¡Sí, sí! ¡Moon entiende!
La pequeña dragoncita abrazó el pescado —que era casi más grande que ella— y salió trotando de la habitación, cerrando la puerta con cuidado.
—Creí que serías capaz de dejar hasta a tu hija atrás con tal de huir —comentó Roshwitha.
Leon se sentó en la silla junto a la cama, recostándose con postura de mafioso, una pierna cruzada sobre la otra.
—Tengo aún muchos asuntos pendientes. ¿Cómo iba a huir así como así? —dijo con una sonrisa irónica.
—¿Asuntos? ¿Qué asuntos?
Él levantó un dedo, señalando alternativamente entre él y ella.
—Los asuntos entre tú y yo.
A Roshwitha se le encendieron las alarmas. Una intuición desagradable le revolvió el estómago.
Se escondió bajo las sábanas, encogiendo el brazo que tenía fuera. Aunque ya sospechaba lo que vendría, preguntó con voz temblorosa:
—¿Tú… qué piensas hacer?
—¿Recuerdas lo que me hiciste hace más de un mes, cuando acababa de despertar?
Diciendo eso, Leon se levantó y se acercó al borde de la cama. Le apartó un mechón de cabello, deslizándolo tras la oreja.
Roshwitha lo miró fijamente, con el rostro tenso.
—No… no puedes, Leon. Estoy muy débil ahora…
—¿Débil? ¿Y yo no lo estaba acaso? Recién despertado, sin poder ni beber agua, y tú entraste, cerraste la puerta y me hiciste… ¿Ya se te olvidó todo?
Roshwitha mordió con fuerza su labio, intentando movilizar su maná… sin éxito.
Desesperada, optó por una amenaza:
—Leon, mi cuerpo no estará así para siempre. Cuando me recupere… sabes perfectamente lo que te espera. Así que, más te vale no tomar una decisión de la que luego te arrepientas.
—¿Arrepentirme? No, no, mi querida esposa… esta será, sin duda, la decisión más acertada de mi vida.
—¡Leon…! —Roshwitha lo miró con rabia.
—Si hablamos de arrepentimientos, deberías preguntarte tú primero…
Leon comenzó a levantar la manta que la cubría, dejando al descubierto su seductor y delicado cuerpo.
—…si te arrepientes de haber intentado vengarte tan pronto después de que desperté.
—…si te arrepientes de haber usado elEncanto de Sangrehace unos días.
—…y si te arrepientes de amenazarme justo cuando no puedes ni moverte.
Con el dorso de la mano, acarició su rostro, luego descendió lentamente: barbilla, cuello, clavícula, hombros…
Finalmente, soltó el tirante de su camisón.
El tatuaje dracónico en su pecho brillaba con un tenue resplandor púrpura.
—Leon… sí, estoy débil ahora. Pero tú tampoco es que estés en plena forma, ¿cierto?
—Han pasado solo dos días desde que desperté. ¿Cuánto crees que tu cuerpo haya recuperado realmente?
—¡No te tengo miedo, Leon!
Quizá Roshwitha no lo supiera, pero esas palabras solo echaron más leña al fuego.
Querer que la Reina Dragón Plateada suplique… era imposible.
¡Prefería recibir cada embestida tumbada, antes que arrodillarse a suplicar!
Leon le sujetó el mentón con firmeza. En sus ojos negros, se reflejaban el fulgor del tatuaje dracónico y el pánico de Roshwitha.
—Shh…
—Querida Roshwitha Melkwyth…
—Mejor ahorra tus fuerzas.
—Porque ahora… te toca ser la prisionera.
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