Capítulo 71
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Al ver la reacción de las dos pequeñas, la mirada de Isha también se posó inconscientemente sobre León.
León, que hasta hace un momento todavía se reía a costa ajena, ahora apartó la mirada con algo de vergüenza.
Roswitha aún más. ¿Quién hubiera pensado que esas palabras que dijo hace más de cien años se harían realidad hoy… y de una forma tan rara?
Realmente se había «casado» con alguien que tenía buenas notas, sentido de la responsabilidad, le gustaban los niños y no se aprovechaba de los débiles.
Ambos esposos eligieron guardar silencio tácitamente ante tal “coincidencia”.
Isha miró a uno, luego al otro. Ya que logró ponerlos incómodos, su objetivo estaba cumplido.
Guardó la piedra de grabación y preguntó:
—Entonces, ¿quién fue el que dio el primer paso?
León, rápido de lengua, respondió enseguida:
—Ella me persiguió a mí.
—Qué descaro. Repite otra vez quién persiguió a quién.
León estaba por seguir insistiendo con toda su cara dura, pero notó que Roswitha lo miraba con una expresión que claramente decía: “Dilo otra vez y verás”.
Tragó saliva y dijo con una risita forzada:
—Eh… sí, sí, ella me persiguió primero, pero yo no supe valorarla y la ignoré. Luego me arrepentí y la perseguí yo…
Roswitha soltó un bufido frío. “Así está mejor”.
Algo poco común: esta vez su típico intercambio de pullas terminó porque uno de los dos cedió.
Tal vez la revelación anterior sobre los “criterios para elegir pareja” fue tan impactante que aún estaban con el corazón latiendo como locos.
Al ver a la parejita intercambiando miradas llenas de sentimiento, Isha entendió que era momento de cambiar de tema.
Justo entonces, la doncella llegó a avisar que la cena estaba lista, así que todos se dirigieron al comedor.
Una vez sentados, Isha preguntó sonriendo:
—Moon, la tía tiene aquí el filete, ¿quieres que te alimente mientras estás sentada en mi regazo?
—¡Sí, sí, sí!
Moon corrió feliz hasta Isha y levantó sus bracitos pidiendo que la cargaran.
Isha, que adoraba a los niños, la subió a sus piernas y le ayudó a cortar el filete mientras sujetaba sus manitas.
León, Roswitha y Noa también empezaron a cenar.
Con ese breve contacto, León descubrió que la Reina Dragón Roja Isha era una persona bastante fácil de tratar.
A pesar de ser la hermana mayor de Roswitha, no tenía nada de rígida.
Tal como ella le había dicho, era vivaz, conversadora, con un toque de humor negro…
Y también, increíblemente buena con los niños.
Incluso Noa, que normalmente no quería contacto físico, la había dejado abrazarla un rato.
Eso demostraba la calidez natural que transmitía Isha.
Ella, al igual que Roswitha y a diferencia de los demás reyes dragón que León había conocido, era más amable, más serena… y mucho más enfocada en la familia.
Claro, la forma de vida y las ideas sobre la crianza de los dragones eran muy diferentes a las humanas, pero en lo emocional, conservaban una pureza genuina.
Amaban a su familia. Se amaban a sí mismos.
—Por cierto, pequeña Lo —dijo Isha mientras le acercaba un trocito de carne a la boca de Moon—, escuché que hace poco tuvieron un encontronazo con un duque de la tribu Dragón Escarlata, ¿es cierto?
—Sí. Su hijo se alió con dos dragones sapo para molestar a Noa, y Noa les dio una buena paliza.
—¿Dragones sapo?
Roswitha se quedó pensando un momento, luego miró a León y explicó:
—Ah, se refiere a los dragones de patas cortas.
—Ah, ya veo. Escuché que ese tipo volvió a casa y fue con Constantin a quejarse, diciendo que les iba a dar una lección.
—¿Y Constantin le hizo caso? —Roswitha sonrió con desdén.
Isha también sonrió.
—¿Quién sabe? Aunque últimamente ese viejo dragón anda muy inquieto, buscando cualquier excusa para pelear. ¿Recuerdas cuando fui a tu casa y te mencioné que quería expandir su territorio?
—Sí, lo recuerdo.
Roswitha respondió con calma:
—Si realmente se atreve a moverle un dedo al Santuario de los Dragones Plateados por culpa de un duque inútil, no me importaría «recortarles» un poco a esos de la tribu Escarlata.
—Ay~ ay~ no tan agresiva, solo es una charla entre hermanas, vamos a comer.
León escuchaba en silencio el intercambio entre las dos hermanas.
Recordaba haber leído sobre Constantin cuando le contaba a Moon la historia de los dragones.
Allí se lo describía como un héroe que había expandido el territorio de su raza.
Sin duda debía ser un dragón rey de la vieja guardia, con un poder considerable.
Y sin embargo, Roswitha no parecía nada preocupada ante la advertencia de Isha.
León sabía que ella no era del tipo que alardeaba sin base. Si había dicho semejante cosa, era porque tenía plena confianza en sus capacidades.
Así que León simplemente siguió comiendo.
Cuando terminó la cena, las doncellas empezaron a recoger la mesa.
Isha limpió cuidadosamente los restos de carne de la comisura de los labios de Moon, mientras Noa se sentaba tranquila a un lado.
León tenía una sonrisa boba en la cara, como si aún estuviera saboreando la vergüenza que acababa de pasar.
Roswitha ya se estaba arrepintiendo de haberlo traído.
A este paso, ¿sería muy cruel dejarlo abandonado mañana en el camino de regreso?
¿No, verdad? Totalmente razonable, ¿verdad?
—¿En qué íbamos? Ah, sí~ tú persiguiendo a la pequeña Lo, ¿cierto?
Isha retomó la conversación post-cena.
León desvió la mirada, algo culpable.
—Sí… sí, yo la perseguí.
—Pues vaya mérito el tuyo. Antes, quienes querían cortejar a la pequeña Lo eran tantos que podían formar una fila desde la entrada del Santuario hasta la montaña de atrás.
—No exageres, hermana…
—Jeje, es para que tu esposo sepa lo valiosa que eres.
Isha sonrió:
—León, ¿sabes que los pretendientes de mi hermanita eran cada cual más raro que el anterior? Y ni hablar de los regalos que le daban…
Los ojos de León se iluminaron. ¿Iban a hablar de historias embarazosas?
¡Me encanta! ¡Más, más!
Roswitha ya no tenía fuerzas para impedirlo.
Que todo se hunda ya…
Dicen que la muerte real llega dos veces: una cuando mueres físicamente y otra cuando te olvidan.
Pero la Reina Dragón Plateada había creado una tercera forma: lamuerte social definitiva.
—Recuerdo un regalo en particular: un osito de peluche que te despertaba todos los días a las seis con una alarma ruidísima. Lo tiró apenas lo recibió.
—¿Un osito?
—Sí, no sé si fue porque no le gustaban los ositos o el ruido…
—Lo que no le gustaba era el que lo regaló —comentó Roswitha mientras bebía su té.
León reflexionó un poco.
—Entonces sí te gustan los ositos.
Roswitha le echó una mirada fulminante. Sabía a lo que iba.
Para evitar que siguiera dándole vueltas al tema, le siguió el juego:
—Sí, sí, me encantan los ositos de peluche. Son lo mejor.
Tal vez… lo importante nunca fue el osito.
Sinola persona que lo regaló.
Bah, en realidad solo lo decía para que ese tonto dejara de molestar.
—Ahora que mencionamos a los pretendientes… pequeña Lo, tengo una sorpresa guardada para ti.
Roswitha se quedó congelada con la taza en mano.
¿¡Todavía hay más!?
Querida hermana… ¿cuántas bombas más tienes escondidas?
¿¡Cuánto tiempo llevas preparándote para este día!?
—Hermana, no hables más. ¡Saca la sorpresa ya! —León ya se frotaba las manos, emocionadísimo.
Si hubiera sabido que en casa de su cuñada se daban estos espectáculos, nunca se habría negado a venir.
En esta familia, ¡la cuñada mayor era su alma gemela!
Cuando se trataba de humillar socialmente a Roswitha, él e Isha eran almas gemelas.
El enemigo de tu enemigo es tu amigo.
Isha salió y volvió cargando una gran caja de cartón.
—Esto es…
Roswitha tuvo un mal presentimiento.
—¡Todas las cartas de amor que tiraste sin siquiera leerlas!
—¡Mamá, ¿por qué te desmayaste?!
—No pasa nada… mamá puede soportarlo…
Isha empezó a sacar las cartas una por una, como si fueran tesoros.
—Esta es de un príncipe de los Dragones Verdes. Lástima que ni pudo entrar al Santuario.
—Esta es de un noble de los Dragones de Hielo. Pero peor para él, ni su nombre le importó a mi hermanita.
—Mira estas cartas… ni las abriste. Por suerte tu hermana, ahorrativa como es, las recogió todas.
Roswitha se tapó la cara.
—¿Qué tiene eso que ver con ser ahorrativa?
—¡Claro que sí! Las cartas que ya no quieres pueden usarse para nivelar las mesas. Y cuando estés triste, las lees y te ríes un rato.
Roswitha levantó el pulgar.
—Ganaste.
—Cof, cof. ¡Haremos un sorteo para elegir al afortunado que nos leerá una carta en voz alta!
—¡Por favor, déjame hacerlo a mí! —León se ofreció entusiasmado.
—No hay problema, toma, escoge cualquiera. Hay una caja entera.
León se puso a rebuscar, hasta que sacó un sobre rosado.
Lo olfateó como si fuera un vino fino y dijo con dramatismo:
—Amor, voy a empezar a leer, ¿eh? Aprovecho para aprender… y luego te escribo uno cada día.
“……”
León abrió el sobre lentamente y empezó a leer con voz exageradamente emotiva:
—Querida señorita Melkwei, desde que la vi por primera vez, quedé perdidamente enamorado de usted. Oh, Melkwei, usted brilla como la Vía Láctea en el cielo, y como un elfo de la noche ha robado mi corazón~ Oh~ Melkwei, mi amada, mi…
¡MFF MFF MFF!
Roswitha agarró un pan que quedaba en la mesa y se lo metió directo en la boca.
—Ganaste, León. En lo que se refiere a molestarme, lo haces… perfectamente.
Ya no era solo incomodidad. ¡La madre dragona estaba visiblemente irritada!
Parecía un pez globo rojo furioso, con la cara completamente encendida.
León se tragó el pan de una y tiró la carta a un lado, luego la abrazó por los hombros.
Roswitha pensó que iba a seguir con las tonterías, pero las siguientes palabras la tomaron por sorpresa:
—Ya, ya. Pretendientes, cartas, eso es cosa del pasado. Al final, te casaste conmigo y tenemos unas hijas tan adorables y dulces.
La miró con ternura… aunque también por instinto de supervivencia.
Porque si no calmaba a esta madre dragona, no dudaba de que esta noche lo mandaría a volar… literalmente.
Roswitha se sonrojó aún más y giró la cabeza rápidamente.
—Están mi hermana y las niñas aquí. No digas esas cosas, tonto.
—¡Papá, qué vergüenza! —gritó Moon entre risitas.
Isha también sonrió, apoyando la barbilla en una mano.
—Ustedes dos están realmente bien.
Podía ver que, aunque su hermana y su cuñado se la pasaban discutiendo, ese tipo de relación era la más cómoda y natural.
A Roswitha no le gustaba que cualquiera le hiciera bromas. Pero ese hombre llamado León, sí que podía hacerlo.
Sabía con certeza que… ellos serían felices por siempre.
Se levantó, aplaudió y dijo:
—Bueno, se acabó la cena. Los llevaré a sus habitaciones. Mañana iremos a pasear por el poblado de los dragones rojos.
—¡Siií!
Isha tomó de las manos a Noa y Moon, mientras León y Roswitha los seguían.
Al llegar al tercer piso del santuario, Isha llevó a las niñas a una habitación.
Había caballitos de madera, un tobogán, pelotas de colores… ¡de todo!
La tía Isha parecía haber convertido un mini parque infantil en un dormitorio.
Las dos pequeñas entraron emocionadísimas.
Isha sonrió y llevó a los esposos a la última habitación del pasillo, abrió la puerta y dijo:
—Aquí dormirán estos días.
La habitación era mucho más simple.
A simple vista, solo tenía una cama enorme y una gigantesca bañera de cristal.
Lo más preocupante era… ¡que tanto la cama como la bañera estaban cubiertas de pétalos de rosa!
León & Roswitha:—¿¡Solo una cama!?
—Jejeje~ Para este día, me preparé durante dos años. ¡Descansen bien~!
Isha les guiñó el ojo, con la sonrisa astuta de un zorro que acaba de lograr su cometido.
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