Capítulo 77
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 77: Dame un poco de motivación
Cuando Noia regresó de otro receso, trajo consigo una noticia.
—¿Un evento deportivo familiar?
Después de la cena, la familia de cuatro discutía el tema en la mesa.
Noia asintió.
—Sí, la academia va a organizar un evento deportivo familiar. Dicen que es un nuevo intento.
—Vaya, nuestra familia tiene suerte. El proceso de entrevistas para nuevos miembros también fue un «nuevo intento» al principio, y ahora esto —bromeó Leon desde un lado.
Leon recordó ciertos jardines de infancia en el Imperio.
Solían obligar a los padres a acompañar a sus hijos para completar ciertas tareas.
Lo llamaban “tarea familiar” en nombre del aprendizaje, pero en realidad era que los maestros eran demasiado flojos para encargarse de los niños y simplemente le pasaban el problema a los padres.
Si te quejabas, decían que no estabas cooperando con la educación de tu hijo; si aceptabas, acababas haciendo el trabajo del maestro.
Por eso el Maestro no envió a Leon al jardín de niños en su momento.
Decía que ya estaba muy grande para eso y que “la familia era muy pobre, así que mejor nos preparamos directamente para la Academia Cazadragones”.
Pero después, Leon entendió que el viejo simplemente era demasiado flojo como para ayudar a los maestros a cuidar niños, así que no lo dejó ir.
—¿Un evento deportivo, eh? Yo también participé en uno cuando estudiaba en la Academia St. Hys —recordó Rosvitha—. Pero en ese entonces no involucraba a las familias; solo participaban los estudiantes.
—Entonces, mamá, ¿en qué puesto quedaste? —preguntó Muen con los ojos brillantes.
Rosvitha se apoyó la mejilla en la mano, entrecerrando los ojos con una sonrisa y levantando un dedo.
—Primer lugar~ ¡Mamá es increíble!
Entonces Muen miró a Leon.
—¿Y papá?
—¿Yo? No clasifiqué —respondió Leon.
Muen ladeó la cabeza.
—¿Por qué no quedaste en ningún puesto?
—¿Te acobardaste? —intentó picarlo Rosvitha desde el costado.
Pero Leon solo soltó un bufido de desprecio y dijo con calma:
—Porque mi puntuación final estaba tan por encima del segundo lugar que la academia sospechó que había hecho trampa. Retuvieron temporalmente mis resultados y no los incluyeron en el ranking público.
—¿Entonces papá hizo trampa? Ohhh…
Leon le dio un golpecito en la frente a Muen con el dedo.
—Por supuesto que no. Más tarde, la academia me otorgó en secreto una medalla, que fundí para hacer una pulsera de oro para tu abuela.
Rosvitha alzó una ceja.
—¿Tú, que siempre estás tan obsesionado con los honores y los campeonatos, simplemente la fundiste?
Leon se encogió de hombros.
—Hay honores que no son para alardear.
Rosvitha soltó una risa.
—Tu terquedad es tan fuerte como la de ese burro.
Luego miró a Noia.
—Entonces, ¿estás pensando en participar?
—Bueno… aunque este evento deportivo familiar es más recreativo y no cuenta para las calificaciones normales, pero…
Noia dudó, como si estuviera pensando cómo expresarse.
—Pero sí va a haber clasificaciones, ¿verdad? Con primero y segundo lugar —Rosvitha puso en palabras el pensamiento de su hija.
—Sí, mamá. Yo también quiero… quiero ganar el primer lugar.
La determinación de Noia por la excelencia superaba por mucho la de los dragones jóvenes promedio. Esta cualidad no era solo herencia de Leon o de Rosvitha, sino una fusión perfecta de la competitividad de ambos… o tal vez se la robó a Muen. No importaba.
De todos modos, que Noia tuviera ese espíritu competitivo no era algo malo.
Leon y Rosvitha se miraron, asintiendo con aprobación. Estaban completamente de acuerdo en participar en ese evento familiar, más aún porque su obsesión por el primer lugar no era menor que la de su hija.
—Entonces, ¿cuándo comienza? —preguntó Leon.
—El próximo sábado. La academia nos dio una semana para prepararnos —respondió Noia, y luego miró a Leon—. ¿Estás… bien de salud?
Noia aún recordaba lo que Muen había dicho el lunes al iniciar la semana escolar: “Cuando papá está débil, mamá es fuerte; cuando mamá está débil, papá es fuerte”.
Estaba algo preocupada de que la salud de su padre pudiera decaer justo durante el evento. Si eso ocurría, le importaría más su bienestar que las notas. Las calificaciones eran importantes, pero… su salud lo era aún más.
Al ver la preocupación de Noia, Leon se dio una palmada en el pecho con convicción:
—No te preocupes, hija querida. Papá está en excelente forma.
—¿De verdad?
—Claro que sí. Si no me crees, pregúntale a tu madre.
Para mantener la energía de Leon dentro de los límites que podía controlar, Rosvitha solía hacerle una «evaluación» regularmente. Después de cada una, Leon quedaba sin energía durante varios días, toda absorbida por ella.
Últimamente, Rosvitha había seguido esa rutina con bastante diligencia. Y por el tiempo que había pasado, ya llevaban tres días sin «evaluación», por lo que el cuerpo de Leon apenas se había recuperado.
Rosvitha sonrió con complicidad.
—Mmm, tu papá debería estar en muy buena forma ahora.
—Ya veo. Entonces, ¿van a participar conmigo en el evento?
—Por supuesto.
—Um…
—¿Puede Muen participar? —Muen se acercó a su hermana, agitándole la manito.
—Solo pueden participar hasta tres personas, ¿vale? —Noia le pellizcó la mejilla.
—Oh… bueno…
Al ver las antenitas de la pequeña caídas de tristeza, el corazón de Leon se enterneció y le acarició la cabeza.
—Pero Muen puede ser la porrista.
Los ojitos de Muen brillaron mientras miraba a su papá.
—¡Sí! ¡Muen será la porrista!
Sin embargo, su emoción duró poco. De inmediato la invadió la confusión.
—¿Qué es una porrista?
Aunque no sabía qué era, si papá lo decía, debía ser algo bueno. Primero celebramos y después averiguamos. Así funcionaba la mente de la pequeña dragoncita.
Leon le explicó con paciencia:
—Una porrista es alguien que anima y apoya. Con tus ánimos, mamá, papá y Noia seguro obtendrán grandes resultados.
—¡Guau! ¡Eso es genial! ¡Muen va a animarlos con todas sus fuerzas!
—Sí, si todos trabajamos juntos como familia, ganar el evento deportivo no será un problema.
—Pero la academia todavía no nos ha dicho qué pruebas específicas habrá —comentó Noia—. Mamá, ¿tú sabes?
Rosvitha asintió.
—Cuando participé en mi época, eran pruebas de resistencia para dragones, como carreras, salto alto y salto largo. Pero ya que ahora el evento incluye a la familia, quizás cambiaron las pruebas.
—Tiene sentido —murmuró Noia.
Rosvitha pensó un momento y continuó:
—Ya que nos dieron una semana de preparación, deberíamos practicar no solo las pruebas básicas, sino también enfocarnos en fortalecer el trabajo en equipo, hacer ejercicios de integración. ¿Qué opinan?
Ejercicios de integración.
Eso le recordó a Leon las pruebas de coordinación que había hecho con Rosvitha antes del examen de ingreso de Noia. A decir verdad, a pesar de las tensiones entre humanos y dragones, esta pareja tenía una sincronización sorprendentemente buena.
Incluso una entrevista completamente improvisada la pasaron con la puntuación más alta, lo que demostraba su trabajo en equipo. Así que para este evento familiar, Leon y Rosvitha se sentían bastante confiados.
—Me parece una buena idea —dijo Leon.
—A mí también me parece bien, mamá.
—Perfecto. Entonces, empezamos mañana. Descansen bien esta noche.
—¡Okaay~!
Noia y Muen bajaron de sus sillas y salieron del comedor de la mano.
Rosvitha se estiró perezosamente, apoyando la barbilla en la mano, y miró a Leon con una sonrisa traviesa.
—Considerando la fecha… ¿no te toca venir a mi habitación esta noche?
Leon puso los ojos en blanco.
—¿No puedes pensar en otra cosa que no sea vengarte de mí? Tú misma dijiste que empezamos a entrenar mañana. ¿No quieres que mi cuerpo descanse?
—Ja, qué hábil con las palabras. Por fin lograste descansar, ¿eh?
Leon se encogió de hombros.
—Madre Dragona, ¿no quieres que nuestra hija brille en el evento?
Rosvitha rió.
—No intentes engatusarme. Como no vendrás a mi habitación estos días, más te vale entrenar bien tu cuerpo, ¿entendido?
—No necesito que me lo digas, ya lo estoy haciendo.
—No lo subestimes. Los eventos deportivos de dragones no son tan simples como crees —le advirtió.
Leon sonrió con confianza.
—Y ser un Cazadragones tampoco es tan simple como tú crees.
—Bien, hasta mañana.
—Nos vemos.
La pareja se despidió y volvió a sus respectivas habitaciones.
A la mañana siguiente, antes de que las niñas despertaran, Leon y Rosvitha ya estaban en la pista de entrenamiento, haciendo calentamiento.
Rosvitha llevaba su atuendo deportivo habitual: sencillo, ceñido, con sus largas piernas al descubierto. Tenía el cuerpo de modelo ideal: cualquier prenda le quedaba bien.
—Las niñas aún no se levantan. ¿Corremos un par de vueltas para calentar? —sugirió Rosvitha.
—Claro, me parece bien.
Ambos comenzaron a trotar por la pista, uno detrás del otro. Al principio, Leon lograba seguirle el ritmo a Rosvitha, pero tras varias vueltas, su resistencia empezó a flaquear.
Aunque Leon ya se había recuperado a un nivel bastante saludable, tras unas cuantas vueltas comenzó a jadear con fuerza.
Se apoyó en las rodillas, sin aliento.
Finalmente, se dejó caer de espaldas sobre el césped.
Cerró los ojos, dejando que el sol le diera en la cara, y vio vagamente los vasos sanguíneos bajo sus párpados.
Pero al instante siguiente, alguien se paró a su lado, bloqueando la luz del sol.
Leon abrió los ojos, y una brillante cabellera plateada se mecía frente a él.
—¿Qué pasa? ¿Ya no aguantas? —se burló Rosvitha—. ¿O acaso te hice quedarte despierto toda la noche haciendo tarea?
—No digas tonterías. Solo estoy tomando un descanso.
—Tsk, se nota que te falta motivación.
Rosvitha se agachó, abrazando sus piernas, apoyando el mentón en las rodillas, con la cola enroscada alrededor de su zapato.
—¿Qué tal si te doy un poco?
—¿Darme qué? ¿Motivación? No hace falta, ayudar a Noia a obtener buenas notas ya es motivación suficiente para mí.
Rosvitha entrecerró los ojos con una sonrisa.
—Cuanto más, mejor. Y estoy segura de que no rechazarás mi propuesta.
Leon se mostró interesado.
—A ver, dime.
Rosvitha le hizo una seña con el dedo.
Leon se acercó, sospechando.
Rosvitha le rodeó las orejas con las manos y le susurró:
—Si logras obtener el primer lugar… te doy una semana libre.
Los ojos de Leon se iluminaron.
—¿En serio?
Rosvitha asintió.
—Sí.
Dicho eso, Leon saltó del suelo, se quitó la chaqueta y volvió a correr.
¡Con la “motivación” combinada de su hija y su esposa, su sed de campeonato nunca había sido más fuerte!
—¡El campeón del evento deportivo escolar tiene que salir de nuestra familia!
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