Capítulo 02
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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**Capítulo 2: ¡Llega la cita!**
Después de charlar un rato, la conversación derivó nuevamente en sus hijas. Leon recordó la mirada fugaz de Noia esa mañana:
*»¿Papá… no te irás, verdad?»*
Aunque joven, Noia cargaba con más preocupaciones de las que aparentaba. Cinco días de ausencia habían dejado huella.
—La última vez hablamos de ir a la playa. Fijemos una fecha —propuso Leon.
Rosvitha, jugueteando con el osito, respondió con sarcasmo:
—¿El detective Casmode, desenmarañando conspiraciones, tiene tiempo para ir a la playa?
Leon le dio un codazo.
—Cuidado con esa lengua.
Ella rio.
—La playa está bien. Pero necesitaremos trajes de baño nuevos.
—¿Nuevos?
—Solo tenemos el del *incidente del onsen*.
*Ah, ese.*
El traje negro de gasa *soluble en agua*. Solo recordarlo le erizaba la piel.
Si no fuera por ese provocativo traje, no habrían tenido el *»Desafío de la Marca Dragón»* en el onsen. Sin ese desafío, no se habrían besado en medio de la confusión. Y sin ese beso… no estarían ahora buscando excusas para repetirlo cada tanto.
—Definitivamente hay que comprar otros —convino Leon, antes de añadir tímidamente—: ¿Tiraste el anterior?
Rosvitha sonrió maliciosamente.
—¿Quieres verme usarlo otra vez?
El rostro de Leon se incendió. *Imposible olvidar cómo lucía ese traje en su cuerpo perfecto…*
—¡No! Quiero decir… no era eso.
—Bueno, lo guardé. Como no quieres verlo, lo tiraré.
—¡Adelante! ¡No me importa!
—Qué valiente. Solo no revuelvas mi basura después, *pervertido*.
Leon se levantó de la cama.
—¿A dónde vas?
—A jugar con las niñas.
—Por la tarde, acompáñame a comprar ropa.
—Ve tú sola.
—Para eso tengo un *falso marido*.
Leon ya estaba en la puerta.
—¿A qué hora?
—A las dos. No llegues tarde.
*(El maestro tenía razón: cuando una mujer te «invita» a comprar, en realidad te está informando. Negarse es firmar una sentencia de muerte.)*
—
**En el patio trasero**
Muen jugaba a hacer muecas con la pequeña Luz. Noia no estaba.
—Tu hermana fue al campo de entrenamiento —explicó Muen.
Allí encontró a Noia practicando magia avanzada, sudorosa y agotada.
—Descansa —dijo Leon, tomando sus temblorosas manos—. El exceso lastima.
Le masajeó los brazos mientras hablaba:
—Eres más fuerte que otros de tu edad. No necesitas esforzarte tanto.
Noia bajó la vista.
—No lo hago para ser mejor que otros…
—¿Entonces?
Ella apretó su vestido, dudando.
—No es nada. Descansaré ahora.
Leon no insistió. En cambio, le dio una noticia:
—Iremos a la playa en unos días.
Los ojos de Noia brillaron.
—¿En serio?
—Sí. Esta tarde tu mamá y yo iremos a comprar trajes de baño. ¿Quieres algo?
Noia pensó un momento.
—¿Esto es una *cita*, papá?
—¿Eh? No, solo es… comprar ropa.
—Pero si una chica va de compras con un chico, es una cita.
*(¿Llamar «chica» a una dragona de 200 años?)*
Leon le pellizcó la nariz.
—Está bien, es una cita. ¿Feliz, zorrita astuta?
*(Frente a Rosvitha: terco como una mula. Frente a Noia: blando como algodón. Así es la paternidad.)*
Noia sonrió.
—No necesito que me traigas nada. Enfócate en tu cita con mamá.
Leon la alzó en brazos.
—Vamos a buscar a tus hermanas.
— Está bien ~