Capítulo 043
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 43: No soy buena peleando
El plan de Leon era sencillo: infiltrarse en la tribu de los Dragones de Llama Carmesí aprovechando que estaban ocupados con conflictos internos y presiones externas, y encontrar al confidente de Constantine.
En ese momento, el confidente, atrapado en el caos, jamás imaginaría que, cuatro meses después, la persona que mató a su jefe seguiría persiguiéndolo.
La clave era tomarlo por sorpresa.
Rosvitha no tenía objeciones respecto al momento que Leon había elegido para infiltrarse. Sin embargo, el método de infiltración requería más reflexión.
—Haz que Shirley me lleve cerca del territorio de los Dragones de Llama Carmesí y yo entraré solo —propuso Leon.
Rosvitha reflexionó un momento y luego negó con la cabeza.
—Eso no funcionará.
—¿Por qué no?
—Primero —empezó Rosvitha, explicando con calma—, tu intención es ir a la tribu de los Dragones de Llama Carmesí a buscar a ese confidente para averiguar qué otros Reyes Dragón están colaborando con el Imperio Humano. Pero para Shirley y mis otros subordinados, sería muy extraño y sospechoso que un príncipe dragón plateado se infiltrara solo en el territorio de una tribu enemiga derrotada.
—Segundo, Shirley jamás permitiría que el príncipe dragón plateado entrara solo en territorio enemigo. Incluso si le pides que espere afuera, te seguiría. Mis otros subordinados probablemente harían lo mismo.
—Y considerando que ese confidente al que buscas conoce la colaboración de Constantine con el Imperio, es probable —no, es casi seguro— que también conozca tu identidad humana. No importa el método que uses para interrogarlo, existe el riesgo de que revele quién eres. Si Shirley está presente, el secreto que hemos mantenido durante tanto tiempo quedaría al descubierto, ¿no crees?
El argumento de Rosvitha era sólido.
Si Constantine se sentía lo suficientemente cómodo como para hablar de su cooperación con el Imperio frente a ese confidente, entonces lo más probable era que éste supiera también que Leon era humano.
Por lo tanto, si Leon pedía a Shirley o a otros dragones que lo acompañaran, las probabilidades de que su identidad fuera revelada aumentaban drásticamente.
La identidad de “Príncipe del Clan Plateado” era el disfraz que Leon necesitaba para seguir investigando dentro de la sociedad dracónica, colaborar con su maestro y juntos desenmascarar la conspiración del Imperio.
Por otro lado, la “falsa” familia que él y Rosvitha habían formado era cada vez más perfecta.
Noia, Muen y la pequeña Light estaban orgullosas de Leon. A sus ojos, él era el mejor padre del mundo. Pero si de pronto se les dijera que su admirado padre era en realidad un forastero, un humano… las consecuencias serían impredecibles.
Quizá Noia, tan inteligente como es, no lo tomaría a mal, mientras él la siguiera queriendo y ella a él. Muen y la pequeña Light probablemente sentirían lo mismo. Pero…
Si algo salía mal, ¿cómo podría Leon enfrentarlo?
Era una apuesta que Leon no se atrevía a hacer. Todo lo que podía hacer era seguir escondiendo ese secreto junto con Rosvitha.
Al ver la expresión pensativa de Leon, Rosvitha comprendió que él lo había entendido todo.
—Entonces, ¿cómo se supone que llegue hasta los Dragones de Llama Carmesí? —preguntó él.
Los territorios entre diferentes clanes dracónicos estaban separados por grandes distancias, y aunque Leon pudiera transformarse, seguía siendo una criatura terrestre, que caminaba en dos patas.
Sin alas o medio de transporte, tardaría meses en llegar desde el Templo del Clan Plateado hasta el territorio de los Dragones de Llama Carmesí.
Para entonces, el confidente de Constantine seguramente ya estaría fuera del alcance… o tal vez toda la tribu habría sido destruida por la venganza de los demás clanes.
Y además, llegar allí era solo el primer paso; lo más importante era no levantar sospechas.
En ese aspecto, Rosvitha tenía una buena solución.
—Yo iré contigo —dijo.
Leon se quedó atónito.
Claramente, no esperaba que Rosvitha propusiera eso.
—¿La Reina Plateada y su esposo infiltrándose juntos en el territorio de una tribu derrotada…?
Leon se frotó la barbilla, sintiendo un escalofrío por la espalda.
—Eso suena aún más sospechoso que si fuera solo.
Rosvitha se encogió de hombros.
—Dí que estamos inspeccionando la frontera. Esa excusa siempre ha sido útil.
Tenía razón. Aunque Isabella se burlaba de las “inspecciones fronterizas” diciendo que eran citas camufladas, servían como buen pretexto para asuntos más “privados”. Como una cita. O como, en este caso, infiltrarse en territorio enemigo.
—Si Shirley u otros me acompañan, sería demasiado riesgoso —explicó Rosvitha—. En esta situación, lo más seguro es que yo vaya contigo.
—Tienes razón… Pero no lo entiendo del todo —dijo Leon, levantando la vista para mirarla a los ojos plateados, mordiéndose el labio—. Esto es muy peligroso. Y, después de todo, es un asunto entre mi maestro, el Imperio y yo. El conflicto entre tu clan y los Dragones de Llama Carmesí ya acabó. No tienes por qué arriesgarte conmigo…
Ah, la Reina lo entendió. El desgraciado todavía tiene conciencia y se preocupa por ella.
Rosvitha sintió una pequeña satisfacción en su corazón, pero no lo mostró. Decidió provocarlo un poco más, a ver si podía sacarle una confesión más clara.
—¿Entonces qué hacemos? Si revelas tu identidad, ¿nuestra familia se vendría abajo? —suspiró Rosvitha con dramatismo—. Lo sé, es muy peligroso. Además, acabo de dar a luz hace cuatro meses, todavía no he recuperado todas mis fuerzas. Si tengo un conflicto con los restos de los Dragones de Llama Carmesí, podría salir herida, o peor… podría no volver jamás, snif…
Todo era una actuación. Después del parto, el cuerpo y la fuerza de un dragón regresan rápidamente a la normalidad. Después de todo, son una raza salvaje acostumbrada a luchar y competir. Lo suyo era solo para asustar al desgraciado, a ver si se preocupaba un poco más.
—¿No volver? ¿Tan grave es? —Leon sí se sintió un poco asustado.
—¡Claro que sí! Tú, Casmode, eres un héroe mata-dragones, valiente e intrépido. Cualquiera que se te acerque termina achicharrado por un rayo. No como yo, que soy débil, frágil, y no sé pelear. Si no fuera por esta familia, por nuestras hijas, no me arriesgaría contigo.
Se veía tan delicada y vulnerable que parecía que un soplido la tiraría al suelo. Si hubiera tenido un pañuelo en la mano, sería el epítome de una belleza trágica.
Leon no estaba seguro si era una actuación o si era verdad. Pero eso de que una dragona se debilita tras el parto… no sonaba del todo falso.
Se humedeció los labios con la lengua y, tras vacilar, se levantó y le dio un empujón suave en el hombro.
—Está bien, está bien… Podemos pensar en otra forma. No tienes que venir conmigo —dijo Leon.
—¿Otra forma? A estas alturas, la única opción es acompañarte —respondió Rosvitha, llevándose una mano a la frente, con un gesto de desesperación fingida. Pero desde donde estaba Leon, no podía ver la sonrisa traviesa que se le escapaba por las comisuras de los labios.
—Pero… ¿y si te hacen daño? —dijo Leon, usando un eufemismo. Porque en un conflicto entre dragones, “hacer daño” podía significar cualquier cosa menos leve.
—¿Eh? ¿Ahora sí te preocupas por mí? ¿Dónde estuvo esa preocupación todo este tiempo? —preguntó Rosvitha, con aire de reproche juguetón.
—Yo… yo…
—¿Tú qué?
—No es que… Es solo que… me preocupa que nuestras hijas se preocupen —soltó Leon, usando su carta de siempre.
¿Otra vez con lo mismo? Ja, Casmode, hoy aprenderás que no puedes repetir el mismo truco con la Reina Dragona dos veces.
—Ah, ya veo, Leon. Entonces no te importo en lo absoluto. Solo estás fingiendo. Y yo aquí, dispuesta a arriesgar mi vida por ayudarte a encontrar a tu enemigo. Snif, no puedo vivir así… ¡Me voy a la casa de mi hermana mañana mismo! ¡Me voy…!
—¡Mmph!
Leon le tapó la boca antes de que dijera algo más. Si la dejaba seguir, terminarían hablando de divorcio. Como él estaba de pie y ella sentada, su rostro quedó a la altura de su abdomen.
Al bajar la mirada y ver los ojos brillantes de Rosvitha mirándolo desde abajo, Leon se sonrojó.
Tras unos segundos de contacto visual, tragó saliva y dijo:
—Está bien… Yo… Me preocupa que te pase algo, ¿ok? Aunque sí tiene que ver con nuestras hijas… no es solo por eso. Estoy genuinamente preocupado por ti. No quiero que te pase nada. Si algo te ocurriera… me sentiría culpable.
Después de pensarlo, Leon eligió la palabra “culpable”. Palabras como “triste” o “arrepentido” también habrían sido válidas, pero podrían sonar demasiado ambiguas entre él y Rosvitha, dadas sus circunstancias actuales.
Así que eligió “culpable”. Después de todo, ella podría quedarse en casa, segura, como Reina del Clan Plateado. Si se arriesgaba por él y algo le pasaba, Leon realmente se sentiría culpable.
Al escuchar sus palabras y sentir su tono sincero, Rosvitha se dio por satisfecha. Le retiró la mano de la boca, pero mantuvo la mejilla apoyada en su cintura, e incluso se acercó un poco más.
No era dependencia. Solo estaba tanteando el terreno.
—No te preocupes. Me cuidaré —dijo Rosvitha—. Y sobre por qué te ayudo, no es nada especial. Es lo normal, ¿no? Una esposa ayudando a su esposo.
Leon bajó la mirada. Su mano, que antes le tapaba la boca, seguía cerca. Reuniendo algo de valor, acarició con el dorso de los dedos la cálida y suave mejilla de Rosvitha.
Para su sorpresa, ella no lo rechazó ni lo detuvo; simplemente se dejó acariciar.
Leon bajó la voz, su tono tornándose más profundo:
—Te estás metiendo demasiado en el papel, Rosvitha.
Ella no respondió. Solo sintió la firmeza de su mano… y cerró lentamente los ojos.