Capítulo 034
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 334: 34 ¡Haz la prueba tú mismo!
Al día siguiente, la familia Melkveil llegó a Ciudad Cielo.
Roswitha había hecho cita desde días antes con la misma fotógrafa, la profesora Selina, que le tomó las fotos de inscripción a Noa.
Cuando Selina vio a los siete miembros bien apretados de la familia, se quedó boquiabierta.
Normalmente, las familias dragón apenas si mantenían dos o tres miembros activos. A lo mucho cinco, pero estos… cualquiera pensaría que no venían a tomarse una foto familiar, sino que estaban por asaltar juntos a alguna especie peligrosa de clase S.
Sin embargo, no importaba cuántos vinieran, Selina tenía la confianza y profesionalismo de retratarlos de la forma más perfecta posible.
Tras una buena dosis de preparación, Selina le informó a Roswitha que las fotos estarían listas por la noche.
Aprovechando el tiempo libre mientras revelaban las imágenes, la familia Melkveil salió a pasear por Ciudad Cielo.
Isa y la abuela Verónica se rezagaron poco a poco, manteniéndose a cierta distancia del resto del grupo, que iba por delante: Roswitha, León y las niñas.
—Abue, después de hablar anoche contigo… decidí que hoy mismo voy a probar bien de qué está hecho mi cuñado —dijo Isa en voz baja.
Como si ya lo esperara, Verónica asintió levemente. Su nieta mayor siempre había sido una mujer de acción, y nada caprichosa: si decía que iba a hacer algo, lo hacía.
—¿Y cómo piensas averiguarlo?
—¿Recuerdas los posibles orígenes que saqué anoche? Pues empezaré con ellos uno por uno —explicó Isa—. Vamos a ver las características y habilidades típicas de cada raza y compararlas con cómo actúa mi cuñado. Así podremos deducir algo. ¿Qué opinas?
La abuela observó la espalda de León, pensativa, y luego asintió con un leve suspiro.
—Bien. ¿Cuál raza piensas probar primero?
Isa se lo pensó un segundo y respondió:
—…La raza Garuda.
—¿Estás familiarizada con esa raza?
Isa sonrió con picardía en vez de contestar, y se inclinó hacia su abuela:
—¿No notaste algo diferente en mí hoy?
Verónica la miró con atención, desde la cara hasta la ropa, hasta que sus ojos se fijaron en las ojeras de su nieta.
—Tienes ojeras.
—¡Exacto~!
Isa se rió.
—Me la pasé toda la noche investigando las características biológicas de esas razas. ¡Todo para poder hacerle una prueba real hoy mismo a mi cuñado!
La abuela negó con la cabeza y rió entre dientes.
—Si esa dedicación la aplicaras al desarrollo de tu clan, el linaje rojo ya estaría entre las razas top del mundo dragón.
Pero al final lo dijo con ternura, como una madre orgullosa de su hija, porque a decir verdad, tanto el clan rojo de Isa como el clan plateado de Roswitha estaban bastante bien posicionados entre los suyos.
Isa agitó la mano para quitarle importancia y volvió al tema:
—La raza Garuda es dominante en los cielos. Tienen una visión dinámica excelente y gran capacidad de visión nocturna.
—Y como mi cuñado pelea tan bien en cuerpo a cuerpo, significa que su visión en combate debe ser espectacular.
—Así que… hoy voy a poner a prueba su visión nocturna.
—¿Y cómo vas a hacerlo exactamente? —preguntó Verónica.
Isa sonrió misteriosamente y se detuvo de golpe.
—Allí —dijo, señalando una tienda al costado del camino.
La abuela giró la cabeza para mirar… ¿Una casa del terror?
—¿Piensas usar algo tan infantil como una casa del terror para averiguar la raza de tu cuñado? Isa, eso es muy ingenuo.
Para los dragones, que vivían cientos de años y pasaban por todo tipo de desafíos reales, una atracción así no era más que una broma. Eran para crías o para los jóvenes que nunca habían salido del nido.
Isa se encogió de hombros.
—Sé que un lugar así no va a asustar a mi cuñado, pero ese no es el punto. Lo importante es el ambiente. En una casa del terror, con tanta oscuridad, podemos ver qué tan bien se orienta sin luz. Si no se tropieza, si va directo y sin vacilar… es que su sangre tiene algo raro.
Y sí, tenía cierto sentido.
Los dragones eran casi perfectos en muchos sentidos, pero no estaban exentos de defectos menores.
Como, por ejemplo… la visión nocturna.
Sus pupilas eran verticales, como una rendija delgada. Esto les daba una precisión increíble al enfocar objetivos y seguirlos incluso durante movimientos rápidos. Pero en la noche, ese tipo de pupila no podía absorber mucha luz.
(En forma humana, la pupila cambiaba un poco, pero el problema de visión nocturna persistía.)
Eso no significaba que los dragones fueran ciegos de noche, ni mucho menos. Pero sí que su capacidad visual bajaba ligeramente cuando no había luz.
Y para una criatura con sentidos tan exagerados, ese tipo de bajón se notaba bastante.
Así que sí: lo de Isa tenía lógica.
Verónica asintió.
—Bien. Hagámoslo a tu manera.
Isa se sorprendió un poco.
—¿Eh? ¿De verdad vas a seguirme el juego, abue?
—Je… llamémosle añadir un poco de emoción a esta vida tranquila de anciana.
La abuela bajó la voz mientras miraba la figura de León más adelante:
—Además… yo también tengo mucha curiosidad. Quiero saber qué clase de hombre se llevó a mi pequeña Roswitha.
Una vez hecho el plan, Isa se acercó a los demás y los invitó a entrar a la casa del terror.
Y, como era de esperarse, las niñas fueron las más emocionadas.
Noa: ¡Genial! ¡Voy a actuar muy tranquila en el recorrido para demostrar que soy una adulta responsable!
Moon: ¡Genial! ¡Apenas vea un fantasma me voy a lanzar a los brazos de mi hermana!
Lucecita: ¡Genial! ¡Voy a asustar a los fantasmas!
Viendo lo entusiasmadas que estaban, los padres no pusieron objeciones.
—Yo no voy a entrar con ustedes. Ya estoy vieja y mi corazón no es lo que era. Los espero en la salida —dijo Verónica.
—Está bien, abuela.
Todos compraron sus boletos, y el encargado les advirtió:
—No se permite el uso de magia de luz ni aliento de dragón dentro del recorrido. Si se pierden, pueden decir el hechizo que viene en su boleto. Así aparecerá un ‘duendecillo’ guía que los sacará del lugar.
León bajó la cabeza para ver el boleto.
Ah… lo entendió.
¡Una palabra de seguridad!
Justo lo que necesitaba últimamente con Roswitha. Si no implementaban una pronto, esa mujer iba a despertar demasiado fuerte su lado dominante, y él no iba a resistir…
Con esos pensamientos absurdos en la cabeza, entró al lugar de la mano de Moon.
Tal como Isa había anticipado, dentro no se veía nada. Estaba completamente oscuro. Apenas unas luces ambientales titilaban de vez en cuando para dar una idea vaga de hacia dónde caminar.
—¡Hermana~! ¿Dónde estás?
—Aquí.
—¿Dónde es aquí? No te veo, Moon está sola y tiene miedo, ¡buaaaa~!
—Entraste agarrada de papá. Yo lo vi.
—…
—¡Papá! ¿Puedo usar mi uppercut contra el tío fantasma?
—Eh… eso podría implicar indemnizaciones médicas, hija…
—¡Oye, tú! ¿Puedes dejar los chistes malos en un momento como este? ¡Arruinan el ambiente!
—¿Dónde está el camino? ¿Dónde—? ¡AH! ¿¡Qué es eso verde que brilla!?
—¿Qué verde—? ¡AH NO J*DER! ¡ES UN FANTASMA! ¿¡De verdad no podemos usar magia!? ¡Papá, quémalo!
En la oscuridad, todos estaban perdidos y pisándose unos a otros.
—¿Estás asustada, madre dragón?
—¿Tú crees que me van a asustar con estas tonterías?
—Entonces… ¿por qué me estás agarrando la mano?
—¡No digas tonterías, no soy yo!
—Entonces, ¿quién es?
—Soy~~~yo~~~
—¡¡¡HIJO DE PU—!!!
El general León casi saca su “Chidori” del susto.
Tras ese primer sobresalto, el grupo y las demás familias siguieron explorando el recorrido. Varias apariciones sorpresa después, ya todos estaban un poco más tranquilos.
Aunque moverse seguía siendo difícil por la oscuridad… y por otros detalles.
—León, si me pisas la cola otra vez, ¡te la voy a cortar!
Roswitha hablaba entre dientes, furiosa.
León rió bajito.
—Entonces habrías perdido el tiempo, yo no tengo cola.
—Me refiero a la de adelante.
—…
A León le entró el fresquito por la entrepierna y, sin soltar la manita de Moon, avanzó con rapidez hacia la salida. Aunque ya ni siquiera sabía si lo que agarraba era su hija o no.
Lo importante era salir.
Tras varios tropezones y sustos, por fin lograron salir de la casa del terror.
Las otras familias estaban animadas, comentando qué fantasma había sido el más aterrador.
León, por su parte, miró a su lado y suspiró al ver que Moon seguía con él.
Bien, bien. No había perdido a su hija.
Al voltear, también vio que Noa ya salía caminando como si nada, seria como siempre, sin una mueca de miedo.
León parpadeó.
¿Y Lucecita?
—¿Lucecita?
—Aquí estoy, papi.
Siguió la voz hasta la entrada y vio a la pequeña saliendo del brazo de un «fantasma».
—Me dijo que era muy tierna y que quería abrazarme… entonces se activó mi modo uppercut. Y luego se cayó.
La trabajadora de la salida se frotaba la sien, suspirando.
—¿Y cuántas veces van este mes…? Ay, no importa. Voy a reportarlo como accidente laboral.
Roswitha usó la cola para darle un latigazo a León en el trasero, quejándose de cómo le había pisado la cola dentro del recorrido.
Isa los observaba desde un costado, con el ceño fruncido.
La abuela se acercó.
—¿Y bien?
—No, definitivamente no es Garuda —respondió Isa, negando con la cabeza.
—¿Tan rápido lo descartaste?
Isa agarró su propia cola con una expresión de sufrimiento.
—Me pisó la cola 11 veces. A mi hermana se la pisó 23. Y a la familia de al lado… ¡48 veces! Con esa vista, ¿cómo va a ser un Garuda?
Verónica se rió entre dientes.
—Está bien, está bien. ¿Cuál raza vas a probar ahora?
Isa miró hacia León con mirada calculadora, y murmuró:
—Los elfos del rayo.