Capítulo 088
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
El documento está traducido por Google de manera automática. Hay nombres u otras palabras que no se han traducido correctamente y pueden aparecer de forma distinta en español.
==================================================
88 El trasero de mis hermanitas
La vieja, para sorpresa de Noa, cumplió su palabra. Cuando faltaban diez minutos para las dos horas, regresó al cuarto de las hermanas con su cuerpo intacto.
—¿Lo ves? Este rey es un dragón de palabra.
—Je… ¿y cómo sé que no hiciste eso solo para ganarte mi confianza?
Noa no se tragaba el cuento.
—Es como pedirle dinero prestado a alguien: la primera vez pides cien monedas de oro y las devuelves; la segunda, doscientas, y también las devuelves. Pero la tercera, pides mil, y como confían en ti, te las dan… y tú te desapareces con todo.
—¡Qué atrevimiento! ¿¡Te atreves a comparar a este rey con un estafador cualquiera!? ¡Yo soy de los que cumplen lo que prometen, y jamás he dejado de pagar una deuda!
Noa bufó, siguiéndole el juego a la vieja charlatana.
Ya dentro del cuarto, bajaron con cuidado la manija, entraron a paso lento y cerraron la puerta sin hacer ruido, temiendo despertar a las hermanas dormidas.
Una vez adentro, la vieja dijo:
—Bueno, te devuelvo el control del cuerpo.
—Ajá.
Mientras se quitaba los zapatos, Noa fue retomando poco a poco el control.
Pero justo al girarse… ¡todo se oscureció de golpe!
Como si alguien le hubiese echado un saco negro encima.
Noa se alarmó e intentó defenderse, pero antes de poder moverse, ¡zas!, sintió un golpe seco y potente en la cabeza.
El ataque sorpresa fue tan certero que la dejó sin fuerzas al instante.
Ni siquiera una dragona con “stats” al máximo podía resistir un ataque así.
Y justo antes de perder la conciencia, alcanzó a escuchar dos voces familiares:
—Lucecita, si te equivocaste, cuando la hermana despierte nos va a dar una paliza.
—Tranquila, segunda hermana, confía en mí.
Noa cerró lentamente los ojos y murmuró:
—Estas dos idiotas… ¿qué están tramando…?
……
No se sabía cuánto tiempo pasó, pero cuando Noa abrió los ojos, la habitación ya estaba iluminada.
Aunque al mirar por la ventana, el cielo seguía oscuro, con una suave luz de luna. Aún faltaba bastante para el amanecer.
Sacudió la cabeza, y a medida que la conciencia regresaba, se dio cuenta de que estaba sentada en una silla.
Intentó mover los brazos… pero estaban atados por detrás con una cuerda.
Se retorció un poco. La cuerda estaba bien apretada, y encima, la superficie de contacto con la piel estaba… resbalosa.
Frunció el ceño y levantó la vista.
Frente a ella, de pie, estaban sus dos adorables hermanitas.
—Moon… Lucecita… ¿qué están haciendo?
Moon dio un paso al frente, levantó la cara de Noa con una expresión solemne:
—Hermana, has sufrido mucho últimamente.
Noa: ¿?
—¿De qué estás hablando?
—Lucecita dice que puede que ya no seas nuestra verdadera hermana, así que esta noche vinimos a comprobarlo.
Noa se quedó pasmada.
“¿Que no soy su hermana? ¿Entonces quién se supone que soy?”
Estaba a punto de protestar… cuando una idea le cruzó la mente.
¿Podía ser que cuando la vieja loca usaba su cuerpo, Lucecita notó algo raro?
Esa chiquita rosada siempre fue entrometida. Incluso papá decía que era una “niña sagrada del entretenimiento”: donde hay diversión, ahí está la Aurora menor.
Y para mantener ese título, había que tener buenos ojos.
Así que no era tan descabellado que hubiese notado algo raro cuando ella estaba poseída por la vieja.
—Oye, en serio, tus hermanas son listas —comentó la vieja desde el espacio mental, metiéndole presión.
—Sí, son listas. Pero también es tu culpa por hacer cosas raras cuando usabas mi cuerpo. ¡Las descubriste tú misma!
—¡Bah! Mi actuación fue perfecta, imposible que notaran algo.
—¿Y cómo explicas esto, entonces?
La vieja se quedó sin palabras y cambió de tema:
—Lo importante ahora es que tu familia no se entere de mi existencia. Eso solo traería problemas. Así que lo primero es quitarles esta idea de la cabeza.
En eso, Noa estaba de acuerdo.
Si sus papás descubrían que tenía una vieja de milenios viviendo en su cabeza, seguramente entrarían en pánico.
Noa no era experta en estrategia, pero entendía que con Konstantin acechando y mamá ocupándose de todos los asuntos del clan, lo último que necesitaban era una preocupación más.
Así que decidió intentar resolver esto sola.
Volvió a la realidad, sonrió y les dijo a sus hermanas:
—¿Cómo se les ocurre eso? ¡Siempre he sido su hermana mayor!
Retorció la muñeca un poco y fingió una expresión de dolor:
—Esta cuerda aprieta mucho… Moon, ¿me ayudas a soltarme?
La pequeña la miró con ojos grandes y brillantes:
—Hermana…
—Vamos, Moon, sé una niña buena y suelta a tu hermana~
—Hermana~
—Eso es~ Moon es la mejor hermanita~
—No.
—………
Moon frunció el ceño con seriedad. Incluso el mechón de pelo sobre su cabeza se puso firme.
—Pensamos que podía dolerte, así que le puse gel de aloe a la cuerda. Así te aseguras de no soltarte, pero tampoco te lastima.
Ah, entonces esa sensación resbalosa era por eso…
Noa no sabía si elogiar a su hermana por ser tan atenta o preocuparse porque tuviera “herramientas de secuestro” tan completas.
Ya que las súplicas no funcionaban, tocaba ponerse firme.
Porque hablar con demasiada suavidad podía parecer sospechoso, y ella conocía a Lucecita: era lista.
—Moon, Lucecita… si no me sueltan ahora mismo, cuando me libere sus traseritos van a florecer.
Ante la amenaza de su hermana mayor, la tercera princesa se cruzó de brazos, tranquila y confiada:
—No sirve de nada, hermana. Esa cuerda tiene propiedades anti-magia.
—¿Anti-magia?…
Noa intentó lanzar un hechizo de rayo. Nada. Su flujo mágico estaba completamente bloqueado.
—Ríndete, te dije que era una cuerda que anulaba la magia.
—¿Y de dónde sacaste eso?
—Del cuarto de papá y mamá.
Lucecita dijo:
—Desde que noté algo raro en ti, me puse a planear esto. Busqué por días hasta que encontré ese objeto en su habitación.
Hizo una pausa, pensativa:
—Aunque… no entiendo por qué tenían algo así en su cuarto…
El ojo de Noa tembló.
¡Ah! Así que esa era la cuerda que sus padres buscaban anoche…
Pero ahora que lo pensaba, ¿por qué tenían una cuerda anti-magia en su cuarto?
¿Tendría que ver con ese… «juego de prisionera» que mencionaron?
—¡Basta de hablar de la cuerda! ¡Tenemos que resolver el problema de la hermana antes de que sea tarde y el espíritu maligno se quede con ella para siempre! —dijo Lucecita con seriedad.
Pero antes de que Noa pudiera rebatir, la anciana de su mente chilló:
—¿¡Espíritu maligno!? ¡¿A quién llamas espíritu maligno!? ¡Este rey es un alma noble y majestuosa!
¡Se picó!
Pero bueno, que se aguante.
Noa la ignoró y volvió a hablar con sus hermanas:
—No estoy poseída, solo he estado algo distraída últimamente. En un par de días estaré como nueva.
—¡Eso es justo lo que diría alguien poseído! ¡Lo leí en un libro!
—………
—¡Así que, hermana, preparé un kit profesional para exorcizarte!
Y sin más, Lucecita sacó un montón de cosas: campanitas, velas, espejos y otros objetos rarísimos que Noa nunca había visto.
—Oye… no hace falta llegar a esto —dijo con resignación.
—Es por tu salud mental y física. ¡Hay que hacerlo!
—………
Le entregó una campanita a Moon:
—Segunda hermana, empecemos.
—¡Sí, sí!
—¿Qué van a hacer?
Noa se puso nerviosa por primera vez.
¡Dios mío, quién sabe qué locuras le iban a hacer esas dos demonias!
¡Ding ding! ¡Ding ding!
Comenzaron a dar vueltas a su alrededor, formando un círculo con las velas, entonando cánticos:
—¡Demonios y fantasmas, salgan ya! ¡Demonios y fantasmas, salgan ya!
Moon & Lucecita: ?(????)
Noa & Noah: (;????)
Después de (supuestamente) 49 vueltas —aunque Moon se mareó a las 20— se detuvieron.
Lucecita se acercó a inspeccionar la cara de su hermana:
—¿Sientes algo?
—Ganas de reírme.
—¡Entonces no funciona, seguimos!
—………
—No puedo más, Lucecita, me estoy mareando (???) —dijo Moon, tirada en el suelo con los brazos en cruz, agitando la campanita—. Cambiemos de método.
Lucecita asintió y sacó un enorme espejo de cuerpo entero.
—¿Y eso?
—Espejo Sagrado Anti-fantasmas.
—Ese nombre te lo inventaste tú.
—¡Claro que no! ¡Así lo decía el libro!
Se plantó frente al espejo:
—Ahora mírate y dime qué ves.
Noa lo hizo, pero antes de decir algo, Moon se metió en el reflejo con una sonrisita:
—¡Una dragoncita adorable!
—¡Segunda hermana, no interrumpas!
—Ow…
Moon se apartó.
Noa suspiró y cooperó:
—Solo veo mi reflejo. Nada raro.
—¿Te sientes incómoda?
—No.
—¿Culpable?
—Tampoco.
—¡Grrrrrrr!
Lucecita se agarró la cabeza con desesperación.
—¡No puede ser! ¿De verdad me equivoqué?
Moon la miró, y tras un segundo de silencio… se cubrió el trasero con ambas manos.
—Hermana, cuando nos pegues el trasero… ¿podrías hacerlo suavecito?
Noa la miró fijamente. Tras una pausa, suspiró con cariño:
—Solo las estaba asustando. Son mis hermanitas. ¿Cómo podría pegarles?
—¿De verdad, hermana?
—De verdad.
—Entonces suéltala, Lucecita. ¡Ya vimos que no está poseída!
Aunque Lucecita seguía con dudas, ya habían hecho todo lo posible y Noa seguía siendo… Noa.
Así que soltó la cuerda.
Noa se puso de pie, aliviada, y se frotó las muñecas. Moon le dio una toalla para limpiarse el gel.
—Hehe~ ¡Sabía que seguías siendo la mejor hermana del mundo! —dijo Moon.
—Ajá.
—Y lo que dijiste antes, ¿lo cumplirás?
Noa arqueó una ceja:
—¿Qué dije?
Moon se asustó, retrocediendo con la cola cubriéndose el trasero.
—¡Que no nos pegarías!
—¿Yo dije eso? No me acuerdo.
—¡¿NANI?! (O?O?)
¡Cric crac!
Noa comenzó a estirarse los dedos lentamente, mientras avanzaba hacia ellas.
Las dragoncitas se abrazaron, temblando.
—¡Hermana! ¡Dijiste que perdonarías a Moon!
—La próxima vez, seguro que sí.
—¡Entonces morimos juntas, Lucecita! ¡¿LUCECITA?!
Se volteó… ¡y la rosada ya estaba en la puerta!
—¡¿A dónde vas?! —gritó Moon.
—¡Segunda hermana, en las desgracias cada quien por su cuenta, ¿o no?!
—Tranquilas… ninguna de las dos va a escaparse.
……
Hora del desayuno en la casa Melkveil.
León miraba con curiosidad a sus dos hijas menores, que estaban comiendo de pie.
—Moon, Lucecita… ¿por qué están desayunando de pie?
—Por… por el tras— —intentó decir Moon.
Pero Lucecita se adelantó:
—¡Porque comer de pie ayuda a la digestión!
—¿Ah sí…? —León no preguntó más y siguió comiendo.
—Papá, ¿dónde está mamá? —preguntó Noa.
—Se levantó temprano, ya desayunó. Dijo que fuera a buscarla al jardín del frente, que tenía algo importante.
—¿Ah, sí?
Hablando de eso, mamá se había levantado de muy buen humor hoy.
Tan emocionada estaba, que parecía que algo muy bueno le había pasado.
¿Pero qué sería eso tan importante como para citarlo tan temprano en el jardín…?
Definitivamente este es el capítulo con más comedia que el leído, en lo que va de novela.