Capítulo 090
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 90 – Yo declaro inválida tu declaración (5,000 caracteres)
—¿Tú también viniste, hermana?
Antes de ser invitada a esta reunión, Roswitha todavía estaba preocupada por si no habría caras conocidas.
No se dejen engañar por la fachada fría de la Reina Plateada. Desde que se “casó” con León, su lado antisocial había florecido por completo.
Otros dicen “te casas con un gallo, sigues al gallo; te casas con un perro, sigues al perro”. Pues nuestra reina se casó con un especialista en muerte social… ¿Cómo no iba a volverse antisocial también?
Aunque hay otra razón por la que Roswitha se volvió un poco más “tímida”: antes siempre se enfrentaba sola a todos los problemas, internos y externos. No tenía a nadie.
Pero desde que León está a su lado, ahora tiene en quién apoyarse. Alguien que le da seguridad. Así que poco a poco… ha ido sacando ese aire de “esposa obediente”.
Pero volvamos al tema.
Isa se levantó con una sonrisa y fue a su encuentro:
—¿Por qué tardaron tanto?
—Ah… cosas en el camino, se nos hizo un poco tarde.
Mentira.
Al decir eso, Roswitha echó una mirada nerviosa a León que estaba a su lado.
La verdad es que llegaron tarde porque este tipo le preguntó en el camino de qué iba la reunión de los Reyes Dragón.
Roswitha le dijo que era sobre el combate que él tuvo contra Konstantin.
Y León respondió: “Entonces somos los protagonistas del show, ¿no?”
Roswitha dijo: “Sí… algo así”.
Entonces León sugirió: “Pues lleguemos tarde, que los protagonistas siempre aparecen al final”.
La reina: ¿= =?
Así que cuando llegaron a Ciudad Cielo, no se fueron directo a la Torre del Crepúsculo, sino que se pusieron a pasear por las calles comerciales.
¿Y qué podía hacer ella?
Es el esposo que eligió, se lo traga con todo y sus fases de adolescente edgelord.
—Oh, entonces entren ya. Solo faltaban ustedes.
—»Solo faltaban ustedes»…
Cinco palabras. Pero suficientes para inflar el ego de cierto general con complejo de protagonista.
¿Lo ven? Él ya lo sabía. El protagonista siempre entra al final.
Una vez sentados, León echó un vistazo a la sala.
Roswitha había dicho que esto era una reunión de Reyes Dragón… o sea que todos aquí lo eran, ¿no?
Aprovechando que aún faltaban unos minutos para empezar, León se giró un poco hacia Roswitha y le susurró:
—Si cuando estaba en el ejército hubiera sabido que ustedes los Reyes Dragón se reunían así, todo sería diferente…
Roswitha iba a preguntar “¿por qué?” pero luego recordó con quién estaba hablando y ya se imaginó la respuesta.
Ir matándolos uno por uno era un lío. Si sabía que se reunían todos juntos, se los cargaba de un solo golpe.
La reina puso los ojos en blanco y le respondió bajito:
—Estos Reyes Dragón no son como los que tú conociste antes.
—¿Ah, sí? ¿Qué tienen de distinto? Anda, cuéntame.
Roswitha le indicó discretamente con la barbilla al anciano que estaba del otro lado de la mesa.
—¿Ves a ese Rey Dragón viejo? Es Odín, el padre de Yuna, y Rey de los Dragones de Trueno. Es el que se perdió con Noa en la Ruina Primordial.
—Ascendió hace más de 700 años. Ya en esa época, su fuerza estaba entre las más altas de toda la raza dragón, y hasta hoy, pocos pueden medirse con él.
—Incluso aquel Rey Dragón de Estrella Brillante, Shtar, a quien derrotamos tú y yo, no está a su nivel.
Shtar… sí, León lo recordaba. Uno de los que se aliaron con el Imperio en secreto. Lideró la segunda invasión al Santuario Plateado.
Y terminó haciéndose estallar con su escama pectoral, desesperado.
Pese a todo, León reconocía que Shtar era fuerte. Uno de los más fuertes que había enfrentado.
¿Y este tal Odín era más fuerte todavía?
—Vaya, los dragones nunca dejan de sorprenderme…
Al parecer, su conversación atrajo la atención de Odín, quien los miró con una expresión severa, imponente, con ese aire de autoridad que no necesita palabras.
León frunció el ceño, pero no se achicó. Le sostuvo la mirada con firmeza.
Según su experiencia, cuando un Rey Dragón te mira así… en cinco segundos están peleando.
Pero al rato, Odín desvió la vista.
—Viejos zorros, siempre alertas.
Roswitha le dijo:
—Y tú eres el centro de atención de esta reunión. Así que cuando hables, mide bien tus palabras. Cualquier error puede ponerte en la mira, ¿entendido?
León asintió. En sus años de servicio no solía encargarse de discursos o protocolo.
Pero desde que vivía en el Santuario, había aprendido bastante de estrategia y diplomacia junto a Roswitha.
Ya no era el mismo bruto de antes.
Miró a su alrededor, y sus ojos se toparon con una hermosa señora de cabello azul, sentada del otro lado de la mesa.
—Ah, también vino Claudia.
Roswitha siguió su mirada.
—Oh, cierto. Bueno, como Helena también estuvo en la Ruina Primordial, tiene sentido que Claudia esté aquí.
—Pero el Rey de los Dragones de Mar no era Poseidón… ¿por qué viene ella?
—Cuando el Rey permite que alguien lo represente en asuntos importantes, es porque esa persona tiene su confianza. Probablemente Claudia será la próxima Reina del Mar.
—Ah, ya veo…
Claudia notó las miradas de los dos y les hizo un gesto con la mano. Ellos sonrieron y devolvieron el saludo.
Poco después, entró el moderador de la reunión.
Se colocó al costado de la mesa, tocó una pequeña campana y habló:
—Gracias a todos los Reyes Dragón por venir a esta reunión urgente sobre Konstantin y el Poder Primordial.
—Soy el asistente del Maestro de la Torre del Crepúsculo. Él no puede recibirlos en persona, así que estaré a cargo de la reunión.
—Durante esta sesión, pueden expresarse libremente sobre el caso de Konstantin. No interferiremos en sus opiniones.
—Esperamos que juntos puedan encontrar una solución que evite el caos y la división dentro de la raza dragón.
—Dicho esto, damos inicio a la reunión.
Se inclinó y salió del salón.
Al cerrarse la puerta, todos los Reyes Dragón miraron al unísono a León y Roswitha.
—Reina Plateada, de todos los presentes, tú y tu esposo son quienes más han tenido contacto con Konstantin. Fueron ustedes quienes descubrieron sus planes y trataron de impedirle obtener el Poder Primordial. Así que… ¿qué opinan de su situación actual?
Quien habló fue un Rey Dragón anciano. Odín no dijo nada.
Roswitha se mantuvo serena y respondió con calma y autoridad:
—Permítanme corregir un punto. Es cierto que intentamos detenerlo, pero no tuvimos éxito. Konstantin logró absorber la mayor parte del Poder Primordial.
—En cuanto a su estado actual… mi esposo y yo consideramos que su poder ya supera al de la mayoría de los Reyes Dragón, pero aún no alcanza el nivel más alto.
—¿No alcanza el nivel más alto?
Un joven Rey Dragón preguntó con escepticismo:
—Señora Melkway, tengo entendido que el Poder Primordial está más allá de todo lo que conocemos. ¿Cómo es posible que alguien que lo domina no esté en la cima absoluta?
Pero quien respondió no fue Roswitha.
Fue Claudia.
La mirada de todos se volvió hacia la bella mujer sentada al fondo.
Ella estaba serena, con los brazos cruzados, sin una pizca de nerviosismo ante tanta autoridad junta.
—¿Entonces lo que dice la señora Claudia es que… Konstantin no sabe usar bien el Poder Primordial?
—No. El Poder Primordial es, al final, solo energía. Es como tener una bomba en la mano. Puedes lanzarla y hacer daño.
—El problema no es lanzar la bomba. El problema es cómo cargarla con más pólvora, cómo lanzarla más lejos, más precisa, y qué tipo de daño quieres que haga.
Roswitha, León e Isa se miraron.
Era cierto.
Cuando “el viejo Konstantin versión cosida” atacó el Santuario Rojo, Roswitha le hizo daño con una forma pura de Poder Primordial.
Y el hechizo que León aprendió de su maestro, “Juicio del Alma”, era una técnica real de magia primordial.
Claudia lo dejó claro: Konstantin tiene la fuerza, pero no la técnica.
Un bruto con superpoderes, nada de qué preocuparse… por ahora.
—Lo que dice la princesa del mar es razonable —dijo el anciano—. Además, hasta donde sabemos, la magia primordial está perdida. Es casi imposible encontrar registros sobre ella.
—Es cierto. Yo mismo pasé años buscándolos y fracasé. Esa magia está extinta en nuestra era.
“Extinta”.
Roswitha y León casi sueltan la carcajada.
—Quizás sí… quizás ya está extinta… —dijo Claudia, mirando con intención a la pareja.
Ellos sabían que Claudia era la autora del libro “Juicio del Alma”.
Y entendieron que quería mantenerlo en secreto.
Era una reunión estratégica, no una alianza.
Así que mejor no cruzar demasiadas miradas con la señora de las profundidades.
Luego, el tema volvió a Konstantin.
—Disculpen, tengo una pregunta para el Príncipe Plateado —dijo Morgan, el Rey Dorado—. ¿Cómo supiste que Konstantin buscaba el Poder Primordial?
Porque mi exjefe lo convirtió en un engendro con ese poder para conquistar el mundo, pero le salió el tiro por la culata y ahora quiere vengarse.
? ¿Digo la verdad, hermanos?
Si cuento eso, aquí no sale nadie.
—Tengo una red de inteligencia propia. No fue difícil rastrear sus movimientos —dijo León.
—¿Y por qué crear una red así?
—Porque ya lo enfrenté dos veces. Pensé que podría atacarme de nuevo, así que diseñé un sistema de vigilancia para evitarlo.
—Oh… pero, Príncipe Plateado, esa red de información…
—Oye, Morgan —lo interrumpió Isa—, si es una red secreta, ¿no crees que ya estás preguntando demasiado?
—Eh… bueno…
Roswitha lo remató:
—Además, fue algo que hizo por precaución. Si vas a escarbar cada detalle, ¿entonces para qué tanto esfuerzo?
Morgan se quedó un segundo callado.
Luego sonrió y dijo:
—Tienen razón, tienen razón…
Isa resopló, luego le guiñó un ojo a su cuñado.
León sonrió. Tener dos esposas maquiavélicas en casa a veces era útil.
La reunión siguió.
Después de horas de debate, se aprobó un plan:
—Desplegar tropas cerca del territorio de los Dragones de Llama. Si Konstantin hace algo, se actuará de inmediato.
—Presión constante hasta que revele su ubicación.
—Mientras tanto, recopilar toda la información posible sobre el Poder Primordial.
—¿Alguien quiere añadir algo?
León levantó la mano.
—Y si logramos extraer ese poder de Konstantin… ¿qué harán con él?
—Usarlo para el bien, por supuesto.
—¿El bien?
León repitió la palabra con cuidado.
La palabra no estaba mal. Lo cuestionable era… ¿quién la decía?
No es que León desconfiara de todos los dragones…
Bueno, sí. Un poco sí.
—Príncipe Plateado, ¿tiene otra propuesta?
León miró a Roswitha. Ella asintió, como diciendo: «di lo que piensas».
—Yo creo que deberíamos limitarnos a vigilar. No necesitamos presión ni guerra.
—La guerra traerá muertes. Pero si creen que vale la pena llenar el suelo de cadáveres para conseguir ese poder, entonces no tengo nada más que decir.
No fue un bruto. Fue un verde moralista.
Una encerrona ética para los dragones.
¿Usarán la sangre de su propia gente para quedarse con un poder que ni les pertenece?
León tenía sus razones personales también.
Noa le había contado que Konstantin los dejó vivir cuando pudo matarlos.
Incluso sabiendo que ella era su hija.
Ese dragón tenía principios.
Y Roswitha le había enseñado una verdad esencial: todo poder está ligado a la política.
Y la política es el disfraz elegante de la codicia.
Ese poder era un pastel, y todos querían un pedazo.
Así que nunca confíes en nadie con hambre, aunque diga estar de tu lado.
—Votemos entonces —dijo el anciano—. ¿Quién apoya la propuesta del Príncipe Plateado?
Él estaba confiado.
“¿Quién aquí va a renunciar a ese pastel?”
Solo tres manos se alzaron: Roswitha, Isa y Claudia.
—Qué lástima, Príncipe Plateado. Tu propuesta no fue apro—
Pero antes de que terminara…
Odín levantó la mano.
—Yo apoyo la opinión del señor Casmod.
El viejo se atragantó con el aire.
Y peor fue cuando Morgan también levantó la suya:
—¡Ey! Tiene razón. ¿Para qué pelear? Mejor tomemos un té, charlamos, y quizá Konstantin se entrega solo, ¿no?
Otros Reyes Dragón se miraron entre sí… y empezaron a levantar la mano.
El poder podía esperar.
Pero la aprobación del Rey de Trueno… eso sí era urgente.
Muy pronto, la mayoría ya había votado a favor.
León se cruzó de brazos, sonrió con suficiencia y dijo:
—Abuelito… yo declaro inválida tu declaración.
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