83
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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83 Paloma-chan: ¡¿Tienes un problema o qué?! (Cap extra por votos)
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La cita de mejores amigas se llevaría a cabo dentro del territorio de los dragones plateados.
Aunque la palabra «tribu» pueda evocar imágenes de una sociedad ancestral y anticuada, con todos vistiendo taparrabos de piel y agitando lanzas de piedra mientras bailan alrededor de una fogata…
…la verdad es que la vida dentro de una tribu dracónica es todo lo contrario: una pequeña comunidad de clase media alta.
Como los dragones no eran muchos y los recursos abundaban, el nivel de vida en general era bastante bueno.
Dentro del territorio de los dragones plateados, tanto la zona residencial como la recreativa podían satisfacer prácticamente cualquier necesidad.
Claro que si querías un panorama más amplio o entretenimiento más sofisticado, tenías que ir a la Ciudad del Cielo.
Pero Noa y Helena no tenían intenciones de ir tan lejos. Solo pasear por la tribu y disfrutar juntas ya era suficiente.
Además, así Helena podía experimentar de primera mano las «costumbres y cultura» de los dragones plateados.
—Muy bien, ya salieron. ¡Lucecita, go go go!
¡Las dragonesas comando entran en acción otra vez!
El primer destino de la cita fue la plaza central, para alimentar palomas.
El sol brillaba suave, la brisa era templada, y en la plaza había mucha gente, algunos haciendo ejercicio, otros simplemente disfrutando el rato.
En el puesto donde se vendía comida para palomas, el dueño al ver que era la princesa, por supuesto que no quiso cobrarle.
Pero Noa insistió en pagar el precio completo.
Una vez compraron la comida, las dos amigas se tomaron de la mano y fueron al centro de la plaza, donde una nube de palomitas ya esperaba ansiosamente.
—¿No me van a picar los dedos? —preguntó Helena, un poco nerviosa.
—No, tranquila.
Noa se agachó, vertió algo de grano en la palma de la mano y la extendió hacia las palomas. Todas se amontonaron a picar, pero ninguna le lastimó la mano.
—Estas palomas llevan toda la vida siendo alimentadas, ya están acostumbradas. ¿Nunca has alimentado palomas, Helena?
Helena negó con la cabeza, y luego se agachó también, imitando la postura de Noa y extendiendo la mano.
—En el fondo del mar no hay palomas…
Se quedó pensativa un momento, luego añadió:
—…pero sí alimentaba burros.
—¿Burros?
Noa sí sabía lo que era un burro.
Su papá lo mencionaba a menudo cuando hablaba con su mamá. Por curiosidad, Noa incluso había investigado en la biblioteca.
Un animal doméstico muy antiguo, criado en muchas culturas… pero no por los dragones.
Entonces, ¿por qué Helena solía alimentar burros?
—Sí sí, mira esto.
Helena sacó su bolso cruzado: tenía forma de burro de peluche.
—¡Aw, qué tierno!
Noa pellizcó la cremallera del bolso, que era la «colita» del burrito.
—¿Te lo hizo la tía Claudia?
Helena negó con la cabeza.
—Me lo hizo mi tía… la hermana de mi madre.
—¿Tu tía? Nunca habías dicho que tenías una.
—Ah… es que mi tía estuvo fuera mucho tiempo. Apenas volvió hace poco.
Helena miró a un lado, luego al otro, y rápidamente cambió de tema:
—¡Mira! ¿Por qué no vamos a alimentar palomas allá?
—¡Vamos!
Helena sabía que su madre le había dicho que evitara hablar de su tía en público.
Por suerte, Noa no insistió con el tema.
Las dos amigas se tomaron de la mano y fueron a otra zona de la plaza.
A los pocos minutos, dos figuras pequeñas y sospechosas aparecieron donde antes estaban Noa y Helena.
Una palomita, al ver movimiento, pensó que había comida de nuevo, así que se acercó.
Moon se agachó, una rodilla abrazada con un brazo, y con la otra mano se estiró lentamente hacia la paloma.
La paloma pensó: ¡Yay~ desayuno nutritivo—¡¿AH?!
Moon no tenía grano ni comida. Estaba extendiendo la mano para agarrarle el pico.
—¡Escupe las semillas que te dio Helena!
Paloma: ¿?
¿Pero qué caraj… ¡esta loca está enferma!
—¡Ay, segunda hermana! ¿Ahora te vas a pelear con las palomas? ¡Vamos, que si no las seguimos, vamos a perder de vista a la hermana mayor y a Helena!
Moon soltó a la paloma, pero antes de irse, le dejó un puñado de arroz premium como compensación.
Y con tono serio, le dijo:
—¡Las palomas de los dragones plateados solo pueden comer comida dada por dragones plateados! ¿Entendiste?
Paloma: …………
—Coo
—Bien. Entendido. ¡Vamos, Lucecita!
La unidad de espionaje hermanil reanudó la persecución.
El segundo plan de la cita era: comer helado.
—Quiero uno de sabor naranja. ¿Tú, Helena?
—Yo también quiero de naranja.
—¡Genial!
El vendedor les preparó dos helados de naranja y se los entregó.
Como antes, tampoco quiso cobrarle a la princesa, pero Noa insistió en pagar.
Al alejarse del puesto, Noa murmuró con cara resignada:
—Si lo llego a saber, me ponía una camiseta que dijera «NO soy una princesa».
Ella salía poco, pero todos en la tribu sabían quién era, así que jamás le cobraban.
Noa, como sus padres, era recta y correcta, y no aprovechaba su estatus para ganar ventajas.
Helena rió suave y le dio una lamida al helado.
—Está delicioso.
—¿A que sí? ¡El de naranja es el mejor!
—Antes no me gustaban los helados de sabores simples, ¡pero este está buenísimo! ¿Te gustan mucho las naranjas, Noa?
Noa se lo pensó y respondió:
—Más o menos. En realidad, antes no me interesaban estos dulces, pero mi papá solía comprarle cosas de sabor naranja a mi mamá, y un día me entró curiosidad… Lo probé y me gustó mucho.
—Ooooh~ así que en tu casa los gustos se heredan, ¿eh? —bromeó Helena.
Noa sonrió con los ojos entrecerrados.
—Vamos, te voy a llevar a ver la fuente de allá.
—¡Vale!
Tras la partida de las amigas, Moon y Lucecita llegaron al puesto de helados.
—¡Señor! ¡Deme diez helados, del mismo sabor que los de mi hermana!
—¡Tranquila, segunda hermana!
Lucecita la detuvo al instante.
—¡Diez helados! ¿Recuerdas que la última vez comiste tres y estuviste con diarrea todo un día?
—¡Eso fue el viejo yo, Lucecita! —Moon puso cara seria—. ¡Ahora soy distinta!
Lucecita se rascó la cabeza, confundida.
—¿Y qué cambió?
—Antes comía con glotonería.
—¿Y ahora?
—¡Ahora como con espíritu de venganza! ¡Voy a devorar diez helados y salir ilesa!
—…¿Estás segura de que puedes con los diez?
—¡Obvio! ¡No subestimes mi poder! ¡Diez helados no son nada—!
Cinco minutos después.
—Lucecita… ayúdame… no puedo más…
Lucecita se cubrió la cara, viendo los tres helados que aún quedaban en manos de su hermana.
Suspiró.
—Yo pensé que tres era tu límite. Pero te comiste siete… ¿Cuál es tu secreto, segunda hermana?
—¡Helena solo puede comer uno con la hermana mayor, pero yo pude comerme siete! ¡¡Eso significa que mi amor por ella es siete veces más grande!!
—¡Qué genia de las matemáticas tenemos en nuestra tribu, eh!
—Así que los tres que quedan… ¡son para ti, Lucecita! ¡Demuestra tú también cuánto la amas!
Lucecita se apresuró a negar.
—Mi amor por la hermana mayor es puro y eterno. ¡No necesito probarlo con helado!
—Entonces… ¿qué hacemos?
Lucecita pensó, y de pronto se le iluminó la cara.
—¡Eh! ¡Ya sé qué hacer!
Un rato después, en la plaza, Paloma-chan ya estaba llena y lista para volver a su nido a dormir, esperando salir de nuevo por la noche a buscar comida.
Pero justo cuando iba a alzar el vuelo… algo la retuvo.
Se dio vuelta… y vio que las dos pequeñas dragonas habían vuelto.
Sus caras… en la visión de Paloma-chan… eran como las de villanas de película.
¡Y tenían tres helados en la mano!
¡Solo quería un bocadito, no me maten! ¡Déjenme en paz!
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