Capítulo 73
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 73 — El héroe dracónico (1)
Tras salir del despacho, Takk se apoyó en la pared y jadeó con violencia.
Levantó la mano derecha, que no dejaba de temblar, y contempló el símbolo del globo ocular violeta oscuro que se iba desvaneciendo en la palma:
—¿Qué… qué clase de poder es este? Para dejar sin capacidad de combate a alguien del nivel de la vicedirectora Claudia en un instante…
Si no hubiera tenido aquella misteriosa energía del Ojo Demoniaco, la presión dracónica de Claudia le habría aplastado y ahora sería él quien estaría en el suelo.
Takk bajó la mano y apoyó la nuca contra la pared. Cerró los ojos e intentó calmar la tormenta que le arrasaba por dentro.
Una vez más sereno, dirigió la mirada hacia el despacho del director, a su lado.
Dos llaves. Todavía le faltaba la del director Wilson.
Antes había dicho que Wilson sería más fácil de manejar porque todos en la academia sabían que el director Wilson, al igual que su predecesor la directora Orlet, no era un dragón de tipo combativo.
No todos los dragones dedicaban su vida a buscar un poder cada vez mayor.
Una pequeña parte de la raza dracónica optaba por la ciencia, la investigación, el mundo académico, la política…
Wilson era uno de ellos.
Antes de unirse a la Academia Saint-Hiss ya era un historiador de enorme renombre dentro de la raza dracónica.
Por eso lidiar con el relativamente «civil» Wilson sería mucho más fácil para Takk.
Aunque de todas formas, después del imprevisto de Claudia, Takk pensó que era mejor hacer una pequeña planificación previa.
Tras reflexionar un momento, tuvo una idea.
Miró a su alrededor para asegurarse de que no había nadie y se alejó del edificio de oficinas.
Takk llegó hasta la entrada trasera del auditorio donde se celebraría la ceremonia de condecoraciones y accedió al camerino de detrás del escenario.
Con urgencia encontró a Samantha, que estaba coordinando el evento, y se acercó a ella con expresión preocupada:
—Samantha, ¿dónde está el director Wilson?
Samantha lo miró de arriba abajo y le preguntó con desconfianza:
—¿Qué pasa? ¿Para qué quieres al director?
—Ah, es que estaba haciendo rondas por el edificio de oficinas y me crucé con la vicedirectora, que había vuelto a darle de comer al slime. Me dijo que de repente se había acordado de que tenía algo muy urgente que tratar a solas con el director Wilson y que le esperaría en su despacho.
Takk aparentaba calma por fuera, pero el corazón le latía a toda velocidad y el habla se le aceleraba involuntariamente:
—Así que si todavía queda tiempo antes de que empiece la ceremonia, le agradecería que se lo transmitiera al director Wilson.
Samantha lo estudió con suspicacia:
—Un miembro de la División de Dragones Adultos haciendo rondas por el edificio de oficinas… ¿a qué viene eso?
Takk se encogió de hombros:
—Es que me sancionaron por lo de la misión por tres meses sin misiones de nivel B o superior, pero tampoco puedo quedarme de brazos cruzados, que si no me oxido.
—Ya veo…
Hacía un momento, Claudia había salido del auditorio deprisa, y cuando Samantha le preguntó adónde iba, ella también había dicho que era a darle de comer al slime.
Tras el intercambio de preguntas y respuestas, Samantha asintió:
—Bien, iré a transmitírselo al director Wilson. Y tú tampoco tienes que hacer rondas esta noche. Si puedes, ve a ver la ceremonia de condecoraciones de vuestra División.
—Sí, sí.
Samantha no dijo nada más, se giró y se marchó a paso rápido.
Takk la observó hasta que desapareció en el recodo del pasillo. Entonces retiró la mirada y también se giró para volver al edificio de oficinas por el mismo camino.
No tenía tiempo de ver ninguna ceremonia de condecoraciones.
Cuanto más se alargara todo esto, más nervioso se pondría y más intensa sería la culpa que le corroía por dentro.
Corriendo bajo la luz de la luna, Takk tenía el semblante sombrío. En su mente apareció el recuerdo de su padre, ya fallecido:
—Papá, lo que estoy haciendo… ¿vale la pena o no?
Auditorio de la academia. Camerino.
Los estudiantes que habían sido notificados de recibir un honor o premio ese año esperaban en el camerino.
Noa, como era de esperar, había obtenido el «Premio a la Mejor Novata» y el reconocimiento de «Miembro Clave».
En el vestidor, Noa estaba frente al espejo con toda la formalidad del mundo. Helena le estaba maquillando y Viviane le estaba arreglando el vestido de gala que acababa de ponerse.
—¿Alguien te ha dicho que estás guapísima con vestido de gala, Noa? —preguntó Viviane con una sonrisa.
Noa tragó saliva, algo tensa:
—Moon me lo ha dicho, pero…
Mientras hablaba, Noa se pellizcó el dobladillo del vestido:
—Pero eso fue hace muchos años, cuando todavía estábamos en la División de Jóvenes Dragones, y además llevaba un modelo con pantalón para niños. Ahora con un vestido así… me siento un poco incómoda.
La campeona de la perseverancia nunca había sentido nada especial por los vestidos y siempre iba con pantalones cortos ajustados o vaqueros, que estilizaban las piernas y marcaban la figura.
Con un vestido siempre le daba la sensación de… tener corriente de aire.
Y además era muy poco práctica para pelear.
—Entonces te busco una falda-pantalón.
Viviane lo dijo con toda consideración y se acercó al perchero a buscar entre las opciones.
Noa dejó escapar un suspiro de alivio:
—Con una falda-pantalón me apaño. Eso sí que lo aguanto.
Mientras tanto, Helena también terminó de maquillarla:
—Lista~ Lo he hecho siguiendo exactamente el estilo de maquillaje de la tía Rosweisse. ¿Estás contenta?
Noa se miró en el espejo. Estaba radiante, y aquel toque de madurez que se había añadido a su rostro todavía ligeramente juvenil resultaba muy natural.
Le había pedido expresamente a Helena que se lo hiciera parecido al estilo de su madre, y el resultado era realmente bueno.
Noa asintió:
—Sí, muy contenta.
Era la primera vez que se maquillaba, porque la ceremonia de condecoraciones de esa noche era muy importante para ella.
Aunque ya tenía experiencia recibiendo premios y honores, esta era la primera vez que Noa recibía una condecoración en la División de Dragones Adultos, ya entrada en la adolescencia. Por eso le daba especial importancia.
—Lástima que el tío Leon y la tía Rosweisse no hayan venido esta noche. De haberlo hecho, al ver a su hija mayor tan guapa, habrían sacado miles de fotos~ —dijo Helena.
Noa sonrió con resignación:
—Qué le vamos a hacer. Papá me dijo hace unos días que él y mamá fueron a investigar esa Congregación de los Comensales de la que nos habíamos enterado, así que no les da tiempo a volver.
—Entonces te hacemos fotos nosotras.
Viviane sacó una nueva falda-pantalón y la puso junto a la cintura de Noa para comprobar la talla. Satisfecha de que quedaba bien, continuó:
—Cuando estés en el escenario dando tu discurso de agradecimiento, no te olvides de mirar a la cámara~
Las dos cosas en las que Noa era menos hábil en la vida: una era ponerse faldas, y la otra era hacerse fotos.
Porque desde pequeña tenía cara de palo, y en las fotos la expresión se le quedaba tan rígida como el mármol.
—Haré… lo que pueda.
Pero en cualquier caso, Noa estaba muy emocionada con la ceremonia que se avecinaba.
Viviane le cambió el atuendo por la falda-pantalón recién elegida.
Noa notó de inmediato que la «sensación de seguridad» había vuelto.
Las tres amigas esperaron en el vestidor a que empezara la ceremonia.
Faltaban diez minutos para las ocho de la noche cuando de repente llegó el sonido de pasos apresurados desde fuera del vestidor.
—Disculpad la interrupción.
Samantha entró precipitadamente:
—¿Habéis visto al director Wilson o a la vicedirectora Claudia?
Noa se levantó y se acercó:
—No. ¿Qué pasa, maestra Samantha?
—Hace un rato la vicedirectora dijo que iba a darle de comer al slime, y luego mandó recado al director para que subiera a su despacho a tratar un asunto. Ya ha pasado más de media hora, la ceremonia está a punto de empezar y no los encuentro a ninguno de los dos.
Al enterarse de que algo relacionado con Claudia estaba pasando, Helena también se adelantó:
—¿Quieres que mandemos a alguien al despacho a ver?
—Acabo de mandar a alguien, en estos momentos ya debería estar…
Pero antes de que Samantha terminara, se escuchó a alguien gritar desde fuera:
—¡¡Emergencia!! ¡¡Los dos directores han sido atacados!! ¡¡Todo el mundo en alerta!!
(Nota de la autora y compensación: […])
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