Capítulo 16
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## Capítulo 16: Papá, soy Aurora
Tras la ceremonia de ingreso llegó el proceso de asignación de clases y dormitorios.
La división de jóvenes dragones de la Academia Saint Heath contaba con recursos educativos extremadamente abundantes y, en esta etapa, los jóvenes dragones todavía no habían desarrollado estilos de combate únicos y personalizados.
Por eso, la asignación de clases era completamente aleatoria. Sin importar en qué clase terminara un estudiante nuevo, la academia garantizaba que recibiría exactamente el mismo nivel de educación que los demás.
Dentro del auditorio se reunieron más de trescientos estudiantes de nuevo ingreso.
Sobre el escenario se encontraban los siete profesores tutores de la división de jóvenes dragones.
El pequeño Leon y Constantine permanecían al final de la multitud, observando a los profesores.
—Más de trescientos estudiantes… divididos en siete clases. Viéndolo así, las probabilidades de que terminemos en la misma clase son bastante bajas.
Dijo Constantine en voz baja.
Al oír eso, el pequeño Leon arqueó una ceja.
—¿Por qué suenas un poco decepcionado? Pensé que no querías estar en la misma clase que yo.
Constantine cruzó los brazos sobre el pecho con expresión tranquila.
—Si terminamos en la misma clase, también podré superarte académicamente.
Con había dedicado toda su vida a intentar superar a Leon Casmod en los estudios.
Leon lo miró de reojo y sonrió.
—¿Seguro que puedes ganarme? Si no recuerdo mal, fui yo quien respondió el examen de ingreso de cierta persona.
Constantine soltó un resoplido.
—La vida académica de un dragón no se limita a exámenes escritos. Lo importante es aprender a convertirse en un guerrero calificado.
Tras decir eso, miró a su buen amigo.
—Ahora que ambos hemos vuelto al mismo punto de partida, veamos quién termina por delante.
Ante el desafío de Con, el General Leon, naturalmente, no iba a rendirse sin luchar.
—Claro, compitamos. Pero si después sigues sin poder vencerme, no vayas llorándole a mamá Orion, ¿entendido?~
Resultaba difícil imaginar que dos guerreros que intentaban salvar el mundo del desequilibrio del poder divino estuvieran discutiendo tan seriamente sobre quién obtendría mejores resultados en las clases de combate.
Salvar el mundo mientras compiten entre ellos, ¿eh?
—Ahora, estudiantes, suban uno por uno para sacar un número.
Samantha indicó a varias personas que colocaran cilindros de sorteo sobre el escenario antes de continuar:
—Cada profesor tutor tiene una bola de color diferente. Si sacan una bola del mismo color que la de un profesor, eso significa que pasarán toda su etapa en la división de jóvenes dragones bajo su tutela. Entonces~ ¡comencemos!
Los estudiantes de las primeras filas comenzaron a subir uno tras otro.
Era evidente que todos disfrutaban bastante de este proceso de asignación aleatoria.
Cuando finalmente llegó el turno del pequeño Leon y de Constantine, ambos metieron la mano en el cilindro al mismo tiempo.
Constantine sacó la suya primero.
Rojo.
Bajó la cabeza para mirar la bola antes de levantar la vista hacia Leon.
Leon apretó los labios.
Aunque antes se habían estado provocando mutuamente, en el fondo sí esperaba acabar en la misma clase que su viejo amigo.
Por una parte, la competitividad entre ambos había vuelto a encenderse.
Y por otra, sería más conveniente discutir asuntos relacionados con el Dios del Equilibrio.
Tras una breve pausa, Leon sacó lentamente su propia bola.
Roja.
En el instante en que apareció la esfera roja, tanto el pequeño Leon como Constantine soltaron un suspiro de alivio en secreto.
Leon guardó la bola y avanzó.
Cuando pasó junto a Constantine, la comisura de sus labios se elevó ligeramente.
—No te quedes demasiado atrás en las calificaciones.
Constantine resopló y negó con la cabeza.
Después de todo, hablar demasiado antes de tiempo no era precisamente su especialidad.
Y además siempre existía el peligro de que terminara convirtiéndose en una bandera de derrota.
Los dos amigos bajaron juntos del escenario.
La asignación de clases concluyó rápidamente.
En cuanto a los dormitorios, los estudiantes podían elegir libremente.
Como cada habitación era compartida por dos alumnos, el proceso tampoco resultó complicado.
Los dos «hermanitos» se eligieron mutuamente como compañeros de habitación.
A juzgar por sus personalidades, probablemente incluso competirían por ver quién se dormía primero cada noche.
Por supuesto, tanto Leon como Constantine conservaban los recuerdos de un adulto. Obligarlos a compartir dormitorio con niños de verdad habría sido una auténtica tortura.
Una vez terminado todo, la versión juvenil del dúo «Leon-y-Contra-Con» comenzó oficialmente su vida en la Academia Saint Heath.
¡Dong!
Sin previo aviso, sonó una campana.
Pesada y solemne.
Antigua e imponente.
Como si pudiera atravesar directamente el alma.
Los dos dentro del dormitorio despertaron lentamente debido al sonido.
El pequeño Leon se sentó en la cama y se rascó el cabello revuelto.
—¿Qué pasó…? Nunca escuché que la academia usara campanas para despertar a los estudiantes.
Constantine también parecía confundido.
—¿Alguien estará gastando una broma?
Leon se dejó caer de la cama.
—Ni idea. Pero ya es hora de levantarse. Esta mañana no tenemos clases. Se supone que el tutor nos enseñará el campus, aunque también tenemos tiempo libre.
Mientras se vestía preguntó:
—¿Qué planeas hacer?
Constantine reflexionó un momento antes de responder:
—Pedirle a Claudia la llave del archivo subterráneo de la academia.
Leon asintió.
—Bien. Yo también.
Tras asearse, ambos abandonaron el edificio de dormitorios.
Pero apenas salieron, vieron que todos los estudiantes de la división de jóvenes dragones corrían hacia los terrenos principales de la academia.
Los dos intercambiaron una mirada.
Ninguno entendía qué estaba ocurriendo.
Constantine detuvo a un estudiante que pasaba.
—¿A dónde van todos?
—¿En serio no lo saben? ¡Los estudiantes de la división de dragones adultos acaban de regresar de una misión! ¡La senpai Noa también está con ellos! ¡Si llegan a tiempo, incluso podrían conseguir un autógrafo!
Tras decir eso, el estudiante salió corriendo.
Observando las figuras alejarse, Leon chasqueó la lengua y suspiró.
—Esto me resulta terriblemente familiar.
Constantine arqueó una ceja.
—¿Qué pasa? ¿Tú también perseguías celebridades cuando eras pequeño?
Leon se encogió de hombros.
—No. Yo nunca perseguí celebridades.
—Siempre fui yo el perseguido.
Constantine guardó silencio.
Jamás debió haber preguntado.
Leon le dio una palmada en el brazo.
—Vamos a mirar también. Después de todo, es mi hija mayor. Echar un vistazo no nos quitará mucho tiempo.
Naturalmente, Constantine no se negó.
Los dos siguieron la corriente de personas hacia los terrenos principales.
Para entonces, el lugar ya estaba repleto de estudiantes tanto de la división juvenil como de la división adolescente.
Todos rodeaban a los estudiantes que acababan de regresar.
Algunos tomaban fotografías.
Otros gritaban nombres.
Incluso había quienes agitaban pancartas.
Normalmente, los estudiantes de la división adulta entrenaban en un campus remoto en plena naturaleza y rara vez aparecían en público.
Verlos así era una oportunidad poco común, por lo que el ambiente se parecía mucho al de los fanáticos persiguiendo ídolos.
Leon y Constantine se abrieron paso entre la multitud repitiendo incontables «permiso» hasta que finalmente lograron llegar a la primera fila.
—¡Miren! ¡Es la senpai Noa!~
—¡Senpai Noa! ¿Podemos tomarnos una foto juntos?
—¡Senpai Noa! ¡Por favor firme esto!
—¡S-senpai Noa! ¡Esta es mi carta de amor! ¡Por favor léala cuando tenga tiempo!
—…
La escena era realmente animada.
Incluso Constantine comentó:
—La popularidad de tu hija en la academia es increíble.
Sin embargo, Leon no respondió.
Constantine lo observó y descubrió que estaba mirando alrededor como si buscara a alguien.
—¿Qué haces?
—Estoy buscando al mocoso que acaba de intentar entregarle una carta de amor a Noa.
Respondió Leon con absoluta seriedad mientras escaneaba la multitud.
—Te garantizo que no le romperé las piernas.
Constantine se quedó inmóvil un instante antes de soltar una risa seca.
Pero cuando recordó que probablemente él también enfrentaría situaciones similares en el futuro, dejó de encontrarlo divertido.
—¡Ahhh! ¡La senpai Noa miró hacia aquí!
—¡Mentira! ¡Claramente me estaba mirando a mí!
Las discusiones por los «derechos de atención» de Noa resonaban por todas partes.
Leon finalmente retiró la mirada y observó a Noa.
Descubrió que su preciosa hija efectivamente también lo había visto.
Sin embargo, tras una breve mirada llena de curiosidad y sorpresa, Noa y Helena fueron nuevamente arrastradas por la multitud.
Los nuevos estudiantes siguieron detrás de ellas.
Esta vez, sin embargo, Leon y Constantine no continuaron participando en la conmoción.
—Vamos a buscar a Claudia.
Dijo Constantine.
Pero Leon no se movió.
Al verlo inmóvil, Constantine preguntó:
—¿Qué ocurre?
—La expresión de Noa era extraña.
Respondió Leon con seriedad.
—Puede que haya pasado algo. Voy a averiguarlo. Tú ve primero al archivo.
Tras decir eso, el pequeño Leon salió corriendo tras la multitud.
Constantine abrió la boca como si quisiera decir algo.
Pero tras un instante de vacilación, simplemente negó con la cabeza.
—Uf. Los idiotas obsesionados con sus hijas son un verdadero problema.
Aunque se quejaba, terminó siguiéndolo.
Más de una hora después…
La multitud finalmente se dispersó.
Noa se dirigió sola al edificio administrativo para entregar el informe de la misión.
—¡Noa!
Leon finalmente encontró una oportunidad y corrió hacia ella.
Noa se detuvo y se volvió para mirarlo.
—¡Noa, soy papá!
Dijo mientras llegaba jadeando.
—Mamá debió haberte contado hace unos días que me disfrazé para entrar a la academia, ¿verdad?
Noa parpadeó, pero no dijo nada.
Simplemente siguió observándolo con una pizca de curiosidad.
Y también a Constantine, que estaba detrás de él.
—Noté que tu expresión era rara hace un rato. ¿Pasó algo?
Preguntó Leon preocupado.
—¿La misión salió mal? ¿O ocurrió otra cosa?
Noa siguió guardando silencio.
Sin embargo, mientras miraba al pequeño Leon, una sonrisa indescriptible apareció lentamente en su rostro.
Aquello confundió completamente a Leon.
—No te quedes callada, Noa. Sea lo que sea, díselo a papá. Papá te ayudará a resolverlo.
Con, a un lado:
—Solo un recordatorio, Leon. Con tu edad actual, si Noa no puede resolverlo sola, probablemente tú tampoco.
Leon puso los ojos en blanco y lo ignoró por completo antes de seguir hablando con su hija.
—Está bien, Noa. No importa que papá se haya encogido. ¡Su cerebro sigue tan afilado como siempre! ¡Si necesitas algo, solo dilo!
Noa se agachó lentamente.
Sus ojos azules permanecieron fijos en Leon durante todo el tiempo.
Muy pronto, padre e hija quedaron a la misma altura.
Agachada frente a él y observando la preocupación y expectativa reflejadas en sus ojos, Noa habló suavemente:
—Papá, soy Aurora.
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