Capítulo 07
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Después de lanzarse mutuamente palabras llenas de veneno, ambos dejaron de provocarse.
Roshwitha se apartó un poco, recogió su vestido largo del suelo y se lo puso con toda la calma del mundo.
Leon también se abrochaba la ropa sin decir una palabra.
Una vez arreglados, Roshwitha se giró para colocarse junto a él y, sin darle oportunidad de rechistar, enrolló su cola alrededor de su cintura y lo alzó por los aires como si no pesara nada.
Antes de que Leon pudiera decir algo, la dragona desplegó sus alas y se lanzó desde la copa del árbol gigante. Aterrizó con gracia, amortiguando la caída con un leve batir de alas, y lo dejó caer a un lado como un saco inútil.
Luego empezó a caminar hacia el otro extremo del bosque.—Vamos.
¿Vamos?
Leon se incorporó con esfuerzo y miró al frente, hacia el espeso bosque.
Desde las afueras del Imperio hasta el Templo del Dragón Plateado había, incluso para la reina dragón famosa por su velocidad, al menos unas tres horas de vuelo.
¿Y pretendía irse caminando? ¿En serio?
Después de dar unos pasos, al notar que él no la seguía, Roshwitha se detuvo y giró la cabeza.—Apúrate, nuestra hija nos espera en casa.
Lo dijo con la misma ligereza con la que se comenta que hay que bajar al piso de abajo a buscar el pan, como si el Imperio y el Templo del Dragón Plateado estuvieran en edificios contiguos.
Si realmente pretendían volver caminando, para cuando volvieran a ver a Moon, su pequeña hija, probablemente ya sería una dragona adulta con alas y todo.
Pero Leon no dijo nada. Arrastrando su cuerpo agotado, simplemente la siguió en silencio.
Ya que Su Majestad quería experimentar la romántica caminata por el bosque, él se lo concedería.
Caminaba tras ella, manteniendo una cierta distancia prudente. Pero era obvio que Leon había sobreestimado su estado actual.
Apenas había despertado de un coma de dos años. Luego fue salvajemente exprimido por esa dragona… y ahora, cuando su cuerpo exigía reposo, cuando debería estar fumándose el cigarro post-sexo, se encontraba vagando por un bosque maldito con los músculos ardiendo.
No habían pasado ni treinta minutos cuando ya estaba empapado en sudor, jadeando.
Se apoyó en el tronco de un árbol, intentando recuperar el aliento.
Roshwitha se volvió y lo miró.—¿Ya no puedes más?
Leon alzó la vista y la fulminó con la mirada.—Estoy bien.
Ella sonrió con una calma provocadora.—Si no puedes más, puedes decírmelo. No soy de piedra, ¿sabes?
Su tono… tenía esa satisfacción perversa de quien pisa cuando el otro ya está en el suelo.
Leon entrecerró los ojos. En ese instante lo entendió todo.
Así que esa era su intención. Hacerlo pedir clemencia.
Ella tenía todas las cartas en la mano. Aún quedaban horas de camino. Ir a pie era absurdo. Ella podía transformarse y volar en cualquier momento.
Y aunque él estaba más cerca del Imperio, no tenía forma alguna de escapar de ella. Apenas intentara correr, ella lo atraparía en un parpadeo.
Roshwitha no solo había pisoteado su dignidad… ahora quería romper su cuerpo poco a poco.
Leon apretó el tronco con los dedos.
—Te dije que no estoy cansado. Puedo seguir.
—Hmph. Lo único duro en ti parece ser la lengua.
Leon pasó junto a ella, mirándola de reojo.—Mi reina, no es solo la lengua. Mis huesos también son duros. Si esperas que me arrodille y te suplique, puedes esperar sentada.
Y siguió caminando sin mirar atrás.
Roshwitha bufó por lo bajo y lo siguió con paso tranquilo.
Ella, una reina dragón en plena forma, compitiendo en resistencia con un humano débil al borde del colapso. El resultado era obvio.
Tenía curiosidad. Quería ver hasta dónde podía aguantar el orgulloso cazador de dragones.
Caminaron unos diez minutos más, hasta que escucharon ruidos entre los arbustos.
Se distinguían tenues luces de fogatas. Al parecer, había gente acampando.
Leon fijó la vista en el fuego.Era una esperanza.
Abrió la boca. Quizás era su única oportunidad de pedir ayuda, de hacer saber al mundo que estaba vivo.
Pero cuando iba a gritar… tragó saliva y se calló.
Miró de reojo a Roshwitha.
Si gritaba, si pedía ayuda, ella no dudaría en matar a todos los presentes.
Eso solo significaría arrastrarlos a una muerte segura.
Entendiendo esto, apretó los dientes, se dio la vuelta y se alejó.
Pero entonces…
—¡Hey! ¿Están perdidos?
Una voz animada los alcanzó desde el campamento.
El sonido de pasos rompiendo el follaje se acercaba.
Roshwitha reaccionó de inmediato. Su mano se llenó de energía mágica ardiente.
Leon dio un paso al frente, la tomó de la muñeca.
El calor mágico le quemó la piel, pero no soltó.
Se colocó entre ella y los recién llegados, bloqueando incluso su cola.
Un grupo de personas se acercó, aunque mantuvieron cierta distancia prudente.
—¿Se perdieron? —preguntó un joven.
—No, no… solo estamos… paseando —respondió Leon, algo forzado.
—Este bosque no es lugar para pasear, señor. Hay muchas bestias salvajes. Será mejor que pasen la noche en nuestro campamento. Mañana podemos escoltarlos montaña abajo.
El joven dudó un segundo, luego añadió:—Ah, cierto, olvidé presentarme. Soy Walker, capitán del Escuadrón 47 de Cazadores de Dragones del Imperio.
La luz de la luna era tenue, el bosque espeso. A cierta distancia, no podían ver bien los rostros.
Si no fuera así, el joven capitán ya habría reconocido a Leon.
Era una oportunidad de oro. Bastaba con gritar «¡Ayuda!» y el escuadrón reaccionaría de inmediato.
Pero… el precio sería la vida de todos.
Y aunque alguno escapara y regresara al Imperio, las bajas serían terribles.
Leon no haría algo así.
Apretó los labios y, de pronto, pasó un brazo por la cintura de Roshwitha.
La dragona se sobresaltó tanto que la energía mágica se disipó.
—Gracias por su amabilidad. Pero mi esposa y yo estamos entrenados. Podemos cuidarnos. Solo queríamos dar un paseo y pronto bajaremos.
Al escuchar eso, Walker asintió y se relajó.—Entiendo. Ah, tomen esto.
Le tendió una bengala de señal.—Si se ven en peligro, láncenla al cielo. Iremos enseguida.
Leon la aceptó con una leve reverencia.—Gracias.
—No hay de qué… Eh… ¿nos conocemos? Me pareces familiar —Walker se acercó y por fin vio bien su rostro.
Leon dudó, luego sonrió.—Seguro tengo una cara común. Fue por esta cara que mi esposa me persiguió tanto.
Roshwitha: ……
Walker rió.—Bien, no los interrumpo más.
Y se marchó con su equipo.
Cuando por fin se alejaron, Leon soltó el aire que había estado conteniendo.
Roshwitha lo apartó de un empujón con la cola.—Vaya, no sabía que eras tan buen mentiroso. ¿Yo persiguiéndote a ti? Ridículo.
—¿Tú crees que no me dio náuseas decirlo?
—¿Y por qué arrastrarme contigo en tu teatro?
—Es que los esposos deben compartirlo todo.
Roshwitha puso los ojos en blanco.—Aclaremos algo, cazador. Que tengamos una hija no te convierte en mi esposo.
—Tranquila. No tengo intenciones de serlo.
Leon guardó la bengala. Luego bajó la mirada a su mano quemada por la magia de ella.
Dolía. Pero nada que no pudiera soportar.
Roshwitha levantó una ceja. Notó su gesto y la herida. Pero no dijo nada. En vez de eso, preguntó:
—¿Me abrazaste porque temías que los matara?
Leon la fulminó con la mirada. No respondió.
—Muy listo, Leon. No pediste ayuda, no actuaste por impulso. Aparte de tu lengua, todavía no te encuentro otro defecto.
—Tener la lengua dura nunca fue un defecto.
Leon reanudó la marcha, ignorándola.
Roshwitha esbozó una sonrisa tranquila y lo siguió.
Caminaron más. No encontraron más cazadores.
Pero al final, el cuerpo de Leon no resistió.
Todo se volvió negro y se desplomó.
Roshwitha se acercó, se agachó a su lado y, con un dedo, le levantó el mentón.
Observó su rostro pálido y exhausto.—Al fin no puedes más, ¿eh, Leon? Pídemelo. Ruega por mí, y te llevaré a descansar.
—No entiendo… lo que dices…
—Vamos, ¿no te gustaría una cama suave, una cena caliente preparada por las doncellas, y un baño caliente antes de dormir? Solo dímelo… y en tres horas, estaremos en casa.
Leon cerró lentamente los ojos. Con su última pizca de fuerza, murmuró:—Si tienes agallas, déjame aquí… para que me devoren los lobos…
Y se desmayó.
Al instante, el viento rugió, las hojas se alzaron, el suelo vibró.
Una imponente dragona plateada tomó a Leon entre los colmillos, lo lanzó sobre su lomo…
…y despegó hacia la profunda oscuridad del cielo nocturno.