Capítulo 13
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 13: «¡Tú y tu esposo deben llevarse muy bien!»
Roshwitha irrumpió en la habitación, buscando con la mirada a ese desgraciado.
Levantó la falda de su vestido largo mientras revisaba cada rincón.En el dormitorio, Moon dormía profundamente.
Fue en la pequeña mesa del balcón donde Roshwitha vio a Leon.
Allí estaba él, sentado con calma, sujetando una taza de té en una mano y un libro titulado»Cuentos para estimular la inteligencia de los dragoncitos»en la otra. Leía con seriedad mientras tomaba su té con tranquilidad, como si no notara la aura asesina que emanaba Roshwitha.
No fue hasta que ella entró al balcón y cerró la puerta tras de sí que Leon pareció darse cuenta de algo, abriendo la boca como si acabara de tener una epifanía.
—Vaya, qué tranquilo estás aquí, ¿no, Leon? —dijo Roshwitha con una voz helada.
Leon dejó la taza y el libro, se levantó y preguntó con una expresión confusa:
—¿Qué pasa?
Sabía perfectamente lo que pasaba.
Sabía que lo que había hecho traería estas consecuencias.Así que ya estaba preparado para cuando ella viniera a confrontarlo.
—¿Qué pasa? ¿De verdad no sabes lo que hiciste? ¿Qué tienes en la cabeza?
—Quiero volver a casa —respondió Leon, directo.
—¡Mentira! ¡La marca del dragón reaccionó hace un momento! No te hagas el idiota conmigo.
Y no solo hace un momento… incluso ahora, los tatuajes de dragón en sus pechos seguían brillando con un tenue resplandor violeta.
La marca del dragón hacía que ambos sintieran emociones el uno por el otro, sin poder controlarlo.
Así que aunque ahora se enfrentaban con hostilidad, lo que pensaban en el fondo solo ellos lo sabían.
Pero Leon ya había decidido mantenerse firme en su papel de negación total.
—¿Y qué significa que la marca reaccionó?
—¡¿De verdad vas a seguir fingiendo?! ¡Te lo dije aquella noche! Cuando una persona empieza a extrañar a otra, la marca reacciona. ¡Provocaste eso a propósito para avergonzarme frente a los demás, ¿verdad?!
Leon miró la mezcla de vergüenza, rabia y ansiedad en la cara de Roshwitha. Aunque por fuera seguía impasible, por dentro estaba encantado.
¡Sí, ese era el efecto que buscaba!
Ya que él era como un cerdo muerto que no teme al agua hirviendo, por más que lo interrogaran, no iba a confesar nada.
Leon abrió la boca, queriendo soltar alguna respuesta mordaz. Pero por alguna razón, lo que salió fue:
—¿Por qué me gritas…? ¿No crees que tú también te equivocaste?
Ufff…
Aunque técnicamente era una forma de contraatacar, ¿por qué sonaba como si estuvieratodo dolido y sufrido?
Leon se quedó perplejo. Había pensado decir cosas mucho más agresivas, pero al final, sus palabras salieron con ese tono de víctima…
Pero viendo la expresión de sorpresa y confusión en el rostro de Roshwitha, parecía que había surtido efecto.
Los ojos de dragona de ella se abrieron como platos, incrédulos, y poco a poco, un tenue rubor empezó a colorear sus mejillas.
Aunque era un sonrojo leve, en contraste con su piel pálida, se notaba muchísimo.Incluso llegó a sus orejas.
Un momento… esto no está bien.
Se suponía que venía a reprenderlo, ¿por qué aún no lo había hecho? ¿Cómo pudo dejarse confundir por unas pocas palabras?
Eso de “¿No crees que tú también te equivocaste?”…
¡Qué…!
¡Qué… sinvergüenza!
Sí, eso era: ¡sinvergüenza!Un prisionero de guerra diciendo algo así, ¡era el colmo de la desfachatez!
Roshwitha se consoló mentalmente con esa excusa, queriendo burlarse o reprochar a Leon.
Pero la marca del dragón reaccionaba con más intensidad.
Su corazón latía con fuerza; mientras más miraba al bastardo frente a ella, más atractiva le parecía su cara. Estaba a punto de perder el control ante su instinto de reproducción como dragona.
Frunció el ceño. Sabía que si seguía ahí, no aguantaría ni veinte minutos.
Así que, antes de que su última gota de cordura desapareciera, miró a Leon de reojo con frialdad:
—Tuviste suerte, Leon. La próxima vez, no te la voy a perdonar.
—Uy, qué miedo.
—¡Asqueroso!
—Sí, sí, soy un asco, lo que tú digas.
Roshwitha resopló con desprecio, levantó su vestido y salió a paso firme.
—Más cuidado, Moon está dormido.
—¡Como si me importara!
¡Bam!
Roshwitha azotó la puerta, y sus pasos se alejaron rápidamente.
Ya cuando estuvo segura de que Roshwitha se había ido, Leon suspiró aliviado.
—Uff… ¡sabía que tenía razón! En cuanto la marca reacciona, esa dragona pierde algo de su racionalidad. Con un par de frases baratas basta para engañarla.
Si fuera en condiciones normales, Roshwitha jamás habría dejado pasar esas palabras suyas.
Tenía un instinto vengativo descomunal.
Después de lo que Leon le había hecho, era casi seguro que intentaría vengarse.
Pero la resonancia de la marca provocaba que el cuerpo de Roshwitha segregara hormonas y dopamina, impidiéndole pensar con claridad durante un corto período.
Leon había apostado todo a eso, por eso se atrevió a jugar con fuego.
Y si el plan fallaba, no importaba.Igual su objetivo ya lo había cumplido: incomodar a Roshwitha.
Leon estaba a punto de sentarse de nuevo, pero notó que la marca seguía caliente.
Frunció el ceño, se tocó el pecho, intentando calmarla.
Pero lo que sintió en la palma fue el violento latido de su propio corazón…
—La marca… hace que ambos desarrollen sentimientos sin darse cuenta…
Leon apretó los labios y recordó lo que acababa de pasar.
Roshwitha quizás no estaba pensando con claridad… ¿pero y él?
¿Realmente esas palabras salieron solo para engañarla?
Esas frases dulzonas… ¿eran las que él normalmente diría?
Quizás logró embaucar a Roshwitha.Pero… ¿también se embaucó a sí mismo?
Las mentiras que mezclan verdad y ficción son las más fáciles de creer, incluso por quien las dice.
Los ojos de Leon temblaron, se frotó las sienes y murmuró:
—Cosmod, será mejor que te calmes… deja de pensar tonterías.
Se recostó contra la pared, cerró los ojos e intentó expulsar esos pensamientos caóticos de su mente.
Mientras tanto, Roshwitha salía apresuradamente del templo, caminando hacia el pabellón del jardín.
Se sujetaba el pecho. La marca seguía reaccionando.
Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro inocente de Leon y oía esa frase:»¿Por qué tan agresiva? ¿No crees que tú también te equivocaste?»
Como mujer, Roshwitha podía notar el ligero tono meloso en esas palabras.
Pero incluso así, no podía dejar de pensar en ellas.
No podía creer que la orgullosa Reina de los Dragones de Plata quedaratan perturbada por una sola frase.
¡Si eso se supiera, sería una vergüenza!
Apurada, levantó la falda y bajó corriendo por las escaleras del templo.
A sus espaldas, el templo parecía una “fábrica de momentos incómodos”.Cuanto más lejos estuviera, más podía recuperar la calma.
Su agitación no pasó desapercibida ante las doncellas que barrían el patio.
—Su Majestad… se ve muy rara…
—La última vez que la vi tan nerviosa fue en aquel banquete de victoria, hace dos años…
—…
Una de ellas la llamó:
—¡Su Majestad!
—¿Eh? ¿Q-qué pasa? —Roshwitha se detuvo.
La doncella hizo una leve reverencia y le dijo:
—Su Majestad, su rostro luce algo pálido. ¿Está enferma?
Roshwitha sacudió la cabeza apresurada.
—No, estoy bien.
—Entonces, por favor cuide su salud.
—Lo haré… ustedes sigan con lo suyo.
—Sí, Su Majestad.
Roshwitha siguió bajando los escalones.
En ese momento, el deseo dracónico de conquistar y destruir se mezclaba con una tormenta emocional reprimida por demasiado tiempo, causando un conflicto interno en su corazón.
Sin haber recuperado del todo la claridad mental, regresó aturdida al pabellón.
Isha la miró con el rostro enrojecido y la expresión perdida, y comentó:
—Hmm… parece que estuviste haciendo algo travieso sin decírmelo.
—¿Eh? ¡No-no es nada, hermana! De verdad…
Roshwitha se mordió el labio, esquivando la mirada. Pero al final, se armó de valor y le preguntó a Isha:
—Hermana…
—¿Sí?
—¿Yo… yo soy muy agresiva?
—¿Qué?
Isha no entendió de inmediato.
Y Roshwitha se dio cuenta al instante de que no debería haber hecho esa pregunta, así que cambió de tema enseguida.
—No es nada, olvídalo.
Isha frunció un poco el ceño.
—¿Qué clase de asunto puede hacer que una Reina Dragón de Plata pierda la compostura así? ¿Acaso—? ¡Un momento! ¿Qué es eso?
Isha señaló el pecho de Roshwitha.
El escote de su vestido era bajo, y aunque Leon le había pedido que lo subiera un poco en la mañana, después de todo lo ocurrido, el escote había vuelto a caer.
Lo que Isha había visto… era una parte del tatuaje del dragón en su pecho.
Roshwitha bajó la mirada y lo cubrió rápidamente.
—No es nada… lo imaginaste, hermana.
Isha sonrió de forma pícara, mostrando un colmillo:
—¡Una marca de dragón! Vaya, vaya… se nota que tú y tu esposo tienen una relaciónbastante intensa.
Roshwitha desvió la mirada y apretó los labios.
—No bromees, hermana…
—¿Bromear? ¡Para nada! Si ya tienen activadas las marcas,tremendo nivel. Tsss…
Isha tenía esa expresión de “no me digas más, lo entiendo todo”.
Roshwitha infló las mejillas, molesta, y refutó:
—No es lo que piensas. En serio, no nos llevamos tan bien como crees, hermana.
Isha se recostó con pereza en su silla y sonrió:
—Sé que la mayoría de los matrimonios de los reyes dragón son por interés, sin amor.Pero ustedes se casaron y tuvieron una hija en un abrir y cerrar de ojos. ¿Seguro que no se quieren?
—¿Casarse y tener hijos significa que hay amor? Yo por él…
Los ojos de Roshwitha se desviaron mientras murmuraba:
—No siento nada. No lo amé entonces, no lo amo ahora… y no lo amaré después.
Isha conocía demasiado bien a su hermana.
Sabía cuándo decía la verdad y cuándo se hacía la dura.
Pero ya que Roshwitha lo negaba tan tajantemente, Isha optó por dejarlo estar.
—Está bien, como sea. Solo cuida de ti… y de la pequeña princesa.
—Sí, hermana. Lo haré.
—Ahora, dime… ¿cómo va lo de Konstantin? Ese tipo está más activo que nunca últimamente.
—Mmm…
Isha continuó la conversación,pero Roshwitha seguía distraída.
Sentía cómo el calor de la marca en su pecho iba desapareciendo poco a poco…
Y aún así, no podía dejar de pensar en Leon, ni en lo que acababa de pasar.
Frunció el ceño, mordiéndose los labios.
—¡Maldito cazador de dragones… aún no le he dado suficiente lección!