Capítulo 145
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 145: Tengo esposa
La segunda ronda de la competencia fue un juego de palabras encadenadas.
Teniendo en cuenta el rendimiento sobresaliente de Leon y de la mujer del abrigo en la ronda anterior de “Salta el Siete”, era evidente que estaban en una liga propia.
Por eso, el dueño de la tienda pensó que si uno de ellos comenzaba esta ronda, seguro usaría palabras súper rebuscadas para acabar con el juego de inmediato. Pero eso no era lo que él quería.
Así que eligió a otro concursante para empezar el juego. Tal vez así la competencia duraría un poco más, pensó con esperanza.
Sin embargo, la realidad le demostró que había subestimado el nivel de “toxicidad” de Leon y la mujer del abrigo.
No importaba cuán simple o común fuera la palabra inicial que dijeran los demás. Cuando les tocaba a ellos, siempre lograban dar con palabras tan extrañas y oscuras que era imposible continuar la cadena, eliminando así al siguiente jugador.
Mientras veía cómo uno tras otro abandonaban el escenario, el dueño de la tienda no pudo evitar suspirar resignado:
¿Acaso ustedes dos vinieron a abastecerse en mi tienda? ¿Qué es esto, una misión de eficiencia?
Al menos la primera ronda de “Salta el Siete” duró unos cinco minutos. Esta ronda de palabras encadenadas, en cambio, apenas llegó a los dos minutos.
Bajo la masacre de Leon y la mujer misteriosa del abrigo, solo quedaron ellos dos en el escenario.
El dueño de la tienda estaba exhausto, pero al ver que cada vez más espectadores se acercaban para ver, decidió no seguir alargando y pasó directamente a la tercera ronda del juego.
—La ronda final también es muy sencilla, se llama “Yo tengo, tú no”. Ambos participantes se turnan para decir algo que tengan o hayan experimentado. Si el otro no lo tiene, quien lo dijo se gana un punto.
—Quien más puntos tenga al finalizar el tiempo, ganará el Fruto de Dragón del Rocío de Jade.
—Por favor, ambos sigan las reglas del juego. Está prohibido mentir~
—Ahora, si están listos… ¡Que comience la competencia!
Leon y la mujer del abrigo se pararon uno frente al otro, separados por una pequeña mesa con un marcador encima.
Los espectadores afuera aguzaron la vista, concentrados en esta ronda final. Aunque ya no podían participar por el premio, los juegos que había organizado el dueño les parecían bastante entretenidos como para seguir mirando con interés.
En ese momento, entre las esposas sentadas en la zona VIP, solo quedaba Rosvitha. Con los brazos cruzados, echó una mirada a su alrededor y murmuró:
—¿El esposo de esa mujer no vino…?
Tal vez ella solo había venido a divertirse, pensó Rosvitha.
Sin embargo, había que admitirlo: la mujer del abrigo era realmente impresionante. Poder estar a la par con Leon en este juego de ingenio no era poca cosa.
Cuando comenzó la ronda final, Leon alzó ligeramente el mentón.
—Damas primero.
La mujer del abrigo curvó los labios en una sonrisa.
—Gracias. Entonces no me contendré.
Tras una breve pausa, dijo:
—Tengo un cuarto entero lleno de tacones.
La primera jugada dejó a Leon sin palabras. No solo pensaba rápido, sino que también sabía usar sus ventajas.
Si él, un hombre adulto, decía que tenía un cuarto lleno de tacones, todos pensarían que era un depravado.
Aunque se le ocurrieron varias réplicas, Leon mantuvo la calma.
—Mmm… no tengo.
La mujer del abrigo sonrió triunfante y marcó un punto en su marcador.
Era el turno de Leon.
La mujer había usado su ventaja de género para ponerlo contra las cuerdas, pero al mismo tiempo, eso le dio una idea.
¿Acaso solo ella podía usar trucos sucios con su género? ¡Pues Leon también podía!
Apoyando la barbilla con una mano, echó un vistazo alrededor del escenario y entre el público, y al final posó la mirada en Rosvitha.
Entonces, con una sonrisa confiada, dijo:
—Tengo esposa.
La Reina: …
¡Sabía que no ibas a decir nada decente!
Los espectadores detrás de Rosvitha estallaron en vítores y aplausos.
Ella bajó la cabeza y se cubrió las mejillas rojas de vergüenza, deseando poder subir corriendo al escenario y callarle la boca a ese tipo.
La mujer del abrigo se quedó obviamente sorprendida por la respuesta de Leon, pero pronto recuperó la compostura.
—Interesante. Supongo que tienes una buena relación con tu esposa, ¿no?
Leon se encogió de hombros.
—Muy buena, de hecho. Entonces… ¿cuento el punto?
La mujer asintió, y Leon sumó un punto a su marcador.
—Bien… Yo tengo una hermana en casa —dijo la mujer del abrigo.
Leon frunció el ceño.
No tenía hermana. Solo un burro.
Con un gesto de “adelante”, indicó que la mujer podía marcar el punto.
Le tocaba otra vez a Leon.
Ya que hablaron de familia…
Leon estuvo a punto de decir “tengo dos hijas”, pero pensándolo bien, aunque los dragones no eran muy aficionados a tener hijos, eso no significaba que la mujer frente a él no tuviera dos. Así que decidió ser más preciso.
—Tengo un par de hijas gemelas —dijo.
La mujer del abrigo no pareció sorprendida. Al contrario, asintió ligeramente, como diciendo: “Ya veo”.
—Yo no, así que suma tu punto —respondió ella.
Leon lo hizo sin dudar.
Después de varias rondas, ambos estaban igualados. Se tomaban su tiempo para pensar antes de hablar, cada vez más cautelosos.
Ambos eran astutos. A este ritmo, podrían pasar horas sin decidir un ganador.
Pero por suerte, esta ronda tenía límite de tiempo.
Faltando solo diez segundos, Leon iba un punto abajo. Pensó rápido y dijo:
—Le he puesto herraduras a mi burro.
(Burro: Más te vale que esto tenga una buena explicación, Casmode.)
Rosvitha suspiró.
—Ay… todavía no puede olvidarse de ese burro.
La mujer del abrigo dudó un segundo. Era evidente que no había tenido una experiencia tan rural y mundana.
Negó con la cabeza.
Leon sonrió y marcó un punto, empatando de nuevo.
A medida que la cuenta regresiva llegaba a su fin, Leon pensó que tendrían que ir a tiempo extra.
Pero entonces…
—He tenido mi primer beso.
En el último segundo, la mujer del abrigo lanzó su jugada decisiva.
Leon se quedó atónito.
¡Vamos! ¿No se supone que esto era la inauguración de una tienda maternal? ¿Qué hace una madre dragón hablando de su primer beso aquí?
Aparentemente, sí que había venido solo por diversión.
—Eeeh… señor, usted acaba de decir que tiene esposa y unas adorables hijas gemelas, así que… su primer beso ya no cuenta, ¿verdad? —preguntó el dueño de la tienda.
Leon lo miró y suspiró con resignación.
—Supongo que ya no lo tengo.
Y así, con el tiempo cumplido, la mujer del abrigo se impuso a Leon por un punto y ganó la competencia.
Según las reglas, el dueño le entregó el Fruto de Dragón del Rocío de Jade.
Leon, como segundo lugar, recibió un cupón válido por diez años.
—Bienvenidos siempre a comprar en la tienda. La actividad ha concluido exitosamente —agradeció el dueño con una reverencia.
Como la tienda se estaba llenando, volvió a entrar para ayudar, dejando solos a Leon y a la mujer del abrigo.
Leon miró el cupón en su mano, luego el fruto en la de la mujer.
¡Maldición!
¡Por tan poco!
El remordimiento lo consumía. Justo en ese momento, Rosvitha se acercó al borde del escenario, se inclinó ligeramente, apoyó la barbilla en la mano y alzó la vista con una sonrisa.
—¿Dónde está mi campeón? ¿Dónde está mi fruto de dragón, hmm? ¿Leon?
—…El segundo lugar no está tan mal —murmuró él, mirando a la mujer frente a él.
Pero sin ese fruto… ¡iba a ser el saco de boxeo de Rosvitha!
No, eso no podía permitirlo.
Tenía que intentarlo una vez más.
—Señorita, ¿nos podría dar ese fruto? Mi esposa está embarazada.
La mujer del abrigo ladeó la cabeza, echó una mirada a Rosvitha y luego volvió a mirar a Leon.
—¿No acabas de decir que ya tienes unas hijas gemelas? Entonces… ¿cómo es esto?
—Segundo hijo. Estamos esperando al segundo.
—¿Oh? No es muy común ver segundos embarazos entre los dragones —comentó con naturalidad.
Leon se rió.
—Solo queremos aportar un poco al crecimiento poblacional de los dragones, ¿cierto, cariño?
Rosvitha puso los ojos en blanco, fastidiada, pero igual le siguió el juego.
—Nos gustan los niños, así que decidimos tener otro.
—Además, señora, usted solo vino por diversión, ¿verdad? Así que el fruto no debe ser tan importante para usted —añadió Leon—. Podemos intercambiar el premio. Si le parece injusto, podemos compensarle la diferencia.
—Es cierto, vine solo por diversión. El Fruto de Dragón del Rocío de Jade no significa mucho para mí —admitió ella.
—Pero aún así quiero preguntarles algo a ti y a tu esposa: ¿De verdad están esperando un segundo hijo?
Leon se desconcertó. No entendía por qué una desconocida se preocupaba tanto por su embarazo. Miró a Rosvitha, quien negó con la cabeza, igual de confundida.
Tras pensarlo un momento, Leon respondió con sinceridad:
—Sí, de verdad estamos esperando al segundo.
—¿De cuánto tiempo?
—Eeeh…
—¿De verdad tenemos que hablar de eso? —Leon se rascó la frente—. Dos meses.
—Ah, ya veo. De verdad te importa tu esposa. Apenas dos meses y ya haces todo esto para conseguirle el fruto…
Parecía que, bajo esa apariencia fría y misteriosa, la mujer del abrigo tenía el corazón de una metiche.
Pero no había alternativa. Para obtener ese fruto, Leon tenía que seguirle el juego.
—Bueno… es que amo mucho a mi esposa.
—¿Cuánto la amas?
—…Muchísimo. Un montón.
—Wooow~~ Qué romántico~~ Qué envidia~~ ¡Qué envidia!
Aprovechando el entusiasmo de la mujer, Leon se frotó las manos y sonrió.
—Entonces… señora, ¿y el fruto…?
—En consideración a tu amor por tu esposa, el fruto es suyo —dijo ella con generosidad.
Leon lo recibió como si fuera un tesoro.
Después de tantos giros y vueltas… ¡el campeón seguía siendo él!
¿Campeón virtual no es campeón? ¿Campeón futuro no es campeón?
Todo tiene sentido ahora.
Y al final, Leon no olvidó ser educado.
—¿Podría decirnos su nombre?
—¿Mi nombre, eh…? —La mujer levantó ambas manos.
Con una se quitó el sombrero, y con la otra, las gafas oscuras.
Su cabello rojo cayó en ondas desde debajo del sombrero, como una rosa en plena floración.
Los ojos rojo fuego bajo las gafas brillaban intensamente, como rubíes.
Se quitó el disfraz, y ante las miradas atónitas de Leon y Rosvitha, pronunció su nombre con naturalidad:
—Isabella Melkvi. Así que, cuñado… ¿en verdad tienen un segundo hijo, no?
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