Capítulo 16
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Salvo cuando se trataba de “venganza”, Roshwitha rara vez tomaba la iniciativa para hablar con León.
Claro, León tampoco se molestaba en buscar conversación con ella.
A ojos de los demás, probablemente parecían una pareja respetuosa y educada, llevando una vida matrimonial ocupada pero armoniosa.
Pero sólo ellos sabían qué clase de corrientes ocultas se agitaban bajo esa superficie aparentemente en calma.
León y Roshwitha se miraron fijamente por un largo rato, sin que ninguno abriera la boca.
Roshwitha no parecía con ganas de seguir perdiendo el tiempo. Se dio la vuelta, lista para marcharse.
“¡Eh!”
La voz de León le llegó de pronto desde el piso superior.
Roshwitha se detuvo, girando la cabeza para mirarlo.
“Quiero salir a dar una vuelta,” dijo León. “Estar encerrado todo el día me está asfixiando.”
Apenas terminó de hablar, Roshwitha apareció en un parpadeo afuera del balcón.
Batía sus alas de dragón para mantenerse suspendida en el aire. Su larga cola plateada caía verticalmente, ayudándola a mantener el equilibrio.
León se asustó un poco, pensando que había dicho algo mal otra vez con esas dos o tres frases mal medidas, y que esta dragona estaba por explotar.
“Sólo puedes salir de esta casa cuando estés jugando con Moon,” dijo Roshwitha con frialdad.
“Pero… pero ¿no le parecerá raro?”
“¿Raro qué?”
“Que su papá sólo salga para jugar con ella y el resto del tiempo se encierre en casa. Seguro se le hace sospechoso.”
“El papá está enfermo y no puede salir mucho. Es excusa suficiente.”
“…Vaya, lo tienes todo bien planeado, ¿no?”
“Concéntrate en hacer bien tu papel de padre. No pienses en otras cosas, ni se te ocurra hacerlas. ¿Entendido?”
León se encogió de hombros, sin contestar.
Ya no tenía ganas de seguir hablando con Roshwitha.
Hasta salir a tomar aire fresco era un lujo. ¿Qué más se podía discutir?
León agitó la mano, se dio la vuelta y se fue hacia el dormitorio.
Roshwitha observó su espalda delgada y solitaria mientras se alejaba. Sus pupilas temblaron levemente y, en sus fríos ojos, pasó fugazmente una expresión extraña e imperceptible.
“León,” lo llamó de pronto.
Él se detuvo, girando la cabeza a medias. “¿Qué?”
“Moon volverá esta tarde. Enséñale a escribir su nombre.”
León frunció ligeramente el ceño. “¿Y luego?”
“Por la noche revisaré si aprendió. Si lo hizo bien, mañana podrás dar un paseo conmigo en el jardín. Una hora.”
León parpadeó, captando una palabra clave. “¿Pasear… contigo?”
Roshwitha se quedó un segundo en blanco, pero rápidamente recuperó la calma y respondió con naturalidad: “No te confundas. Es sólo para tenerte vigilado. Eres demasiado escurridizo. Cualquiera se confiaría y te dejaría escapar.”
León soltó una risita desdeñosa. “Enseñar a una cría a escribir su nombre. No suena tan difícil.”
“Yo no dije que escribiera sólo el suyo.”
“Quiero que escriba los nombres de toda la familia.”
“¿Incluyendo el mío?”
“Obvio, ¿no se supone que eres su papá?”
“…Vale, trato hecho. Pero no se vale echarse para atrás.”
Roshwitha resopló con frialdad. “Yo no necesito hacer promesas contigo, León.”
“Dragona testaruda. No hay quien te ablande.”
Roshwitha no le contestó. Dio media vuelta y voló hacia abajo.
León también apartó la vista y se fue hacia el interior.
Pero apenas había dado dos pasos cuando se dio cuenta de algo crucial. Corrió de vuelta al balcón y gritó hacia abajo:
“¡Eh, dragona! ¡Todavía no me dijiste tu apellido!”
…
“León Casmod.”
“Roshwitha… Melkwei.”
“Ugh… qué nombre tan enredado.”
León murmuró mientras escribía su nombre y el de Roshwitha en una hoja de papel.
Luego añadió debajo:“Moon Melkwei.”
La verdad, había considerado engañar un poco a Moon, haciéndole creer que llevaba su apellido,Casmod.
Pero imaginó la cara de Roshwitha si descubría esa triquiñuela por la noche… y mejor prefirió no tentar a la suerte.
No valía la pena provocar a esa dragona por algo así.
Su misión de esta tarde sería enseñarle a Moon a escribir esos tres nombres.
Normalmente, los niños humanos empiezan a aprender letras básicas alrededor de los tres años.
Pero tratándose de una dragoncita mestiza, seguramente sería más lista que un niño común.
Así que, enseñar a Moon, con poco más de tres años, unas nociones básicas, no parecía descabellado.
Pensando en eso, León no pudo evitar reflexionar: realmente había despertado justo a tiempo.
Si se hubiera despertado antes, cuando Moon aún no caminaba, no tendría que agotarse tanto cuidándola.
Y si despertaba más tarde, Roshwitha seguramente habría buscado a otro para enseñarle cosas básicas, y él no estaría ahora de niñera.
No podía evitar sospechar que esa dragona maldita lo había despertado a propósito, justo cuando más la necesitaba.
León sacudió la cabeza, echando fuera esos pensamientos.
Miró los tres nombres escritos y empezó a pensar cómo enseñarle a Moon a escribirlos.
“Melkwei… Melkwei…”
Era un nombre difícil de pronunciar, pero repitiéndolo varias veces, le vino algo a la mente.
“Melkwei… ¡Ah! Claro, es una transliteración de ‘Vía Láctea’.”
Vaya, quién lo diría. Al final, los dragones sí tenían su puntito romántico para poner nombres.
Mientras pensaba en eso, León oyó un ruido junto a la puerta.
Dejó el papel, se levantó y fue a abrir.
“Oh, Moon, terminaste de comer tan rápido.”
La pequeña dragoncita alzó la cabeza para mirarlo.
Su rostro delicado y encantador no mostraba expresión alguna.
“Moon…” murmuró ella, pronunciando su nombre.
“Entra, cariño. Esta tarde papá te enseñará algo nuevo.”
Mientras hablaba, León se agachó y la alzó en brazos.
Moon no se resistió, pero miró con frialdad las manos que la rodeaban por la cintura.
“¿Quién te dio permiso para tocarme?”
León: ¿?
Espera.
¿Y ese tono? ¿Y esa mirada?
¿No era exactamente igual a Roshwitha?
¿No acababa de enseñarle esa misma mañana sobre los “dobles rostros”? ¿Y ahora venía a ponerlo en práctica con su viejo?
León decidió no tentar su suerte. La bajó al suelo.
Moon alisó con cuidado las arrugas de su falda, levantó de nuevo la cabeza y dijo con voz firme:
“De ahora en adelante, sin mi permiso, no puedes tocarme. Y mucho menos cargarme. ¿Entendido?”
León aspiró aire entre dientes.
Si la frase anterior, “¿Quién te dio permiso para tocarme?”, ya era igualita a Roshwitha…
Esta última, el “¿Entendido?”, era como sacada del mismo molde.
Autoritaria. Inapelable. Te está ordenando, sin margen de discusión.
“Moon… ¿qué te pasa?”
“Hmph. Idiota.”
“¿Eh?”
La dragoncita le lanzó una mirada desdeñosa, dio media vuelta, cerró la puerta de golpe y se fue caminando.
Sus pequeños pasos, firmes y decididos, se alejaban sin volver atrás.
León se quedó solo, perplejo, en el recibidor.
Cuando por fin reaccionó, fue a abrir la puerta para ver qué estaba pasando…
Pero justo al dar un paso, la puerta se abrió desde fuera con tal fuerza que lo lanzó tres metros hacia atrás.
“¡Papá, ya volví~!”
“¡La madre—!”
La dragoncita tenía una fuerza natural absurda. Con solo empujar la puerta, mandó a su viejo a volar.
“¡Ah, papá! ¿Estás bien?”
Moon corrió preocupada, ayudándolo a levantarse.
León estaba medio mareado por el impacto, pero por suerte su maestro le había enseñado técnicas de resistencia cuando era joven. Si había aguantado romper piedras con el pecho, ¿cómo no iba a resistirle un portazo de una dragoncita?
Con un poco de aire, se le pasaría.
“Perdón, papá… Moon no quería hacerte daño…” dijo ella, con tono culpable, aferrándose a su manga.
León se quedó en blanco.
¿No acababa de decirle hace un minuto que no podía tocarla sin permiso?
¿Cómo es que de pronto había vuelto a su modo adorable?
¿No será que…
…el defecto genético del mestizaje humano-dragón es ladoble personalidad?
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