Capítulo 15
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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15. ¡Papá es un buen dragón!
Roshwitha prácticamente no tenía ni un segundo libre durante el día.
Tal como lo decía la jefa de doncellas, Anna, cualquier asunto grande o pequeño del clan de los dragones plateados pasaba por sus manos.
No era sino hasta las siete u ocho de la noche que Roshwitha podía terminar con sus diligencias del día y sentarse a descansar un momento.
Así que, naturalmente, durante el día, cuidar a la niña era tarea de León.
Además de jugar con Moon, León tampoco descuidaba su educación general.
Su forma de pensar era esta:
«Hijita querida, ahora mismo estamos viviendo bajo el techo de esa dragona, soportando sus humores todos los días. Pero tarde o temprano, papá te sacará de aquí. No importa que seas una dragoncita mestiza… lo que importa es que seas una dragoncita culta.»
Esa frase en realidad se la había dicho su maestro cuando él era pequeño.
Aunque claro, la versión original de su maestro era un tanto más cruda:
“León, que seas huérfano no importa, ¡pero tienes que ser un huérfano con cultura!”
León casi le revienta la dentadura postiza a su maestro en ese entonces.
Pensar en su maestro le dejaba un sabor amargo en la boca.
Llevaba ya dos años atrapado aquí, en territorio de los dragones plateados. A estas alturas, en el Imperio seguramente ya lo daban por muerto, como un héroe caído.
Su maestro siempre dijo que León era el niño con más potencial que había visto. Desde muy pequeño, le auguró un futuro como gran matadragones, un héroe que brillaría en el campo de batalla.
Y, de hecho, León cumplió con las expectativas.
Se convirtió en un matadragones de renombre, un héroe cuyas hazañas se contaban de boca en boca.
…Y además de brillar en el campo de batalla, también brilló en la cama de la Reina de los Dragones Plateados.
León soportaba la humillación, repitiéndose que esta era una misión infiltrada en territorio enemigo, que estaba aguantando con un propósito.
Él creía con firmeza que, tarde o temprano, ¡iba a escapar de aquí junto con su hija!
Pero antes de eso, además de mantenerse saludable, necesitaba algo más:convencer a Moon de pasarse a su bando.
La dragoncita era clave en su plan de fuga.
Después de todo, en todo el clan de los dragones plateados, solo ella estaba cerca de León. El resto de los dragones seguirían ciegamente a Roshwitha.
“¡Papá~ quiero seguir escuchando el cuento de ayer~!”
En la habitación, Moon estaba sentada en el regazo de León, levantando con entusiasmo su librito deCuentos ilustrados para el desarrollo de dragoncitos.
León se quedó pensativo por un momento.
“Mestiza humano-dragón, mestiza humano-dragón… ya que eres mestiza, ¿no puedes dejar de aprender solo cosas de dragones? ¿No podrías, aunque sea por darle un gusto a tu papá, aprender algo del mundo humano?”
Le quitó suavemente el libro y lo dejó a un lado.
—Pequeña Moon, ¿no te gustaría escuchar historias de otras razas?
Al oír eso, los ojitos de Moon se iluminaron. Asintió con entusiasmo.
—¡Sí, sí, sí! ¡Papá, cuenta ya!
—Entonces, ¿qué tal si papá te cuenta unas historias sobre los humanos?
Moon parpadeó… y luego negó con la cabeza.
León se quedó congelado.
—¿Por qué no?
—Mamá dice que los humanos son un montón de tontos sinvergüenzas que, cuando nadie los ve, hacen cosas muy… indecentes. En especial, ese ejército que formaron, ese tal… Ejército Matadragones. Solo de oír el nombre da miedo.
León reflexionó sobre esas palabras.
Desde el punto de vista de los dragones, el nombre “Ejército Matadragones”… sí, suena bastante amenazante.
Es como si él, como humano, escuchara que otra raza fundó un “Ejército Matahumanos”, también se cagaría de miedo.
Pero eso de “tontos sinvergüenzas” y “cosas indecentes”… ¿era una indirecta, Roshwitha?
León miró la carita seria de Moon. Parecía creer ciegamente todo lo que le había dicho su madre.
Maldita sea.Parece que esa dragona ya se le adelantó.Convencer a Moon no será tarea fácil…
—En realidad… no es tan así, ¿sabes? Cada raza tiene su lado bueno y su lado malo. Puede que muchos humanos sean como dice tu madre, pero también hay personas buenas, que luchan y viven con dignidad.
—¿Lado bueno y lado malo…? —Moon repitió ese concepto nuevo.
Su cabecita todavía no estaba lista para procesar ese tipo de términos abstractos.
—Sí, eso significa que no puedes juzgar una cosa solo desde un punto de vista. Hay que mirarla desde distintos ángulos. Tal vez descubras algo completamente nuevo.
Moon quedó pensativa, agitando la punta de su colita.
—Pero papá, Moon nunca ha visto a un humano. No sabe cómo es ese otro lado que tú dices…
Tesorito… el que te está abrazando ahora mismo es un humano purito, de pies a cabeza.
León suspiró en silencio, pero aún así siguió explicándole con paciencia:
—Por eso papá quiere contarte historias sobre los humanos. Tal vez así puedas tener una imagen más completa de ellos.
Moon ladeó la cabeza.
No entendía bien por qué su papá insistía tanto con ese tema, pero mientras pudiera pasar más tiempo con él, no le importaba lo que contara.
—Está bien. Papá, cuenta. Moon va a escuchar con atención.
León suspiró aliviado.
Como se nota que eres mi hija. ¡Qué obediente!
Y así, comenzó a contarle historias y leyendas del mundo humano.
Moon lo escuchaba embelesada.
Por supuesto, León se aseguraba de repetir varias veces eso de la “doble cara” de las cosas.
Ahora mismo, la imagen que Moon tenía de los humanos venía totalmente influenciada por lo que Roshwitha le decía.
León no podía simplemente contradecirla de frente con un “Tu madre está llena de prejuicios. Escucha a papá, que él sí sabe.”
Tenía que ir paso a paso, ablandándole la mente poco a poco.
Todo con vistas a su futura fuga.
Antes del almuerzo, León aprovechó para explicarle de nuevo a Moon el concepto de “dualidad en las cosas” y le dio algunos ejemplos.
Esperaba que algo de eso le quedara.
Moon estaba sentada sobre sus piernas, jugueteando con la punta de su colita mientras pensaba.
León no tenía prisa. Le acariciaba suavemente el cabello, esperando pacientemente.
Después de un rato, Moon levantó la cabeza.
—Papá…
—¿Sí?
—Tú dijiste que todo tiene dos lados.
—Así es.
—¿Entonces los dragones también?
León se quedó mudo.
—¿Los… dragones?
—Sí. Mamá dice que en nuestra raza, el fuerte domina. Que desde que nacemos, vivimos para volvernos más fuertes. Que a veces, para eso, se paga un precio muy alto… incluso la vida.
Los ojos de León parpadearon levemente.
Así que esa maldita dragona maquilló la naturaleza violenta y sanguinaria de los dragones con el discurso de “superación y sacrificio”…
Moon siguió hablando:
—Entonces, ¿no podría haber dragones que en realidad no quieran hacerse más fuertes, sino simplemente vivir tranquilos?
—Probablemente no, porque… —León se detuvo.
Porque los dragones son inherentemente violentos…
—¿Cómo que no? —Moon insistió—. ¡Tú mismo dijiste que todo tiene dos lados! Entonces, en la raza de los dragones también debe haber quienes anhelen una vida pacífica, ¿no?
La frase de la dragoncita fue como un golpe de realidad para León.
Se quedó inmóvil, repasando mentalmente sus propias palabras.
Él acusaba a Roshwitha de tener prejuicios hacia los humanos, de pensar que todos eran idiotas. Por eso le enseñaba a Moon que había que ver las cosas desde distintos ángulos.
Pero cuando se trataba de los dragones, él mismo caía en ese doble estándar, pensando que todos eran salvajes y violentos.
Apretó los labios, perdido en sus pensamientos.
Lo que dijo Moon no tenía por qué ser del todo cierto… pero sí daba mucho para reflexionar.
—¿Papá?
—¿Eh? Ah… sí, lo que dices tiene mucho sentido, Moon.
—¿Verdad que sí? ¡Es que papá es justo ese tipo de dragón súper tierno del que hablaba yo!
Mientras decía eso, Moon se colgó del cuello de León y pegó su carita a la suya.
Le encantaba estar cerca de su papá. Tal vez era porque León tenía una calidez que no existía en los demás dragones.
Incluso la jefa de doncellas, Anna, actuaba más como una máquina que como una persona.
Bah.
Si otra persona le dijera a León que era un dragón, ya estaría peleando.
Pero si lo decía su hija, bueno… no pasaba nada.
León sonrió, sosteniendo la cabecita de Moon con ternura.
—Moon también es muy he…
Pero se detuvo a mitad de frase, recordando que Roshwitha le había dicho que, entre dragones, “adorable” era una palabra ofensiva.
Tantos reglamentos raros tiene esta raza…León resopló por dentro.
Justo cuando estaba pensando qué otra palabra usar para alabar a su hija, sonó un golpe en la puerta.
Abrazando a Moon, León fue a abrir.
Era la jefa de doncellas, Anna.
—Hora del almuerzo, Su Alteza. Por favor entrégueme a la princesa.
—De acuerdo.
León le pasó a Moon.
Ella extendió los brazos con nostalgia.
—¿Papá va a estar conmigo en la tarde también?
—Claro que sí.
—¡Bien! ¡Lo prometiste!
—Sí, lo prometí.
Anna se la llevó, y León cerró la puerta con un suspiro.
Se fue hacia el balcón.
Desde allí, podía ver el jardín.
Roshwitha estaba abajo, conversando con un guardia dragón.
Después de intercambiar unas palabras, el guardia asintió y desapareció con un movimiento ágil.
Como si notara su mirada, Roshwitha levantó la cabeza y lo miró directo al balcón.
León no se escondió. Se quedó allí, de pie, sosteniéndole la mirada.
El otrora gran Matadragones, y la orgullosa y distante Reina de los Dragones Plateados, se observaban desde diferentes alturas.
El viento acariciaba las hojas de los árboles.La luz del mediodía era cálida, como el abrazo de un amante.