Capítulo 38
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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La ciudad hacía honor a su nombre.
La Ciudad Celeste de los dragones flotaba en un rincón lejano del cielo, tan remoto que solo criaturas con habilidades de vuelo verdaderamente poderosas podían llegar hasta allí.
Tras varias horas de vuelo, la familia de León finalmente alcanzó los límites exteriores de la Ciudad Celeste.
Debido al enorme tamaño de los dragones, el área que rodeaba la ciudad era amplia y despejada, lo suficiente como para que muchos dragones aterrizaran al mismo tiempo sin problemas.
Lósvissa escogió un lugar amplio para descender suavemente.
León cargó a sus hijas y saltó desde su lomo. Lósvissa plegó las alas y volvió a adoptar su forma humana.
—Muy bien, vamos adentro.
Ambos, cada uno con una hija en brazos, se dirigieron hacia la entrada de la ciudad.
Al atravesar las puertas, ingresaron oficialmente a la metrópolis de los dragones.
Calles amplias, una infinidad de tesoros extraños, todo tipo de tiendas, y…
¡Lo primero que se veía eran lagartos gigantes con cola caminando por todas partes!
León tragó saliva y sus piernas temblaron ligeramente.
Lósvissa lo miró de reojo, se burló con una risita y preguntó:
—¿Y ese temblor? ¿Te dio miedo?
—Es temblor de emoción —respondió León, observando a los ciudadanos dracónicos.
—¿Temblor de emoción?
—¡Pura clase A por todas partes, esto es una mina de oro!
Lósvissa se tapó la cara con la mano.
Este maldito hombre y su obsesión profesional…
Le barrió el trasero con la cola.
—Camina, que tenemos prisa.
Los cuatro se dirigieron al estudio fotográfico.
Naturalmente, el que había reservado Lósvissa no era un estudio cualquiera; era de los de alto nivel, con toda la pompa que se esperaría para una reina.
Con solo pararse frente al local, León ya sentía la intensa atmósfera artística que se desprendía del lugar.
Siempre había creído que los dragones eran unas bestias salvajes obsesionadas con la guerra. Jamás se le habría ocurrido relacionarlos con algo como “fotografía artística”.
Para él, el arte de los dragones debía ser el arte de la guerra y la matanza.
Ese era su prejuicio.
Pero cuanto más profundizaba en el mundo de los dragones, más se daba cuenta de que las cosas no eran tan simples.
Si uno ignoraba las colas que se meneaban por las calles, ¿en qué se diferenciaban de los humanos?
—Vamos —dijo Lósvissa, empujando la puerta.
—Ya voy.
León la siguió con Muun en brazos.
Dentro del estudio, una pared entera estaba decorada con retratos artísticos de diversos estilos.
La fotógrafa era una mujer de mediana edad con gafas.
Bueno… para ser precisos, una dragona de mediana edad.
Tenía un aire amable, vestía con sencillez y sonreía con calidez.
Se acercó y estrechó la mano de Lósvissa con cortesía.
—Para nuestro estudio es un honor poder tomar la foto familiar de la Reina Plateada.
—No diga eso, maestra Selina. Todos dicen que usted es una de las mejores fotógrafas entre los dragones. Haber conseguido una cita con usted es nuestra suerte.
—Majestad, qué exagerada. Vamos, por aquí, probemos los atuendos primero.
—Claro.
Mientras seguían a Selina hacia el vestidor, León se inclinó hacia Lósvissa y le susurró:
—Oye, ya eres una Reina Dragón, ¿no podrías hacer que viniera a nuestra casa a hacer las fotos?
—Los Reyes Dragón solo pueden dar órdenes a miembros de su propio clan. Y los dragones de la Ciudad Celeste no pertenecen a ningún clan.
—Vaya realeza más limitada la tuya —se burló él.
Lósvissa lo fulminó con la mirada.
—Sigo siendo más alta en rango que tú.
—Tch.
Los cuatro entraron al vestidor.
Selina sacó un traje para León y justo cuando se lo iba a mostrar, notó algo…
—Majestad… el señor esposo no tiene cola…
—Ah, sí. A mi esposo no le gusta mostrar la cola. ¿Podrías buscarle un traje sin abertura trasera, por favor?
—Por supuesto, Majestad.
Como fotógrafa veterana, Selina ya había visto de todo tipo de dragones. Que a algunos no les gustara mostrar la cola no era ninguna rareza.
Preparó un traje estándar sin abertura para la cola. León se lo puso obedientemente.
—¡Wow~ Papá se ve súper guapo con traje! —exclamó Muun.
León medía un poco más de metro ochenta, tenía el típico cuerpo en forma de triángulo invertido: delgado con ropa, musculoso sin ella.
En sus más de veinte años, solo había usado un traje una vez, en la ceremonia de graduación de la Academia de Cazadores de Dragones.
A él no le pareció nada especial.
Pero ese día, al terminar la ceremonia, varias chicas menores lo invitaron a salir a cenar, una tras otra.
A lo que él respondió con total seriedad:
“Lo siento, tengo que volver a casa a ponerle herraduras al burro de mi maestro. Tal vez la próxima.”
Su maestro, al enterarse, pasó toda la noche fumando junto al viejo burro, sin poder entender qué carajos pasaba por la cabeza de ese muchacho.
Volviendo al presente.
León miró su reflejo en el espejo.
La verdad, sí que se veía más maduro y centrado que antes.
Muun meneaba emocionada su colita, admirando a su papá y lanzando todo tipo de halagos.
León le revolvió el cabello con cariño, y luego miró a su hija mayor, siempre tan callada.
Noa se quedó pasmada, desvió la mirada, se puso nerviosa y tartamudeó:
—S-sí… estás bastante guapo.
El traje de hombre era la mejor cirugía estética: realzaba el porte, la figura, todo.
Y si hasta su hija mayor lo decía, debía ser verdad.
León miró a Lósvissa con aire triunfante.
La reina lo examinó con seriedad, luego asintió y dijo con tono neutral:
—Sin cola, definitivamente se ve raro.
Mujer dragón, ¡te juro que jamás en mi vida me pondré una maldita cola!
Después de vestir a León, Selina escogió un vestido de gala para Lósvissa.
Era un vestido sin hombros, negro, con detalles en rojo oscuro en la cintura y el dobladillo. Transmitía solemnidad y al mismo tiempo un aire elegante y misterioso.
Pero por ser sin hombros, el escote era algo bajo y dejaba ver una parte del tatuaje de dragón.
Lósvissa se cubrió el pecho con timidez.
—Maestra Selina… ¿podría buscar uno con el escote un poco más alto?
—Por supuesto, Majestad.
Selina sonrió. Y esa sonrisa decía claramente: “Los jóvenes de hoy están loquísimos”.
León se acercó con cara de pícaro y murmuró:
—¿Cuándo nos vamos a quitar esas malditas marcas de dragón? Ni para una foto sirven…
—Cállate. Una vez grabadas, no se pueden borrar.
León se encogió de hombros y ya no insistió.
Selina finalmente encontró un vestido más adecuado para Lósvissa.
Las niñas, por supuesto, no se quedaron fuera. Elegir su ropa fue mucho más fácil: si una quedaba contenta, la otra también.
Después de más de media hora de preparación, al fin era hora de tomar la foto familiar.
Primero, la foto de los cuatro.
León cargó a Muun, Lósvissa a Noa, ambos de pie uno junto al otro.
La pose y la posición eran las estándar para una foto familiar.
Solo que…
No parecía una foto familiar.
Selina bajó la cámara y con educación dijo:
—Majestad, ¿podría usted y su esposo posar de forma un poco más cariñosa?
Ambos se quedaron pasmados.
Lósvissa: —¿Cariñosa…?
León: —¿Posar…?
Selina asintió con entusiasmo.
—Sí, sí, que se note el super~ amor entre ustedes.
Se miraron. Luego, al mismo tiempo, giraron la cabeza en dirección contraria.
Lósvissa tosió.
—Maestra, ¿podría sugerirnos alguna pose… apropiada?
Selina pensó un poco y respondió:
—Por lo general, las parejas suelen abrazarse, rozar la punta de la nariz, mirarse con ternura, cosas así…
Abrazarse.
Nariz con nariz.
Miradas intensas.
¡Maestra, mejor mátenos ya!
Viéndolos tan incómodos, Selina también se confundió.
¿Ya se grabaron las marcas de dragón, y se hacen los tímidos por una foto?
No los entendía.
—Bueno, si eso tampoco les va, entonces hagan un corazón con las colas.
—¿Un corazón con las colas…?
—Sí, queda muy mono y divertido.
Lósvissa miró a León. Pero ya era demasiado tarde para ponerle una cola postiza a este tipo.
Y pensando bien, de todas las opciones, esa era la única pose que ambos podrían tolerar.
Hmm…
—¿Puedo usar las manos, maestra?
—Mi esposa usa la cola, yo uso las manos. Igual se puede formar un corazón, ¿no?
Selina alzó las cejas, luego sonrió con aprobación.
—¡Qué idea tan buena! Nunca lo había intentado. Vamos, prepárense, ¡vamos a tomarla así!