Capítulo 41
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 41 – ¿Fotos de boda?
Leon alzó el arma y disparó sin vacilar.
Cada bala impactó con precisión en un globo, aunque para el dueño del puesto, cada estallido sonaba como si le reventaran el corazón.
Tantos años montando este puesto, tanta trampa y truco metido en la pistola, y jamás había visto a alguien con tan buena puntería.
El dueño lo miraba con ojos desorbitados, el odio ya sembrado en lo más profundo del alma.
En cambio, otra persona presente tenía una actitud totalmente opuesta.
A sus ojos, ese hombre tan concentrado, tan serio… sí, algo terco como una mula, pero no era tan grave.
Cada vez que apretaba el gatillo, un globo explotaba, y su rostro se iluminaba con una sonrisa confiada y orgullosa.
Este tipo, aunque normalmente no parece muy centrado, cada vez que se pone serio… tiene un encanto especial.
—¡Papá está guapísimo! ¡Guapo, guapo, guapo! —gritaba Moon desde un lado, halagando sin parar a su padre.
Noa también lo observaba con una expresión llena de ilusión y admiración.
Míralas: desde las pequeñas Moon y Noa, hasta Roshwitha, todas pensaban lo mismo.
Cuando por fin Roshwitha volvió en sí, se dio cuenta de que tenía un enorme oso de peluche en brazos.
Suave, cálido, esponjoso.
Aunque para un dragón, un oso era una criatura tan inútil que ni siquiera valía como comida, convertido en cojín de peluche… resultaba hasta…
¿Adorable?
Solo había que ver las caras de sus hijas.
Incluso Noa, que normalmente era callada y seria, lo tenía bien abrazado y se entretenía enfrentándolo al oso de Moon en un combate de “garritas”, jugando encantada.
Y esa felicidad tan sencilla… solo Leon podía dársela.
Su hermana Isa siempre le decía: “En una familia no puede faltar un hombre”.
Entonces, Roshwitha se burlaba de esa frase. Creía que una mujer podía vivir perfectamente sin un hombre.
Pero pensándolo bien, si Leon no hubiese estado presente hace un momento, con su carácter y estatus, probablemente habría regañado a Noa por jugar a algo tan infantil. Le habría dicho que no se preocupara por tonterías, que era una pérdida de tiempo.
Así piensa una reina: con calma, con firmeza, con eficiencia.
No hay razón para malgastar tiempo, energía o emociones en algo tan irrelevante.
Pero Leon, claramente, abordó la situación desde el rol de hombre, de padre.
No quería que sus hijas salieran a divertirse solo para que les dieran lecciones.
Las lecciones pueden venir después.
Pero en ese momento,el padre tenía que salir a defender a sus hijas.
Y esa era una forma de criar a los niños que Roshwitha aún no sabía imitar.
Pero no estaba mal. Apoyaba totalmente la forma en que Leon lo hacía. Todo era por el bien de sus hijas.
Con los párpados bajos, Roshwitha abrazó fuerte al gran oso de peluche, apoyando suavemente la barbilla sobre su cabecita.
Cuando Leon se lo dio antes, ella dijo que no lo quería.
Él respondió: “Ya está pagado. Si no lo quieres, lo tiro”.
Y ella dijo: “¡Eso no!”
Y así, la familia entera, las tres mujeres, cada una con su oso gigante en brazos, atrajeron todas las miradas de los dragones que pasaban.
Ese hombre que iba con las manos vacías —incluso la cola vacía— era el que más llamaba la atención.
Todos podían notar que esas recompensas tan generosas venían de ese orgulloso dragón que no quería mostrar su cola.
Aunque, al final, todas las miradas terminaban posándose en los adorables ositos.
Roshwitha estaba acostumbrada a las miradas reverentes. Pero ese tipo de mirada —llena de envidia— aún no sabía cómo afrontarla.
Incluso escuchó a algunos dragoncitos señalar los ositos y decirle a sus papás o mamás que también querían uno.
Sintiéndose observada, Roshwitha hundió un poco más la cara en la cabeza mullida del oso.
—Cuidado y no te dé hipoxia —soltó Leon, sin previo aviso.
—¿Tan difícil es que digas algo bonito por una vez?
—¿Por qué debería decirte algo bonito? Este oso de peluche vale por cien halagos míos. Suponiendo que de cada veinte cosas que te digo, una sea bonita, ahora tengo permiso para pasar tres meses sin decirte nada lindo.
—… Veo que ya estás totalmente recuperado, ¿no? Hasta la lengua te funciona perfectamente —refunfuñó ella.
Leon levantó las manos en señal de rendición y se hizo el gesto de “cerrar la cremallera” en los labios. Significaba que se callaría obedientemente.
Pasaron toda la tarde divirtiéndose en el parque infantil para dragoncitos.
Algunas dragones adultas reconocieron a Roshwitha como la Reina Plateada. Probablemente eran princesas o líderes de otras razas.
Ella les dirigió unas cuantas palabras por pura cortesía.
Cerca del atardecer, volvieron al estudio fotográfico de Selina, donde recogieron las fotos que se habían tomado en la mañana.
La foto familiar era grande, mientras que las fotos de ingreso escolar y las de hermanas eran más pequeñas. Selina las había empaquetado por separado.
De camino de regreso, padre e hijas iban sentados sobre el lomo de Roshwitha, transformada en su forma de gran dragón.
Moon estaba impaciente por abrir el paquete de la foto familiar, pero Leon la detuvo:
—Esperemos a llegar a casa, Moon.
—¡Vale~! ¡Obedezco a papá~!
Después de unas horas de vuelo, llegaron al Santuario de los Dragones Plateados alrededor de las diez de la noche.
La jefa de las doncellas, Anna, les había preparado un refrigerio.
Con el estómago medio lleno, los cuatro se reunieron en la habitación de los bebés —donde Leon solía dormir— para abrir las fotos.
Obviamente, lo primero fue la foto familiar.
Leon deshizo el paquete con tres o cuatro movimientos, y poco a poco apareció ante todos una delicada foto de familia.
Formaban un corazón con las manos, todos con expresiones de felicidad.
Sí, era la imagen perfecta del tipo de familia que Roshwitha deseaba:
Armonía.
Además de la foto familiar en tamaño completo, Selina también les había dado cuatro versiones más pequeñas, para que pudieran colocarlas en la mesita de noche o el escritorio.
Roshwitha sacó la foto de ingreso escolar de Noa y se la entregó a su hija mayor, recordándole:
—Guárdala bien, Noa.
—Sí, mamá.
—Y… esta es una con papá y mamá, es para ti, Moon. Cuídala tú, ¿de acuerdo?
—¡Sí, mami~!
—Y el resto son solo fotos de hermanas. Llévenlas a su cuarto y abranlas tranquilamente.
—¡Siii!
Justo cuando las pequeñas estaban por irse, Noa se detuvo de repente. Señaló un paquete separado y preguntó:
—¿Qué foto es esa?
Era un paquete aparte de las fotos familiares, escolares o de hermanas.
Leon también la vio y la tomó, sopesándola un poco:
—Parece que hay solo una foto adentro.
—¡Papá, ábrela, ábrela! —sugirió Moon.
—Está bien.
Leon abrió el paquete. Primero cayó una tarjeta dorada.
Roshwitha la atrapó. Con una caligrafía delicada, decía:
“Que el resplandor plateado brille siempre en los ojos de quien amas.”
Roshwitha frunció el ceño.
—¿Y eso qué significa…?
En ese momento, Leon sacó la foto.
Y al verla… se quedó en silencio.
Moon, que estaba al lado, se subió a su brazo para poder verla también.
Cuando por fin la vio, su reacción fue completamente opuesta.
La dragoncita movía alegremente la cola, con su mechón de pelo saltando también con emoción.
—¡Papá y mamá hacen muy linda pareja!
Roshwitha alzó una ceja.
—¿Pareja? ¿Qué hay en la foto? Leon.
Él apretó los labios y le pasó la foto.
Roshwitha la tomó.
En la imagen no había luces, ni decorado, ni vestidos de gala ni trajes elegantes.
Solo estaban ella y Leon, sentados casualmente en unas sillas, mirándose a los ojos con una sonrisa.
Era obvio que Selina había capturado ese instante de forma espontánea.
Pero en ese breve momento, en la mirada de ambos, no había rastro de rivalidad, ni de peleas, ni discusiones banales.
En ese instante,solo tenían ojos el uno para el otro.
De repente, Roshwitha comprendió el significado de la tarjeta:
“Que el resplandor plateado brille siempre en los ojos de quien amas…”
Antes de que pudieran reaccionar, Moon, con la cola agitada, exclamó emocionada:
—¡Papá, mamá! ¡Ahora que lo pienso, ustedes nunca se han hecho una foto de boda!
Leon alzó la mirada hacia Roshwitha, y notó que ella también lo estaba mirando.
Se quedaron en silencio, viéndose.
Leon: —¿Una foto de qué?
Moon: —¡De boda!
Roshwitha: —¿Una foto de qué dijiste?
Moon: —¡Una foto de boda!
Leon y Roshwitha: —¿Una qué de foto?
Moon: —¡¡¡Una foto de bodaaaaaaa!!! w(???)w
¿Foto de boda?
Jamás. En esta vida, eso jamás va a pasar.
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