Capítulo 43
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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43. ¡En adelante me voy a comer el «poder dragón» como si fuera arroz!
Roshwitha no se burló mucho de Leon. Al fin y al cabo, lo más urgente ahora era mejorar la compenetración entre ellos dos.
Claro que no era la compenetración en la cama, en St. Heath Academy no calificaban eso.
—La evaluación familiar tiene reglas muy simples.
Roshwitha comenzó a explicarle el método de evaluación a Leon:
—La academia preparará dos cuestionarios. Las preguntas estarán relacionadas con los hábitos de vida, personalidad, experiencias, etc., del otro. Primero, uno de los dos responde con base en su propia situación, luego el otro llena el cuestionario intentando acertar. Mientras mayor sea la puntuación, significa que más nos conocemos.
Leon parpadeó, tirado en el sofá, hojeando varios formularios de prueba.
—Suena como un aburrido juego de pareja para probar la compatibilidad.
—A mí también me parece aburrido. Después de todo, no tengo ni el más mínimo interés en tu biografía, tus pasatiempos o tus hábitos.
—Gracias, yo tampoco.
Roshwitha le lanzó un bolígrafo a Leon.
—Pero la compenetración entre los miembros de la familia es un aspecto crucial en la evaluación. La academia usa esto para juzgar si una familia es armoniosa o no. Para asegurar queNoalogre ingresar, necesitamos conocernos profundamente estos días.
Leon mordisqueó el extremo del bolígrafo.
—Juzgar la armonía familiar en base a un test de compatibilidad… ¿no es un poco… precipitado?
Roshwitha se encogió de hombros:
—Los cuestionarios que preparó la academia no son simples juegos de preguntas para parejas como tú crees. Muchas de las preguntas implican conocimientos profesionales de psicología, capaces de identificar tus defectos de personalidad ocultos. La academia cree que una familia que puede convivir a pesar de conocer los defectos del otro, es una familia verdaderamente armoniosa.
Leon echó otro vistazo al formulario en sus manos y preguntó:
—Entonces… ¿“cuál es el color favorito de tu pareja” también es una pregunta psicológica?
—¿Tu cerebro no da más vueltas que eso? ¡Claro que también se necesita una prueba básica de compenetración! —Roshwitha se cubrió la cara con la mano en silencio.
Leon asintió, guardó silencio por un momento y luego preguntó:
—Entonces, ¿cuál es tu color favorito?
—Negro.
Roshwitha respondió sin pensar, y enseguida devolvió la pregunta:
—¿Y el tuyo?
—Plateado.
Apenas terminaron de hablar, ambos sintieron que algo no cuadraba.
Se miraron el uno al otro… al cabello del otro.
Cabello negro.
Cabello plateado.
El siguiente segundo, al unísono:
—Pura coincidencia.
Y en el segundo siguiente:
—¡Maldición!
La pareja desastrosa desvió la mirada a la vez, saltándose el tema automáticamente.
Leon hojeó otro par de formularios y efectivamente encontró algunas preguntas relacionadas con psicología y personalidad.
Psicología… no era precisamente su fuerte.
Psicología de dragones… eso sí que no tenía ni idea.
Solo sabía cuál era el estado mental de un dragón cuando estaba a punto de morir. Después de todo, era muy bueno matándolos.
La pareja estudió los formularios un rato. Roshwitha tomó uno en blanco y empezó a escribir algo en una hoja aparte.
Poco después, le pasó el cuestionario a Leon:
—Listo, vamos a probar qué tanto puedes responder sobre mí.
Leon tomó el formulario y empezó a responder.
—Primera pregunta: “¿Cuál es la frase que tu pareja dice con más frecuencia?”
Leon escribió sin dudar:
—Obviamente: “Eres un idiota”.
Roshwitha se cubrió la frente con resignación.
—Eres un idiota… ¡no hace falta que lo digas en voz alta!
—Segunda pregunta: “¿Tu pareja se ha sentido particularmente decepcionada contigo en algo?”
Leon frunció un poco el ceño. Mientras escribía la respuesta, murmuró:
—Sí…
—No —interrumpió Roshwitha.
Leon se detuvo, giró la cabeza para mirarla.
Roshwitha tenía la mirada baja, jugando con la punta de su cola.
Sabía que Leon la estaba mirando, pero no alzó la cabeza. Solo repitió en voz baja:
—Yo… nunca me he sentido decepcionada de ti, Leon.
—¿Es porque… no hay motivo para decepcionarse de mí?
Roshwitha detuvo el movimiento de su cola, luego negó con la cabeza sin responder directamente.
—Eso no tiene nada que ver con la pregunta. Sigue contestando.
Leon no insistió. Algo se agitó dentro de él, pero lo dejó pasar.
Las siguientes preguntas las respondió en silencio.
Al terminar, le entregó el cuestionario a Roshwitha.
Ella comparó las respuestas con las que había escrito antes.
—¿Cuántos puntos? —preguntó Leon.
—Cuarenta y cinco.
Roshwitha se puso seria.
—No aprobaste.
Leon bajó la cabeza, frotando el lápiz con los dedos. Tras un momento de silencio, dijo en voz baja:
—Lo siento.
—No hace falta disculparse. Si yo respondiera, quizá la nota sería aún más baja.
Dicho esto, le empujó otro formulario y una hoja en blanco.
—Inténtalo tú. Escribe tus respuestas en esta hoja.
Leon asintió, tomó papel y bolígrafo, y comenzó a escribir.
Mientras él escribía, Roshwitha volvió a revisar el cuestionario anterior.
Descubrió que las preguntas que Leon había acertado eran todas sobre sus hábitos cotidianos.
Cosas como su muletilla, su mano dominante, cómo le gustaba colocar la cola para estar cómoda…
Las preguntas que había fallado eran las más emocionales, como la de si alguna vez la había decepcionado.
Preguntas que solo podía responder bien si Roshwitha las decía explícitamente.
De lo contrario, con la historia de amor y odio entre ellos y la forma en que convivían, era imposible que las acertara.
Roshwitha no era alguien que expresara sus emociones con facilidad.
Ya estaba acostumbrada a guardarse todo y digerirlo sola.
Si realmente ya no podía más, quizá solo le escribiría a su hermana Isa para desahogarse un poco.
Suspiró largo, sacudió la cabeza y volvió en sí.
Justo en ese momento, Leon le pasó su hoja con las respuestas.
Roshwitha asintió, tomó el formulario y comenzó a responder.
Al terminar, igual que antes, se lo entregó a Leon para que comparara.
—¿Cuántos puntos?
—Cincuenta y ocho.
Roshwitha se encogió de hombros con una sonrisa.
—Tenemos que seguir practicando.
Leon miró los formularios esparcidos por la mesa de té. Reflexionó un momento y dijo:
—Hemos convivido muy poco tiempo, y de una forma bastante anormal. Así que no creo que podamos sacar una puntuación muy alta en poco tiempo.
—Pero no hay otra forma. PorNoa, hagamos un esfuerzo.
Cada vez que se trataba de su hija, Roshwitha cambiaba completamente. Se volvía dócil, comprensiva, muy distinta de la orgullosa y fría Reina de Plata habitual.
Leon lo sabía muy bien: ella también amaba profundamente a sus hijas.
Eso no estaba en duda.
Antes de comenzar la siguiente ronda de pruebas, Leon no pudo evitar preguntar:
—Roshwitha.
—¿Hmm?
—Esa pregunta sobre si alguna vez te decepcioné… ¿esa fue tu respuesta real?
Roshwitha giró la cabeza para mirarlo. Sostuvo su mirada y, con firmeza y convicción, respondió:
—Sí.
—Pero…
—No hay peros, Leon. No tengo motivo para mentirte. Lo nuestro… no tiene que ver con decepciones.
Roshwitha se detuvo un momento. De pronto pensó que Leon era el tipo de persona que solo creía en lo que él mismo entendía, alguien muy testarudo.
Así que por más que ella le explicara, probablemente no le creería del todo.
Con eso en mente, no dijo nada más profundo. En cambio, bromeó:
—Si tuviera que decir algo que sí me decepcionó un poco… sería…
—¿Qué?
Ella lo miró, sonriendo con picardía:
—Entrenaste muy poco tu “poder dragón”, ¿cómo es que solo tienes uno?
—…¡De ahora en adelante me voy a comer el poder dragón como si fuera arroz, no te arrepientas después!