Capítulo 44
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Tras varias noches sin dormir, la pareja por fin había llegado a conocer todas las “longitudes y profundidades” del otro.
Los puntajes promedios en los exámenes de prueba también estaban por encima de los 80 puntos. Si no pasaba nada raro, no deberían tener problema alguno con la evaluación familiar.
En realidad, Roshwitha no era de trasnochar seguido. A partir de la medianoche, su reloj biológico la obligaba automáticamente a irse a dormir.
Y sin embargo, logró mantenerse despierta durante tantas noches no solo por ese clásico “todo sacrificio vale la pena por nuestra hija”, sino también por otra razón…
Escuchar las historias vergonzosas del pasado de León… era simplemente demasiado estimulante.
Resultaba que una vida humana de apenas veinte años podía ser tan espectacular como absurda.
Y comparado con eso, sus más de doscientos años de vida como dragona… eran puro tedio. A excepción de su infancia, cada día había sido igual de monótono y repetitivo.
Ese aburrimiento se intensificó aún más cuando se convirtió en Reina de los Dragones Plateados. Hasta que, sin saber exactamente cuándo, algo empezó a cambiar en su rutina.
¿Desde que nació su hija?
¿O… desde que León despertó?
Bueno, nada de eso tenía que ver con el examen de mañana. Roshwitha sacudió la cabeza para despejarse. No pensaría en esas cosas ahora.
En resumen: después de varios días de estudio intensivo, habían terminado de repasar todos los exámenes de evaluación familiar de los últimos años.
Y, de paso, se habían llegado a conocer un poco más.
La noche anterior al examen, la desdichada pareja estaba sentada en extremos opuestos del sofá.
León parecía completamente drenado. Roshwitha, en cambio, tenía el ceño fruncido, visiblemente preocupada.
El silencio reinaba en la habitación, roto solo por el tic-tac del reloj de pie.
La brisa nocturna entraba por la ventana junto con la luz de la luna. León, tiritando, se arropó un poco más.
Se frotó la punta fría de la nariz y, de reojo, miró a Roshwitha.
Ella se mantenía apoyada en el sofá, una mano sobre la frente, el gesto cansado pero también presionado.
Y sí, tenía sentido que se sintiera presionada.
Al fin y al cabo, lo que estaba en juego era la admisión de Noa en la Academia de Saint Heace…
León abrió la boca, queriendo preguntarle si estaba bien.
Pero al final, se tragó las palabras.
Después de un rato, dijo:—Si no hay nada más, me voy a ir yendo.
Pero justo cuando estaba por levantarse, Roshwitha habló.
—Espera.
—¿Qué pasa?
Ella cerró los ojos y dijo en tono apagado:
—Gracias por el esfuerzo de estos días.
—Mmm… mmrgh… blblgh… estuvo bien, ya me acostumbré.
—¿Estás cansado?
León se encogió levemente de hombros.—Un poco.
Roshwitha murmuró un «Ajá», y luego señaló con la mano el baño de su habitación.—Anda, date una ducha. Te va a relajar.
León parpadeó.—¿Ducharme… en tu habitación?
—Ajá.
—No, gracias. No me gusta usar el baño de otra gente.
Sobre todo el de una madre dragona como tú.
Roshwitha se recostó con la mano en la mejilla, sus cejas perfectas fruncidas con leve impaciencia.
—Apúrate. Cuando termines te vas.
León se levantó a regañadientes y entró al baño casi a hurtadillas.
Se quitó la ropa, abrió la ducha, y el agua caliente empezó a recorrer su cuerpo desde la cabeza hacia abajo.
Con una mano apoyada contra los fríos azulejos, murmuró:
—¿Qué se trae ahora esta madre dragona…?No entiendo por qué insiste en que me bañe aquí.
La situación no le daba buena espina.
¡CLAC!
Justo en ese momento, la luz del baño se apagó de golpe.
El corazón de León dio un vuelco. Cerró el agua de inmediato.
Y entonces, en la oscuridad, empezó a brillar una luz púrpura muy tenue.
—¿¡Un patrón de dragón…!? Mierda. ¡Lo sabía!
La gran dragona volvió a atacar— ¡con malas intenciones!
A toda prisa, León tanteó su ropa en la oscuridad, intentando vestirse.
Pero antes de que pudiera ponerse algo, la puerta del baño se abrió de par en par.
La luz del salón iluminó la silueta de una figura alta.
Era esbelta, delicada y llena de curvas.
En su pecho también brillaba un resplandor púrpura.
La figura entró lentamente, sus pies desnudos pisando con gracia los fríos azulejos.
—¿Roshwitha…?
PUM.
Ella cerró la puerta tras de sí. Todo volvió a la oscuridad.
León solo podía adivinar su posición por el resplandor del patrón de dragón y el sonido de sus pasos.
La luz se acercó más… y más… hasta detenerse frente a él.
—Cuando los patrones de dragón entran en resonancia —dijo ella en voz baja—, ya no puedes escapar.
León tragó saliva.—Entonces… ¿cuál es la excusa esta vez?
—¿Excusa? No se me ocurre ninguna por ahora. Lo haré y luego lo pienso.
Sin dejarle protestar, ella le rodeó el cuello con el brazo.
El patrón en su pecho se apoyó contra el ardiente torso de León. Su larga y flexible cola ya se había enroscado, sin que él se diera cuenta, alrededor de su cintura.
En la oscuridad, el sonido del agua comenzó a agitarse de nuevo. Piel contra cerámica, piel contra piel.
…
No se sabe cuánto tiempo pasó.
León yacía en la bañera, completamente agotado.
Frente a él, Roshwitha estaba también recostada, mirando el agua con la mirada perdida.
Después de un largo silencio, la madre dragona murmuró:
—Lo entiendo.
León, sin fuerzas, con la cabeza apoyada hacia atrás, suspiró:
—¿Entiendes… qué?
—Esta vez, ya sé cuál era la razón.
—Soy todo oídos, majestad.
—Estoy demasiado estresada.
¡SPLASH!
León se incorporó de golpe.
—¡Estás estresada y por eso tenías que pasarme TU estrés a MÍ!?
Roshwitha recuperó su rostro frío e imperturbable de siempre.
—Hay dos formas principales de lidiar con el estrés: una es transferirlo. La otra, liberarlo. Yo te lo pasé a ti. Y así, me liberé. Perfecto, ¿no?
Y además… —añadió, levantando un brazo elegante y jugando con el agua—Me habías dicho que habías ganado no sé cuántos campeonatos. Pues ahora ya tienes otro título: campeón en soportar presión.
—¡Tú…!
—Y no te olvides: hace unos días viniste aquí con esa misma mentalidad, ¿no?
León rechinó los dientes.—Necesito una palabra más fuerte que “insatisfecha” para describirte, madre dragona.
—Te doy dos: desahogo moderado y equilibrio saludable.
Roshwitha se estiró con elegancia en la bañera, soltando un suspiro de satisfacción.
—En resumen, ya me siento bien. Gracias, León.
Después de la tormenta, el cuerpo relajado, y la presión de los días de estudio se desvanecía por fin.
—Entonces, querido cazador de dragones… ¿quieres quedarte a seguir ayudándome a desestresarme, o prefieres secarte e irte a dormir?
Lo único que respondió fue el sonido del agua chapoteando mientras escapaba a toda velocidad, junto con un grito:
—¡Esto no se queda así, madre dragona!
A la mañana siguiente, en el patio frontal del santuario.
—Mamá, ¿por qué parece que no durmió nada en toda la noche?
Noa miraba al León absolutamente drenado, como si lo hubieran exprimido.
Roshwitha, en cambio, rebosaba energía, con la cara radiante y respirando el aire fresco de la mañana.
—No lo sé, querida —respondió estirándose con gusto—. León, ¿no dormiste bien anoche?
—¿Tú crees…? —masculló León entre dientes.
—Vamos, anímate. Hoy nos toca ir con Noa al examen.
Roshwitha desplegó sus alas y tomó su forma de dragona.
León también se dio un par de palmadas en la cara, forzándose a mantenerse despierto.
Padre e hija se acomodaron en el lomo de Roshwitha.
El dragón plateado batió sus alas y se elevó por los cielos.
No se llevaron a Moon esta vez. No era un paseo.
Moon aceptó quedarse en casa sin hacer escándalo, esperando a que su papá, mamá y hermana volvieran.
Así que los tres partieron rumbo a la Academia de Saint Heace.
Ubicada en el corazón del territorio dracónico, era una zona extremadamente segura.
¿Y qué tan segura?
Incluso si todas las razas unieran fuerzas y destruyeran una ciudad dracónica por día, aún necesitarían un año y medio para llegar a las puertas de la academia.
Aunque los dragones se habían dividido hace mucho en pequeños clanes, en lo que respecta a lugares como la Ciudad del Cielo o la Academia de Saint Heace, seguían protegiéndose juntos de cualquier enemigo externo.
Desde el santuario hasta la academia, el vuelo duraba varias horas.
Después de un rato, León ya se había recuperado más o menos de su estado «vaciado».
Levantó la mirada hacia Noa, que iba sentada delante.
Tenía su habitual cara fría… pero también mostraba un toque evidente de nerviosismo.
León pensó cuidadosamente cómo decirle unas últimas palabras de motivación.
Claro, no iba a soltarle un “no te presiones, no pasa nada si no lo logras”. Conocía demasiado bien a su hija. Tenía una voluntad férrea, ambiciosa y se exigía al máximo.
Decir “si no pasas, no importa” sería lo mismo que negar todos sus esfuerzos.
—El examen del área de crías de Saint Heace es famoso por su dificultad, Noa.
Ella asintió.
—Así que será todo un desafío para ti. Y para tu mamá y para mí también.
—Pero no importa cuán difícil sea. Mientras lo enfrentemos juntos como familia, lo superaremos. ¿No crees?
Noa no era de las que gustaban que la trataran como una niña pequeña. León lo sabía.
Por eso, no se posicionó como su escudo o apoyo, sino como su compañero de carrera.
Y eso era justo lo que Noa necesitaba.
Su leve expresión sorprendida y feliz lo demostró. Aunque duró apenas un segundo, su corazón sí fue tocado por esas palabras.
Padre e hija se sentaron con las piernas cruzadas, frente a frente.
León levantó su puño derecho.
—No sé si entiendes este gesto para dar ánimos, pero… tu viejo quiere intentarlo contigo.
Estiró el brazo y dejó su puño flotando frente a ellos.
Noa parpadeó, observó su gesto, bajó la vista a su propia mano…
«mmm… grgh… blblgh…»
Después de una breve duda, también formó un puño y lo estiró.
Los dos puños, uno grande y uno pequeño, se tocaron suavemente.
León sonrió entrecerrando los ojos.
—Tú puedes hacerlo, Noa.
Y quizá ella no lo notó, pero su cola… se movió dos veces, con un pequeño vaivén.
Bajó la cabeza un poco y murmuró:
—Gracias…
Parecía que quería agregar algo más. ¿Un “papá”? ¿Un nombre? Quién sabe.
Pero al final, no añadió nada.
Solo esa palabra: “Gracias”.
León no le exigió más. Le bastaba con saber que ella había escuchado.
Bajó el brazo, se estiró, y se recostó en la espalda de la forma dracónica de Roshwitha.
Después de lo de anoche, me voy a dormir sí o sí. Esta madre dragona va a ver…