Capítulo 51
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Unos días después, al anochecer, León, Roshwitha y Moon estaban parados en el patio frontal del Santuario, mirando al cielo en un ángulo de 45 grados, tal como lo habían hecho con Noa días atrás, como si esperaran algo.
—¿De verdad la Academia se encarga del regreso a casa? —preguntó León, mirando al cielo.
—Claro. Siempre han sido muy atentos con esos servicios —respondió Roshwitha.
—¿Y cómo la traerán de vuelta? ¿Una transmisión mágica con una matriz de éter o algo así…?
Roshwitha se cubrió los ojos con la mano y entrecerró los ojos mirando a lo lejos un pequeño punto negro.
—No, no es nada tan sofisticado. La misma forma en la que la mandamos allá es la forma en la que la regresan. Mira, ya casi llega.
León siguió la dirección que señalaba Roshwitha.
Efectivamente, un punto oscuro en el horizonte se acercaba lentamente.
Pero a los pocos minutos, León abrió los ojos sorprendido.
¡Eso no era ningún pequeño punto!
Al acercarse, se veía claramente que era undragón gigantesco, de tamaño ridículamente desproporcionado.
León hizo un cálculo rápido: esa criatura era por lo menos cinco veces más grande que Roshwitha.
En toda su carrera como cazador de dragones, jamás había visto uno tan colosal.
—Es un dragón Leviatán —explicó Roshwitha—. Son los más grandes entre los dragones. Aunque su tamaño es monstruoso, no tienen mucha capacidad de combate. En la sociedad dracónica, se dedican al transporte. Son increíblemente resistentes y, sobre todo,emocionalmente estables.
—¿Eh? ¿Y por qué recalcar lo de “emocionalmente estables”? —preguntó León.
—Imagina que tienes encima a ochenta o cien dragoncitos hiperactivos chillando sin parar. ¿No te volverías loco?
León tragó saliva.
—Sí… sí que me volvería.
—¿Verdad? Pero los Leviatanes no. Su gestión emocional es impecable. Se dice que un Leviatán puede vivir miles de años sin enojarse ni una sola vez.
León no pudo evitar aplaudir.
Jamás pensó que entre los pendencieros dragones pudiera haber alguien tan… zen.
Transmitían esa vibra de:“bueno, si me muero, me muero… tampoco es tan grave”.
El dragón Leviatán se acercó flotando lentamente hasta quedar suspendido sobre el Santuario de los Dragones Plateados.
Su tamaño era tan inmenso que aterrizar por completo resultaba impráctico.
Desde su espalda comenzó a brillar una columna mágica de luz que descendía hasta el suelo.
Un momento después, la figura de Noa apareció dentro del haz, descendiendo suavemente hasta aterrizar.
Una vez que se aseguró de que Noa estaba a salvo, el Leviatán cerró la columna de luz, batió sus alas masivas y se alejó, provocando un vendaval que sacudió todo a su paso.
En cuanto el viento cesó, Moon salió disparada hacia su hermana.
—¡¡Hermanaaa!!
La pequeña dragoncita abrió los brazos y se lanzó directo al pecho de Noa, restregándose alegremente contra su rostro.
Noa le dio un cariñoso pellizco en el mechón rebelde sobre su cabeza y sonrió.
—¿Me extrañaste?
—¡Mucho, mucho! Moon extrañó un montón a su hermana~ ¿Tú me extrañaste a mí?
—Claro que sí.
—¡Yay~!
Las dos dragoncitas caminaron tomadas del brazo, con las colas entrelazadas, hacia León y Roshwitha.
Noa saludó primero con una leve inclinación de cabeza hacia Roshwitha.
—Estoy de vuelta, mamá.
—Bienvenida a casa, Noa.
Luego miró a León.
—Estoy de vue—
Sus labios ya se estaban formando en una “P” depapá…Pero la palabra no terminó de salir.Aún dudaba.
León lo notó y enseguida salió al rescate para evitar que su hija mayor se sintiera incómoda.
—Lo importante es que volviste, lo demás no importa. Anda, ve a comer, mamá y yo preparamos muchas de tus cosas favoritas.
—Está bien.
Los cuatro regresaron al interior de la casa, compartiendo por primera vez en mucho tiempo una comida en la misma mesa.
Noa, como era costumbre, comenzó a cortarle el filete a su hermana y a servirle la comida…
Pero Moon la detuvo tomándole la muñeca.
Antes de que Noa pudiera preguntar por qué, Moon empezó a cortar torpemente su propio filete, con expresión seria pero determinada.
Incluso empujó todos los platos de carne hacia ella.
—¡Come mucho, hermana! Papá y mamá dijeron que la escuela fue dura, así que tienes que comer bien.
—Vale, gracias~
Un poco de independencia realmente puede acelerar el crecimiento.
Bueno, incluso si este “crecimiento” es solo temporal, sigue siendo un gran paso.
Mientras comían y charlaban, por un momento, nadie parecía preocuparse si esta calidez familiar era real o solo una fachada.
Porque al final, en ese instante… simplemente eran una familia feliz.
Hacia el final de la cena, Noa sacó unas hojas del bolso y las fue colocando una por una sobre la mesa.
—»Fundamentos de Alquimia Mecánica», primer lugar.—»Introducción a la Magia: versión para dragoncitos», primer lugar.—»Historia de los Dragones I», primer lugar.—»Prueba integral de condición física», tercer lugar.
Noa empujó la última hoja al centro de la mesa, con expresión seria.
—Lo siento, mamá. En la última asignatura solo logré el tercer lugar.
Roshwitha ni siquiera miró los papeles. Simplemente dijo:
—No hace falta que te disculpes, Noa. ¡Tercero es excelente!
—¡Sí, hermana! ¡Mamá tiene razón! Para Moon, tú eres la mejor~
Sin embargo, los ánimos de Noa no parecían mejorar mucho con esos consuelos.
León las observó a las tres.
Una madre que no sabe expresar emociones.Una hermana que las expresa… demasiado.
Pero lo que Noa necesitaba, no era ninguna de esas cosas.
Sigh…
El viejo padre tendría que intervenir.
León tomó las hojas, les echó un vistazo y comentó:
—Oh, esto fue todo entrenamiento físico: carrera, flexiones, dominadas…
Noa asintió levemente con los labios apretados.
—Entraste demasiado joven a la academia. Tus compañeros tienen al menos cuatro o cinco años, todos te sacan una cabeza.
León analizaba con seriedad:
—Y además, mira. En la parte de “combate real”, sacaste una puntuación altísima. Tuviste diez oponentes y ganaste nueve combates. ¡La tasa de victorias más alta de la clase! ¿Sabes qué significa eso? Que aunque te falte fuerza física frente a esos mocosos, en estrategia y técnica de combate vasaños luzpor delante.
Dejó la hoja en la mesa.
—Así que no hace falta que te obsesiones con ese tercer lugar. Ya estás rindiendo al máximo de tus capacidades, y eso… es más que suficiente. Muchos adultos ni siquiera logran eso.
Tras el análisis de León, el rostro de Noa por fin se relajó un poco.
Aún algo incómoda, dijo:
—Pero… pero escuché que cuando tú ibas a la escuela, papá, siempre quedabas primero en todo…
Al oír eso, León no pudo evitar arquear las cejas con orgullo.
¡Así que su hija lo tenía como modelo a seguir!
¡Papá feliz!
Pero no era momento de presumir.
—La verdad es que, cuando empecé, tampoco sacaba primeros puestos. Fue con esfuerzo y dedicación que empecé a escalar poco a poco. Así que, Noa, no dejes que un pequeño tropezón te apague el corazón. ¿Vale?
—Vale, lo entiendo —respondió Noa, muy seria.
León sabía que Noa no mentía por educación. Si decía que lo había entendido, entonces lo había entendido.
Moon, al ver que su hermana estaba de buen humor, se le acercó, tomándole la muñeca con curiosidad.
—Hermana, hermana, ¿qué es eso de “combate real”?
—Es una pelea uno contra uno. Gana el que logra que el otro se rinda… o lo saca del ring.
—¡Ooooh, qué guay! Entonces ganaste nueve combates, ¡eres increíble!
Moon tenía ojos de estrella. Luego miró a León.
—¿Y papá? ¿También eras increíble cuando ibas a la escuela?
Con esa provocación, León no iba a quedarse callado.
Se estiró con orgullo, se tocó la nariz con aires de grandeza y dijo:
—¡Por supuesto! Moon, los entrenamientos de tu viejo eran arte puro, ¿me oyes?
—Combate cuerpo a cuerpo: pan comido.—Armas cortas: las dominaba como si nada.—Duelos mágicos: invicto.
—¡Me harté de ganar campeonatos, hija!
Moon lo miraba con devoción.
—¡Guau, papá es genial! ¿Y mamá?
Roshwitha lo miró de reojo y dijo con indiferencia:
—Mamá no ganó tantos premios como papá, pero mamá solo gana las partidas importantes. De hecho, papá insistió en casarse conmigo solo porque no pudo ganarme en combate~.
¡PA!
León golpeó la mesa.
—¿¡Cómo puedes decir esas cosas frente a las niñas!? ¡Claramente fuiste tú la que no pudo ganarme, y por eso nacieron Moon y Noa, nuestras adorables hijas!
Roshwitha entrecerró los ojos.
—¿Ah sí, León? Ya llevamos dos años casados, ¿todavía quieres una revancha?
—¡Hace rato que quiero una!
Ambos se miraron, chispas saltando entre sus ojos.
Moon:¿¡Van a pelear!?¡¿Van a pelear?!(???)
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