Capítulo 52
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Si no se mantenía activo, León ya casi había olvidado lo que se sentía al pelear contra un dragón.
Cuidar a sus hijas estaba muy bien, claro, pero no podía descuidar su trabajo principal.
Después de acordarlo con Roshwitha, al día siguiente se presentaron en el campo de entrenamiento del Santuario del Dragón Plateado.
Las dos pequeñas incluso vinieron a ver la pelea.
—¿Tú también tienes curiosidad por saber quién es más fuerte, mamá o papá? —preguntó Moon.
—La maestra dice que ver combates entre expertos también ayuda a mejorar nuestras técnicas —respondió Noa.
—¡Oooh, con que era por eso!
Moon, diciendo eso, sacó de su bolsita unos snacks: carne seca, papas fritas y demás, y los puso entre ella y Noa.
—¡Comamos mientras vemos!
Noa sonrió con resignación:
—Vaya, sí que venías preparada.
—Jejeje~.
Las dragoncitas estaban listas para ver el espectáculo.
En el campo, la pareja —hombre y dragona— ya habían adoptado sus posturas, listos para una “amistosa” pelea conyugal.
Roshwitha se frotaba las muñecas, sonriendo con picardía:
—Dime, ¿no que tu cuerpo todavía no está al nivel de enfrentarse a una Reina Dragón?
León hacía estiramientos de piernas, calentando antes del combate.
—¿Y qué? No todos los días se puede pelear con la Reina Plateada, ¿cierto? Hay que aprovecharlo.
—¿Oh? No te sobreesfuerces. ¿Quieres que te traiga tu armadura negra de la bodega?
León se quedó congelado en mitad del estiramiento.
¡Maldita sea, justo tenía que mencionarla!
Sólo de pensar en esa armadura desgraciada, le dolían los riñones.
¡El dueño aún no había caído ante la corrupción de dragón, y la armadura ya lo había hecho!
¡Inútil!
¡¿De qué sirves ya?!
¡Ya eres literalmentela forma de Roshwitha!
(Blacksteel Warcarriage: ¡protesto!)
—No hace falta. Me gusta ir ligero —respondió León, retomando el calentamiento con unos saltos.
Roshwitha echó un vistazo a sus hijas para asegurarse de que estaban lo bastante lejos como para no escuchar, luego volvió a mirar a León.
—Si peleamos así, siento que te falta motivación… ¿por qué no apostamos algo?
—¿Y qué quieres apostar?
—Si tú ganas… no te tocaré en todo un mes. ¿Qué tal?
Los ojos de León se iluminaron.
¡¿Un mes?! ¡¿Un mes entero?!
Con lo caprichosa que era esta dragona, eso significaba saltarse un montón de “castigos”.
¡Ni se atrevía a imaginarlo antes! ¡Era demasiado tentador!
Pero de inmediato volvió a la calma. Esto no podía ser tan sencillo.
Porque, como dice el dicho:»A mayor recompensa, mayor riesgo.»
Si ella le ofrecía una condición tan ventajosa… entonces si perdía…
—Si tú pierdes, tendrás que cumplir un deseo mío sin rechistar. ¿Qué dices?
—¿Q-qué clase de deseo?
—Uy, qué apurado estás por saber qué pasará si pierdes~. ¿Tan poca fe te tienes?
—Con presión se rinde mejor —replicó León.
—Ajá, pues no te lo diré.
Roshwitha sonrió con seguridad.
—¿Entonces qué dices, cazadragones? ¿Te atreves a aceptar, aunque no sepas lo que pasará si pierdes?
León reflexionó un momento, luego asintió con firmeza.
—Lo acepto.
Roshwitha pareció sorprendida por su decisión.
—¿En serio? ¿Aun sabiendo que en tu estado actual ganarme es casi imposible?
—Si pierdo, me vas a torturar de todas formas. Cierro los ojos, aprieto los dientes y aguanto. Pero si gano, ¡me esperan treinta días de gloria! Eso, en el Imperio, se llama inversión de riesgo.
Roshwitha soltó una risita.
—Eres terco como una mula, León.
Le encantaba ese lado suyo.
Esa obstinación eterna, esa lucha constante, ese espíritu indomable.
Solo alguien así podía ser digno de ser su oponente como Reina de los Dragones Plateados.
Viendo que ambos estaban listos, Moon bajó del banco y agitó una pequeña banderita.
—¡Empiecen~!
A la señal de su hija, León se impulsó con el pie derecho y salió disparado como un proyectil.
Tan rápido que dejó una estela tras de sí.
En un parpadeo, ya estaba frente a Roshwitha.
León alzó el puño, directo al pecho de la dragona.
Ella cruzó los brazos frente a sí y bloqueó el golpe.
Pero la onda de choque del puñetazo se expandió por los costados de Roshwitha.
—Qué rápido, León —sonrió ella con doble sentido.
León lo captó de inmediato.
—Y eso que todavía estoy… bien duro.
Con fuerza en la cintura y las piernas, León lanzó a Roshwitha varios metros hacia atrás.
Ella se estabilizó y se sacudió el brazo.
—Eso dolió un poco.
—Ahora me toca a mí —dijo ella.
Abrió las manos, y dos esferas de fuego dracónico surgieron de sus palmas.
Las lanzó hacia León.
Él esquivó con agilidad, buscando acercarse mientras tanto.
Las llamas impactaban el campo de entrenamiento una tras otra, con estruendos y oleadas de calor.
Pero ninguna lo alcanzaba.
La última pasó rozándole la mejilla y estalló detrás de él en una explosión de fuego cegador.
León usó el empuje de la explosión para impulsarse y lanzarse hacia Roshwitha.
—¿Quieres competir en velocidad con una dragona plateada? Cazadragones, qué arrogante de tu parte~
Roshwitha se agachó ligeramente y desapareció.
Un segundo después, reapareció a su lado y le dio una patada con la cola, lanzándolo por los aires.
León voló en una curva perfecta y cayó al suelo.
—¡Papá! ¿Estás bien? —Moon, nerviosa, aplastó las papas fritas en su mano.
León levantó la mano mientras se incorporaba.
—Tranquila, solo me descuidé.
Moon, mordiendo una papa, murmuró preocupada:
—¿Mamá lo va a colgar y darle una paliza?
—No creo —dijo Noa, muy seria—. Desde el inicio hasta ese ataque, papá solo ha usado combate cuerpo a cuerpo. Mamá, en cambio, tras recibir el primer golpe, pasó a usar magia de fuego para mantener la distancia y luego lo sorprendió. Eso significa que en combate cerrado, no confía en ganarle.
Moon parpadeó, confundida.
—No entendí nada, pero sonaba muy impresionante.
Noa no apartaba la vista del campo.
—Son muy fuertes… ni un solo movimiento innecesario.
León se levantó lentamente, sacudiéndose el polvo.
—¿Todavía no te rindes? —preguntó Roshwitha.
—¡Es un mes de vacaciones, no me rendiré tan fácil!
—Ay, viejo terco… a ver qué más tienes.
Esta vez, Roshwitha canalizó fuego en una mano y agua en la otra, y los lanzó al suelo.
Una densa niebla cubrió todo el campo.
León se puso alerta, escaneando con los sentidos.
Una presencia detrás de él. Reaccionó al instante con una defensa… ¡pero era un engaño!
Roshwitha cambió su postura, lo barrió de una pierna y lo hizo perder el equilibrio.
Antes de que cayera, lo agarró del tobillo con la cola y lo lanzó por los aires.
Luego, le disparó dos bolas de fuego.
Pero justo antes de que lo impactaran, las hizo colisionar entre sí para explotar en el aire y solo empujarlo con la onda expansiva.
No quería hacerle daño de verdad, solo era una pelea amistosa.
Pero desde fuera, sí parecía que se había llevado una buena paliza.
—Qué combo tan brutal… —murmuró Noa.
—Pobre papá… ¿va a perder? —preguntó Moon.
León tosió y se levantó de nuevo.
—¿Todavía no te rindes? —Roshwitha sonrió.
León se agachó, respirando con dificultad. Levantó una mano.
—¡Nadie me quitará mis vacaciones! ¡No subestimen lo mucho que quiero descansar, malditos!
¡Crack!
Electricidad brilló en su palma.
Roshwitha dejó de sonreír.
—León, tu cuerpo no aguanta magia… si usas eso podrías—
—Mira bien, madre dragona. La magia debe usarse con flexibilidad.
León cerró el puño.
Toda la energía eléctrica entró en su cuerpo, estimulando sus músculos, huesos y reflejos.
Roshwitha quedó pasmada.
—¿Estás usando magia de rayo… para potenciar tu cuerpo?
Era verdad: no podía usar hechizos complejos, pero sí manipular con precisión el rayo para mejorar su cuerpo y sobrepasarla en técnica física.
—Veamos si puedes seguirme el ritmo ahora, Roshwitha.
—Pfff, yo no soy fan de los hombres tan rápidos… prefiero que vayan más… lento~
Ambos desaparecieron de la vista, dejando solo estelas plateadas y azules.
Se cruzaban, chocaban, se perseguían.
Tras varios intercambios, León al fin atrapó a Roshwitha de los brazos y la lanzó al suelo.
Pero antes de que su cabeza golpeara, la sostuvo y la bajó con cuidado.
Quedaron mirándose cara a cara.
—¿Oh? ¿Te preocupas por mí?
Y justo después, León retiró la mano.
¡Plof!
—¡Ay!
Cuando se disipó el polvo, las niñas vieron a Roshwitha en el suelo y a León de pie.
—Qué suplex tan brutal… —Noa.
—Pobre mamá… ¿ella va a perder ahora? —Moon.
Roshwitha se levantó, sacudiéndose la ropa.
León también se alejó, preparándose para el golpe final.
Ella sabía que su cuerpo ya no aguantaba el uso prolongado de la magia de rayo.
Si esperaba, ganaría fácilmente.
Pero…
…A este terco cazadragones, le debo al menos mi respeto.
Roshwitha se agachó, reuniendo fuego en sus manos.
León también adoptó una postura de carga.
Ambos llevaban sus cuerpos al límite.
En el siguiente segundo, se lanzaron como misiles el uno contra el otro.
Moon se tapó los ojos.
Noa, aunque también quería hacerlo, forzó a sí misma a seguir mirando.
Las dos siluetas se acercaban… y al final—
No hubo explosión ni impacto.
El puño de León se detuvo a un centímetro del rostro de Roshwitha.
Ella, en cambio, ya tenía la palma en su pecho.
En el último instante, Roshwitha había retirado el fuego de su mano.
Era un golpe sin daño.
¡Crack!
La última chispa eléctrica se desvaneció del cuerpo de León.
Su cuerpo había llegado al límite.
Una ola de mareo lo invadió. Se desmayó y cayó hacia adelante.
Roshwitha lo atrapó con la cola y lo recostó suavemente.
León cerró los ojos, respirando con dificultad.
—Lo hiciste increíble, León. Sin estar en tu mejor forma, sin armadura mágica ni armas, lograste llegar tan lejos solo con técnica. Nadie había hecho eso antes.
Roshwitha se agachó a su lado, le limpió la cara con delicadeza.
—Ya sea como tu falsa esposa, tu compañera de entrenamiento, o tu eterna rival… debo admitirlo: eres fuerte. Has perdido, sí, pero con honor, cazadragones.
—Bueno, aunque sea con honor… —sonrió maliciosa.
—No olvides nuestra apuesta~ ?