Capítulo 81
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 81: ¿Cómo has estado, profiterol?
La última prueba de la carrera de tres piernas se desarrolló en una cocina al aire libre, donde decenas de estaciones improvisadas estaban alineadas en una zona abierta. Leon y Roshwitha fueron, como siempre, los primeros en llegar al reto final.
—¡Bienvenidos a la última prueba, titulada “Cocinando con amor”! —anunció el presentador.
—Un platillo familiar no solo debe tener ingredientes de primera y una preparación exquisita, también debe estar lleno del amor que se tiene por la familia.
—¡Solo cuando se cocina con amor puede considerarse verdaderamente delicioso!
—Las reglas son simples. Cada familia sacará un papel con el platillo que debe preparar. La competencia durará una hora. Finalmente, el subdirector Wilson, un representante de Fideos Teswah y un reconocido crítico gastronómico serán los jueces.
—¡Muy bien! La primera familia en llegar a esta prueba, la familia Melkvi, ¡puede comenzar a cocinar con amor!
—Ah, y una cosa más: durante todo el proceso, no pueden desatarse las cuerdas de los tobillos. ¡Que el amor fluya entre ustedes a través de esas cuerdas!
Esta vez, ambos rodaron los ojos al mismo tiempo. Competencia era competencia, ¿pero de verdad hacía falta tanto espectáculo? Aunque fueran una familia falsa, ni una familia real soportaría esto.
Pero sus pensamientos se desvanecieron con la llegada de otra pareja.
—¡Querido esposo! ¡Voy a poner todo mi amor en el platillo que prepare contigo!
—¡Amor mío, yo también te daré todo mi amor en esta cocina! ¡Vamos a empezar!
Leon y Roshwitha quedaron tan mareados con esa escena que ni siquiera supieron qué decir.
—Tanta miel… ¿y si nos toca hacer comida para perro? —gruñó Roshwitha, recuperándose primero. Le dio un codazo a Leon—. Vamos, a sacar papelito.
—Sí, sí.
Se acercaron al cajón de los papeles. Se miraron, y Leon se ofreció:
—Voy yo, tengo buena suerte.
Sacar un buen platillo era clave: si era fácil de preparar y sabroso, tenían casi asegurado un buen puesto. Pero si era complicado y delicado, cualquier error podía costarles caro.
Leon metió la mano, revolvió un poco y sacó un papel. Roshwitha se inclinó para mirar mientras lo abría lentamente.
—Crema…
Las primeras palabras eran “crema”. Ambos suspiraron de alivio.
¡Buena elección!
¿Y por qué era buena? Porque un platillo simple con crema podía ser delicioso y superar fácilmente al de los demás. La crema tenía ese don mágico. Y claro, la harina, los huevos y el azúcar también ayudaban.
Para el público era buena. Para el paladar del subdirector, era buena. Y para Leon y Roshwitha, sin duda, también.
Solo al oír “crema”, Leon ya se estaba riendo sin siquiera ver el resto.
—Profiteroles.
—¿¡Profiteroles!?
Abrieron el champán antes de tiempo.
Ese nombre trajo de inmediato recuerdos de cierta noche con Long Dali.
Una noche que ninguno de los dos había olvidado. Leon, medio loco tras chocar cabezas con Dali, y Roshwitha, entre resistencia y entrega, igual a… profiteroles (versión adulta).
Incluso a la mañana siguiente, Roshwitha usó un profiterol para despertar la memoria de Leon sobre lo ocurrido.
Pero jamás imaginaron que los profiteroles les cobrarían venganza.
Los dos se quedaron sin palabras, ruborizados, compartiendo una complicidad incómoda.
—¿Así que esto era tu buena suerte? —lo pinchó Roshwitha.
Leon también se sonrojó.
—¡Injusto! ¡Esto es claramente personal!
¡Me hace pensar cosas que no debería!
Roshwitha se aclaró la garganta.
—¿Y tú sabes siquiera hacer profiteroles?
—¿Cómo sabes que no sé?
—¡Tú…!
—Además, ¿no los hiciste tú antes?
—Eso fue Anna. Yo no tengo idea de repostería.
Leon se agarró la cabeza.
—¿¡Quién metió “profiteroles” en esa caja!? ¡Voy a reclamar! ¿No podemos sacar otro?
—Sí, pero perderíamos el puesto.
Mientras debatían su tragedia, un miembro del staff se acercó.
—¿Qué les tocó? Oh, profiteroles, ¡qué buena elección!
Leon sonrió con rigidez.
—Gracias…
—¿No tienen mucha experiencia con la repostería? —preguntó el staff.
Ambos negaron con la cabeza.
—No hay problema. Para evitar esto, preparamos instrucciones detalladas para cada platillo.
Sacó una hoja plastificada con todo el paso a paso.
—Es una competencia familiar, ¡así que diviértanse! ¡Buena suerte!
Aún atados por las piernas, se ayudaron a ponerse los delantales sin mirarse mucho. Pero por alguna razón, lo que debía ser un simple “ponerse ropa”, en sus mentes era “quitarse la ropa”.
Roshwitha respiró hondo y empezó a leer.
—Paso uno: leche…
Solo pronunciar “leche” le hizo detenerse un segundo.
—Vierte la leche en una cacerola pequeña… leche… leche… ahí está, pásamela.
Leon se la pasó obedientemente, sin decir palabra.
Paso dos: mantequilla…
¿Mantequilla qué?
Paso tres: rellena…
¿Rellenar qué?
Cada palabra sonaba inocente, pero juntas… eran otra cosa. A medida que avanzaban, Roshwitha sentía su cara más roja. Los recuerdos de aquella noche eran demasiado vívidos.
Finalmente, Leon no aguantó.
—¿Por qué te pones así? ¿Te da pena hacer profiteroles?
Conociéndola, sabía que se estaba imaginando cosas, así que se adelantó.
—¿Quién se pone roja? ¡Hace calor, eso es todo! Y tú, mírate, ¿acaso estás pensando cosas indecentes? —le devolvió ella.
—¿Y cómo sabes qué cosas son?
—Uy, no dije nada y ya estás confesando…
—¡Tengo mi carácter! —refunfuñó Leon.
—Ya basta —le metió la receta en el pecho—. Tú cierne la harina, yo bato los huevos. Rápido.
—Sí, sí…
Desde la zona de juegos, se oía el animado narrador:
—¡Oh~! Parece que el combate de globos está en su punto más alto. Solo quedan cuatro dragoncitos en el campo. Dos de la tribu Garra, uno de Hielo… ¡y parece que los tres se han aliado para atacar a la pequeña Dragona Plateada!
—¡La recuerdo! Es Noia, la estudiante más joven de la clase este año, pero sobresale en todo.
—¿Podrá Noia enfrentarse a tres oponentes?
Leon y Roshwitha miraron hacia la zona de juegos. Efectivamente, tres niños dragones de unos siete u ocho años rodeaban a Noia.
—Parece que se ha corrido la voz de que Noia puede con tres sola, así que ahora se aliaron para derrotarla primero —dijo Leon.
—¿No estará en peligro? —preguntó Roshwitha, preocupada.
—No, yo confío en nuestra hija.
Roshwitha parpadeó al escuchar ese “nuestra hija”.
—Nuestra… hija…
Antes de que pudiera procesarlo, Leon gritó emocionado:
—¡Sí! ¡Ese giro en el aire fue perfecto! ¡Enséñales quién manda, enana!
Y sin querer, una nube de harina aterrizó en la mejilla de Roshwitha.
Leon, por la emoción, agitó el puño y esparció la harina.
—¡Uy! Perdón, perdón. Es que nuestra hija es demasiado genial…
Usando su manga, le limpió la cara. Justo en ese momento, el presentador notó la escena:
—Mientras Noia resiste contra tres enemigos, ¡sus padres también muestran amor en los detalles! ¡Qué pareja tan entrañable!
Leon se quedó congelado con la mano en la mejilla de ella.
Y si bien creían que era solo un pequeño incidente… el comentario del presentador lo convirtió en una escena romántica.
—Por suerte, están lejos y no ven con claridad —intentó consolarse Leon.
Pero…
—¡Ya que estamos lejos, usemos la Piedra de Imagen de alta escala para proyectarlo a todo el estadio!
Y así, la escena apareció en pantalla gigante.
El subdirector Wilson, en la zona VIP, se acarició la barba con satisfacción.
—Qué pareja ejemplar escogí. Les falta poco para que se les aparezcan las palabras “pareja amorosa” en la frente.
El representante de fideos y el crítico gastronómico asintieron emocionados.
Pero los protagonistas no compartían la emoción.
—¿Qué dragón hay que matar para terminar este festival ya? —gruñó Leon.
—Yo sugeriría matar a todos los testigos.
Luego del comentario sarcástico, volvieron al trabajo.
—Paso cuatro: dar forma al profiterol.
Roshwitha frunció el ceño.
—Dar la forma deseada… pero el único molde que dio la escuela es…
Miró el molde, y Leon ya lo tenía en la mano, comparando largo y grosor.
Roshwitha se tapó la cara.
—Bah… problema del molde, no mío. ¡No me gusta esta forma! —se decía mientras formaba la masa.
Ya casi terminaban cuando llegó una buena noticia.
—¡Felicidades a Noia K. Melkvi, quien logró la victoria final en el combate de globos!
La pequeña figura, agotada y sin aliento, levantó el pulgar hacia la pareja.
—¡¿Vieron eso?! ¡Esa es la hermana de Muen! ¡Qué genia! —gritaron las porristas.
Con semejante actuación de su hija, los padres no podían quedarse atrás.
Con energía renovada, fueron al paso final:
—Abre el profiterol por un lado y… rellénalo con crema.
Roshwitha tragó saliva.
—Rellenar…
Ese verbo… otra vez le trajo recuerdos que quería reprimir.
Leon no recordaba mucho de aquella noche con Long Dali, pero Roshwitha lo tenía grabado a fuego. Y ese “rellenar”… no era ninguna metáfora.
—¿Qué pasa? ¿Temes que se derrame la crema? Tranquila, yo relleno, tú abre el profiterol —dijo Leon.
—¿Eh…?
—¿Qué “eh”? ¡Apúrate, el equipo de al lado ya casi termina! Toma.
Le pasó uno ya cortado. Roshwitha bajó la mirada y abrió el lateral suavemente.
No.
No estaba bien.
¡Esto no estaba bien para nada!
Esa acción… era idéntica a lo de aquella noche…
—Sujétalo firme, voy a meter la crema —avisó Leon.
—…Ok.
Squish, squish…
—¡Ey, despacio! ¡Se está saliendo! —gritó Roshwitha.
—¡Ups, perdón! Presioné muy fuerte.
Y así, entre escenas dudosas y trabajo en equipo, terminaron los tres profiteroles.
Los observaron con orgullo.
—Definitivamente, lo indecente no son los profiteroles… somos nosotros —reflexionó Leon.
—Corrijo:túeres el indecente. Gracias.
—¡Eh! ¡Tú fuiste la que hizo la broma con los profiteroles aquella vez! Yo era puro e inocente.
Roshwitha le lanzó una mirada de reojo, se enderezó, tomó la bandeja y dijo:
—Vamos, es hora de entregar el platillo.
Leon prefería decir “presentar el tributo”, pero sí, ya era hora. Solo quedaba esperar qué puntuación recibirían sus “profiteroles” llenos de recuerdos vergonzosos.
Al acercarse a la mesa de jueces, un asistente por fin les quitó las cuerdas de los tobillos.
¡Libres al fin!
Cada juez tomó un profiterol y comenzó a probarlo.
El representante de fideos comentó:
—Mmm, no está mal. Aunque con carne deshebrada estaría mejor. Le doy un siete.
El crítico gastronómico se relamió:
—La masa es crujiente, la crema suave… Aunque le falta ese rubor vergonzoso que hace bajar la mirada, tiene el sabor de la felicidad. Le doy un nueve.
Leon le murmuró a Roshwitha:
—Si hablar tonterías te hace crítico, yo también quiero entrar.
Ella contuvo la risa y lo mandó a callar.
Finalmente, el subdirector Wilson:
—La apariencia del profiterol es excelente, el aroma envolvente. ¿Acaso suelen hacer estos en casa?
Ambos se miraron. ¿Responder a eso?
Roshwitha susurró:
—Vacaciones de siete días…
Leon captó la indirecta y dijo:
—Sí, subdirector. Mi esposa y yo solemos hacer profiteroles. Los amamos, y disfrutamos mucho prepararlos juntos.
Mientras lo decía, se repetía mentalmente:Son profiteroles, solo profiteroles. Mi corazón es puro. Puro.
—Jajaja, parece que su vida en pareja es animada. Díganme, ¿estos profiteroles están llenos de sus sentimientos?
Ambos sabían qué debía responderse aquí. Como en la entrevista inicial: mentir con descaro.
Se miraron, se tomaron de la mano (ya les salía con demasiada naturalidad), y dijeron:
—Sí, subdirector. Aunque sean simples profiteroles, llevan nuestro amor profundo y especial.
Leon miró la crema blanca y espesa y agregó:
—Sí… muy espesa… muy intensa.
—¡Qué respuesta tan satisfactoria! ¡Puntaje perfecto! ¡Felicidades a ambos!
Merecedores, sin duda, del título de familia ejemplar en la que tengo puesto el ojo. Su amor es capaz de hacer que hasta la comida más común sepa deliciosa. ¿Cuántas familias pueden lograr algo así?
Una vez finalizada la ronda de puntuaciones, Noia también se acercó para unirse a ellos, esperando juntos el resultado final del ranking.
Media hora más tarde, el subdirector Wilson apareció con la lista en mano y anunció con solemnidad:
—Ya tenemos los resultados del primer Festival Deportivo Familiar de Padres e Hijos de la Academia St. Hys. Permítanme anunciar los tres primeros lugares.
—En tercer lugar, ¡la familia Alex del Clan Dragón Garra! Recibirán un cupón de fideos otorgado por Teswah Dragon Noodles, ¡válido por cincuenta años!
—En segundo lugar, ¡la familia Rose del Clan Dragón del Viento! Su premio será un grimorio mágico raro de rango B.
—Y el primer lugar es~~~
El director alargó deliberadamente el tono, despertando la expectación de todo el público.
Leon no pudo evitar apretar el puño con fuerza, y Noia se aferró con más fuerza al brazo de su madre.
—Pero antes, ¿qué les parece si escuchamos un breve anuncio de los Fideos Teswah?
—¡Aaaaaaahhhh…!
El público dejó escapar un largo suspiro colectivo.
El subdirector sonrió y levantó la mano:
—Tranquilos, tranquilos, solo era una bromita. Ahora sí, vamos con el primer lugar, y es…
—¡La familia Melkvi del Clan Dragón Plateado! ¡Felicitaciones para ellos!
Miles de dragones en el público se pusieron de pie para aplaudir con entusiasmo.
Noia y Roshwitha suspiraron visiblemente aliviadas.
—Como ganadores del primer lugar, su premio es… ¡unas lujosas vacaciones de siete días en un balneario termal!
Al escuchar eso, la sonrisa de Leon se congeló en su rostro.
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