Capítulo 015
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 15: Marido y mujer, navegando con viento a favor
Al escuchar esas palabras, los ojos de Roshwitha brillaron levemente y bajó lentamente las piernas que tenía alzadas, enderezándose desde su postura perezosa en el sofá.
Tan aguda como siempre, Roshwitha captó de inmediato la implicación en las palabras de Leon.
—¿Estás diciendo que dentro de mi Clan del Dragón Plateado hay un infiltrado de la facción de Constantine?
—Sí. Ya lo sospechaba vagamente cuando Constantine atacó —respondió Leon—. Pero no había tenido tiempo de profundizar en ello. Así que ahora me gustaría saber tu opinión.
La verdad, a Leon no le preocupaba particularmente que el Clan del Dragón Plateado fuera infiltrado por externos. Su única preocupación era su hija… bueno, y Roshwitha, si tenía que incluirla.
Bueno, muy a regañadientes la incluía. Después de todo, si le pasaba algo, sus hijas estarían tristes. Sí, sólo se trataba de preocuparse por la jaula porque el ruiseñor vivía en ella.
Volviendo al punto.
Si su especulación era correcta, y realmente había un topo dentro del Clan del Dragón Plateado, entonces sin duda representaba una amenaza para su esposa e hijas.
En ese caso, aunque no tuviera intención de ayudar al clan como tal, sí era necesario advertir a Roshwitha, o directamente ayudarla a eliminar a esa infiltrada.
Al igual que cuando el Clan del Dragón de la Llama Carmesí atacó de repente, Leon no intervino de inmediato.
Porque, según la situación inicial del combate, parecía que las tropas del Clan Plateado lideradas por Anna podían resistir con ventaja gracias al terreno, y Roshwitha y Noia estaban a salvo.
No fue hasta que Constantine apareció en el campo de batalla personalmente, rompiendo la línea defensiva de Anna con fuerza abrumadora y representando una amenaza real para Roshwitha y las niñas, que Leon se puso nuevamente su armadura negra y dorada y corrió al campo de batalla.
La traición del Imperio no significaba que Leon hubiera abandonado su resentimiento hacia la raza de los dragones.
Entre los dragones, individuos como Roshwitha —relajados y enfocados en los asuntos internos del clan— eran muy escasos. En su mayoría, seguían siendo fieros y combativos.
Roshwitha reflexionó un momento antes de responder:
—Desde el ataque de Constantine hasta ahora no ha pasado tanto tiempo, y entre medio ocurrieron varios… incidentes imprevistos. Así que no he tenido la oportunidad de analizar bien el asunto.
Los llamados “incidentes imprevistos” probablemente se referían a los días en los que Leon regresó al Imperio.
Para Roshwitha, eso sí que fue un evento inesperado y lo suficientemente significativo como para sacudirle la mente y dejarla sin cabeza para pensar en otra cosa.
Sin embargo, mientras no lo expresara en voz alta, Leon, por más inteligente que fuera, no lo adivinaría. Ella no permitiría que pensara que su corazón se había agitado por su culpa.
Esperarlo cinco días y llevarlo de regreso a casa ya era más que suficiente para darle la cara a ese desgraciado. Si le daba más espacio, ¡capaz que se creyera el rey del mundo!
Como era de esperarse, la atención de Leon se dirigió a la última parte de las palabras de Roshwitha.
—Hmm… Entonces, ¿significa que ya habías considerado la posibilidad de que hubiera un topo en el clan?
Roshwitha asintió.
—Por supuesto. Tenía pensado ocuparme de eso una vez que volvieras y descansaras unos días, pero luego mencionaste lo del viaje a la playa, así que decidí dejarlo para después del regreso.
Leon parpadeó y sonrió, preguntando:
—¿Y no temías que el topo causara problemas mientras tanto, o que escapara?
—Antes de irnos, ya había ordenado a Anna vigilar de cerca a las personas del templo, especialmente a las sirvientas —respondió Roshwitha—. Después de todo, en ese momento, sólo ellas sabían la fecha exacta de mi parto, así que hay una alta probabilidad de que el topo esté entre ellas.
Tras una breve pausa, Roshwitha también sonrió y le devolvió la pregunta:
—Ya que lo habías notado, ¿por qué insististe en llevar a Noia y a los demás a la playa primero?
Leon se encogió de hombros.
—Me llevé a mis hijas. Aunque el topo quisiera hacer algo, no podría hacerles daño. Y si quería huir, que huyera. Después de todo, Constantine está muerto, ¿a dónde más podría ir?
En efecto, para un padre entregado, sólo sus hijas eran lo más importante. Pero lo cierto es que el análisis de Leon también tenía lógica.
Combinado con las órdenes de Roshwitha a Anna antes del viaje, para vigilar de cerca a la gente del templo, aunque la pareja no lo discutió previamente, el resultado final fue más que satisfactorio.
Eso es lo que se llama profesionalismo.
Y como dijo Leon, con Constantine muerto, es probable que el topo al que se referían ahora mismo estuviera completamente desorientado respecto a su futuro.
—Es imposible que escape —dijo Roshwitha—. Primero, porque Anna ha estado muy alerta estos días. Si alguien del clan intenta huir, es porque ha hecho algo indebido, y el topo lo sabe.
—Segundo, como tú dijiste, Constantine ha caído y ya no tienen adónde ir. Así que… si queremos atraparlo, en realidad no será difícil.
Después de estas palabras, ambos se miraron inconscientemente.
Sus ojos, negro y plateado, se encontraron a la luz de la luna que entraba por la ventana.
Pasado un momento, ambos sonrieron al mismo tiempo y, como si estuvieran sincronizados, se señalaron mutuamente con el dedo índice, como diciendo: “Ah, tú también eres bastante bueno”.
—El señor Casmode realmente sabe cómo navegar con viento a favor —dijo Roshwitha con tono burlón.
—La señorita Melkvi no se queda atrás —replicó Leon, con igual tono juguetón.
A pesar de que en apariencia parecían polos opuestos, sin nada en común, en realidad compartían una habilidad especial: la de adaptarse a la corriente con soltura.
Hay que admitir que, gracias a ese topo, Constantine eligió atacar justo cuando Roshwitha se encontraba más vulnerable.
La táctica tenía altas probabilidades de éxito; si las cosas hubieran salido de otra manera, no habría sido Constantine quien muriera ese día, sino Roshwitha, la Reina del Dragón Plateado.
Pero ahora que todo había terminado y la cabeza de Constantine colgaba en la frontera del territorio del Clan del Dragón Plateado, ¿qué temor podrían tener ante un topo solitario que aún se escondía? Solo era cuestión de tomarse el tiempo para montar una buena trampa y capturarlo.
Y hablando de trampas, esta pareja era experta. Después de todo, ya fuera el marido atrapando a la esposa o la esposa atrapando al marido con palabras, estaban más que acostumbrados.
Después de un rato de bromas, Roshwitha preguntó:
—Entonces, ¿tienes algún plan para sacar a la luz al topo?
Los ojos de Leon brillaron levemente mientras pensaba, sin responderle directamente. En su lugar, con una sonrisa confiada, replicó:
—¿Y si te dijera que ya sé quién es el topo, y que sólo me falta hacer que confiese por voluntad propia? ¿Me creerías?
La reina frunció el ceño con escepticismo.
—¿De verdad?
—Claro que sí. ¿Cuándo te he mentido?
—¿Hah? ¿No me has mentido nunca, dices?
—Madre Dragón, tienes que saber distinguir entre mentiras piadosas y—
Roshwitha agitó la mano, harta de escuchar sus justificaciones.
—Ya, ya… Estoy dispuesta a vivir dentro de tus mentiras piadosas. Ahora dime, ¿quién crees que es el topo?