Capítulo 023
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 23: Ahh ahh
—¡Hey, hey, ¿viste eso? ¡Su Majestad y el Príncipe están trabajando juntos ahí!
—¿En serio? Nunca los había visto sentados juntos en el trono.
—Parece que van a tener que mandar a hacer un trono más grande.
—¿Desde cuándo están así?
—Desde esta mañana. ¡Han estado pegados todo el día! Ugh, ¡y yo me vengo a enterar justo antes de la hora de salida! Si tan solo hubiera pedido trabajar hoy como limpiadora en el santuario, ¡pude haberlos observado por horas!
……
Las doncellas se escondían en una esquina del Santuario del Dragón Plateado, espiando en secreto a la pareja real.
No es que Rosvitha y el Príncipe salieran mucho juntos en escena.
La mayoría del tiempo, uno se encargaba de los asuntos en el santuario mientras el otro cuidaba de las niñas en el patio trasero. Pero hoy, no solo habían pasado todo el día juntos, ¡sino que incluso trabajaban juntos!
Estaba claro: la relación entre Su Majestad y el Príncipe se estaba calentando otra vez, y cada vez se volvían más cercanos.
Las fans de la pareja podían imaginarse toda una telenovela emocional a partir de una sola escena.
Que los sentimientos entre Rosvitha y Leon se hubieran reavivado o no, era irrelevante por ahora, pero lo que sí estaba claro era que el trono en el que se sentaban juntos ya debía estar bien calientito.
Rosvitha y la doncella de antes tenían razón: de verdad necesitaban un trono más grande.
Las doncellas, apretujadas en la esquina, seguían shippeando a la pareja cuando de repente oyeron la voz de la doncella jefa detrás de ellas.
—¿Por qué están todas aquí reunidas en lugar de terminar sus tareas?
—¿Doncella Jefa? Shhh~~~ —Una de las doncellas más jóvenes le hizo una señal de silencio con el dedo y le hizo señas a Anna, que acababa de llegar, para que se acercara.
Anna, sin entender, se aproximó igual y miró hacia donde la doncella señalaba. Entonces, también abrió los ojos sorprendida.
—De verdad se están acercando… —susurró, asombrada.
—Doncella Jefa, ¿no vino hoy al santuario? ¿Hasta ahora lo ve? —preguntó la jovencita.
—Mm, estuve inspeccionando la frontera, acabo de regresar.
Tras una pausa, la normalmente severa Anna murmuró con algo de rencor:
—Si lo hubiera sabido, me habría quedado en el santuario hoy…
Al oír eso, las doncellas suspiraron aliviadas. Habían pensado que Anna las regañaría por holgazanear y centrarse solo en shippear a la pareja.
Para su sorpresa, la Doncella Jefa resultó ser la fan número uno.
Tal vez debían renombrar al grupo de limpieza como “Fanclub Oficial de Lady Melkvi y Lord Casmode”.
En ese momento, en el trono, Rosvitha echó un vistazo al sol poniente por la ventana. Ya casi se ocultaba.
Guardó los documentos que aún no había terminado de revisar y se apartó un mechón de cabello detrás de la oreja.
—Terminamos por hoy.
—Ah, está bien.
Ambos se levantaron al mismo tiempo.
Mientras Rosvitha exhalaba aliviada, notó por el rabillo del ojo al grupo de chismosas en la esquina del santuario.
Las doncellas, al verse descubiertas, se dispersaron a la velocidad de la luz.
Solo Anna quedó de pie ahí, confundida.
¡¿Pe-pero cómo corren tan rápido?! ¡Seguro holgazanean mucho en el trabajo para shippear a la pareja, ¿verdad?!
—Anna —la voz de la reina resonó en el vasto Santuario del Dragón Plateado.
Anna se recompuso de inmediato, asintió con solemnidad y respondió con respeto:
—Sí, Su Majestad.
—¿Cómo fue la inspección en la frontera?
—Sin inconvenientes. Todo está normal. Presentaré el informe mañana, Su Majestad.
—Bien, puedes retirarte a descansar.
—Sí, Su Majestad.
Anna suspiró aliviada, pero justo cuando se dio la vuelta y estaba por dar el primer paso, escuchó a Rosvitha decir:
—Espera, Anna.
—¿Sucede algo más, Su Majestad? —preguntó.
Rosvitha desvió la mirada un segundo hacia Leon, luego volvió a mirar a Anna, tratando de mantener la voz tan serena como siempre:
—El Príncipe y yo solo estábamos trabajando, nada más.
Anna parpadeó, algo desconcertada.
—Um… sí, lo entiendo, Su Majestad.
—De verdad, solo es trabajo.
—Sí… Su Majestad no necesita explicarme eso.
En realidad, Anna quería agregar un “Lo entiendo” al final, pero tras pensarlo un segundo, decidió no hacerlo.
Porque en ese momento, Rosvitha parecía algo nerviosa, y si Anna añadía ese “lo entiendo”, como insinuando algo… ¿no sería como empujar a Su Majestad a que se delatara?
A pesar de su cautela, el rostro de Rosvitha comenzaba a agrietarse.
Maldita sea.
Solo quería explicar casualmente por qué estaban sentados juntos. ¡No es que estuviera usando el trabajo como excusa para acercarse al Príncipe! ¡Solo estaban trabajando, trabajando, trabajando!
…Pero ¿por qué mientras más hablaba, peor quedaba todo?
Leon le tiró suavemente de la manga por detrás y le susurró:
—Deja de hablar. Si sigues así, tus doncellas van a armarse un drama de tres temporadas con final feliz.
Rosvitha suspiró, cerró los ojos y negó con la cabeza, luego recuperó su compostura.
—Muy bien. Anna, ve a descansar. Nos vemos mañana.
—Sí, Su Majestad.
Anna asintió respetuosamente, se dio la vuelta y se marchó.
Rosvitha respiró aliviada y miró a Leon.
—Volvamos también. Es hora de preparar la cena para nuestras hijas.
—Mm.
En la mesa, Leon sostenía a Luz en sus brazos y le daba cucharada a cucharada un batido nutritivo. La pequeña ya tenía dientes, así que en unos días debería poder comer sólido.
Mientras se sorprendía de lo rápido que crecía la niña dragón, Leon aún se daba tiempo para decir:
—Luz, di “papá”.
—Ahh ahh~
El balbuceo de siempre.
Leon no estaba seguro de si ese “ahh ahh” significaba “papá”, pero contando sílabas, probablemente no.
Rosvitha comía tranquilamente, y alzando la mirada hacia la escena de padre e hija, preguntó:
—¿De verdad quieres que la primera palabra de Luz sea “papá”?
—Tch, no es cuestión de si quiero o no.
La Reina alzó una ceja, interesada.
—¿Entonces qué es?
—Es que su primera palabra tiene que ser “papá”. Da igual si quiero o no.
La típica seguridad testaruda del hombre promedio hizo que Rosvitha quisiera rodar los ojos hasta el cielo.
Idiota, ni siquiera te diste cuenta de que te tuve distraído todo el día —pensó con orgullo, y luego dijo—: Ya veremos. La primera palabra de Luz va a ser “mamá”.
Y dicho esto, Rosvitha se inclinó hacia adelante, le estiró la manita a Luz y le pellizcó suavemente la colita.
—¿Cierto, Luz? Di mamá, ma
Y la respuesta de Luz fue la misma:
—Ahh ahh~
Bien, al parecer en idioma bebé, “ahh ahh” no significa ni “papá” ni “mamá”.
Al oír a sus padres discutir, Muen levantó la cabecita de pronto.
—¿Y por qué no puede decir primero “hermanita”? ¡Luz, di hermanita!
—Ahh ahh~
—Mami, ¿Luz es un loro? —preguntó Muen con total seriedad.
Rosvitha se rascó la cabeza y soltó una risita.
—Ahaha, tal vez por ahora solo sepa decir eso.
Con sus grandes ojitos rosados, Luz miró a su hermosa mamá, luego a su papá que la tenía en brazos, luego a su hermanita que no era mucho mayor que ella y, finalmente—
—Ahh ahh~
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