Capítulo 03
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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**Capítulo 3: Compré un traje de baño muy sexy**
Por la tarde, como acordaron, Leon acompañó a Rosvitha a la tribu Dragón Plateado para comprar trajes de baño. Aunque llevaba más de un año como príncipe, era la primera vez que iban de compras juntos allí.
Normalmente compraban en **Ciudad Celestial**, donde podían pasar desapercibidos como una pareja común. Pero en la tribu, debían fingir afecto para mantener las apariencias.
—
**En el camino**
Mientras caminaban por el sendero hacia la tribu, Rosvitha tomó la mano de Leon *casi* naturalmente.
A ella le gustaba sentir su palma ancha y callosa, marcada por años de entrenamiento. Esas manos ásperas pero cálidas la hacían sentir verdaderamente… *conquistada*.
*Además, su calor neutraliza mi frío natural*, pensó, recordando el invierno pasado cuando estaba embarazada de Luz. Incluso bajo las cobijas, sus manos y pies helados encontraban refugio en el calor de Leon.
*(Un «calientito» con abdominales. Mmm… doble funcionalidad.)*
Al notar que sonreía sola, Leon arqueó una ceja.
—¿Qué tiene de gracioso el camino? Pareces una adolescente en su primera cita.
—¿Y tú sabes cómo actúan las adolescentes? ¿Has salido con alguien más que conmigo? —replicó ella, clavando el dardo.
Leon, que en sus 20 años previos solo había rechazado confesiones amorosas para no perder tiempo de entrenamiento, decidió picarle:
—Claro. ¿Acaso me lo prohibirías?
Rosvitha lo miró con desdén.
—El héroe matadragones debe tener miles de admiradoras. ¿Cómo me atrevería a controlarte?
Leon olfateó el aire.
—Huele a… **vinagre fuerte**.
—¿Estás diciendo que estoy celosa? —ella levantó la barbilla—. No soy un tarro de vinagre.
—¿No?
—**No.**
—Como digas.
*(Cuando la Reina Vinagre habla, mejor asentir.)*
—
**En la tienda**
Al entrar, la dueña y empleadas hicieron una reverencia exagerada. Rosvitha las detuvo con un gesto:
—Sigan con su trabajo. Solo estamos mirando.
Se dirigieron a la sección de trajes de baño. Rosvitha eligió uno negro, diminuto y de tirantes finos.
—¿Qué te parece?
Leon entrecerró los ojos.
—No me gusta.
Probó con otro similar.
—¿Y este?
—Tampoco.
Un tercero, igual de revelador.
—Este resalta mi figura —dijo ella, maliciosa.
Leon se aclaró la garganta.
—No. Es… inadecuado.
Rosvitha se acercó, sosteniendo el traje contra su cuerpo.
—Ah, ya entiendo. **Temes no poder controlarte si me lo pongo.** Que termines confesándote bajo la luz de la marca dragón… —susurró al oído—. Dime que lo quieres ver y lo compraré… *para usarlo en privado*.
Leon retrocedió como si lo hubieran quemado.
—¡No quiero verlo! ¡Cómprate lo que quieras!
Ella rio y eligió un **enterizo conservador** que solo mostraba un poco de clavícula.
*(¿»Un poco más de tela»? ¡Esto es un saco de dormir comparado con los anteriores!)*
Pero Leon no se quejó. Si Rosvitha usaba esos trajes *provocativos*, terminarían repitiendo el *»incidente del onsen»*. Y su energía debía reservarse para… otras actividades.
—
**Al salir**
—¿Por qué tardaste? —preguntó Leon.
—Nada importante. Ahora compremos protector solar.
El viaje a la playa no solo cumpliría la promesa a sus hijas, sino que también **tranquilizaría a Noia**. Leon quería que entendiera: sus padres nunca la abandonarían.
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