Capítulo 07
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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**Capítulo 7: ¡La pequeña Luz golpea a Leon!**
Al anochecer, la familia disfrutaba de una parrillada al aire libre junto al mar. Leon, con delantal y tenazas, asaba con dedicación un trozo premium de pierna de res.
Las brasas crepitaban, y el aroma de la carne impregnaba el aire.
Noia y Muen, con tenedores en mano, esperaban ansiosas a ambos lados de su padre.
—Esta carne es mucho mejor que el Yak Blindado que comes normalmente, Muen —comentó Leon mientras daba vuelta los filetes.
Rosvitha, aunque experta en cocina, no era exigente con la comida. Sosteniendo a Luz en brazos, observaba en silencio la espalda de Leon mientras trabajaba.
La pequeña Luz, aunque aún sin dientes para comer carne asada, olfateaba el aire con curiosidad.
—Todavía no puedes comer, cariño —dijo Rosvitha, acariciando la mejilla de su hija antes de ofrecerle un batido nutritivo.
Mientras alimentaba a Luz, Rosvitha sonreía satisfecha. **Criar una hija era increíblemente gratificante.**
Hace un año, cuando cuidaba de Noia y Muen, también había sentido esa emoción, pero mucho más tenue. En ese entonces, Leon estaba en coma, y sus sentimientos hacia él estaban teñidos de rencor.
Ahora, aunque su familia era una farsa, el amor que compartían era real. Eso bastaba.
Sin embargo, tras esa fachada idílica, alguien cargaba con el peso de la mentira.
**Lo que Leon no sabía:** Durante su embarazo, Rosvitha tuvo pesadillas recurrentes donde él abandonaba el Templo Dragón Plateado, a sus hijas… y a ella.
Esos sueños la despertaban sobresaltada en medio de la noche, con el corazón acelerado. Solo al ver a Leon a su lado recuperaba la calma.
No entendía por qué esos sueños la perturbaban tanto. Tal vez era el miedo a perder esta frágil felicidad.
Esos cinco días que Leon estuvo en el Imperio fueron una tortura. Temía que no regresara, que tres meses de separación fueran demasiado, que nunca más volvieran a verse.
Incluso ahora, ocasionalmente recordaba esa angustia.
*»¿Quién más podría hacer que la Reina Dragón Plateada perdiera el sueño?»*
—¡Guau guau! —Luz terminó su batido y tiró del pequeño mechón de Rosvitha.
—Qué niña más de mamá —susurró Rosvitha—. Con papá das uppercuts, pero conmigo solo tiras del pelo.
Leon se acercó, ansioso por cargar a su hija:
—La parrillada está lista. Yo me encargo de Luz.
Al inclinarse para besarla…
*¡Slap!* **Otro uppercut.**
—¿Otra vez? —Leon frunció el ceño.
Rosvitha se rio tras su mano:
—Parece que nuestra hija es incompatible contigo.
—Es pequeña, golpea todo lo que ve. **A ti también te pegará** —retó Leon.
—Luz no me golpearía —respondió Rosvitha, acercando su mejilla a la bebé.
La pequeña levantó su puño… y **acarició** suavemente el rostro de su madre.
—¿Ves? Solo te pega a ti —dijo Rosvitha, triunfante.
—¡Debe ser coincidencia! —Leon intentó de nuevo, solo para recibir **otro uppercut**.
—¿¡Por qué!? —gimió, derrotado.
Rosvitha le dio una palmadita en el hombro:
—Te acostumbrarás.
—¿A que dejará de golpearme?
—No. **A que te seguirá golpeando.**
Mientras Rosvitha y las niñas disfrutaban la parrillada, Leon se quedó con Luz, decidido a ganarse su afecto.
—Esta vez, abraza a papá, ¿sí? —susurró, acercándose lentamente.
Luz extendió su manita…
*¡Paf!* **Uppercut número cuatro.**
—¡Guau guau! —aplaudió, encantada.
Derrotado, Leon se desplomó en la arena.
Noia, preocupada, preguntó:
—¿Papá, qué pasa?
—Solo está cansado —respondió Rosvitha, mordisqueando su brocheta—. Seguro se recupera pronto.
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