Capítulo 09
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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**Capítulo 9: ¡Los besos causan embarazos!**
Los besos en la playa tenían un sabor único.
La brisa fría y salada rozaba sus mejillas mientras el calor de sus labios creaba un contraste intenso. El cuerpo de Rosvitha era tan suave que Leon no quería soltarlo. Sus brazos rodeaban su cintura de avispa, sus pechos presionados contra su torso musculoso. Los dedos de Leon se enredaban en su cabello plateado, dejándose llevar por su fragancia.
Aunque percibía que Rosvitha intentaba profundizar el beso, Leon contuvo suavemente su lengua. *»Tonta dragona, ni siquiera sabe contenerse delante de las niñas»*, pensó.
El abrazo duró lo justo. Mostrar afecto era un arte: no por cantidad, sino por calidad.
Al separarse, Muen finalmente entendió por qué Anna decía «eso no es para niños». Noia, por su parte, sintió aliviar sus dudas: ese beso confirmaba el amor entre sus padres. Incluso ella, secretamente, ya planeaba su próxima redacción escolar: *»Mi ‘ship’ favorito resultaron ser mis padres»*.
—
De regreso al hotel, Leon cargaba a Noia y Muen. Aún temía sostener a Luz, cuya puntería para los uppercuts era inquietantemente precisa. *»¿Tendrá un don innato para el boxeo?»*, especuló. Tras todo, Noia era prodigio académico y Muen tenía magia dual. ¿Por qué Luz no heredaría *algún* talento?
—Papá —Muen tiró de su camisa—. ¿Cómo se siente un beso?
Sus ojos curiosos parecían decir: *»Explica y lo practico ahora mismo»*.
Leon pausó. La educación sexual solía descuidarse tanto en humanos como en dragones. En lugar de evadir, buscó una analogía infantil:
—Es como chupar una gelatina. Si quieres probar la sensación, te compraré unas.
Muen agitó la cola emocionada.
—¡Sííí! ¡Gelatinas!
Noia se palmó la frente: *»¡Hermana, no ves que te distrae con dulces!»*. Pero cuando Leon ofreció:
—¿Tú también quieres, Noia?
—Eh… sí —respondió, rendida. *Al fin y al cabo, las gelatinas son más ricas que los besos.*
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En la habitación, Muen desgarró el paquete de gelatinas. Tocó una con los labios: fría, suave, con sabor a fresa.
—¿Así se siente besar? No es gran cosa… —tragó la gelatina y repitió el ritual con otra.
Noia le cedió las suyas. Muen, ahora recostada con la barriga hinchada, soltó un eructo.
—Hermana… ¿crees que besar hace crecer la panza? ¿Es señal de bebé?
Noia parpadeó. Su hermana continuó, lógica impecable:
—¡Claro! Mamá y papá se besaron en Ciudad Celestial… ¡y luego llegó Luz! ¡Basta un beso en la boca para embarazarse!
Era un vacío en el conocimiento de «Rey Juan». Sus ensayos jamás cubrieron reproducción.
—¿Embarazarse solo por besar…? —Noia reflexionó. La teoría sonaba plausible.
—¡Muen quiere otra hermanita! —la pequeña arrimó su cara, ojos brillantes—. ¡Hagamos que mamá y papá se besen más!
*Otra hermana.* Quizá así sus padres jamás romperían la familia.
Tras una pausa, Noia asintió.
—De acuerdo. **Operación Beso: ¡en marcha!**