Capítulo 030
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 330: Mira esta cabeza… es grande, redonda y muy robable
Después de la batalla, Isa daba órdenes con total organización a los guardias del santuario rojo mientras coordinaban la limpieza del lugar.
—Bajen la pierna del mamut que colgaba en la puerta. Revísenla a ver si la carne todavía sirve para asarla.
—Renueven todo el césped. Total, ya no queda ni un rincón intacto.
—También quiero el quiosco reconstruido. Pidan los materiales y el dinero a mi hermana. ¿Que no aprueba el gasto? ¡A ver si se atreve! Fue su marido quien me lo destrozó, ¡que lo pague su familia!
—Y ese… el cráneo de Konstantin, entiérrenlo en cualquier lado. Da muy mala espina verlo por ahí tirado.
…
El santuario rojo estaba hecho trizas. Dejarlo como antes iba a llevar varios días, si no más.
Un poco más atrás, Leon y Roswitha miraban en silencio cómo Isa manejaba la situación.
—Parece que de verdad no sospecha de ti —murmuró Roswitha.
—Obvio. Mi explicación puede sonar floja, pero en realidad fue…
—En realidad fue más floja todavía —lo interrumpió Roswitha.
Leon le lanzó una mirada, medio molesto.
—¡Fue a prueba de filtraciones! Tu hermana no tiene cómo encontrarle una grieta para sospechar de mí.
Y no mentía. Esa excusa, aunque simple, era precisamente por eso casi imposible de desmontar. Cuando ocultas algo importante, mientras menos adornos le pongas, menos cabos sueltos dejas.
Además, si más adelante necesitan retomar el tema del “misterioso grupo”, todavía hay espacio para improvisar algo creíble.
—¡Papá, mamá, tía! ¿Están bien?
Las voces de sus hijas sonaron a sus espaldas.
Los tres adultos se giraron al mismo tiempo. Bajo la escolta de varias sirvientas del santuario rojo, las pequeñas dragoncitas regresaban sanas y salvas.
Leon se agachó y alzó a Moon entre los brazos.
—Papá y mamá están bien. ¿Y ustedes? ¿Se asustaron?
Moon aún tenía una expresión nerviosa, aunque intentaba parecer firme. Negó con la cabeza con valentía:
—Moon no se asustó. La hermana mayor cuidó todo el tiempo de mí y de Lucecita.
Leon le acarició la mejilla con ternura. Sabía que su hija sí se había asustado, pero no quería admitirlo para no preocuparlos. Y él no iba a forzarla a hacerlo. A veces, el miedo es algo que uno mismo debe digerir.
—Fuiste muy valiente. Y Noa, Lucecita, ustedes también lo hicieron genial.
Isa también se acercó y alzó a Lucecita. Tres adultos, tres niñas. Solo faltaba la abuela para que toda la familia Melkvei estuviera completa.
Con Lucecita en brazos, Isa miró los restos destruidos de su santuario y suspiró.
—Va a haber mucho trabajo de reconstrucción… Me parece que mañana no podré ir con ustedes a Ciudad Celeste para las fotos.
Lucecita, con sus grandes ojos rosados, miró por encima del hombro de su tía hacia sus padres. Roswitha entendió de inmediato lo que su hija quería decir, así que asintió con una sonrisa.
Lucecita enseguida volvió a apoyar la carita en Isa y, jugueteando con su cabello rojo, dijo en voz dulce:
—No hay prisa, tía. Cuando termines tu trabajo, vamos todos juntos~
Después de todo, era un plan familiar. No tenía sentido modificarlo por culpa de un pobre diablo perdedor en un torneo de resurrección.
—¿Y no va a interferir con tu ingreso, Moon? —preguntó Isa.
—No, tía —respondió la niña desde los brazos de su padre—. Todavía falta un mes para entrar a clases. Podemos esperar unos días más. Y quizá para entonces la abuela ya haya regresado~. ¡Así podríamos tomarnos una superrrrrrrr gran foto familiar!
—Tiene razón, hermana —dijo Roswitha—. Lo importante es estar todos juntos.
Leon bajó la mirada hacia Noa, que descansaba en los brazos de su madre.
Y justo en ese momento, Noa lo miró también.
Padre e hija se cruzaron la mirada por un segundo. En sus ojos, la misma queja muda:
Ya dijeron todo ustedes. ¿Qué nos queda por decir a nosotros?
Ambos se quedaron callados. Sin comentarios.
—Bueno —asintió Isa—, con una semana debería bastar para dejar todo en orden. Iremos juntos cuando esté listo.
—Perfecto.
Seguían charlando, cuando un guardia del santuario llegó corriendo, claramente alterado.
Se arrodilló frente a Isa, jadeando por el esfuerzo.
—M-Majestad… tenemos un problema. Cuando intentábamos encargarnos de la cabeza de Konstantin, ocurrió un incidente.
Antes de que Isa pudiera preguntar nada, fue Leon quien reaccionó primero:
—¿Qué pasó? ¿Alguien se la robó?
Después de lo del portal dimensional, Leon ya se había dado cuenta de que el cráneo que antes colgaba en la frontera del territorio plateado había desaparecido.
Y ahora, después de lo que había pasado esta noche, estaba seguro de que el Imperio se lo había llevado.
Ahora que el intento de resurrección había fallado, y que la escama pectoral de Blay había sido destruida, no deberían tener razón alguna para querer recuperar esa cabeza.
Pero claro… el Imperio nunca actúa con lógica.
Si fueron capaces de crear un monstruo así, ¿qué más no podrían hacer?
—S-sí, Príncipe Leon. Íbamos a transportar la cabeza al límite del territorio para incinerarla, pero en el camino apareció un dragón muy veloz. Nos sorprendió, hirió a dos miembros del equipo… y se llevó la cabeza de Konstantin.
—¿Pudieron ver cómo era ese dragón? —preguntó Isa con los ojos entrecerrados.
—Estaba todo muy oscuro —respondió el guardia—, pero pude notar que tenía alas azul oscuro, casi metálicas, que brillaban bajo la luz de la luna.
—¿Alas de ese color… con brillo metálico… y una velocidad increíble…? —murmuró Isa—. ¿Será el Rey Dragón de Alas de Hierro?
Leon y Roswitha se miraron. También pensaban lo mismo: que el que se había llevado esa cabeza era Fair, el dragón de alas de hierro.
El director Olett ya les había advertido que Fair había saboteado la expedición al extremo norte. Leon sospechaba que estaba coludido con el Imperio, igual que Konstantin, Ravi y otros.
Y si estaba cooperando con ellos, entonces robar la cabeza de ese monstruo creado con tanto presupuesto era lógico.
—Ya mandamos gente a perseguirlo, pero… —el guardia vaciló, sin atreverse a continuar.
Isa no lo regañó.
—No pasa nada. La velocidad de ese dragón es comparable a la de mi hermana. Es normal que no hayan podido alcanzarlo. Pueden retirarse.
—Sí, Majestad.
El guardia se fue. Isa se quedó pensativa.
—¿Y si ese Rey Dragón de Alas de Hierro también está relacionado con ese misterioso grupo que mencionaste, Leon?
Al escuchar eso, a Leon se le heló la espalda.
¿Cómo puede tener tan buen instinto esta mujer?
¡Y tan preciso además!
Definitivamente no por nada me peleaba cabeza a cabeza con ella en cada juego de cartas…, pensó Leon.
—Tal vez… o quizá tenía otro motivo para llevarse la cabeza de Konstantin —dijo, con tono ambiguo.
No podía decir más.
Con el caos de esta noche y tanto contratiempo seguido, ni siquiera Leon tenía la cabeza clara para inventar otra mentira convincente.
Así que lo mejor era hacer como si no supiera nada, desviar la atención, y lanzar cortinas de humo.
Mientras no relacionaran esto directamente con el Imperio, ya estaba bien.
Isa soltó un largo suspiro.
—Ay… no sé desde cuándo el mundo se volvió tan caótico.
Leon bajó la cabeza, incómodo, y murmuró para sus adentros:
Desde que me casé con tu hermana.