Capítulo 029
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 329 – 29 Una razón perfecta
León le dio una patada al cráneo de Konstantin, dejando que esa porquería de “balón desinflado” rodara por el suelo unas cuantas veces.
Él mismo retrocedió unos pasos, tambaleándose un poco. Se le notaba agotado.
Y con razón. Esta pelea, honestamente, podría estar al tope del “Top 10 de las batallas más épicas del General León”.
¿Y por qué en el primer lugar?
Porque, hasta ahora, ninguna otra le había metido tanta presión como esta.
Konstantin en sí no era un dragón rey particularmente fuerte (al menos, no comparado con León). Pero pensándolo bien, sus dos enfrentamientos con él sí que habían sido… memorables.
León miró esa cabeza podrida y soltó un bufido frío:
—Ahora sí, por fin puedes descansar en paz, viejo Kon.
Un “monstruo de stats” solo puede ser derrotado por un “monstruo fusionado”.
Y un monstruo fusionado… solo puede ser vencido por un “monstruo con mecánicas especiales”.
Si no fuera porque León se había guardado ese as bajo la manga para el Imperio, esta pelea no habría terminado tan fácil.
Apenas tuvo tiempo de recuperar el aliento, cuando escuchó pasos corriendo por detrás.
Se giró. Eran Roswitha e Isa.
Las dos hermanas se acercaron, miraron la cabeza de Konstantin.
—¿Ya lo resolviste? —preguntó Isa.
—Ajá. —León asintió.
—¿No estás herido?
Roswitha preguntaba mientras revisaba rápidamente sus brazos y hombros.
León sonrió y bajó suavemente su muñeca, luego le tomó la mano. Con esa presión, le dijo sin palabras que estaba bien.
—Tranquila, no me pasó nada —le aseguró.
La reina asintió ligeramente. Y bajo el amparo de la noche, dejó que ese rubor que se le subía al rostro se extendiera sin control.
Isa, por su parte, soltó un suspiro de alivio, se sacudió el polvo de la falda, cruzó los brazos y ladeó la cabeza mirando a los tortolitos.
—¿Ustedes dos no pueden esperar para ponerse cariñosos? ¿Quién me explica cómo ese pedazo de escama terminó explotando de repente como si fuera una bomba?
Como dragona reina con experiencia, Isa conocía bien las escamas pectorales.
Son como una “válvula” para la magia de los dragones, también una “medida de seguridad” que les impide autodestruirse por exceso de poder.
Dicho de otro modo: sí, esas escamas pueden ser auténticas bombas.
Pueden estallar no solo liberando toda la energía acumulada por siglos, sino también el poder mágico innato del propio dragón.
A lo largo de la historia, hubo más de un rey dragón que usó esa autodestrucción para arrastrar a su enemigo al otro mundo con él.
Pero el detalle clave era este: solo el dueño de la escama puede detonarla.
Si cualquier dragón pudiera hacer explotar la escama de otro, entonces las batallas ya no tendrían sentido: todos se dedicarían a buscar cómo calentar al enemigo para que se le descontrole la magia.
Por eso, que León la detonara con solo un chasquido… despertó bastante la curiosidad de Isa.
Al ver lo interesada que estaba su cuñada, la parejita se miró y, sin perder tiempo, activaron el “chat del grupo”.
Roswitha:
No le digas la verdad. Mi hermana es muy lista. Si mencionas al Imperio, lo va a sospechar al toque.
León:
Tranquila, dame un par de minutos y me invento una buena excusa.
Roswitha:
¿¡Dos minutos!? ¿Y qué hago yo mientras tanto, te los fabrico o qué?
León:
No hay otra, amor. A menos que quieras que descubra que tu esposo es un humano…
Roswitha:
¡Ugh! Eres un idiota. ¡Piensa rápido! Yo voy ganando tiempo.
Ambos soltaron las manos y se separaron. Roswitha dio un paso al frente, se puso junto a su hermana, apretó los labios y soltó:
—En realidad… eso no era una bomba de tiempo, como tal.
Isa la miró y alzó una ceja.
—¿Entonces qué era?
—Era… ¡una bomba con control remoto!
“……”
Isa la miró con cara de “¿es en serio?”
—Pequeña Lo, da igual si era de tiempo o a control. Era una metáfora, no te pongas literal.
Luego giró lentamente la mirada hacia León.
—Entonces dime tú, cuñado: ¿cómo lo hiciste?
—Ah… bueno, en realidad fue porque…
Roswitha empezó a entrar en pánico. Su mente iba a mil, buscando cualquier excusa que no fuera tan ridícula. Pero con lo perspicaz que era su hermana, cualquier mentira floja podía meterlos en más problemas.
Y Roswitha no era buena mintiendo. No tenía ese talento.
Justo cuando la reina empezaba a desesperarse, el muy condenado por fin habló.
—Bueno, la cosa es así, Isa —dijo León.
Isa asintió, animada.
—A ver, suéltalo.
—¿Recuerdas que desaparecí seis meses? Fue por una grieta espacial que me llevó, sin querer, veinte años al futuro. Lo sabes, ¿no?
—Sí, Lo me lo contó en una carta hace unos días. Pero no con detalle. Siempre quise preguntarte, porque eso de los viajes temporales… nunca lo había visto.
Isa lo miraba con los ojos brillando de emoción.
—¿Y eso tiene algo que ver con la explosión?
—Sí, un poco.
—Primero, esa escama no era la original de Konstantin. Era la del Rey Dragón del Sol Negro, Blai. Por eso pudo usar magia espacial, aparecer de la nada en tu templo y hasta esquivar el ataque final de Roswitha.
—¿Y cómo la hiciste explotar?
—Cuando volví del futuro, Blai y Jagas estaban atacando el templo plateado de Roswitha. Me tocó eliminarlos… y también a otros cuatro dragones rey.
—Pero no destruí sus escamas.
León tomó aire. Lo que venía ahora era pura improvisación.
Roswitha, al lado, estaba al borde de un colapso. Rezaba porque el idiota de su esposo no dijera ninguna burrada.
—En el futuro descubrí que un grupo misterioso estaba recolectando escamas de dragones. No sabíamos con qué intención, pero era evidente que eran enemigos.
—Así que, cuando volví al presente, en esa primera batalla, les hice unas pequeñas modificaciones a las escamas. Como una medida de precaución. Nunca se sabe cuándo puede ser útil…
—Como justo ahora.
León miró a Roswitha con complicidad.
León:
¿Qué tal mi explicación, amor? ¿Genial, no?
Roswitha (con cara de trauma):
¿Un grupo misterioso? ¿¡Eso fue lo mejor que se te ocurrió en dos minutos!? ¡Por favor! ¿Quieres que mi hermana te crea que un grupito random puede ser excusa para explotar escamas a distancia?
León:
¿Y por qué no? Me pareció una idea perfecta (convencido).
Roswitha:
Si mi hermana llega a tragarse esa tontería, te juro que…
—¡Ahhh! ¡Con que era eso! —exclamó Isa, como si le cayera el veinte.
…¡Y se la tragó!
León se encogió de hombros y miró a Roswitha con una sonrisita de «¿ves?».
León:
¿Y qué era que ibas a hacer, mi reina?
Roswitha:
Dije que iba a agarrar la mano de mi esposo y no soltarla nunca más. ¿Qué más?
Y como si lo dijera en serio, Roswitha se acercó, tomó su brazo y se le pegó suavemente al oído.
—Seguro que mi hermana anda medio aturdida de la pelea. Si no, ni loca se traga tu excusa. Así que aprovecha y calladito.
León le murmuró de vuelta:
—Luego le metemos parches. Lo importante es salir del paso esta noche.
Porque, seamos honestos, lo que dijo León fue un cuentazo.
Solo cambió “el Imperio” por “un grupo misterioso”. Todo lo demás, era cierto.
Y sí, el Imperio era la parte más sensible de toda esa historia. Si Isa llegaba a relacionarlo con León y los humanos… estaba frito.
Después de todo, los dragones no solo peleaban contra humanos. Había muchas razas compitiendo por los mismos recursos. Así que era fácil despistar.
Con Isa aparentemente convencida, la pareja soltó un largo suspiro de alivio.
Pero no sabían que, mientras tanto, Isa los estaba observando de reojo, pensativa:
“Hay algo… que no me termina de cuadrar.”
Ese cuñado suyo tenía un aura muy extraña. Pero tampoco podía interrogarlo a la fuerza. Así no conseguiría nada.
—Hmm… ya que él le dejó una trampa al famoso grupo misterioso, pues yo también me guardo una, para él.
—Es un buen esposo, padre y compañero.
—Pero no es… un buen mentiroso.