Capítulo 052
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 352: 52 – ¡Las ruedas del destino ya están en marcha!
El Toro Furioso, purificado de su alma colérica por Su Majestad la Reina, terminó convertido en hot pot de carne.
Claro, con varias toneladas de carne, ni aunque los cinco miembros de la familia León se pusieran a comer sin parar lograrían terminarlo…
León, muy seriamente, propuso que Roswitha comiera en forma de dragona. Seguro se lo acababa.
Y Roswitha, muy dignamente, le soltó un coletazo que lo dejó calladito.
Al final, invitaron a las doncellas y a varios guardias para disfrutar en conjunto de este inesperado manjar.
Todos se reunieron en el jardín. Comían hot pot, cantaban, tocaban música, y encendieron una hoguera para acompañar la noche.
Roswitha, agotada por el entrenamiento de la tarde, no bebió mucho. Solo comió un poco y fue a sentarse sobre el césped.
La brisa fresca de la noche le movió el flequillo plateado, dejando ver su frente tersa como jade.
Su rostro de diosa esculpida brillaba bajo la luz del fuego: pestañas largas, nariz delicada, ojos bajos y cansados.
Y precisamente ese toque de fatiga le daba un aire aún más maduro y seductor.
Entonces se oyeron pasos tranquilos acercándose, que se detuvieron justo a su lado.
León miró el vaso de jugo de naranja que ella sostenía.
—Hoy Su Majestad anda sin muchas ganas, ¿eh?
—¿Mm? ¿Por qué lo dices?
—No has bebido ni una gota de licor.
Roswitha se quedó un segundo pensativa y luego sonrió suavemente.
—Estoy cansada. No me apetece.
León se agachó y se sentó a su lado.
Cansada, seguro que estaba.
Desde que había conseguido el Juicio del Alma de manos de su maestro, Roswitha entrenaba sin descanso.
León sabía por qué quería hacerse más fuerte con tanta urgencia.
Después de tantas crisis y peligros, ella también había notado que el mundo estaba cambiando, y que si no actuaban pronto, iban a quedar arrastrados por la corriente de la historia.
Entrenar en exceso deja el cuerpo debilitado. Y seguramente eso influía en su ánimo de hoy.
Pero no era lo único…
—¿Sigues pensando en lo de esta tarde?
—¿Mm? ¿A qué te refieres?
—La primera vez que usaste el Juicio del Alma con el toro ese, no funcionó muy bien… o al menos, en apariencia.
Roswitha frunció los labios y se recostó sobre su hombro, dándole un toquecito con la cabeza.
—Ya lo sabías, ¿y aún así lo dices? ¡Un poco de respeto, que soy tu esposa!
León rió, pero enseguida se puso serio.
—No es cuestión de respeto. Escucha bien lo que dije antes.
Roswitha levantó una ceja y repasó mentalmente sus palabras.
Al cabo de un momento, dijo:
—Dijiste que “en apariencia” no había funcionado bien. ¿Por qué recalcarlo así?
—Porque en esa práctica con el Toro Furioso, descubrí algo importante sobre el Juicio del Alma.
—Es una magia distinta a las que conocemos. Y sus efectos… son bastante borrosos.
—¿Borrosos?
—Ajá.
León continuó:
—Te pongo un ejemplo fácil. Si tu aliento de dragón causa 100 puntos de daño y mi técnica Sumeru puede bloquear 90, entonces si me lanzas el aliento, me hace 10 de daño. Pero…
—Espera. —Roswitha levantó la mano.
—¿Qué pasa?
León creyó que ella ya había comprendido la idea y se preparó para recibir su alabanza.
Pero la dragona lo miró mal y dijo:
—¿Por qué asumes que mi ataque solo te hace 10 de daño? ¿Crees que te estoy haciendo un masaje?
—…Era un ejemplo, no seas tan literal.
Y murmuró por lo bajo:
—Si nos ponemos técnicos, ni 10 puntos me haces— ¡ay, no me pellizques! ¡Ya entendí!
Roswitha soltó su cintura y entornó los ojos.
—Recuérdalo bien, Casmod, aparte de magia tengo muchas formas de causarte daño físico real.
—Sí sí sí, Su Majestad es la más fuerte, Su Majestad manda. Volvamos al tema.
Roswitha asintió, atenta.
—Resumiendo: los hechizos normales tienen números, puedes medir daño, defensa, impacto. Claro, en combate real todo se complica, pero se entiende el concepto.
—Pero el Juicio del Alma es diferente. Según el libro, su efectividad depende de lo intensa que sea la emoción del objetivo.
—Ese toro se metió por error al territorio del clan. Luego lo amarré a una columna. Obviamente estaba cabreado.
—Y lo viste. Al principio, te gritaba como loco. Pero después del primer hechizo, se calmó un montón.
Roswitha parpadeó, y asintió:
—Cierto. Luego se puso a burlarse de mí.
León soltó una carcajada:
—Eso vino después. ¡Pero tú no te quedaste atrás! Te transformaste y lo dejaste temblando.
—Bueno… lo que me explicaste por la tarde, no lo había entendido del todo.
Roswitha dijo:
—¿Y estás seguro de que su cambio no fue por el susto al verme como dragona?
—Segurísimo. Su actitud cambió antes de que te transformaras.
—Así que tu entrenamiento sí funcionó. Pero no puedes verlo con los ojos de la magia tradicional. Hay que pensarlo como magia primordial.
Tras escucharle, Roswitha se sintió algo mejor.
Sabía que León no decía esas cosas solo para animarla. En todo lo relacionado con magia, él siempre era muy serio. Jamás andaba con tonterías.
Y mucho menos inventaría teorías solo para halagarla.
Porque en el continente Samael, la magia—o mejor dicho, el poder—era lo único confiable.
Así lo había hecho con Noa.
Y así lo hacía ahora con ella, como compañero de práctica.
—Entiendo. Ya me quedó claro.
Su tono ya era mucho más animado.
León sonrió, aliviado.
—¿Contenta?
—Más o menos.
La reina disimulaba su sonrisa, mirando la hoguera.
—¿Y si estás contenta no deberías darme una recompensa?
—Claro. En cuanto volvamos, te preparo una tinita de agua caliente para que te laves los pies.
—…¿Eso es una recompensa?
Roswitha giró la cabeza, sonriendo de lado:
—¿Y qué clase de “recompensa” querías tú?
Se miraron.
Oro y plata. Negro y plateado.
Sus ojos brillaban bajo el fuego crepitante.
La brisa soplaba suave, como si embriagara el aire.
Se acercaron lentamente. Sus labios casi rozaban.
El sabor del jugo de naranja flotaba en el aliento de Roswitha…
—¡¡PAPÁ, MAMÁ!!
Una voz infantil rompió el momento.
Roswitha se sobresaltó y se echó para atrás.
León también se detuvo.
Pero luego pensó:
¡¿Otra vez interrumpidos en el momento justo?!
No. Hoy sí.
¡HOY LA BESO, CUESTE LO QUE CUESTE!
De pronto, León se lanzó hacia adelante, le sostuvo la nuca a Roswitha y la besó.
La Reina no alcanzó a reaccionar.
Y cuando por fin lo hizo… ya tenía los labios de su esposo sobre los suyos.
A pesar del riesgo de que las niñas los vieran, se dejaron llevar por ese beso robado, con el corazón acelerado.
Por suerte, se separaron justo a tiempo.
Roswitha se limpió los labios, toda colorada, y miró de reojo a sus hijas.
—¡Tienes valor, eh!
—Con valor… ¡hasta la reina se embaraza!
—¡CÁLLATE!
—¡Papiii~ Mami~!
Moon y Lucecita se abalanzaron sobre sus padres.
Noa, la mayor, se sentó con ellos en el césped.
La familia de cinco disfrutaba de ese rato de descanso.
Moon contaba emocionada lo que había aprendido esa semana.
Lucecita repasaba todas las “cosas divertidas” que había visto.
Y cuando tocó el turno de Noa…
La mayor vino con una sorpresa (aunque viniendo de ella, no tanto):
—El Club de Pequeños Dragones va a hacer un concurso de obras de teatro. Me inscribí.
—Muy bien —dijo León—. ¿Es una obra original?
—¡Obvio! Helena escribió el guion y yo voy a elegir a los actores.
León parpadeó.
Miró a Moon, luego a Lucecita.
Con esas caritas tan tranquilas, seguro ya estaban seleccionadas.
—Moon y Lucecita ya están dentro. Pero todavía nos faltan dos actores.
Noa les miró con ojitos brillantes.
—¿Y si se apuntan ustedes, papá y mamá?
León miró a Roswitha. Roswitha lo miró a él.
Ambos dudaron.
Las obras de teatro les traían… traumas.
La primera vez que salieron en Ciudad Cielo, uno de los eventos fue ir a ver una obra.
Y al final… el maldito animador los hizo subir al escenario a recrear la escena de la pedida de mano.
Fue tan vergonzoso que les costó años superarlo.
Pensaron que sería la única vez en la vida…
Pero no.
El destino tiene ruedas, y ya están rodando.
—Eh… —León intentó no decepcionar a su hija—. ¿De qué va el guion?
—¡Te cuento!
Noa se aclaró la garganta y empezó a relatar muy seria:
—Un caballero valiente es traicionado y cae en manos del enemigo. Pero por azar, conoce a la princesa del reino rival, se enamoran a primera vista—
—Listo, ya entendí —dijo León, tapándose la cara.
—Pero si es una historia original, ¿cómo sabes lo que pasa?
Ay, hija…
Si no dices que es “original”, juraría que estás escribiendo la biografía de tu padre.
—Y al final, la princesa cae en coma, y el caballero la despierta con un beso de amor —agregó Moon.
León sintió un tic en el ojo.
—¿¿Con beso y todo…??
—¡Claro! Moon cree que ustedes encajan perfecto con esos papeles, ¿verdad, Lucecita?
Lucecita: (???)
Obvio, segunda hermana.
¿Tú crees que me apunté solo por la obra? ¡Yo vine a ver el show en vivo!
León se rascó la cabeza, sin saber qué hacer.
Roswitha tampoco se decidía.
La humillación de la última vez en público aún la perseguía. ¿Y ahora otra obra?
¡Si ya habían agotado todo su “romance público” en la academia!
Noa notó sus expresiones y bajó la mirada.
—Bueno, si no quieren, no importa. Buscaré a otros.
—Noa…
—Y eso que Helena hasta convenció a la tía Claudia para actuar también…
León & Roswitha: ¿?
Se miraron.
Y en ese instante, solo una frase resonó en sus mentes:
“Ahora sí que no hay escapatoria…”
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