Capítulo 051
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 351: 51 – La vaca enojada no le teme a las dificultades
—¡Muuuuuu!! —
Roswitha escuchó un mugido bastante peculiar.
Al girarse, en su rostro frío y digno apareció una expresión… bastante complicada.
Diez minutos atrás, su querido esposo —ingenioso pero poco confiable en todo lo que no fuera matar dragones— le dijo que tenía una forma de ayudarla a practicar el Juicio del Alma.
Diez minutos después… apareció sujetando una vaca gigante, del tamaño de un elefante, justo frente a ella.
En boca de otro, esto podría sonar ridículo.
Pero tratándose de León… de pronto todo tenía sentido.
Este perro siempre la sorprendía con cosas que iban desde lo brillante hasta lo absolutamente caótico.
Aun así, Roswitha no lograba entender qué pretendía con esa vaca.
Más importante aún… ¿de dónde demonios había sacado esa vaca?
—Técnicamente es una “especie peligrosa de clase S”: Toro de Cuernos Furiosos. Desde el punto de vista biológico, es una mutación del yak acorazado.
—Por eso, sus atributos como fuerza, defensa y velocidad han tenido un salto cualitativo respecto a los yak normales.
—Y no solo sus atributos… también su—
—¡¡¡MUUUUUU!!! ?(`??)? —
León señaló con la barbilla al animal y dijo:
—…también su temperamento.
Roswitha (nivel de furia al 20%):
—No necesito una clase de zoología. ¡Solo dime cómo demonios entraste con esa cosa a MI santuario!
—Ah, es que mientras entrenabas esta mañana, Ana estaba ayudándote con unos asuntos administrativos. Justo pasé por ahí, y me contó que este toro se había colado en el territorio del clan. Ella estaba por llamar a alguien para encargarse del problema… así que yo, como soy un alma caritativa, me ofrecí.
Roswitha (nivel de furia al 40%):
—¿Desde cuándo el noble príncipe del clan plateado se vuelve voluntario para capturar vacas?
—Bah, fue cosa de nada, cosita de nada~
Roswitha (nivel de furia al 60%):
—¿Y esa “cosita de nada” la traes aquí para qué?
—Para que tengas un sujeto de práctica. Dijiste que el Juicio del Alma funciona mejor contra oponentes con emociones intensas, ¿no?
León le dio unas palmaditas en la enorme cabeza del toro.
—Con ese nombre, está claro que esta bestia está llena de furia. ¡Ideal para ti!
Roswitha (nivel de furia al 80%):
—Pero yo no te conté cómo funciona el Juicio del Alma hasta hace un rato. ¿Así que para qué lo atrapaste realmente?
León sonrió con descaro:
—Tantas noches compartiendo cama… ya me conoces mejor que yo mismo.
Roswitha (nivel de furia al 95%):
—¡Habla. Claro. Ya!
—Las niñas vuelven a casa esta noche. Quería prepararles un hot pot de carne de res.
Roswitha (pantalla azul de la reina):
—¡Pero si entre las tres no llegan ni a los quince años! ¡¿Cómo van a comerse una vaca de varias toneladas?!
León le hizo un gesto para que se calmara.
Ató al Toro Furioso a una columna de piedra sólida.
Era una columna que Noa usaba para practicar Chidori. Después de miles de impactos, seguía intacta. Así que era lo suficientemente fuerte como para inmovilizar al toro.
Hecho eso, León se acercó a Roswitha.
Cuando notó que su querida dragona ya no estaba tan “en modo rojo”, le tomó la muñeca con intención de guiarla.
Roswitha hizo un gesto orgulloso, intentando zafarse como si no quisiera ese contacto tan íntimo…
Pero fue sólo por compromiso. Al final, dejó que él la tomara de la mano.
Caminaron juntos hasta quedar frente a la bestia.
León alzó la vista hacia la imponente criatura y dijo:
—Ninguna bestia de clase S se atrevería a meterse en el territorio de los dragones… así que esta debe estar tan enojada que perdió la cabeza. Para practicar magia, hace falta un objetivo realista, ¿no? Alguien con emociones que se puedan medir. Así que…
Se giró y la miró con una sonrisa confiada:
—Vamos, inténtalo. No pierdes nada.
Roswitha lo fulminó con la mirada:
—De verdad que no te entiendo… Ábrete, antes que te alcance una descarga sin querer.
—¡Vale, vale!
León se retiró con una sonrisa, y Roswitha comenzó a condensar la fuerza primordial.
—¡¡MUUUUU!! ?(`??)? —
El Toro Furioso no dejaba de protestar por su repentina captura.
Lo que no sabía era que si no cooperaba, lo más probable es que esta noche acabara servido en la mesa.
León estaba completamente alerta. Aunque solo era un entrenamiento, no podía permitirse que Roswitha saliera herida.
¿Qué?
¿Que si la cuidaba?
Emmm… tal vez un poquito. Pero más que nada porque si sus hijas llegaban y encontraban a su madre inconsciente, ¿cómo se lo iba a explicar?
Sí, esa era la razón principal. (Eso cree él.)
El viento provocado por la magia le despeinó el flequillo, trayéndolo de vuelta a la realidad.
Frente a él, Roswitha ya había condensado con éxito su fuerza primordial.
—Mucho más rápido que cuando Konstantin atacó el Santuario Rojo…
León sonrió.
—Mi madre dragona está progresando rápido.
Con la energía ya reunida, Roswitha empezó a activar el Juicio del Alma.
El viento alborotaba su cabello largo, su falda, sus mangas y también la cadena del colgante que llevaba al cuello.
Aunque el avance era lento, podía sentir claramente cómo la energía en sus manos comenzaba a cambiar.
Mucho más evidente que cuando practicaba sola.
Sus ojos se iluminaron. Mantuvo el ritmo, estabilizando esa transformación.
La energía blanco lechosa fue tornándose en un brillo iridiscente.
Siete colores giraban alrededor de la esfera mágica, como un arcoíris diminuto.
Era tan pequeña, que los colores no eran del todo nítidos, pero ahí estaban.
Roswitha sonrió por dentro.
El libro decía que ese era el primer paso del Juicio del Alma.
Así que…
Apretó el puño y rompió la esfera.
En ese instante, luces de siete colores se filtraron entre sus dedos, mezcladas con un brillo blanco cristalino. Deslumbrante.
Roswitha alzó la vista y apuntó al Toro Furioso.
—¡¡¡Muuuuuuuu!!! ?(`??)? —
La bestia comenzó a agitarse violentamente, como si sintiera el peligro.
Roswitha aprovechó el momento y lanzó el hechizo.
El rayo de siete colores impactó de lleno, desintegrándose en motas de luz que envolvieron al animal.
El toro bufaba y se retorcía, pero no pudo evitar ser afectado.
Roswitha respiraba agitada. Solo esa pequeña porción del Juicio del Alma le había drenado una cantidad enorme de energía y poder mágico.
Vaya que esta magia primordial era—
—¡¡¡MUUUUUU!!! —
Antes de terminar el pensamiento, el toro volvió a alborotarse.
—¿¡No funcionó!?
Roswitha apretó los dientes y volvió a reunir fuerza primordial.
Solo le quedaba lo justo para un intento más…
En teoría, no hacía falta forzarse tanto, pero si no aprovechaba ahora, por la noche el sujeto de práctica iba a ser cena.
Así que lanzó un segundo Juicio del Alma.
Solo que…
—¿Muu? ¿Muuu~? ???????
Roswitha: ¿?
—¿¡Te estás… burlando de mí!?
Dicho eso, Roswitha extendió sus alas dracónicas.
Y en un instante, se transformó en su forma de dragona.
Aunque el toro era enorme, frente a una Reina Dragón, parecía una simple hormiga.
—¡¡¡Muuuuuuuu!!! ?(?°?°;)? —
La gigantesca dragona plateada bajó la cabeza. Su aliento era como un trueno. Su presión, abrumadora.
—¡¡¡ROAAAAAR!!! —
El rugido estremeció los cielos.
Toro: X?X
Roswitha abrió la boca, y empezó a acumular llamas en su garganta.
—¡¡Su Majestad, calma!! —
León corrió hacia ella.
—¡Si lanzas el aliento de dragón ahora, el hot pot va a convertirse en carne quemada al carbón! ¡Y bien pasada!
Roswitha dudó un segundo… y luego retiró las llamas, volviendo a su forma humana.
Pero justo cuando guardaba sus alas, sintió que todo le daba vueltas.
Se había quedado sin magia y sin energía.
Iba a caer al suelo… pero León llegó justo a tiempo y la sostuvo.
—¿Cómo es que te emocionaste tanto con un entrenamiento?
Roswitha, acurrucada en sus brazos, con expresión fría pero voz orgullosa, murmuró:
—¡Esa vaca se burló de mí! ¡Tenía que enseñarle quién manda!
—Peleando con una vaca… realmente estás a la altura del título de Reina Dragón.
León suspiró. La ayudó a caminar de vuelta a la habitación para que descansara.
Pero a los pocos pasos, Roswitha casi se desploma otra vez.
Así que…
León no tuvo opción más que cargarla en brazos.
La Reina Dragona retrajo la cola, mientras un leve rubor aparecía en sus mejillas.
—Puedo… caminar sola…
—Sí, sí, claro.
—Tch… al final ni siquiera funcionó. No sé cuándo podré dominarla bien…
León se detuvo un momento, y miró al Toro Furioso, que seguía con la mirada en blanco por el susto.
Recordó la escena anterior y dijo:
—¿Y si sí funcionó? ¿No lo notaste?
—¿Ah?
—Esa vaca estaba súper agresiva al principio, ¿cierto? No paraba de mugir incluso después de que la amarramos.
—Sí…
—Pero después del primer Juicio del Alma, se calmó bastante. Y luego del segundo, ya casi no tenía rastros de “furia”. Solo hace falta escuchar su forma de mugir.
Roswitha pensó un poco… y luego asintió.
—Ahora que lo dices… sí parece cierto. Espera, ¿no estarás inventando esto para consolarme?
—Majestad, tengo muchos defectos. Pero jamás te mentiría.
—No digas cursilerías en estos momentos. Gracias.
Bromeando entre sí, la pareja regresó a su dormitorio.
León la recostó en la cama y la arropó con cuidado.
—Descansa. Las niñas vuelven esta noche.
—Está bien… ¿Y tú?
León sonrió, se arremangó, y dijo:
—Voy a preparar el hot pot con esta vaca que no sabe con quién se metió.