Capítulo 057
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 357: 57 – Sin actuación, solo recuerdos
Con los papeles repartidos, el mini grupo teatral de Noa dio inicio inmediato al ensayo de la primera escena.
Primero, la directora Noa explicó:
—La primera escena es el encuentro entre los protagonistas en la mazmorra. Se necesitan tres actores: papá, mamá y Moon.
—Al principio, mamá entra a la mazmorra con Moon. Luego quiere hablar a solas con el caballero enemigo capturado, así que manda a la doncella a retirarse.
—Después, mamá entra a la celda del caballero. Hay un diálogo corto. Como es la primera práctica, pueden leer los guiones directamente.
—Cuando se aprendan los diálogos, ahí sí hay que actuar en serio.
—¿Alguien tiene alguna duda?
¿Dudas…?
Pues no, en realidad.
Pero… la familiaridad de esta escena es demasiado sospechosa.
¿Quién le contó a estas niñas que su mamá, en aquellos años, también quería hablar en privado con un “caballero enemigo” llamado papá?
El guion claramente nació de la vida real… León suspiró por dentro.
—Todo claro, Noa —dijo Claudia.
—Muy bien. ¡Primera escena, acción!
Con la orden de la directora, empezó el ensayo.
Los actores que no participaban se retiraron hacia los lados del aula, dejando un amplio espacio libre en el centro.
Moon, en su rol de doncella, caminaba muy seria detrás de Roswitha. Madre e hija rodearon el aula dando una vuelta escénica.
—Princesa, ese malvado caballero del país enemigo está en la celda de adelante. ¡Vamos a interrogarlo! —leyó Moon, palabra por palabra.
Y hay que decirlo: su pronunciación fue clara, su entonación natural, y la emoción… muy real.
Especialmente ese “malvado caballero”, lo dijo con tal fuerza que parecía que odiaba al pobre actor. O sea, a su padre.
Y ese “Princesa” que soltó hizo que Roswitha se sintiera cien años más joven.
Antes de ser reina, ella también fue una princesa a la que todos consentían.
Sacudió esos recuerdos y empezó a leer su parte:
—Muy bien. Pero antes, quiero hablar con ese caballero a solas. Tal vez logre sonsacarle alguna información útil.
—Sí, princesa. ¡Tenga cuidado!
—Lo tendré.
Moon se retiró hacia un lado, mientras Roswitha se adelantaba con su guion en mano.
León ya estaba listo como el caballero capturado.
Aún sin decir una palabra, ya transmitía rebeldía, orgullo herido y dignidad. Todo en su expresión y postura.
…Demonios, ¿por qué eres tan bueno actuando como prisionero, general León?
¿Será que tienes experiencia…? (tachado)
Roswitha lo miró y se aguantó la risa.
Dio un paso al frente y comenzó a recitar:
—Oh, querido prisionero… Eres más atractivo de lo que esperaba. Lástima que ahora te veas tan… desaliñado.
Dicho esto, Roswitha frunció un poco el ceño.
¿No sonaba un poco rara esa frase…?
Miró de reojo a Noa y Helena.
Como ni la directora ni la guionista intervinieron, no tuvo más remedio que seguir.
Pero justo en ese momento, Helena dijo:
—Un momento, tía Roswitha.
—¿Sí?
—Cuando escribí esa línea no me parecía rara. Pero ahora que la escucho… no encaja del todo.
Helena sostuvo el guion y explicó con lógica:
—Nuestra princesa es una mujer poderosa, orgullosa, que siempre tiene el control. Eso hace que cuando se enamore del caballero, el impacto sea mayor. Es el giro de la historia.
—Así que no creo que ella diría algo como “más atractivo de lo que pensaba”… suena fuera de personaje. Hay que cambiarlo.
Luego miró a su madre como pidiendo ayuda.
—Tu análisis es muy bueno, Helena —dijo Claudia—. ¿Y qué propones en su lugar?
—Pues… eso ya no lo tengo tan claro.
La pequeña guionista se rascó la cabeza. El guion estaba lleno de tachones, y ninguna frase nueva le parecía adecuada.
—Yo tengo una sugerencia —intervino Roswitha de pronto.
—¿Sí? ¿Cuál, tía?
Ella bajó el guion, se giró lentamente hacia León… y con dos dedos, le levantó la barbilla.
Lo miró a los ojos, con un gesto elegante, voz suave y mirada seductora:
—Un hombre firme y apuesto… Las cicatrices le quedan perfectas. Le dan carácter a ese rostro.
La frase fue sensual sin caer en lo vulgar. Despreciativa, pero con clase.
Encajaba perfecto con la personalidad que Helena había imaginado para su princesa.
—¡Sí, sí! ¡Eso era justo lo que buscaba! ¡Tía, eres increíble! —gritó Helena, emocionada.
¿Y cómo no lo sería?
Esa frase fue literalmente lo primero que Roswitha le dijo a León cuando se conocieron.
Claudia sonrió con una expresión de “ahora todo tiene sentido”.
Pero todos estaban tan centrados en los protagonistas que nadie notó su gesto.
—Aunque… la frase está genial, pero aún siento que falta algo. ¿Más… tensión? —murmuró Helena.
Entonces Claudia comentó:
—El diálogo es importante, pero si no se acompaña de gestos o contacto físico, la tensión no se transmite igual. Puedes agregar una acción que aumente ese impacto.
Ante ese consejo profesional, Helena se iluminó.
Ella y Noa probaron algunas acciones, pero ninguna les convencía.
Y justo cuando estaban en blanco…
—Tía tiene otra idea sobre ese contacto físico —dijo Roswitha.
Y sin esperar respuesta, alzó su cola y empezó a enrollarla suavemente alrededor del cuello de León.
—¡Wow~! ¡Tía, apenas miraste el guion y ya captaste la esencia de la protagonista! —exclamó Helena.
No solo captó el personaje… era su personaje. En todos los sentidos.
—Madre dragona… solo estamos actuando. No hace falta que lo hagas tan realista —murmuró León.
—Es por el arte de nuestras hijas. Coopera, esposo querido.
—…¡Está bien, tú ganas!
Claro que Roswitha controló la fuerza.
No iba a repetir exactamente el mismo “movimiento glorioso” de aquellos años.
Siguieron actuando.
Conforme avanzaban los ensayos, el guion fue corrigiéndose y adaptándose mejor a la historia y los personajes.
Al cabo de una mañana, ya estaban ensayando la parte donde los protagonistas se enamoran, pero él debe regresar a su país.
Durante el almuerzo, Helena estaba maravillada:
—¡Tío, tía! ¡De verdad representaron justo lo que imaginaba! ¡Fue perfecto! ¡Su actuación fue de diez!
Los dos se miraron, cómplices.
Y con una sonrisita, pensaron lo mismo:
Querida, déjanos enseñarte una frase para la vida:
La vida es una obra de teatro.
No hay actuación.
Solo recuerdos.