Capítulo 056
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 356: 56 – ¡Madrastra malvada!
La primera parte del ensayo fue organizar los papeles y cargos.
—Noa será la directora de esta obra. Yo soy la guionista. Ninguna de las dos tiene un rol fijo, pero haremos algunos personajes secundarios para cubrir huecos —explicó Helena mientras sostenía el guion.
En la primera página no había líneas de diálogo ni escenas, sino una lista de apuntes que ella misma había escrito.
—Mamá me va a ayudar a mejorar partes del guion durante los ensayos. Y si el tío León y la tía Roswitha tienen sugerencias sobre la historia, también pueden decirlas en cualquier momento. ¡Moon y Lucecita también pueden opinar!
Como era una obra organizada por la sección infantil del instituto, lo normal era dejar que los dragones chiquitos tomaran el mando. No tenía gracia si todo lo hacían los adultos.
Y además, la distribución de tareas estaba bastante bien pensada.
Noa ya tenía experiencia como «directora». Años atrás, para una tarea escolar, hizo un documental sobre el primer paseo romántico de sus papás en Ciudad Cielo.
Grabó todo, queriendo mostrar el lado más “auténtico” de su relación —por suerte, fue su versión de “auténtico” y no… lo otro.
Si no, esa tarea que debía mostrar armonía familiar se habría convertido en una mini serie llamada “La señorita dragona y su guerra de trincheras con papá”.
Aun así, Noa entregó una redacción muy emotiva… y la cita de sus padres, aunque no lo admitieran, también les había servido para reconectar un poquito (en un rincón del universo).
Y Helena como guionista también era buena elección. Su madre se dedicaba a ese rubro, así que lo llevaba en la sangre.
—Perfecto, ya tenemos directora y guionista. Ahora toca elegir quién interpretará a los personajes principales.
Noa se acomodó y anunció con mucha formalidad:
—Ya que la historia gira en torno al romance entre los protagonistas, lo ideal sería elegir a una pareja real para interpretarlos.
Y como si lo hubieran ensayado, todos giraron a mirar a la única pareja presente.
León y Roswitha ya se veían venir el encargo.
Pero antes de rendirse del todo, León intentó lo imposible:
—Oigan, Noa, Helena… ¿no creen que podría ser más interesante si los personajes fueran interpretados por actores con personalidades distintas a las del papel? A veces ese contraste sorprende al público…
—No, papá —le cortó Noa, seria—. De hecho, Helena diseñó los personajes específicamente para ti y mamá.
“…”
¿Están seguras de que esto es una obra escolar y no un pretexto para ver a sus papás actuando de tortolitos?
—Por mí no hay problema, Noa. Papá y yo aceptamos los papeles —respondió Roswitha con una sonrisa.
León la miró. Ella le hizo un leve gesto afirmativo.
Vale. Si ya habían aceptado participar, mejor seguirle la corriente a la directora.
—Moon hará de doncella de la princesa, o sea, de la protagonista femenina. Su papel es cuidarla, y también ayudarla a luchar por el amor verdadero —explicó Noa.
Moon agitó alegremente su mechón rebelde y miró a Roswitha:
—¡Yujuu~! ¡Ahora me toca cuidar a mamá!
Roswitha le revolvió el cabello con ternura.
—Gracias por adelantado, Moon.
La pequeña alzó el pecho con orgullo, puso manos en la cintura y su cola en alto:
—¡Cuidar a mamá princesa es mi misión sagrada!
¡Eso es actitud!
Actriz comprometida desde chiquita. Esta hija sí que promete.
—Lucecita hará de una pequeña hada mágica. Su papel es guiar al protagonista para que salga de sus problemas y vuelva con la princesa.
—¡Esa me la sé!
Lucecita levantó la mano emocionada.
—¡Seguro se inspiraron en Cupido! Leí en un libro que él también ayudaba a los adultos a enamorarse~
—Eh… no es exactamente igual a Cupido —dijo Noa.
—¿Eh? ¿Por qué?
—Porque Cupido anda encuerado. Tú no.
Lucecita: ……
—Jajaja… qué graciosa eres, hermana —respondió entre dientes.
León, por su parte, se aguantaba la risa desde el fondo.
No eran muchas las personas que podían dejar callada a Lucecita. Su hermana mayor era una de ellas.
—¿Y la señora Claudia? —preguntó Roswitha de forma muy casual.
Noa ya iba a hablar de eso, pero Roswitha se adelantó adrede. No era para interrumpir, sino para dejar claro que se interesaba en Claudia y darle su espacio… con mucho tacto.
—La tía Claudia… hará de la madre del protagonista~~ —dijo Noa con tono misterioso.
León: ¿Perdón?
—¿Desde cuándo las historias de amor tienen a los papás metidos en medio?
—Es que el amor no siempre es fácil. Tiene obstáculos —respondió Noa con aire profesional—. Esto genera tensión y hace que el final feliz se sienta más merecido.
Roswitha se quedó pensando.
—¿Obstáculos? O sea que… la señora Claudia hará de antagonista.
—No exactamente —aclaró Helena—. Es un personaje que parece duro, pero en el fondo se preocupa por el protagonista. Pensamos que mamá es la única que puede lograr ese tipo de presencia en escena.
Entendido.
Un papel de villana con matices. Muy complicado para una dragona niña. Había que dárselo a alguien con experiencia.
—Helena —intervino Claudia de pronto.
—¿Sí, mamá?
Helena la miró, un poco tensa por el tono serio.
León también tragó saliva por ella.
Era una decisión lógica poner a Claudia como antagonista parcial. Incluso podía sumar muchos puntos si el personaje estaba bien escrito…
Pero, hijita… ¿tenías que decirlo tan de frente?
Si Noa dijera que Roswitha era buena para un papel de villana, ¿te imaginas cómo me iría a mí esa noche?
Solo quedaba rezar para que Claudia entendiera que los niños a veces no miden lo que dicen.
La bella mujer bajó la mirada y, con voz seria, preguntó:
—¿Entonces tú crees que mamá parece una madrastra malvada?
—Emmm…
Helena entró en modo reflexión profunda.
¡Por favor, piensa bien lo que vas a decir!
Y entonces, muy seria, respondió:
—Ajá. Sí parece.
Ahora sí, no solo León… ¡hasta Roswitha se dobló del susto!
En ese punto, no hacía falta que Claudia entendiera los deslices infantiles. Lo que necesitaban era que no fuera rencorosa.
Si no, se les acababan las chances de seguir hablando de temas más importantes después del ensayo.
Era un momento muy peculiar:
Las que estaban hablando eran madre e hija del Clan Marino…
Pero los que sudaban frío eran el matrimonio del Clan Plateado.
—Ajá. Me alegra oírlo —dijo Claudia finalmente.
Le dio una palmadita en la cabeza a su hija y, por primera vez desde que llegó, mostró una sonrisa de verdad.
—Eso significa que has aprendido la lección más importante de la creación artística: no cambiar tu idea solo porque los demás la cuestionen.
—¡Pero…! —añadió rápidamente—
Quiero aclarar algo.
—Mamá solo parece un poco estricta, pero en realidad es una persona muy buena. ¿Entendido?
Helena asintió muy fuerte.
—¡Entendido, mamá!
Claudia sonrió, satisfecha. Luego levantó la mirada hacia la pareja de dragones plateados.
No dijo nada… pero con esa mirada, parecía repetir en silencio:
“Mamá en realidad es una buena persona.”
León entrecerró los ojos.
¿Por qué insistía tanto en dejar claro eso…?