Capítulo 063
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 363:
63 – Final del acto, comienzo del drama
Al caer la tarde, terminaron todas las presentaciones del concurso de teatro.
Llegó el momento de la verdadera evaluación.
Los pequeños directores y guionistas de cada grupo subieron al escenario. Cinco equipos en total, alineados en fila.
El juez invitado, un profesor del prestigioso grupo teatral de Ciudad Cielo, caminó lentamente hasta colocarse frente a los pequeños dragones.
Mientras tanto, en las butacas, León, Roswitha, Claudia y compañía esperaban con cierta tensión el anuncio de los resultados.
La verdad, León no tenía muchas expectativas sobre el resultado esta vez.
Cuando se trataba de torneos normales —primer lugar, campeonatos, esas cosas—, siempre bastaba con que él o Noa lo dieran todo, porque ambos confiaban plenamente en su capacidad.
Pero esto era distinto.
Ni Noa ni él tenían experiencia con obras de teatro.
Y como León no era experto en actuación, tampoco podía juzgar si lo habían hecho mejor o peor que los demás.
Todo dependía del profesor invitado.
Suspiró y trató de relajarse, luego volteó a mirar a Roswitha.
Ella miraba fijo al frente, con su clásica cara seria y fría.
Pero León, que la conocía, notó algo raro.
Esa cara sin expresión… no era de frialdad. Era más bien de alguien que se quedó pensando en otra cosa.
Y si uno se fijaba con atención… ¡su carita estaba un poco roja!
—Oye —la llamó en voz baja.
Pero ella no reaccionó.
—Oye, ¿en qué estás pensando?
Mientras le hablaba, León le dio un leve empujoncito en el hombro.
Roswitha parpadeó, como si volviera en sí.
—¿Eh? Ah… nada. No, no es nada.
—¿De verdad?
—Sí, sí. Solo estoy… un poquito nerviosa, eso es todo.
Dicho eso, se mordió los labios, se acomodó un mechón de pelo y volvió a mirar al escenario.
León la miró de reojo.
No está tan nerviosa como dice.
Él sabía cómo se comportaba Roswitha cuando estaba realmente nerviosa: trataba de parecer tranquila, pero su cuerpo la delataba.
En cambio ahora… claramente estaba pensando en otra cosa.
Roswitha notó que él la observaba y lo miró de vuelta, torciendo la boca con cierta molestia.
Tch. ¿Acaso esperas que esta reina te diga la verdad?
¿Decirte que seguía dando vueltas en su cabeza a la frase que él dijo al final de la obra?
¡Jamás!
Eso se quedaría guardado para siempre en su mente. Nadie debía saberlo. ¡Nadie!
Así que decidió seguir haciéndose la desentendida.
Además, León siempre era respetuoso; si veía que alguien no quería hablar de algo, no insistía.
Y así fue: tras unos segundos de presión silenciosa con la mirada, al ver que Roswitha no iba a soltar prenda, León soltó el tema.
Después de todo, lo más importante ahora era el resultado de su hija.
—Todos lo hicieron muy bien hoy~ Cada grupo tiene su propio estilo, fue una gran función —dijo el juez, agitando el sobre con los resultados.
—Y bien, ya tenemos las puntuaciones. Están todas aquí dentro~
—Empezaremos anunciando el quinto lugar, y luego iremos subiendo. ¡Prepárense!
El juez empezó a abrir el sobre lentamente, usando toda una serie de gestos teatrales para aumentar la tensión: primero sorpresa, luego emoción, y al final una expresión de “esto tiene sentido”.
Noa alzó una ceja y murmuró:
—Nada mal. Todo un actor profesional.
Helena rió por lo bajo, cubriéndose la boca:
—¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti, Noa?
—¿Qué cosa?
—Que cuando ves a alguien con talento, siempre le das el reconocimiento que merece.
Noa sonrió.
—El elogio es una forma de poner una etiqueta. Y una vez que la etiquetas, te esfuerzas por alcanzarla.
Helena ladeó la cabeza, divertida.
—¿Y cuál es la persona a la que más etiquetas le has puesto?
Noa respondió sin dudar:
—Mi papá.
Se miraron y sonrieron, luego dejaron de hablar para enfocarse en el anuncio.
—El quinto lugar es para…
El juez alargó la palabra mientras barría con la mirada a los pequeños dragones frente al escenario.
Tensión máxima.
—¡Angela y su grupo! ¡Felicidades~!
Angela y su guionista se miraron y sonrieron… con cierta amargura.
El puesto no era alto, pero haber llegado a esta etapa ya era un logro enorme.
Después de todo, estos cinco grupos eran los finalistas entre decenas y decenas de propuestas.
Así que el público les dedicó un cálido aplauso.
—Y ahora… el cuarto lugar~
[…]
Después de dos anuncios más, solo quedaban tres grupos en competencia.
Y entre ellos estaban Noa y Helena.
El grupo rival también era de los mejores del curso, lo que aumentaba la presión.
Durante su presentación, también habían ganado muchos aplausos.
¿Quién se llevaría el primer puesto?
—El segundo lugar es para…
—¡Noa——!
¡El corazón de las dos se paró por un segundo!
Incluso en las gradas, León y Roswitha empezaron a sudar frío.
Claudia, por otro lado, estaba tranquila, con las piernas cruzadas y los brazos apoyados, sin el menor signo de apuro.
—Noa, ¿tú quién crees que quedó segunda?
“……”
León frunció el ceño.
—¿Puedo ir y hacerle una mil pájaros a esa jueza?
Roswitha se llevó la mano a la frente.
—Aguanta, cariño… por favor, aguanta.
El público murmuraba, nervioso.
Finalmente, el juez se puso serio.
—El primer lugar se decidirá entre el grupo de Noa y el grupo de Vivian.
—Ambas obras son muy diferentes.
—La historia de Noa habla de romper con lo establecido y perseguir lo que uno quiere. Aunque es un tema serio, incluye momentos de humor y mucha creatividad. Se nota la calidad de su dirección, guion y actuación.
—La obra de Vivian, en cambio, trata sobre un dragón común viviendo una vida sencilla pero no mediocre. Un reflejo de lo que la mayoría de nosotros experimentamos.
—Dos propuestas fuertes… pero solo una puede ganar.
La jueza dio vuelta la hoja final.
Ahí estaba el nombre del grupo ganador.
Sonrió… y miró hacia Vivian.
La chica se enderezó de inmediato, los ojos llenos de emoción y expectativa.
Pero entonces…
La jueza desvió la mirada hacia su lado.
—¡Noa K. Melkve y su guionista, Helena Poseidón! ¡Felicidades~!
En ese momento, el corazón de todos se tranquilizó.
Noa suspiró con fuerza. ¡Estaba tan tensa que su carita se puso roja!
Helena la abrazó con fuerza, restregando su mejilla contra la de ella:
—¡Noa, ganamos! ¡Ganamos!
—Sí… ganamos.
El público se puso de pie entre aplausos.
Noa miró a todos, y en medio de esos aplausos ensordecedores, recordó lo que le había dicho su papá antes de empezar:
“¿Escuchas esos aplausos, Noa? Todos son para ti.”
Una vez más, su papá tenía razón.
—¡Felicidades, Noa!
Vivian y los demás directores se acercaron a felicitarla.
—¡Rayos! ¡Tus papás actúan demasiado bien! ¡No hay forma de competir con eso!
—Esa señora de pelo azul tenía una presencia… casi como una actriz profesional.
—¡Prepárate, Noa! ¡La próxima vez te ganaré!
Los pequeños dragones se reunieron, se felicitaron, se desafiaron.
Sin envidias, sin dramas. Solo amistad y competencia sana.
—
Después de la celebración, vino el momento de las fotos oficiales.
Todos los actores del grupo de Noa subieron al escenario.
Los directores de la escuela y los jueces también posaron con ellos.
León, desde abajo, se acercó al subdirector y susurró:
—Oiga… ¿ganamos porque usted nos dio todos sus puntos?
—Nada de eso, señor León. La directora Ouellet sabía que yo tenía favoritismo, así que anuló mis votos.
—¡Qué grande la directora!
Así que sí ganaron por mérito propio… perfecto, pensó León, satisfecho.
Luego de la foto, León abrazó a Noa y se pegó a ella como un koala gigante.
Y justo en ese momento, Claudia se acercó.
—¿Tienes un momento, León?
Él, con Noa en brazos, se giró:
—¿Qué pasa?
Claudia levantó su cámara:
—Quiero una foto contigo y Roswitha. Solo los tres.
León parpadeó y miró a su esposa.
Roswitha se encogió de hombros. Todo bien.
—Vale, vamos.
León dejó a Noa en el suelo y se colocó junto a Claudia y Roswitha.
Claudia levantó la cámara.
Click.
—Listo. Gracias por cooperar.
Miró la pantalla de la cámara, bajó la vista y sonrió:
—Hmm. Muy buena foto.
León y Roswitha se miraron, confundidos.
—
—¡Papi, mami, vamos a comer carne asada esta noche para celebrar! —dijo Moon corriendo hacia ellos.
León se agachó y la levantó.
—Pequeña glotona… solo piensas en comida.
—Hehe~ ¡comida, comida!
—Bueno, vamos a comer carne asada esta noche.
—
Así concluyó oficialmente el concurso de teatro de la Academia Saint Heath.
Pero en ese mismo instante, lejos, en el Imperio humano…
Otro “teatro” comenzaba a levantar el telón.