Capítulo 072
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 372
72 – Evaluación
En la división infantil de la Academia St. Hiss, casi a la hora de salida, Helena estaba guardando sus cosas cuando le preguntó a su compañera de banco:
—Noa-chan, ya casi empieza el verano… ¿quieres venir a pasar las vacaciones a mi casa?
La pequeña reina de los rizos plateados seguía sumergida en sus ejercicios y ni levantó la cabeza:
—¿Ir a tu casa en vacaciones?
La dragoncita marina asintió con entusiasmo:
—¡Sí! En mi hogar el verano es súper fresco.
Normal.
Si viven en el fondo del mar, ¿cómo no iba a ser fresco?
Justo entonces, Noa resolvió la última pregunta de su ejercicio. Guardó su lápiz y sacó de su escritorio una hoja con su plan de vacaciones.
Helena se acercó de inmediato, con curiosidad por ver qué tenía su amiga planeado.
—“Estudiar tres nuevos hechizos ofensivos de rayo”… Hmm, con todo lo que tiene mi papá guardado, ¿tres no es muy poco? Mejor lo cambio a cinco.
—“Enseñarle a Moon la técnica de carga eléctrica. El próximo semestre le toca aprender magia práctica, así que mejor le doy una clase de repaso en vacaciones.”
—“Recomendarle a Lucecita diez libros de lectura complementaria para el siguiente semestre. Así deja de seguirme para ver qué lío hago.”
—“Ir con mamá a patrullar cinco veces la frontera del territorio de los dragones plateados.”
—“Completar la misión de la hermana Xue Li: quitarle la campanita que lleva en la mano. Hmm… El semestre pasado usé todo el invierno y no lo logré. A ver si este verano sí.”
—“Y también—”
—¡Ya, ya! —Helena la interrumpió antes de que siguiera leyendo más y más—.
Ya entendí que tienes TODO el verano lleno. Entonces… ¿no puedes venir a mi casa?
Noa dobló su plan, lo guardó y alzó la mirada hacia su amiga.
En los ojos de la dragoncita marina se notaba un brillo expectante.
Noa entrecerró los ojos.
El alma astuta que heredó de la Reina de los Dragones Plateados comenzó a arder lentamente.
—¿Quieres mucho que vaya?
—¡Claro! Quiero presentarte a mi familia, seguro que te caen súper bien. ¡Sobre todo mi tía, le encantan los niños!
Noa disimuló la sonrisa que amenazaba con subirle a los labios y fingió estar en un dilema:
—Ay, pero es que no tengo tiempo…
—¡Ahhh, nooo! —Helena le agarró la mano y empezó a sacudirla—. Solo unos días, ¿sí? Unos… ¿siete? ¿Una semanita?
—Demasiado.
—Uuugh… ¿cinco días?
—Sigue siendo mucho.
—Cu-cuatro…
Cuanto más hablaba, más dudosa se sentía Helena.
Pero justo cuando ya pensaba rendirse, Noa le tomó la mano y le acarició suavemente las uñas rosadas.
—Diez días.
Los ojitos de la dragoncita marina brillaron:
—¡¿De verdad?!
—De verdad.
—¡Siii! ¡Noa-chan, eres la mejor~!
Helena se inclinó emocionada, pegando su cara a la mejilla de Noa.
En general, a Noa no le gustaba el contacto físico.
Salvo con su familia, no dejaba que nadie se le acercara tanto.
Pero Helena era la excepción.
Cinco años mayor, suave, dulce, y tan compatible con ella, que Noa estaba dispuesta a retrasar su plan de verano solo por ella.
Sin embargo, justo cuando estaban en plena sesión de “apapachos”, Noa sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Oh no…
¿Acaso Moon vino a atrapar a su hermana “en falta”?
Vale que la excusa de la pequeña lunita para inscribirse fue “quiero seguir los pasos de mi hermana”, pero Noa tenía razones para creer que había algo más detrás de eso…
Un amor de hermana un poquito intenso.
—Noa, Helena. No se distraigan en hora de estudio —dijo una voz severa.
Ah…
Era solo la profesora.
En St. Hiss, desde la división infantil hasta la juvenil, la amenaza más peligrosa en las horas libres siempre era la mirada que se asomaba por la ventana del aula.
Una mirada profunda, oscura, omnisciente.
—¡Nada de pasar notitas en clase!
No había escapatoria a los ojos de la profesora.
Y si se paraba detrás de la puerta del aula, su campo de visión se volvía imbatible.
Incluso Noa, con todo su instinto, había caído en su red más de una vez.
La profesora subió al estrado, dio unos golpecitos al pizarrón y anunció:
—Se acerca el verano. Han trabajado duro este semestre.
Pero antes de las vacaciones, habrá una evaluación práctica al aire libre. Esta nota se incluirá en la evaluación final.
Apenas dijo eso, los pequeños dragones comenzaron a murmurar emocionados:
—¿Evaluación práctica? ¡He oído que son súper interesantes!
—¿Pero será al aire libre…? ¿Y si es peligroso?
—¡Nah, no pasa nada! La academia escoge lugares seguros. Lo máximo es que sea un poco incómodo.
—…
—¡Silencio! —volvió a golpear el pizarrón la profesora.
—Esta vez, la evaluación de campo será en el Bosque de los Árboles Rojos, bajo la Ciudad Cielo. Durará una semana.
Al escuchar el lugar, los pequeños se relajaron.
La Ciudad Cielo era territorio neutral absoluto entre los dragones.
Nadie se atrevía a causar problemas allí.
Y el Bosque de los Árboles Rojos tampoco era un lugar terrible o peligroso.
Así que parecía una evaluación bastante suave.
—¡Qué bien! ¡Podremos visitar la Ciudad Cielo! Dicen que los adultos van allá a tener citas —dijo Helena, entusiasmada.
Como venía de un clan marino muy apartado, y siendo tan joven, nunca había ido a la famosa ciudad.
Después miró a su amiga:
—Noa, tú ya estuviste en Ciudad Cielo, ¿verdad?
El rostro de Noa mostró una expresión algo complicada, pero asintió:
—Sí… fui varias veces.
—¿Es cierto que van muchos a tener citas allá?
—Ah… sí, bastantes.
Helena notó que Noa se había apagado un poco, así que le preguntó con delicadeza:
—¿Qué pasa? Antes me dijiste que te emocionaba mucho esta evaluación, pero ahora te veo rara…
Noa bajó la mirada hacia el escritorio.
—Sí me hacía ilusión.
Pero… este lugar es demasiado “tranquilo” para una evaluación.
—¿Tranquilo?
—Sí. Esto se siente más como un paseo de primavera que como una prueba real…
Hizo una pausa y sonrió:
—Pero lo entiendo. La escuela tiene que garantizar la seguridad de los alumnos. No van a mandar niños a un lugar salvaje.
Helena captó el punto. Le acarició la cabeza a Noa:
—Te conozco bien. Siempre buscas el mayor reto posible.
Noa se rascó la sien, sonriendo con humildad:
—Papá dice que los obstáculos son la mejor forma de superarse.
—Tío León siempre da buenos consejos —dijo Helena.
—Jeje, así es. Ese hombre nunca deja de sorprender.
—¡Silencio!
Tercera llamada de atención de la profesora.
Una vez hubo orden, continuó:
—La evaluación práctica será conjunta con la división juvenil.
Ellos harán su evaluación en el Extremo Norte.
—Pero hay dos alumnos que, por asuntos de su clan, no podrán participar.
Eso deja dos cupos vacíos para el Extremo Norte.
—La directora Olet autorizó que esos lugares puedan ser tomados por alumnos de nuestra división.
—Pero atención: el Extremo Norte es muy peligroso.
El nivel de dificultad está pensado para jóvenes dragones.
—Antes hubo niños que intentaron pasar esa prueba…
Todos fracasaron.
—Eran los mejores de su generación.
Aun así, no pudieron superar el reto por falta de edad y experiencia.
—Así que lo advierto: si no están absolutamente seguros, no se postulen.
Podrían afectar su calificación final… o hasta retrasar la graduación.
—Muy bien. Pueden seguir con su hora de estudio.
Tras dar las instrucciones, la profesora salió del aula.
Noa la siguió con la mirada, pestañeando lentamente.
—Oye… Noa, ¿no estarás pensando en postularte para ir al Extremo Norte? —preguntó Helena, tirándole de la manga.
Pero sabía que era una pregunta inútil.
Conociendo a Noa, ya había tomado una decisión.
—Ese lugar es duro, ¿sabes?
Y la profe dijo que nadie lo logró. ¿Estás segura? Piénsalo bien. Por tu nota final, digo…
—Tienes razón, Helena. Lo pensé muy bien.
—¡Qué rápido pensaste!
La dragoncita marina la miró con cara de “por favor dime que no”.
—O sea… no vas a postularte… ¿verdad?
Noa giró lentamente la cabeza hacia ella.
Y en ese rostro sereno, Helena vio la respuesta.
Se cubrió la cara con las manos:
—Lo sabía…
Justo entonces sonó la campana.
Noa agarró su mochila y salió disparada como un rayo.
Dejando a Helena sola en su asiento, en shock.
Unos segundos después, se levantó, corrió hasta la puerta y gritó:
—¡¿¡A dónde vas, oyeee!?!?
—¡A postularme para el Extremo Norte! ¡Si no me apuro, me lo quitan!
—¡¿Quién más querría ese cupo, loca?! ¡Nadie quiere ir a ese lugar olvidado por los dioses!
Helena se quedó unos segundos callada.
Miró la pequeña silueta de su amiga alejándose… y murmuró para sí:
—…Yo sí querría.