Capítulo 071
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 371
71 – La Hermandad del Corazón de León
—Konstantin ya probó el poder de la energía primordial.
Conociendo su forma de actuar, seguro irá a buscar más antes de lanzarse a vengarse —dijo Roswitha.
—Ahora que tiene a Fael como guía, encontrar los restos del poder de Noah en el Extremo Norte le será pan comido.
Roswitha conocía muy bien la sed de poder que ardía dentro de Konstantin.
Después de todo, ambos eran dragones.
Y como alguien que llevaba años practicando magia primordial, sabía mejor que nadie lo adictiva que podía llegar a ser esa fuerza.
Por eso estaba segura:
Konstantin, lleno de rencor y con un objetivo claro, no dudaría en jugarse la vida para excavar ese poder escondido bajo los hielos del norte.
Al escuchar su análisis, todos asintieron.
Tenía mucho sentido.
—Pero hay un problema —intervino Taiger—.
El Extremo Norte está deshabitado. Solo los que buscan perfeccionar sus habilidades van ahí a entrenar.
Además, dicen que el hielo es tan grueso que ni el mismísimo Konstantin podría derretirlo.
Entonces, ¿cómo va a encontrar la energía primordial?
Tenía razón.
El Extremo Norte era una de las zonas más inertes y desoladas del continente Semael.
Ninguna raza se había atrevido a asentarse allí.
Y el mayor obstáculo eran esas capas de hielo legendarias, tan densas que, se decía, podían resistir cualquier ataque.
Si el poder que buscaban estaba bajo ese hielo…
conseguirlo sería casi imposible.
—Sobre ese punto… —Roswitha habló con calma—.
En nuestra raza hay una frase muy conocida:
“Ni el Rey Dragón de Fuego puede derretir los hielos del norte.”
Es un dicho que llevaba años dando vueltas.
Y ni el propio Konstantin se había molestado en comprobarlo, seguramente porque no tenía ganas de hacerle el favor al mundo de confirmar un simple chisme.
—Pero ahora la situación es distinta —dijo—.
Si ya sabe que hay un poder oculto bajo esos hielos, va a ir, sin duda.
Usará las llamas más ardientes de este mundo para quemar hasta conseguir lo que quiere.
Roswitha nunca había sido de creer en rumores, pero el proyecto de exploración de su abuela Verónica y la directora Olet probó que ese hielo sí podía ser atravesado.
Aquella vez lo lograron con la magia espacial del Rey Dragón Errante, Ravi.
Y ahora, con el fuego resucitado de Konstantin, no era imposible repetirlo.
León lo entendió de inmediato y estuvo de acuerdo.
—También creo que irá al Extremo Norte a buscar más poder. Aunque sea solo una posibilidad, deberíamos ir a comprobarlo.
Taiger asintió con gesto grave:
—Sí. Si ese loco en llamas consigue más energía primordial…
no quiero ni imaginar lo que pasará.
Konstantin ya era uno de los más fuertes entre los Reyes Dragón.
Aunque la última vez León lo venció rápido, eso no significaba que no fuera peligroso.
Y ahora había resucitado dos veces, con buff de venganza incluido, su nivel estaba por las nubes.
Si encima le sumaban más poder primordial…
ni León estaba seguro de poder derrotarlo.
En su primer ataque al Santuario Rojo, ni él ni las Reinas Plateada y Roja pudieron hacerle frente.
Solo gracias al daño verdadero que causó Roswitha con su magia primordial, más un par de trucos de León, lograron resolver esa crisis.
—Parece que toca viaje al norte… —murmuró León.
Se rascó la cabeza, algo incómodo—. Pero nunca he ido tan lejos. Ni sé cómo llegar.
Roswitha lo miró de reojo, parpadeó y dijo:
—Yo sí tengo un método.
—¿Cuál?
Ella le sonrió con misterio:
—No te lo diré todavía. Te lo cuento cuando lleguemos a casa.
—Eh~ ¿Por qué solo se lo puedes decir en privado? —saltó Rebeca con cara de traviesa.
Roswitha bajó la mirada y le pellizcó la mejilla:
—Porque entre tu capitán y yo hay muchas cosas que solo se dicen al oído.
Esta cuñada está rara… Cada vez que la veo está más cariñosa.
—Si tienen forma de llegar, entonces está decidido. Pero vayan con mucho cuidado —advirtió Taiger.
—Sí, maestro.
Tras cerrar el tema de Konstantin, Rebeca levantó la mano emocionada:
—¡Mi turno, mi turno! ¡Capitán, traigo buenas noticias!
León levantó una ceja, divertido:
—¿Qué noticias?
—Mi padre y yo, en nuestras misiones dentro del Imperio, no solo conseguimos confundir a los de la realeza, sino que además muchos otros se nos unieron.
—Nos contactaron, nos ofrecieron ayuda, y poco a poco se han unido más y más.
Ahora el Imperio está mucho más revuelto que antes~ —dijo con entusiasmo.
Eso sí era buena noticia.
León pensaba que el Imperio ya estaba podrido hasta la raíz y que nadie se atrevería a rebelarse.
Y si lo hacían, seguro se rendían al ver el poder de la familia real.
Pero al parecer…
todavía quedaban personas valientes.
No estaban solos.
Eso se sentía bien.
—Ya que hay tanta gente, formamos un grupo de resistencia contra la corrupción imperial.
¡Y lo nombramos en honor al capitán! —dijo Rebeca, orgullosa.
Al escuchar eso, la sonrisa de León se congeló.
Le entró un mal presentimiento.
Esa loca tenía talento para muchas cosas, pero poner nombres no era una de ellas.
La legendaria “alianza de débiles, enfermos y antisociales” todavía le daba escalofríos.
¿Y ahora qué nombre le habría puesto a un grupo rebelde?
—¿Entonces…? ¿Cómo se llama?
—¡Hermandad del Corazón de León!
Ohhh…
León suspiró de alivio.
Menos mal. Podía haber sido peor.
—Hermandad del Corazón de León, Hermandad del Corazón de León… Hmm… ¿seguro que no lo sacaste de algún lado?
Rebeca agitó la mano:
—¿Qué importa si lo inventé o no? ¡Lo importante es que suena imponente!
—…O sea que no es tuyo.
—¡Yo tenía uno mejor! Se iba a llamar:
“Unión de Chicas Lindas y sus Matones para la Rebelión Contra la Corrupción Imperial.”
León se rindió.
—…Sí, no. Me quedo con Hermandad del Corazón de León.
—En fin, cada vez somos más, y todos son élites de distintos sectores.
También hay varios fans tuyos. ¡Una chica hasta se tatuó tu nombre en el brazo!
Roswitha: ?_?
—¡Cof, cof! Tonterías, lo importante es que la Hermandad está creciendo, y tarde o temprano nos coordinaremos contigo para derrocar al maldito emperador.
Al ver la pasión en los ojos de Rebeca, León no pudo evitar sonreír con ternura.
Qué vueltas daba la vida.
Él solo había querido encontrar al traidor que lo incriminó, limpiar su nombre y tener una vida tranquila con esposa e hijas.
Pero el mundo no era tan simple.
El destino lo seguía empujando hacia adelante.
Ya tenía esposa.
Ya tenía hijas.
Y el hogar cálido llegaría tarde o temprano.
Pero aún no podía detenerse.
Le dio una palmada en la cabeza a Rebeca:
—Está bien hacer aliados, pero asegúrate de tener siempre una salida. No confíes en cualquiera, ¿entendido?
—Sí, sí, papá se encarga de revisar a todos.
León miró a su maestro.
Taiger asintió:
—No te preocupes. Ya lo tengo todo bajo control.
—Perfecto. Gracias por el esfuerzo.
Terminados los dos temas importantes, maestro y discípulo discutieron unos detalles más y luego dieron por finalizado el encuentro.
En el camino de regreso, León por fin preguntó:
—Oye, eso que dijiste… ¿cómo planeas ir al Extremo Norte?
—¿Te acuerdas que hace unos días Milan dijo que todos creen que tú y yo estamos en la etapa fría del matrimonio?
—Sí, ¿por?
—Después de decírmelo, me dio dos entradas para una aventura al aire libre.
Edición limitada, que consiguió con contactos. Dijo que así podríamos… reencontrar la pasión.
León parpadeó, confundido.
—¿Y eso qué tiene que ver con el Extremo Norte?
—Porque la aventura es… ¡en el Extremo Norte!
Madre mía… Así que ahí me querías llevar.
León se frotó la frente:
—Ustedes los dragones sí que viven al límite. ¿A quién se le ocurre organizar actividades en ese rincón helado?
—¡No es vivir al límite, tonto!
Los dragones somos salvajes por naturaleza.
Buscamos entrenamiento extremo. Es parte de nuestra sangre.
Tu maestro lo dijo: solo los que quieren superarse van allí a entrenar. ¡Y nosotros…!
—Sí, sí, sí, Su Majestad. Cada vez que hablas de tu raza, te sacas un ensayo de ochocientas palabras.
Roswitha soltó un par de risitas orgullosas, pero luego torció el gesto:
—Aunque hay algo que no entiendo.
—¿Qué cosa?
—Es verdad que los dragones buscan superarse, pero tampoco somos masoquistas como para ir a explorar voluntariamente un lugar como el Extremo Norte.
—¿Y entonces?
—Milan dijo que estas entradas eran “edición limitada”.
¿Tanta gente quiere ir a congelarse?
León se mordió el labio.
—Ni idea, la verdad.
—Hmm… qué raro.
Y con eso, dejaron de hablar del tema.
En ese instante, un estampido resonó en el cielo.
Un dragón plateado desapareció entre las nubes.
Y para saber qué había detrás de la duda de Roswitha…
tenemos que volver unos días atrás.
En la División Infantil de la Academia St. Hiss…
una pequeña heredera de rizos plateados y su mejor amiga de pelo azul estaban a punto de comenzar un viaje peligroso y emocionante.