Capítulo 076
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 376
76 – Guía (Parte doble)
Al amanecer, el Leviatán descendió lentamente sobre el Extremo Norte.
El viento helado aullaba.
La nieve caía sin cesar.
Frente a ellos, solo había un inmenso manto blanco que se perdía en el horizonte.
A través del pilar de transporte mágico, Roswitha llegó al suelo.
Entrecerró los ojos para que la nieve no le entrara.
Se llevó una mano a la frente, mirando a lo lejos.
—Creo que lo subestimamos un poco… Este lugar no parece hecho para venir a probar suerte.
—En la sociedad humana hay una frase perfecta para estos momentos… Bueno, no es una frase, son cuatro caracteres —dijo León, caminando hasta pararse a su lado.
—¿Qué cuatro?
—“Ya que estamos”.
Roswitha negó con la cabeza y sonrió.
Sí, “ya que estamos” servía para todos esos planes que se salen de control.
Tres días de viaje para llegar hasta el Extremo Norte, y ahora irse sin siquiera investigar…
Eso no iba con el estilo de esta pareja.
—¡Muy bien, valientes amantes de la supervivencia! Este es el destino final de nuestro viaje: la Tierra Prohibida de los dragones — el Extremo Norte!
Ah, cierto.
Oficialmente, habían venido con la excusa de un “desafío de supervivencia al aire libre”.
Así que, obviamente, había un guía a cargo del “desafío”.
—Pasaremos tres días sobreviviendo aquí.
Durante este tiempo no tendremos respaldo, ni guía, ni comida caliente ni chimeneas que caigan del cielo.
¡Lo único que tenemos es el coraje para desafiar a la naturaleza!
Por eso León jamás participaba en estas cosas.
Teniendo cama, comida caliente y techo…
¿Para qué te ibas a venir a congelar al fin del mundo?
Estos dragones estaban demasiado relajados en la vida.
De tanto lujo, ya no sabían qué hacer.
Si de verdad querían emociones fuertes, ¿por qué no retaban a un uno contra uno real con el General León?
¿No sería más emocionante?
Mientras León se burlaba mentalmente de todo, los estudiantes y los “aficionados al desafío” ya se habían dividido en dos grupos.
—Según dicen, todos esos estudiantes vienen del Departamento Juvenil de Dragones. Están aquí para hacer una prueba de combate —explicó Roswitha.
—¿Hacer una prueba en este lugar?
Roswitha asintió.
—Sí, es una tradición de la academia.
Tu maestro también decía que para forjar a un guerrero de verdad, tarde o temprano tenía que pisar el Extremo Norte.
—Bueno, sí…
León exhaló, y su aliento se volvió visible en el aire gélido.
Miró a los estudiantes caminando por grupos de tres o cinco, y de pronto preguntó:
—¿Tú crees que Noa se habrá colado?
—Noa todavía no pasa al Departamento Juvenil, es hasta el próximo año… Así que… debería no.
Pero al mencionarlo, a Roswitha también le entró la duda.
Después de todo, su hija mayor no podía medirse con las demás crías.
¿Qué niña de cinco años se atreve a atacar por sorpresa a un enemigo de rango Rey Dragón?
Y no una, ¡dos veces!
Además, Noa heredó justo esa parte de la personalidad de ambos: la más desafiante, la más valiente.
Si había una oportunidad de entrenar en el Extremo Norte, lo más probable es que sí hubiera venido.
Pero León y Roswitha se quedaron un rato bajo el Leviatán, observando.
Ya casi todos los estudiantes se habían marchado, y no vieron a su hija por ningún lado.
León suspiró, aliviado:
—Tal vez… solo fue paranoia nuestra.
Y sí.
En el fondo no quería que su hija estuviera aquí.
Aún no era el momento.
Había mucho tiempo por delante para volverse fuerte, no hacía falta apresurarse.
Y si Konstantin de verdad estaba en la zona, podía ser peligroso para Noa.
Con esa idea, la pareja se puso en marcha y se integró con el grupo de personas que iba al frente.
Ya era hora de comenzar la búsqueda en serio.
Pero justo después de que se alejaron, dos cabecitas se asomaron detrás de Yuna.
—¿Ya se fueron? —preguntó Noa.
—Sí. Ya se perdieron de vista.
La entusiasta princesa del rayo se paró en puntillas, mirando las siluetas de León y Roswitha mientras se alejaban.
—La famosa Reina Plateada es realmente elegante…
Y tu papá también es guapísimo. Los dos hacen muy buena pareja.
Noa, criada toda su vida entre esos dos espectaculares especímenes, ya estaba totalmente inmunizada a su aura de belleza perfecta.
Suspiró, salió con Helena de su escondite.
—Por cierto, Noa, ¿por qué no querías que tus papás supieran que viniste? —preguntó Yuna al volver la vista.
Noa miró las siluetas de sus padres desvaneciéndose entre la nieve.
Reflexionó un momento y respondió:
—Mi papá es un papá gallina.
Si se entera que estoy aquí, no me va a dejar ni a sol ni a sombra.
Yuna captó el punto y le ayudó a completar la frase:
—Así que quieres hacer esta prueba con tus propias fuerzas, y con tus amigos. ¿Es eso?
Noa asintió con firmeza.
—Y además… si regreso a casa con los resultados de la prueba en el Extremo Norte, sin que ellos se enteren, seguro se pondrán aún más felices.
Yuna se sorprendió un poco.
—¿Tus papás son de esos que se fijan mucho en las notas?
—No, ellos no.
Ellos se fijan en mí.
Pero ahora mismo, las notas son la mejor forma de demostrar lo que soy capaz de hacer.
Noa desvió la mirada, se ajustó la mochila al hombro y dio su primer paso hacia la nieve.
—Voy a volverme tan fuerte como ellos.
Eso te lo aseguro.
La pequeña figura se perdió poco a poco entre la ventisca.
Helena la siguió, llamando su nombre.
Yuna se quedó viendo esa silueta tan pequeña…
Luego volvió la vista hacia la pareja de esposos.
Después de un rato, curvó los labios y murmuró con una sonrisa:
—Lo vas a lograr, Noa.
Vas a ser más fuerte de lo que tú misma te imaginas.
Yuna también entró al vendaval, iniciando oficialmente la prueba con su equipo.
El «desafío de supervivencia» continuaba, pero León y Roswitha ya se habían escabullido del grupo hace rato.
Antes de irse, León le lanzó en secreto un hechizo de rastreo al guía del grupo, para no perderlos después.
Así podrían ir tranquilos a buscar el rastro de Konstantin.
Según sus planes, en medio de un desierto blanco interminable, encontrar a un monstruo de fuego como él no debería ser tan difícil…
Pero no era tan simple.
Por eso, iban a usar la energía primordial que Roswitha había reunido, con la esperanza de que resonara con la fuente original escondida bajo el hielo.
La teoría decía que energías del mismo origen se atraen entre sí.
Eso era conocimiento básico en clases de magia.
Pero claro… nadie sabía si eso aplicaba a la magia primordial.
Una vez que confirmaron que estaban solos, Roswitha comenzó a invocar el poder.
Pronto, el viento y la nieve empezaron a ser repelidos por una fuerza invisible.
Todo se desvió a su alrededor.
La nieve bajo sus pies empezó a derretirse.
León levantó el brazo y rodeó la cintura de Roswitha, por si el suelo cedía y ella perdía el equilibrio.
Pero todo salió bien.
Roswitha dominaba el poder con mucha más soltura ahora.
Y enseguida materializó una esfera blanca lechosa de energía.
Primer paso, completado.
Se miraron y sonrieron.
Ahora, el segundo paso.
Roswitha levantó la esfera, cerró los ojos, y empezó a buscar fluctuaciones mágicas.
Pasaron unos segundos…
Y Roswitha frunció el ceño.
—¿Qué pasa? ¿No sientes nada? —preguntó León.
Ella abrió los ojos, disipó la esfera y negó con la cabeza.
—Nada.
Ni una pizca de resonancia.
Y eso no debería pasar.
—En teoría, todo el poder de los dragones proviene del Rey Dragón Primordial, Noah.
Así que tu magia debería reaccionar con la suya, ¿no?
—Exacto.
Entonces, ¿por qué no hay ninguna señal…?
León pensó un momento y dijo:
—Tal vez tu abuela y las demás también intentaron esto en su época.
Y aun así, tardaron años en encontrar un poco de poder primordial.
Así que…
Debe haber algo que bloquea la resonancia.
—¿Bloquea…?
—O simplemente, lo que reuniste ahora no tiene la fuerza suficiente para generar una conexión.
Roswitha frunció el ceño.
—¿No es suficiente…?
Pero esto es lo mejor que puedo hacer por ahora.
León le dio una palmada en el hombro.
—Tranquila.
Ya lo teníamos contemplado.
No te desanimes.
Pensemos otro método.
Claro, decirlo era fácil.
Pero ¿qué otro método?
León levantó la vista.
Solo veía blanco, blanco y más blanco.
Ni el sol se distinguía bien.
Miró al suelo.
Una gruesa capa de nieve…
Y debajo, el hielo que ni siquiera Konstantin pudo derretir.
Bajo ese hielo, el tesoro.
—Roswitha —dijo de pronto.
—¿Hmm?
—¿Cómo dices que conservaron el poder primordial que encontraron tus abuelas?
—¿Conservarlo?
Ros pensó un momento.
—Tal vez… ¿en algún tipo de recipiente?
—¿Un recipiente que sobrevivió desde la era de Noah?
Lo dudo.
León se agachó, recogió nieve, y la dejó derretirse en su mano.
—Yo creo que ese poder está sellado bajo el hielo.
Y lo que tu abuela encontró… era solo una filtración.
—¿¿Un sello??
—Sí.
La nieve, el hielo…
Todo forma parte del sello.
—¿Y si está sellado, no será aún más difícil encontrar el origen?
Entonces no podríamos rastrear a Konstantin.
—No necesariamente.
Si hay una filtración, es porque hay una grieta en el sello.
Y esa grieta es nuestra oportunidad.
Justo cuando iba a seguir explicando, León se quedó mirando fijamente el pecho de Roswitha.
—Esposa… tu pecho está brillando.
Ros estaba escuchando con atención.
¿Y ahora qué venía con esa tontería?
Pensó que hablaba de la luz violeta del tatuaje dragón.
—¿No me digas que estás cachondo a este clima? Ni lo sueñes, te vas a congelar.
—…No.
La luz del dragón es violeta.
Esto es blanco.
Ros miró hacia abajo…
Y efectivamente, bajo la ropa, una suave luz blanca se filtraba.
Se desabrochó un poco el cuello, y lo vio:
—¡Es el collar que la abuela le dio a la directora Olet para mí!
La cadena brillaba con un resplandor tenue, pero constante.
Cuando Ros se movió, la luz se intensificó en una dirección, y luego volvió a su parpadeo normal.
Dio unos pasos…
La luz disminuyó.
Retrocedió…
La luz volvió a brillar más fuerte.
—¿La abuela nunca dijo de qué se trataba esto? —preguntó León.
—Solo dijo que era un regalo de bodas atrasado, hecho de un material muy raro.
—¿Tan tarde y se acordó del regalo de boda? Eso suena rarísimo.
León lo pensó bien y lanzó una teoría:
—¿Y si este collar tiene algo que ver con el poder primordial?
Después de todo, la abuela pasó años buscando eso en el Extremo Norte, y justo cuando volvió, te regaló esto.
Todo encaja.
Roswitha estuvo de acuerdo.
Antes no sabían que la abuela había estado investigando el legado de Noah.
Pero ahora, el momento en que dio el collar parece encajar perfecto con eso.
—Entonces… ¿seguimos la dirección del collar?
—Sí.
Al menos por ahora, es la única pista que tenemos.
En medio de la ventisca, una luz blanca los guiaba.
A esa antigua y misteriosa fuente de poder.