Capítulo 084
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 384: 84 Solo salvé el mundo de pasada
Noa sentía que algo andaba mal con su cuerpo.
El aumento reciente de apetito aún podía explicarse con frases como “estás en edad de crecer” o “es por el entrenamiento más intenso”.
Pero con cada día que pasaba, al despertar por la mañana, se sentía más y más agotada.
Y eso no le había pasado nunca.
Ni siquiera en los días más duros de entrenamiento. Siempre se levantaba llena de energía, con la motivación por las nubes.
—No subestimen la capacidad de recuperación física de una campeona. Para llegar a ese nivel, primero necesitas un cuerpo resistente.
Entonces… ¿este cansancio es por culpa de ese sueño raro?
Noa rara vez soñaba. Siempre dormía de maravilla, y solo respondía un poco cuando Moon se le trepaba encima para abrazarla.
¿Pero un sueño podría afectar la recuperación física?
Noa no lo entendía.
Si fuera simplemente una enfermedad, con su constitución física ya debería haberse curado en dos o tres días.
Pero ya había pasado casi medio mes, y su condición seguía empeorando.
Finalmente, la campeona decidió acudir a su viejo y confiable padre.
Porque papá… siempre tenía la solución para todo.
Claro, Noa no quería preocupar a sus padres, así que no les iba a soltar directamente un “mi cuerpo anda mal”.
Ella ya tenía una hipótesis: quizás su condición actual y ese extraño sueño estaban relacionados con lo ocurrido en las ruinas del Rey Dragón Primordial hace medio mes.
Así que podía usar eso como excusa para que papá empezara a investigar desde ahí.
Encontró a León en la biblioteca privada de Roswitha.
Estaba ayudando a Moon y Lucecita a repasar los contenidos del próximo semestre.
—Buenos días, hermana mayor —fue Lucecita la primera en notar su llegada y la saludó alzando la cabeza.
—¡Buenos días, hermana! ¡Por fin te despertaste~! —Moon también dejó el libro, saltó de la silla y corrió hasta Noa moviendo la colita, tomándola de la mano.
Noa sonrió y se acercó a la mesa donde los tres estaban estudiando.
—Buenos días, viejo. —Saludó a León.
Ya no le decía “papá” con formalidad. Ahora lo llamaba “viejo” con cariño, igual que Lucecita.
Era más cómodo así.
—Buenos días —respondió León con su voz amable.
Estaba por invitarla a unirse al grupo de estudio cuando notó algo raro en su hija mayor: tenía mala cara, y una sombra de cansancio se asomaba en su expresión.
Iba a preguntarle, pero al ver a las otras dos hijas allí cerca, cambió de tema.
—Noa, acompáñame a escoger unos libros, ¿quieres?
—Está bien.
—Moon, Luce, ustedes sigan leyendo. Si tienen alguna duda, cuando vuelva se las resuelvo.
—¡Sí, papá! —respondieron ambas.
Hecho eso, León se levantó y llevó a Noa a las estanterías.
Padre e hija, uno a cada lado, hojeaban libros con calma aparente.
Pero lo de “escoger libros” era puro pretexto.
León no quería que Noa hablara de su malestar frente a sus hermanas.
Y Noa, que era una niña pero con mucha cabeza, enseguida entendió la intención de su padre.
De paso, el tema que quería tratar con él también requería una conversación privada.
En poco tiempo, Noa dejó de fingir que buscaba libros, bajó los pies del estante y se giró hacia su padre.
—Gracias, viejo.
León también soltó el libro y la miró.
—No hay de qué. Ya estamos solos. ¿Ahora sí me cuentas qué te pasa?
Noa se rascó la cabeza, buscó las palabras, y dijo:
—Últimamente he estado soñando siempre lo mismo.
—¿El mismo sueño? ¿Sobre qué?
—Parece una guerra. Una guerra que pasó hace muchísimo tiempo.
Padre e hija caminaron despacio entre las estanterías y llegaron a las ventanas del fondo de la sala.
La luz cálida del sol bañaba el rostro de Noa, aliviándole un poco el malestar, aunque su expresión seguía seria.
—En ese sueño, los clanes dragón peleaban entre sí por recursos y tierras. Era una guerra total, y por culpa de eso, la población de los dragones cayó en picada.
—Y siempre, al final del sueño, aparece un dragón blanco gigante, que se posa en la cima de la montaña más alta del glaciar.
Con una fuerza y autoridad absolutas, pone fin a la guerra.
—Intenté buscar información sobre ese dragón blanco, pero en el sueño su forma es muy borrosa, así que no sé por dónde empezar.
León la escuchaba en silencio, sin interrumpir.
Noa todavía no había llegado al punto clave, así que prefirió seguir oyendo.
—Y desde que tengo ese sueño, cada mañana me despierto muy cansada, agotada.
Noa frunció el ceño y alzó los ojos para mirar a León, con una expresión que pedía ayuda.
—Estuve dudando unos días, pero al final decidí contártelo. Quería preguntarte si hay alguna forma de hacer que ese sueño… se detenga.
León se puso serio. Se frotó la barbilla, pensando.
El campo de batalla que Noa describió en su sueño… parecía corresponder a la guerra civil de los dragones, que ocurrió hace milenios.
Y el dragón blanco que ponía fin a esa guerra…
Era el Rey Dragón Primordial, Noah.
León sabía eso porque, cuando Roswitha comenzó a entrenar con la magia primordial, él la ayudó a buscar muchísimos textos antiguos sobre el tema.
Y en esos libros se contaban las historias del Rey Noah.
Era el antepasado de los dragones, el que puso fin a la guerra civil, el primer rey de la historia dracónica.
Su poder dio vida a la tierra de los dragones, y su legado había influenciado generación tras generación, hasta hoy.
Un ser tan importante, en el mundo humano tendría una estatua en cada templo nacional.
Por más que los libros de texto se actualizaran, ese nombre jamás desaparecería de la historia.
Pero… ¿por qué esa historia aparecería justo en los sueños de Noa?
León tenía sus sospechas, pero sabía que Noa también debía tener las suyas.
Así que decidió abrir la conversación de frente:
—Controlar los sueños es algo peligroso. Podrías terminar enganchada al poder de manipular todo dentro de ellos.
Y si eso pasa, podrías terminar perdiendo la capacidad de distinguir entre realidad y fantasía.
—Así que, antes de pensar en cómo dejar de soñar eso… mejor averiguamos por qué lo estás soñando.
Noa parpadeó.
—¿Pero no son solo sueños? No tienen lógica ni razón… ¿se puede saber por qué tengo ese en específico?
León negó con la cabeza.
—No es un sueño, Noa. Es historia real.
No pensaba ocultárselo.
Conociendo a su hija mayor, tan lista como era, seguro ya había notado que algo raro pasaba con ese sueño repetido.
Así que mejor hablar claro y sin rodeos.
—¿Historia real…? —repitió Noa, con un leve sobresalto.
—Sí.
León le explicó brevemente la guerra civil entre dragones y la historia del Rey Noah.
Cuando terminó, Noa asintió con expresión pensativa.
—Entonces… ese dragón blanco que aparece en mi sueño, ¿es el Rey Dragón Primordial?
Hizo una pausa y agregó:
—Mamá me puso el mismo nombre que ese dragón…
—Sí. Noah fue un héroe para todo el pueblo dracónico. Tu mamá te dio ese nombre esperando que te convirtieras en una gran guerrera, igual que él.
Eso era lo que podía decir un padre.
Pero si hablamos de la verdad verdadera:
Falso héroe del pueblo dragón: Noah.
Verdadero héroe del pueblo dragón: León Casmod.
Cruzó mundos, salvó a su esposa y sus hijas, y ya de paso, rescató al pueblo dragón.
Y luego se retiró en silencio, sin buscar gloria ni medallas.
Noa se rascó la cabeza, hizo un puchero y murmuró:
—Aun así, más que parecerme a ese Rey Primordial… yo quiero parecerme a ti, papá… ¡ay! ¡Ugh…!
León se asustó y fue corriendo a sostenerla.
—¿Qué pasó? ¿Te duele la cabeza?
Noa se frotaba las sienes.
—No sé por qué… de repente me dio un dolorcito. Quizá sí he estado descansando mal últimamente…
León le frotó con cariño la cabecita.
—¿Mejor?
—Sí, ya se pasó. Fue solo un momento.
—Bien.
(Un cierto rey ancestral: ¿Usas mi nombre y aún así dices que quieres parecerte a otro? ¡Estas crías necesitan disciplina!)
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[Nota del autor]
Con respecto a la conexión entre Noa y el antiguo rey: no es una posesión, ni Noa va a desaparecer de la historia. Todo se irá revelando poco a poco, ¡no se preocupen!