Capítulo 095
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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95 Profecía
No fue sino hasta casi el mediodía del día siguiente que fueron a hacer el check-out.
A diferencia de anoche, cuando habían insistido en la teoría de que “la distancia crea belleza”, al salir del hotel estaban tan pegados el uno al otro que parecían recién casados.
Él rodeaba con el brazo la cintura delgada como un junco de su esposa, y ella se apoyaba en su pecho como un pajarito confiado.
¿Quién podría imaginar que anoche ambos llegaron diciendo al unísono que iban a alquilar habitaciones separadas? ¡Cualquiera que los viera habría pensado que estaban tramitando el divorcio!
La recepcionista era la misma chica de la noche anterior.
Al ver el brillo renovado en la pareja, con sus años de experiencia supo de inmediato que la noche anterior debió de estar llena de fuego y pasión.
Y considerando que ya era mediodía, solo podía ser por dos razones: o anoche estuvieron demasiado intensos, o en la mañana volvieron a la carga…
La recepcionista sacudió la cabeza, dejando de especular sobre la vida conyugal ajena.
En realidad, no solía ser así de chismosa.
Llevaba mucho tiempo trabajando en recepción y había visto de todo tipo de parejas.
Pero esta pareja… sí que era peculiar.
Y dentro de esa rareza, se notaba claramente el profundo amor que sentían el uno por el otro.
Además, tanto su apariencia como su aura los hacían ver como hechos el uno para el otro, una combinación perfecta.
Era imposible no imaginar cómo sería su día a día.
—El check-out está completo. Esperamos verlos pronto —dijo la recepcionista con una sonrisa profesional.
Roswitha asintió y, junto a León, salió del vestíbulo del hotel.
Ya en la calle, con la gente yendo y viniendo, dejaron de abrazarse como antes, y simplemente se tomaron de la mano.
Después de cada noche de pasión, ambos se quitaban el disfraz de orgullo y sarcasmo, y se comportaban como una pareja de verdad: abrazados, tomados de la mano, conversando.
Así que sí…
Entregar la “tarea” con regularidad ayuda a fortalecer el vínculo conyugal.
Y no es mentira.
—¿Regresamos a casa directamente o…?
—Vamos a comer algo primero.
Para ser sincera, Roswitha aún sentía las piernas algo temblorosas.
El maldito hombre se había esforzado demasiado anoche… bueno, en realidad se esforzaba igual cada noche, al punto de que hasta su cuerpo de Reina Dragón se sentía débil. Necesitaba urgentemente reponer energías.
La Reina suspiró por dentro. Ya empezaba a extrañar los días en los que ella exprimía hasta la última gota del famoso cazador de dragones.
No como ahora, que la había convertido en una crema batida.
Sacudió la cabeza para quitarse esos pensamientos inútiles.
Ella y León doblaron unas cuantas calles y se dirigieron a la zona de restaurantes.
Pero ambos sufrían de cierto grado de indecisión.
Ante tanta variedad de lugares, no sabían cuál elegir.
—Ahhh~ ¿cuál escogemos? Todos se ven deliciosos —murmuró Roswitha.
León también estaba indeciso.
Se rascó la cabeza y dijo:
—¿Y si hacemos el jueguito del “pico de gallo”?
—No me gusta el pollo.
—No no no, “pico de gallo” es para elegir, no para comer…
Mientras hablaba, levantó la mano y fue señalando restaurante por restaurante mientras recitaba:
—Pi-co-de-ga-llo-le-to-ca-a-es-te—¡listo, este!
Roswitha: ……
¡Este hombre infantil!
Pero qué adorable.
Jejeje : )
¿Hmm?
¿Qué?
¿Quién dijo que su majestad la Reina estaba enamorada?
¡Tonterías! “Adorable” en idioma dragón es un insulto, ¿sí?
—Bueno, está bien. Este será.
Pero justo cuando por fin se habían decidido y estaban por entrar, alguien les bloqueó el paso.
Al mirar, vieron a un tipo que les resultaba familiar.
León lo escaneó de arriba abajo y lo recordó.
—¿No eres el maestro de ceremonias de la reunión de ayer en la Torre del Crepúsculo?
El hombre vestía un traje elegante, peinado impecable, guantes blancos y zapatos negros de charol. Esa pinta solo podía significar dos cosas: o era un botones de hotel, o era el asistente de algún pez gordo.
Y efectivamente, se presentó como “sirviente del Maestro de la Torre del Crepúsculo”.
—Así es. Me alegra volver a verlos.
León y Roswitha se miraron, negando levemente con la cabeza.
Ninguno sabía por qué la Torre del Crepúsculo los buscaba después de la reunión de los reyes dragón.
—¿Qué se les ofrece? —preguntó Roswitha con tono frío.
—Mi señor los invita a almorzar. ¿Tendrían tiempo para acompañarlo?
¿Un almuerzo con el Maestro de la Torre?
¿No será una trampa?
Después de todo, en la reunión de ayer, Arlais y varios reyes dragón quisieron aprovecharse de la excusa de “mantener la estabilidad” para eliminar a Konstantin y quedarse con su poder primordial.
Y según contó el Rey Rayo Odín, ese tipo de artimañas no eran nuevas entre ellos.
Siendo el organizador de la reunión, el Maestro de la Torre probablemente también estaba involucrado.
Así que si ahora los invitaba a almorzar… probablemente tenía que ver con ese tema.
León miró a Roswitha.
Y sí, ella también lo había notado.
Intercambiaron miradas, activaron el “chat de equipo”.
León: ¿Vamos o no?
Roswitha: Si se trata de Konstantin, creo que debemos ir. El poder primordial no es un juego. Si cae en manos equivocadas, las consecuencias serían desastrosas.
Después de la reunión, León ya le había contado a Roswitha su opinión sobre el viejo Kon:
Peligroso, hablador, rencoroso, violento.
Pero con principios: no hace daño a niños ni a inocentes.
Incluso con Noa, nunca la atacó por ser hija de León; no la consideraba parte de su venganza.
Así que mientras el poder estuviera con Konstantin, lo más probable era que solo se metiera con León o el Imperio.
Pero si lo robaban otros… todo era incertidumbre.
Al menos, si era con Konstantin, León podía prepararse.
—Está bien. Guíanos.
—Por aquí, por favor.
El sirviente les hizo un gesto y los condujo fuera de la zona de restaurantes.
Después de unos treinta minutos, llegaron a una torre independiente de diseño refinado.
—Lamento no poder acompañarlos más allá. Mi señor los espera adentro.
—Entendido.
La pareja entró.
Esperaban ver una decoración ostentosa, pero en realidad, la gran sala estaba vacía, salvo por una sola mesa en el centro.
Con lo enorme que era el lugar, esa solitaria mesa se veía casi inquietante.
Como si hubieran construido toda la torre solo para esta comida.
Detrás de la mesa, un hombre de mediana edad los esperaba.
Tenía modales refinados y un porte tranquilo.
Al verlos, se levantó y dijo:
—Los he esperado. Por favor, tomen asiento.
Frente a él había dos sillas, claramente preparadas para ellos.
Ambos se sentaron. León habló en voz baja:
—¿Eres tú el Maestro de la Torre del Crepúsculo?
—Así es, señor Casmod.
El Maestro confirmó su identidad, pero no se presentó.
Eso ya les daba a entender que iba a ser una charla en desventaja para ellos.
Pero tampoco era de extrañar. Se decía que este hombre, fundador de Ciudad Cielo, era muy reservado.
—Primero coman, por favor.
Pero ni León ni Roswitha miraron los platillos.
—Díganos directamente a qué viene todo esto, Maestro —dijo León, cortando por lo sano.
El Maestro se sorprendió un poco, luego sonrió con un suspiro.
—El príncipe plateado, directo como siempre. Eso concuerda con lo que todos dicen de ti.
—¿Todos?
León se recostó en la silla, con una sonrisa sarcástica.
—¿Así que mucha gente te informa sobre mí?
—No arruinemos la charla con formalidades, señor Casmod.
El Maestro se quitó el pañuelo del cuello y lo colocó sobre la mesa. Entraba también en “modo serio”.
—Los he llamado para hablar sobre lo ocurrido en la reunión de ayer.
Así que era por eso.
Lo esperaban.
—¿Qué desea hablar, Maestro? —preguntó Roswitha.
—Tengo entendido que su propuesta sobre cómo tratar con Konstantin fue la elegida, y que incluso Odín y la mayoría la respaldaron, ¿cierto?
—Correcto.
Curiosamente, el Maestro había separado el apoyo de Odín del de “la mayoría”. Lo que significaba que entendía la diferencia jerárquica entre Odín y los demás.
León lo notó, pero no dijo nada. Esperó a ver su jugada.
—Verán… según la costumbre, quien decide las acciones después de una reunión es Arlais, el Rey Dragón de Montaña y Mar.
Ese viejo codicioso que quería el poder primordial para él.
—¿Está diciendo que quiere que apoyemos su propuesta?
¿Mostrando las cartas tan pronto?
Pero el Maestro negó con la cabeza.
Su respuesta sorprendió un poco.
—No me importa si se lleva a cabo la propuesta de Arlais. Nunca he cuestionado las veces que ha usado la reunión para beneficio propio.
—Porque la Torre del Crepúsculo es completamente neutral. Solo ofrecemos un espacio para que los reyes hablen.
—Lo que pase después no es nuestra responsabilidad.
—Y por eso… los dragones, ya de por sí divididos, se han vuelto aún más inestables.
—Pero ¿a quién le importa?
Dicho esto, el Maestro soltó una risa irónica y negó con la cabeza.
—Todos viven solo para sí mismos.
León se quedó pensativo. Así que no estaba del lado de Arlais.
Aun así, decidió seguir tanteando.
—Cada quien vela por sus intereses. No hace falta que lo diga, ¿verdad?
—Claro. Pero, señor Casmod, una cosa es velar por uno mismo y otra muy distinta es arrastrar a otros con tus consecuencias.
León relajó el ceño.
Este Maestro… le caía bien.
—Entonces, si estás en contra de Arlais, ¿por qué lo has permitido durante tanto tiempo? —preguntó Roswitha.
—Porque los dragones necesitamos una fuerza neutral. Un lugar donde podamos sentarnos a hablar sin recurrir a la violencia. Necesitamos orden.
—Y si yo, como Maestro, me inclinara por un bando, ese equilibrio se rompería. Eso solo provocaría guerras y caos.
Tenía razón.
Si no alimentas a los de arriba, los de abajo no comen.
Y en este caso, Ciudad Cielo era la balanza.
No se movería por nadie.
Entonces, ¿para qué los había llamado?
¿Quería que León lo ayudara en secreto?
Pero eso rompería su neutralidad…
—Así que, Maestro, ¿no me diga que solo nos llamó para decirnos eso?
—No, señor Casmod. Hoy tengo una petición.
—¿Qué clase de petición?
—Hasta ahora, Odín rara vez asistía a las reuniones. Y usted, es la primera vez que viene. Aun así, lograron frenar a Arlais y evitar una guerra.
—Odín… ya sabemos que es influyente. Muchos votan según lo que él diga.
—Pero usted, señor Casmod, es todo lo contrario a Arlais.
—Las reuniones necesitan a alguien como usted para equilibrar la balanza. Solo así el futuro del pueblo dragón será más estable.
—Así que le pido, por favor, que asista a las futuras reuniones.
¿Solo eso?
¿Lo quería como contrapeso?
No rompía su neutralidad. Estaba bien.
—¿Y por qué no se lo pide a Odín? Usted mismo dijo que es más influyente.
El Maestro negó con la cabeza.
—Fui a buscarlo anoche. Me dijo que solo vino esta vez porque le caes bien.
—Sus palabras exactas fueron: “Ese chico me parece interesante. Si no fuera por él, ni de loco venía a esta reunión tan aburrida”.
—Así que… solo me queda pedirle a usted. Si usted no va, Odín tampoco irá.
León: ……
Ah bueno, ahora resulta que soy la joyita de los dragones, ¿eh?
Antes, si me cargaba a Odín me daban una medalla y una pensión de por vida.
Y ahora tengo que sentarme con él… para detener a un avaro con complejo de hucha.
—Entonces, señor Casmod… ¿cuál es su respuesta?
León se levantó.
—Necesito hablarlo con mi esposa. En la próxima reunión, tendrá su respuesta, Maestro.
El Maestro asintió con calma.
—Está bien, señor Casmod.
—Gracias por el almuerzo. Nos retiramos.
Aunque no habían tocado ni un bocado, había que ser educado.
Mientras la pareja se alejaba, la sonrisa amable del Maestro se desvanecía poco a poco.
En su lugar, apareció una expresión fría y seria.
En ese momento, el sirviente regresó y preguntó con respeto:
—Maestro, ¿cómo fue?
El Maestro entrecerró los ojos, mirando hacia la dirección en la que se había ido León.
—Tal como dijo Odín… es interesante.
—¿Pero eso basta?
—Si pudo enfrentarse a Konstantin, quien ya había absorbido el poder primordial, en las ruinas del norte… su fuerza no es normal.
—Y además, él solo contuvo varias invasiones a la familia plateada en estos años. Eso demuestra que León Casmod… ya cumple con los requisitos básicos.
El sirviente reflexionó un momento.
—Pero su origen es incierto. Según mis investigaciones, es como si hubiera aparecido de la nada, casándose con la Reina Plateada. ¿De verdad puede ser él… el elegido?
—¿Quién sabe?
El Maestro desvió la mirada hacia el suelo.
Sentía el latido y ritmo de la Ciudad Cielo bajo sus pies. Cerró los ojos.
—Equilibrio. Neutralidad. Orden… Para la mayoría de los dragones, esas palabras son poco más que ilusiones.
—Si no fuera por la Profecía… y por el Miedo Final…
—Jamás habría mantenido esta torre y esta ciudad tanto tiempo.
—Solo espero que ese muchacho llamado León Casmod…
—Sea de verdad… el elegido.