Capítulo 098
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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98 Juro por mi burro
—El plan contra Konstantin que se votó en la reunión secreta de los Reyes Dragón hace medio mes… ya está en marcha.
—Cada clan envió parte de su gente a vigilar continuamente los alrededores del territorio del Clan del Fuego Carmesí.
—Estoy pensando en mandar a Xueli. ¿Qué opinas?
Después de la cena, León y Roswitha paseaban juntos por la pista del campo de entrenamiento, en el patio trasero.
Sus pasos seguían el reflejo cálido del atardecer. A lo lejos se oían las risas y gritos de sus hijas jugando.
León caminaba con las manos en los bolsillos, tranquilo, pero con el rostro tenso. Era evidente que tenía algo en mente.
Después de pensarlo un poco, asintió.
—Está bien. Pero tengo una petición.
—¿Cuál?
—Quiero ir con ella. Quiero ir yo también.
Roswitha se detuvo. Frunció ligeramente el ceño.
—¿Tú también? ¿A qué?
—Hay cosas… que quiero preguntarle a Konstantin cara a cara.
Roswitha percibió de inmediato que León no estaba bromeando.
Tampoco era un simple impulso.
Si él decía eso, es porque ya lo había pensado muy bien.
—Los dragones que se aliaron con el Imperio tienen la boca sellada. No van a soltar ni una palabra —dijo León—.
Pero Konstantin es diferente. Él sí colaboró con el Imperio, pero luego lo traicionaron de la peor manera.
Sobrevivió de milagro.
Ahora debe odiarlos con todo su ser. Así que, tal vez, logre sacarle algo de información.
Desde el principio, León y su maestro ya habían acordado que debían recolectar información entre los dragones.
Pero ya había pasado bastante tiempo.
Los recursos que tenía a su disposición se habían agotado y el plan estaba estancado.
La recolección de datos se volvió lenta y cada vez más difícil.
Hasta que la ruptura entre Konstantin y el Imperio le abrió una nueva puerta.
Porque aunque eso de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” no se aplicara bien en esta extraña triada de León, Konstantin e Imperio…
Al menos podía pensar que el enemigo de mi enemigo, si no es tu amigo, puede contarte un par de secretos, ¿no?
—Pero tú y Konstantin también tienen una enemistad. Si se ven, van a terminar peleando —dijo Roswitha, pensando en el asunto desde todos los ángulos.
León pensó que ella intentaría impedirle ir.
Pero lo que escuchó después lo sorprendió.
—Entonces yo voy contigo.
León se quedó helado.
Roswitha hablaba completamente en serio.
Y en ese momento, al verla tan decidida, él volvió a recordar que esta “esposa por contrato” no era una mujer cualquiera.
Una mujer común y corriente nunca dejaría que su marido se metiera en una situación así de peligrosa.
Pero ella era una Reina Dragón.
Y las Reinas Dragón, cuando hay que lanzarse de cabeza… se lanzan.
León soltó una risita y negó con la cabeza.
—No. Tú no puedes ir.
Roswitha parpadeó, algo molesta.
—¿Por qué no?
Siempre habían enfrentado las cosas juntos. Ella ya se había acostumbrado a ese tipo de cooperación silenciosa entre ambos.
Pero esta vez… ¿él le estaba diciendo que no?
No lo entendía.
—Dijiste que ya hay gente de todos los clanes vigilando los límites del territorio de Konstantin.
Eso ya debe tenerlo bastante irritado.
Y si encima va una Reina Dragón, seguro va a pensar que lo están provocando.
—Por eso, lo mejor es que vaya solo —concluyó León.
Roswitha se quedó pensativa, con las manos detrás de la espalda, su cola acariciando el suelo.
Frunció el gesto y murmuró por lo bajo:
—Lo que no quieres es que yo vaya contigo.
Uy…
¿Y ese tonito de esposa resentida?
León soltó una risa por lo bajo y, sin decir nada más, le tomó la mano.
Deslizó los dedos por su dorso con suavidad, y le dijo con una voz cálida:
—Te lo prometo. No voy a pelear con Konstantin.
Si él quiere pelear, me doy la vuelta y salgo corriendo.
—¿Y crees que te voy a creer eso, tonto?
Roswitha intentó zafarse, pero al ver que no podía, dejó que él siguiera sujetándola.
Aunque no se quedó callada.
—En cuanto te rete, vas a gritar “¡Por la gloria de los cazadores de dragones!” y te vas a lanzar como loco.
—¡Wah! Pero qué nivel de conocimiento.
No en vano vivimos cinco años juntos.
—Cinco años como esposos falsos, gracias.
—Y así de bien me conoces. Si hubiéramos sido esposos de verdad… uf, ni me lo imagino.
Roswitha sonrió con sarcasmo y le lanzó una mirada gélida.
—Qué gracioso eres, Casmod.
León no la soltó. Siguió caminando con ella por la pista.
—No te preocupes. Todos lo vemos como un dragón loco que solo sabe pelear, pero…
después de aquel enfrentamiento en las ruinas, creo que sí se puede razonar con él.
No va a atacarme sin más.
Roswitha seguía sin estar del todo convencida.
—Entonces júramelo. Si la cosa se pone fea, no vas a hacerte el héroe.
—Pero si ya te lo prometí, ¿no?
—Una promesa no es un juramento.
León recordó una frase de su maestro: “Las mujeres son criaturas que escuchan con los oídos y sienten con las palabras. Así que cada palabra cuenta.”
En ese entonces no entendía lo que significaba.
Ahora sí lo entendía.
—Está bien, está bien. Te juro.
—¿Así nada más? ¿No vas a jurar sobre algo?
León lo pensó, se detuvo, alzó tres dedos al cielo y solemnemente declaró:
—Yo, León Casmod, juro por mi burro amado que no voy a pelear con Konstantin.
Roswitha se sorprendió un poco.
¡Ah caray!
¿Jurar por el burro?
Entonces esta vez iba completamente en serio.
Porque aunque no lo conociera en persona, ella sabía perfectamente lo que significaba ese burro para León.
Ahora sí pudo quedarse tranquila.
—Está bien. Entonces mañana le diré a Xueli que te lleve.
—Perfecto. Prepárate para recibir buenas noticias.
—
Al día siguiente, León viajó junto a Xueli y el equipo enviado por el Clan de la Plata hacia el territorio del Clan del Fuego Carmesí.
Xueli, como mano derecha de Roswitha, no preguntó nada que no debiera preguntar.
Si el príncipe decía izquierda, volaban a la izquierda.
Si decía derecha, viraban a la derecha.
Eficiencia silenciosa, sin meter las narices.
Cuando llegaron al punto asignado al Clan de la Plata para la vigilancia, León bajó de la espalda de Xueli en su forma de dragón.
—Gracias, Xueli. Quédense aquí. Yo iré solo.
Entrar acompañado de soldados del Clan de la Plata solo iba a tensar más la situación.
Aunque Konstantin fuera un dragón con cerebro y principios, si León aparecía con una escolta militar invadiendo su territorio, iba a romperse todo.
Xueli plegó las alas y volvió a su forma humana.
—Por favor, tenga cuidado, Alteza. Si pasa cualquier cosa, no dude en usar la bengala de emergencia.
León bajó la mirada, sopesando la bengala en su mano.
Se la había dado Roswitha antes de salir.
Aunque aceptó que fuera solo, insistió en dejarle una medida de emergencia.
—Sí. Lo tengo claro.
—Esperaremos aquí a su regreso.
León asintió, luego giró la mirada hacia la frontera del territorio del Clan del Fuego Carmesí.
El viento le azotó la cara, alzando la arena.
Entrecerró los ojos.
—Konstantin… vamos a hablar.