Capítulo 113
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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113. Ese truco barato de vender humo
Progreso del equipo para limpiar la mazmorra “Imperio”: 2/3
Solo quedaba reclutar al legendario rey más difícil de convencer del mundo: Konstantin.
León ya planeaba ir a hablar con él, pero antes, necesitaba asegurarse de que su maestro y su maestra estuvieran bien.
Tras despedirse del burrito, León y los demás fueron al cuarto de descanso de Tiger y Charlotte.
Aunque la pareja seguía algo débil, su semblante era mucho mejor que el día anterior.
León por fin pudo tranquilizarse.
Entonces aprovechó para contarle a Tiger su plan de declararle oficialmente la guerra al Imperio.
Tiger también llevaba tiempo queriendo hacerlo.
—Mi idea era que después de esta entrega de información te llevaría conmigo al Imperio, derrocaríamos a ese perro emperador y limpiaríamos tu nombre, pero… cof cof…
Tosió dos veces, llevándose una mano al pecho.
Aunque ya tenía implantada la escama protectora del corazón, todavía necesitaba tiempo para recuperarse.
Charlotte, sentada a un lado, le frotaba suavemente la espalda.
Tiger giró la cabeza y le dio unas palmaditas en la mano para decirle que estaba bien.
Luego siguió hablando con León:
—Nunca pensé que nos fueran a rastrear los del Escuadrón Especial de Cuchillas… Fui muy confiado, ni siquiera tomé medidas de contra-rastreo.
Durante años, Tiger y León habían usado una cueva en las montañas para intercambiar información sin que el Imperio los descubriera, todo gracias a la habilidad de Tiger para evitar ser seguido.
Después de todo, su maestro fue parte del ejército imperial cazadragones. Aunque no llegó tan alto como León, sí fue un cazador veterano con montones de trucos para rastrear… y para despistar.
Pero la edad no perdona, y Tiger ya no tenía los reflejos de antes.
Rebecca, por otro lado, era muy joven e inexperta, lo que terminó provocando la emboscada.
León le dio una palmada en el hombro.
—No fue culpa tuya, maestro. Ahora solo recupérate bien. Nosotros nos encargamos del resto.
Conociéndolo, León sabía que Tiger querría participar en esta batalla final contra el Imperio.
Pero Tiger también entendía que en su estado actual, solo sería una carga.
Así que, después de pensarlo, aceptó con resignación.
Asintió.
—Está bien. Cuando llegues al Imperio, Rebecca te llevará con los del Corazón de León. Todos ellos están de tu parte, y muchos han sufrido por la corrupción imperial. Con su ayuda, moverte por el Imperio será mucho más fácil.
—Entendido, maestro.
—Entonces, tu maestra y yo esperaremos aquí a que regreses con buenas noticias.
León asintió con firmeza.
Charlotte se acercó, tomó su mano.
—Tantos años sin verte, y ahora que al fin te veo, ya te vas otra vez…
León apretó su mano con la suya, grande y ligeramente fría, pero reconfortante.
—No se preocupe, maestra. En cuanto esto termine, podremos estar como antes.
—Está bien… cuídate mucho.
—Lo haré.
Charlotte miró por encima del hombro de León a Rebecca, y no olvidó advertirle:
—Si te metes en algún lío que no puedas manejar, ni se te ocurra hacerte la valiente. Busca a León de inmediato, ¿me oyes, Rebecca?
La chica de coletas, normalmente tan alocada, esta vez estaba muy seria.
—Lo tengo claro, tía Charlotte.
Charlotte bajó la mirada. Observó el dorso de la mano de León, llena de cicatrices, y lo acarició suavemente con la yema de los dedos.
—Prométanme que regresarán sanos y salvos. Por favor…
Por un momento, el tiempo pareció retroceder varios años.
Aquel entonces, León acababa de graduarse de la Academia de Cazadragones y estaba a punto de marchar a su primer campo de batalla.
Charlotte siempre le decía lo mismo mientras le tomaba la mano: “Vuelve con vida”.
Y él nunca se cansaba de escucharlo.
Porque en tiempos de guerra, cada despedida podía ser la última. Era una realidad cruel e inevitable.
Pero esta vez… tal vez esta vez, León podría cambiar por completo el rumbo del conflicto entre humanos y dragones.
Tal vez podría revelar toda la verdad.
Liberar al pueblo del Imperio de su miseria.
Después de un rato, Charlotte soltó lentamente su mano.
Se limpió las lágrimas del rabillo del ojo y le dedicó una sonrisa.
—Ve, hijo. Haz lo que tienes que hacer.
—Sí, maestra.
—
Una vez todo quedó en orden, Claudia lideró al grupo fuera del palacio submarino.
Se dividieron en dos equipos:
Rebecca y Claudia se adelantaron hacia el Imperio, usando la red del Corazón de León para infiltrarse;
León y Roswitha, por su parte, fueron a buscar al último aliado que faltaba…
Y, ya de paso, ver cómo estaban sus hijas.
Cuando llegaron a la frontera del territorio de los Dragones Carmesí, ya era de noche.
Fueron directo a la zona donde la tribu de dragones plateados se encargaba de la vigilancia.
—Su Majestad. Mi señor —saludó Sherry, inclinando la cabeza.
—¿Konstantin ha hecho algún movimiento? —preguntó Roswitha.
—No, majestad. En este tiempo se ha mantenido dentro de sus tierras, sin salir ni una sola vez.
O sea, el viejo está en casa.
La pareja se miró. Luego, asintieron al unísono.
Sherry notó que no venían solo a vigilar, sino que había algo más.
Pero como buena subordinada, no hizo preguntas. Solo se hizo a un lado y les abrió paso.
—Voy solo —dijo León—. Quédate aquí.
—¿Y si quiero ir contigo? ¿Vas a usar la misma excusa de la vez pasada?
León sonrió. No dijo nada, lo que fue respuesta suficiente.
Roswitha ya no sabía qué hacer con este terco.
Una vez que se le metía algo en la cabeza, no lo sacabas ni con ocho burros.
—Entonces ten cuidado. Si no acepta… buscamos otra forma.
—Vale.
Dicho eso, León avanzó hacia el bosque.
Ya era su tercera visita al territorio de los Dragones Carmesí, así que ya conocía el camino.
Poco después, llegó a las afueras del Templo Carmesí.
Tal como la vez anterior, un grupo de guardias le salió al paso.
León se detuvo, se rascó la sien.
—Bueno, así me ahorro tener que tocar la puerta.
Treinta segundos después…
Las puertas del templo fueron reventadas de un golpe.
Dos guardias salieron volando hacia el interior.
—¡Konstantin!
—¿Vienes a negociar?
—Uy, ahora me respondes hasta antes de que termine la frase. Qué eficiencia.
En el trono, el viejo dragón se sujetaba la frente con una sola mano, claramente resignado.
Sentía que su peor decisión en la vida no fue aliarse con el Imperio, sino aceptar ese maldito encargo de “eliminar a León Casmod”.
—Habla. ¿Qué quieres negociar?
—Tú, ve y elimina al Imperio.
Konstantin: ¿?
—Hace cinco años, el Imperio me pidió que te matara. Ahora tú me pides que mate al Imperio.
—Así que como parte neutral, tengo una propuesta inocente:
¿Por qué no se matan ustedes mismos y ya?
Konstantin sabía usar bien las palabras.
En esas tres frases omitió un pequeño detalle crucial… y humillante:
Que hace cinco años, el Imperio le pidió matar a León, y acabó como un experimento fallido hecho de retazos;
Y que ahora, si León le pedía atacar al Imperio, capaz terminaba peor.
—Ah… creo que no me expliqué bien. Lo que digo es: únete a mí. Derrotemos al Imperio juntos —aclaró León.
Eso sí le interesó a Konstantin.
—¿Ayudarte?
Por mucho odio que tuviera hacia el Imperio, no significaba que fuera a ayudar así porque sí.
Mejor escucharlo primero.
—Dame una buena razón —dijo.
León se encogió de hombros.
—Es obvio: tú quieres vengarte por lo que te hicieron; yo quiero limpiar mi nombre y acabar con esa corrupción. Objetivos distintos, pero el mismo destino. ¿No es suficiente?
Konstantin se recostó en su trono, entrecerrando los ojos mientras lo observaba.
—Discurso reciclado. ¿No tienes otro argumento?
¿Discurso reciclado?
Perfecto, viejo terco, tú te lo buscaste.
¡Hora de usar el chantaje emocional!
—No olvides que me debes un favor.
—¿Lo dices por la reunión secreta de los Reyes Dragón? Eso ya lo pagué. Te di la info sobre la alianza entre el Imperio y los Reyes, y te fuiste feliz con ella.
León se quedó callado.
Si lo pensaba bien… sí, tenía razón.
Konstantin bufó.
—Si no tienes algo mejor que decir… ya te puedes ir.
La mente de León giraba a mil por hora. Justo cuando el viejo ya lo iba a echar, ¡ding! Se encendió un bombillito sobre su cabeza.
—Si me ayudas, te daré el método exacto para usar el Poder Primordial.
—Lo pensaré…
—…Incluye una biblioteca entera de grimorios mágicos primordiales.
—¿Cuándo salimos?
Años atrás, cuando León estaba en el ejército cazadragones, su maestro no lo dejaba meterse en política ni liderazgo.
Aun así, algo muy importante aprendió:
Cómo vender humo.
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