Capítulo 133
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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133 ¡Nueve puertas, ábrete!?¡6.5K palabras!?
El Sueño Primordial también pareció sentir esa energía original completamente opuesta a la suya que emanaba de Roswitha, lo que lo volvió aún más frenético.
Ya no atacaba a lo loco, sino que concentró toda la energía de su cuerpo en el pecho.
Una esfera de magia negro-roja comenzó a formarse, con una intención asesina tan opresiva que parecía robar el aliento.
Y eso que solo estaba cargando energía… Leon ya podía sentir el poder abrumador que estaba a punto de desatar.
Dio un paso al frente, reuniendo magia de rayo para ayudar a Roswitha.
Pero Claudia le detuvo con una mano en el hombro.
—¿Qué pasa? —preguntó Leon, mirando hacia atrás.
—Esto es un duelo entre fuerzas primordiales. Tu magia de rayo normal no servirá de nada.
Claudia dijo con calma:
—Y esa escama negra del dragón es muy extraña. A menos que sea con la magia primordial de Roswitha, el resto de hechizos probablemente no tengan efecto.
Leon apretó los dientes con frustración. Aunque no quería quedarse de brazos cruzados, Claudia ya le había explicado la situación con claridad. Si intervenía sin pensar, no solo no ayudaría a Roswitha, sino que hasta podría empeorar las cosas.
Así que dio un paso atrás… y levantó el brazo, protegiendo a Claudia detrás de él. Acto seguido, su energía mágica se elevó, formando un esqueleto azul brillante.
Magia de rayo clase S+ — Sombra de Sumeru.
Leon ya había usado esta técnica en su famosa batalla de “diez segundos contra seis Reyes Dragón”, donde logró contener el ataque combinado de cuatro de ellos.
Y en ese entonces, solo había desplegado la forma básica de Sombra de Sumeru.
Pero ahora, enfrentando la ofensiva suicida del Sueño Primordial, fortaleció el esqueleto base dos veces más.
En cuestión de segundos, la estructura ósea fue recubierta con una armadura eléctrica. Solo con verla, ya era evidente que la defensa había aumentado varios niveles.
Claudia, protegida por la Sombra de Sumeru, comentó en voz baja:
—De todos los que he visto, eres el único que ha llevado esta técnica tan lejos.
Pero Leon no tenía cabeza para alardes. Seguía mirando la espalda de Roswitha, dándole ánimos en silencio.
……
Las imágenes del campo de batalla en el distrito alto, gracias a las Piedras de Registro aún activas, se estaban proyectando en tiempo real por todo el Imperio.
Es decir, el pueblo podía presenciar con sus propios ojos esta batalla revolucionaria.
Y en ese momento, en las imágenes proyectadas, se podía ver a la “Reina Dragón de Plata” enfrentando sola a la criatura definitiva creada por el Imperio.
Su figura delgada, sola frente al monstruo gigantesco, parecía insignificante.
Pero no mostraba ni un gramo de miedo. Su luz de siete colores brillaba más fuerte, y su largo cabello plateado ondeaba con el vendaval mágico.
—Nunca pensé que una Reina Dragón estaría de nuestro lado…
—¿Podrá vencer a ese monstruo?
—Confiemos en ella… y en Leon Casmod. Ellos resolverán esta crisis.
……
En el campo de batalla, ambos bandos terminaron de cargar energía.
El Sueño Primordial atacó primero.
Con un rugido que estremeció la tierra, lanzó un rayo de energía devastador hacia Roswitha.
Incluso desde el borde del campo de batalla, Rebecca y los demás de la Orden del León sentían la intensidad emocional en ese ataque:
Rabia, ferocidad, odio, codicia…
No parecía un ataque de desesperación de un monstruo cualquiera, sino más bien la materialización de los pecados más oscuros del alma humana.
—Esto es… escalofriante.
Rebecca, aunque era artillera y no maga, quedó impactada por la energía.
Todo su cuerpo se le erizó. Un sudor frío recorrió su frente.
Nacho y Martín también se pusieron serios.
—Nunca había visto algo así… esto no se siente como la presión de un Rey Dragón, esto es… —Martín ni siquiera sabía cómo describirlo.
Nacho, en cambio, lo expresó claramente:
—Es el lado oscuro de la humanidad. Los traicionados como el trío de la Daga, los monstruos inteligentes que fueron forzados a convertirse en armas… Ya no tienen conciencia, solo queda el odio al mundo.
—Entonces, ¿nuestro capitán…?
—Si decidió enfrentarse de frente, es porque confía en que puede ganar.
Suspiró.
—Una batalla de este nivel… nosotros no podemos hacer nada.
……
Todos podían sentir cuán fuerte y aterrador era ese monstruo. Pero—
¿Acaso la Reina de Plata iba a acobardarse ante una criatura caótica como esa?
La luz de siete colores fluía por entre sus dedos. En el momento justo, lanzó el Juicio del Alma directo contra el rayo del monstruo.
Dos fuerzas colisionaron.
En un instante, el cielo cambió de color.
El viento rugía. La energía explotaba a su alrededor.
Los escombros volaban en todas direcciones, golpeando contra la barrera de Leon.
Por suerte, Leon ya había ordenado evacuar a los civiles con ayuda de la Orden del León. Si no, con un choque de esta magnitud, habría miles de muertos.
El Sueño Primordial seguía inyectando energía a su rayo. Su poder provenía del trío de la Daga, y de los pecados que llevaban dentro.
Por eso, tanto en ataques sostenidos como en explosiones instantáneas, superaba todo lo que Leon y los demás habían enfrentado.
Y esa era exactamente la razón por la que la reina Elizabeth se sentía tan segura.
—Leon buscó aliados… lo que significa que ya sospechaba que teníamos otra carta bajo la manga.
Dijo con calma.
—Y acertó. Pero jamás imaginaría que esa carta está mucho más allá de su comprensión.
Al ver el poder del monstruo, el rey Kanter por fin suspiró aliviado.
—La escama de dragón negra que nos dio “Sombra”… ¡es una locura lo fuerte que es! Al menos servirá para enseñarle a Leon que siempre hay alguien más fuerte.
Elizabeth lo miró de reojo.
—Esa escama… ni siquiera es nuestra última carta.
—¿Eh? ¿¡Hay más!?
Ella no respondió, solo negó con la cabeza.
—Ya no hace falta.
Kanter no insistió y volvió a mirar el campo de batalla.
……
—¡¡Muéranse!! ¡¡Todos, muéranse!!
El rugido retumbó en los huesos.
Ambas energías seguían chocando, sin que ninguna dominara aún.
—Si esto sigue… Roswitha no aguantará mucho más.
Leon estaba preocupado.
Juicio del Alma era una técnica que consumía muchísima energía, y ella nunca había sostenido un ataque tan largo en entrenamiento.
—Confía en tu esposa, Leon.
Claudia habló con tranquilidad.
—Ella domina esa técnica mucho más de lo que crees. Y además… ¿lo olvidaste? Juicio del Alma no es una técnica de fuerza bruta. Su verdadero efecto es: cuanta más emoción negativa tenga el enemigo, más daño le hace.
Leon se quedó en blanco. Sí, eso lo recordaba… muy bien, de hecho.
Porque para entrenarla, una vez le trajo a Roswitha un toro rabioso para practicar… aunque al final el toro no fue purificado, sino convertido en carne para hot pot.
—Entonces ¿por qué sigue enfrentándolo de frente si no tiene ventaja?
—Está esperando.
—¿Esperando qué?
—El momento exacto para sacar el máximo poder de su ataque.
Y justo cuando terminó de hablar…
—¡Ya está!
A medida que el monstruo liberaba más energía, su rabia también crecía.
Entonces, una chispa brilló en los ojos plateados de Roswitha.
—Ustedes jamás debieron oponerse a nosotros.
La luz de Juicio del Alma estalló.
En un abrir y cerrar de ojos, la energía santa comenzó a empujar con fuerza, venciendo el rayo oscuro.
Era como una hoja sagrada que cortaba la oscuridad.
—¡No… noooo!
Los gritos del monstruo se ahogaron en la explosión.
Una gigantesca explosión de luz iluminó todo el distrito alto. Cuando el polvo se asentó, bajo la luz de la luna… apareció un arcoíris de siete colores.
El cadáver negro y gigantesco yacía ante la Reina de Plata.
Respiraba agitadamente, se incorporó…
Pero no le dio tiempo ni a hacer un discurso de victoria, porque escuchó pasos apresurados detrás de ella.
Al voltear, Leon ya la tenía en un enorme abrazo.
—¡Mujer, si sabía que eras tan fuerte ni buscaba ayuda! ¡Tú y yo solos limpiamos el Imperio en dos capítulos!
La Reina, agotada, no podía quitárselo de encima, así que lo dejó abrazarla.
Ella lo miró como una hermana mayor paciente:
—No puedes estar robándote el protagonismo siempre, ¿no crees? Me tocaba a mí esta vez.
Y era verdad. Si había que darle el MVP de la batalla, hasta el momento Roswitha se lo había ganado de sobra.
—¡Cuñada! ¡Guau, cuñada, qué nivel!
Rebecca llegó corriendo con su rifle, seguida de Nacho y Martín.
Roswitha se zafó del abrazo de Leon y, mirando a la chica, le preguntó sonriendo:
—¿En serio? ¿Y quién fue más genial, tu capitán o yo?
—¡Obvio que tú, cuñada!
—Opino igual.
—Jejeje.
Claudia las miraba con ternura. Aunque este final feliz no fuera el más literario… si al público le gusta, ¡es un buen final!
Pero entonces…
Konstantin llegó corriendo.
—¿Ya terminó? —preguntó, jadeando.
—Sí, ya terminó —contestó Claudia, señalando el cadáver—. La Reina de Plata lo reventó de un golpe.
Konstantin se sorprendió.
—¿De un solo golpe?
—Ajá.
Konstantin frunció el ceño, pensativo.
—¿Y si… el Imperio aún guarda otra carta?
Leon: (??)
Roswitha: (??)
Claudia: (?_?)
Konstantin parpadeó, se encogió de hombros:
—¡No soy gafe, ¿ok?!
……
PLOP—
La derrota del Sueño Primordial fue la gota que colmó el vaso.
El rey Kanter, con el alma hecha trizas, cayó de rodillas en la cubierta del barco.
—Todo está perdido… “Sombra” jamás nos perdonará…
De pronto recordó algo.
—¡Tú dijiste que había otra carta secreta! ¡¿Qué es?! ¡¡Sácala ya!!
Elizabeth cruzó los brazos, lo miró con desprecio y dijo:
—¿De verdad quieres saberlo?
—¡¿Tú crees?! ¡¡Nos van a matar, o el pueblo nos va a linchar!! ¡¡Saca lo que tengas!!
—De acuerdo. Ven conmigo.
Se dirigió a la proa del barco. Kanter la siguió.
Elizabeth miró hacia abajo.
Leon y los demás reían y charlaban entre ellos.
—Cuando “Sombra” quiere que alguien muera… esa persona morirá.
Kanter también miró hacia abajo.
—¿Y…? ¿Dónde está la carta secreta?
Antes de que terminara la frase, Elizabeth lo empujó desde atrás.
—¡¡Elizabethhhhh!!—
El grito se fue perdiendo con la caída.
La reina volvió a mirar abajo, donde el cuerpo de Kanter caía dentro del cadáver del monstruo.
—Tú eras la última carta de “Sombra”.
—El trío de la Daga ya se sacrificó por el Imperio. Ahora… te toca a ti.
Su voz era helada. No quedaba rastro de amor de pareja.
—¡¿Cómo pudiste…?! ¡¡NO TE ME ACERQUES!!
Cuando cayó en la masa negra, un montón de tentáculos lo rodearon y lo absorbieron dentro del cadáver.
Elizabeth murmuró:
—Parece que tendremos que abandonar el Imperio… Señor “Sombra”.
……
—Oigan, ¿algo acaba de caer del barco?
Rebecca miró hacia el cadáver y entornó los ojos.
—Eso… ¿¡se está moviendo!?
Todos giraron a ver.
El monstruo, que se suponía estaba muerto, aún se movía.
¿Últimos espasmos?
¿O algo peor?
Entonces, Rebecca notó por el rabillo del ojo que un tentáculo absorbía un fragmento de Piedra de Registro.
Retrocedió, apuntó con su rifle y disparó.
¡Pum!
El tentáculo no solo no fue dañado… ¡absorbió la bala mágica!
—¿¡Qué demonios!?
Martín la levantó en brazos y corrió. Konstantin saltó a un tejado cercano.
Claudia desplegó sus alas y voló.
Roswitha hizo lo mismo con Leon.
Desde el cielo, Leon comprendió:
El monstruo está absorbiendo todo.
Piedras, escombros, cosas vivas o no vivas… todo lo hace parte de sí.
Cada vez es más grande.
Ahora era como un pulpo gigante y negro, tragándose todo lo que veía.
……
—¿Acabo de ver caer a Kanter dentro de esa cosa?
—Este país se volvió lo que más temíamos.
—¿¡Cómo no está muerto!? ¡Sigue creciendo!
……
Toda esta mutación también fue transmitida por las Piedras de Resonancia.
La combinación de Kanter con el monstruo heló la sangre de todos.
En segundos, la mitad del distrito alto fue devorada.
—Señorita Caroline… tengo miedo…
Una niña abrazaba a Caroline frente al orfanato Casmod.
Ella también temía, pero debía mantenerse firme por los niños.
—Todo estará bien… todo estará bien…
—Leon… Leon lo vencerá… ¡lo hará!
La joven monja Sharon, aunque asustada, no retrocedía.
Mientras Leon siguiera de pie, todavía había esperanza.
—Leon… tú puedes. Tú definitivamente… puedes.
……
—Si sigue comiendo así, para esta noche no quedará Imperio.
Konstantin disparó una llamarada de dragón. Fue absorbida.
El monstruo creció más.
Su piel se volvió rojo oscuro.
Liberó una bola de fuego.
Por suerte era lenta, y todos la esquivaron.
—La magia también es absorbida… y reusada contra nosotros.
Claudia concluyó.
—Es decir, no podemos usar nada que tenga energía mágica. Solo lo haríamos más fuerte.
—¿Y la energía primordial? —preguntó Roswitha.
—Tampoco. Aún tiene al trío de la Daga en su cuerpo. También puede absorber eso.
Sin magia. Sin energía primordial.
Parecía un callejón sin salida.
Tras un silencio, Leon habló:
—Tengo una última técnica. La última.
Los tres Reyes Dragón lo miraron.
—No será…
—Sí. Si nada funciona, queda lo más básico: puro combate físico.
Miró a Konstantin.
—Iba a usarla contigo, viejo.
—¿¡Conmigo!?
—Sí, pero… ya no hay opción.
—Roswitha, bájame y evacua a todos. Déjame solo.
—¿Otra vez quieres hacerte el héroe?
—No… es que ustedes estorban para esta técnica.
Ella lo fulminó con la mirada.
Leon aguantó unos segundos. Luego se rindió.
—Vale, un poco sí quiero hacerme el héroe. Pero confía en mí. Voy a estar bien.
“Confía en mí” —siempre las mismas palabras.
Y aunque sea infantil y dramático…
Cada vez que lo decía, todos creían en él.
—Vuelve vivo, Leon.
—Claro. Las niñas nos esperan en casa.
Roswitha asintió y lo dejó en una calle despejada. Luego se retiró con los demás.
Claudia se asomó desde un edificio cercano.
—¿Va a usar las Nueve Puertas del Infierno?
—Sí.
—¿Todas?
—Sí.
—Pero no es de nuestra raza. No tiene la escama que protege el corazón. Si abre la novena puerta, la energía lo destruirá.
El libro de las Nueve Puertas lo había recopilado ella.
Ni siquiera Claudia había pasado de la octava.
—La escama… —Roswitha acarició su mejilla y sonrió—. Él sí la tiene.
—¿Qué…? —Claudia lo entendió enseguida—. ¿Le diste la tuya?
—Sí. Por eso, va a ganar.
Claudia suspiró, recordando a su hermana.
Pero ahora debía concentrarse.
Leon ya empezaba.
—Sangre ardiente.
—Huesos en ebullición.
—Velocidad divina.
—Inercia estelar.
—Caza solar.
—Estas cinco, fortalecen cuerpo y ataque.
—La séptima y octava no son ofensivas:
Séptima: Bendición del Ocaso.
Octava: Luz de Vida Inversa.
—Una protege. La otra cura.
—Todo para preparar la novena…
—Pocos se atreven a cruzar esa puerta.
—Pero Leon… no es como los demás.
Claudia exhaló.
—El último verso del libro dice:
“Después de atravesar los nueve círculos del infierno, todo se reinicia… y el paraíso está al alcance.”
En el campo…
El hombre se inclinó, como un león antes del salto.
Una niebla roja brotaba de su cuerpo.
Ya no corría sangre, sino magma.
El rayo seguía junto a él, como un viejo amigo.
—Cuando el ocaso se desvanece, y la luz se extingue—
El Sueño Primordial lanzó sus tentáculos.
Leon despegó.
La energía lo envolvía como un huracán.
—La noche es su única armadura—
La niebla roja tomó forma: un león gigante.
—Así que la novena puerta se llama…
¡¡Noche Blindada!!