Capítulo 01
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
El documento está traducido por Google de manera automática. Hay nombres u otras palabras que no se han traducido correctamente y pueden aparecer de forma distinta en español.
==================================================
**Capítulo 1: La Dragón Plateada quiere que confiese**
Después de cambiarse y bañarse por separado (para evitar *actividades vigorosas* post-desayuno que pudieran causar indigestión), la pareja se acomodó en la cama.
Aunque agotados, el sueño no llegaba.
Posiciones idénticas: espaldas contra el cabecero, manos sobre el abdomen, separados por dos osos de peluche (uno grande, otro pequeño).
Rosvitha, descalza, observaba sus pies perfectos, moviendo ocasionalmente los dedos.
Leon, por su parte, no apartaba la mirada de…
—**Fetiche de pies**.
—…No lo soy.
—¿Entonces por qué los miras fijamente?
—¿Qué otra cosa hay que ver? —Leon se encogió de hombros.
*Buen punto.*
La habitación minimalista no ofrecía distracciones. Mejor admirar los pies de su *»falsa esposa»* para *»refinar su gusto»*.
¿Fetiche? No.
Eso se llamaba *»matar el tiempo»*… o más bien, *»jugar con fuego»*.
Rosvitha alzó una pierna y la posó sobre el muslo de Leon.
—¿Fría?
—No.
Su pantorrilla suave se frotó contra su piel. Cómodo.
Pero Leon no cayó en la trampa.
Retiró su pierna… solo para presionarla contra la de ella.
Rosvitha alzó una ceja.
*Ah, ¿así que quieres jugar?*
Usó su otra pierna para crear un *»sándwich»* de extremidades.
Leon, sin inmutarse, giró hacia ella y añadió su tercera pierna (metafóricamente) encima.
—**Gané. Mi pierna está arriba.**
La reina sonrió maliciosamente.
—¿Quién dijo que solo usamos piernas?
Su cola plateada se alzó y **¡azotó!** la pierna de Leon.
—¡Au!
—*Jeje*. Tener cola es tan útil… ¿Quieres que te haga una, *cariño*?
Leon se liberó del *»pretzel»* de piernas y se dio la vuelta.
—No, gracias.
—
**Conversación seria**
Rosvitha, acariciando su cola, preguntó:
—Escapaste del Imperio… ¿para volver conmigo, verdad?
—Estoy en tu cama. ¿Eso no responde tu pregunta?
—Quiero una respuesta directa. ¿Viniste por mí?
Leon pensó un segundo.
—No.
El oso de peluche aterrizó en su cara.
—¡Algún día forjaré tu boca en la armadura más dura!
—¡Y yo usaré *tu* boca para hacer las armas!
Tras la pelea de almohadas (y osos), Leon reveló:
—El Imperio colaboraba con Constantine.
Rosvitha no se sorprendió.
—¿El propósito del dragón loco al atacar el Templo era… eliminarte a *ti*?
—Sí. Sabían que sobreviví al atentado hace tres años. Si regresaba, descubriría sus secretos.
—¿Pero cuál era su objetivo? ¿Cuánto llevaban colaborando?
—No lo sé. Mi maestro investiga en el Imperio; yo, aquí. Intercambiaremos información cada tres meses.
Rosvitha arqueó una ceja.
—Ese plan no suena *tuyo*.
Leon sonrió.
—Somos familia. ¿Qué importa de quién es la idea?
Ella enrojeció y golpeó su pecho con el osito.
—¿Quién dijo que somos familia?
Luego, su expresión se nubló.
—*Ajá*. O sea, si no fuera por la conspiración… ¿no habrías vuelto?
Leon, confundido, notó la mirada resentida de Rosvitha.
—**Dragona… ¿me extrañabas?**
—
**Habilidades especiales de Leon (según su CV):**
1. Matar dragones.
2. Ser terco.
3. Hacer preguntas obvias.
Rosvitha, por supuesto, no se quedó atrás:
—¿Extrañarte? *¡Ja!* Las niñas te extrañaban. Yo solo inventé excusas para que no sospecharan.
Leon casi rodó los ojos hasta el cielo.
—Sí, sí. Todo por las niñas.
Pero al ver que su expresión no cambiaba, añadió:
—Aun si resolviera lo del traidor… **volvería igual**.
—¿Mmh?
—Pero no te confundas. No sería *para siempre*. A veces visitaría a mi maestro, a su esposa y al burro… Mientras las niñas no sospechen, ¿no?
Explicó como un adolescente enamorado pero avergonzado de su propio sentimentalismo.
Rosvitha lo observó, divertida.
—O sea… **no puedes estar sin mí**.
El corazón de Leon dio un vuelco. Agarró el osito como escudo.
—¡Absurdo! ¡Es más probable que *tú* no puedas estar sin *mí*!
—¿Ah, sí? Pues cuidado. No vayas a *abrir tu corazón*, *confiarte* o… **confesarte**.
—¿Y si lo hago?
—Te rechazaré sin piedad. Imagínate: llorando como un patético humano~
Leon entrecerró los ojos.
—**Escucha bien, dragona.** Ni aunque el mundo se acabe, el universo colapse o…