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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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12. El único
Aunque no podía participar en la reunión grupal por estar “intoxicado”, León no se quedó quieto.
Aprovechó ese tiempo para explorar el castillo, a ver si podía activar alguna misión especial de su rol como “lobo solitario”.
La tarjeta de información lo decía: completar misiones te daba ventajas.
Y León, aunque tenía la Piedra Negra, en realidad cargaba con un objeto peligrosísimo.
Bastaba con que alguien lo descubriera… y quedaba fuera del juego al instante.
Sobre todo en las etapas medias o finales, cuando todos se volvieran paranoicos y comenzaran a buscarla sin piedad.
Así que tenía que aprovechar esta fase temprana, cuando todos estaban más relajados, para reunir recursos y asegurar su posición.
Pero tras dar vueltas por todo el castillo, no encontró nada útil.
Ni rastros de algún ítem especial como el de Roswitha —que, con solo hacer que alguien comiera su pastelito, podía “controlarlo” por una ronda y sacarlo de la reunión—.
Ese tipo de misión de alto nivel, León jamás la encontró.
—Tch… La misión de chef parece un paseo, ¿y por qué la del lobo solitario es tan jodida?
Murmurando entre dientes, León regresó a su habitación.
Pasaron unos diez o quince minutos cuando escuchó pasos, seguido del sonido de una puerta abriéndose y cerrándose.
Probablemente la reunión grupal había terminado. Isa ya había vuelto.
> Por favor, dirígete a la habitación del “doctor” para recibir el antídoto contra la intoxicación alimentaria.
Eso decía el mensaje que había salido en su piedra de memoria.
Y la tarjeta de Isa era, justamente, la del doctor.
León no perdió el tiempo. Se levantó de inmediato y fue a la puerta de Isa.
No podía darse el lujo de llegar a otra reunión intoxicado. Si pasaba eso, todos terminarían votando por él.
Toc, toc, toc—
—Adelante.
León entró.
Isa estaba sentada en el sofá de la sala, revisando su tarjeta de información.
Al verlo, guardó la tarjeta dentro de la cajita de madera, cerrándola lentamente.
Luego giró la cabeza, apoyó su barbilla en la mano y sonrió.
—¿Qué necesitas, cuñadito?
León se encogió de hombros.
—El NPC dijo que me intoxiqué. Y tú tienes el antídoto.
Al oírlo, Isa parpadeó sorprendida. Luego asintió, como comprendiendo algo.
—Oh… Así que así funciona esta mecánica. Bastante realista, la verdad.
—Sí, así es. Entonces, ¿me das la medicina?
Justo en ese momento, la piedra de memoria de Isa sonó con la voz del staff:
> El antídoto se encuentra en el gabinete de la sala de almacenamiento del “doctor”.
> Nota: Es un objeto del juego, completamente comestible. Se trata de caramelos de frutas.
Isa alzó una ceja.
—Hmm… Interesante.
Dicho eso, la pelirroja se levantó con aire despreocupado y fue a buscarlo.
—Espera un momento. Esta Gran Doctora Dragona Roja irá a traerte tu medicina.
León sonrió.
Muy bien, ya empezó el roleo.
No tardó mucho. Isa volvió con varias pastillitas en la mano.
—Bueno, cuñadito enfermizo. ¿Qué prefieres? ¿Caramelo de naranja, de manzana o de menta?
—Naranja.
—Sabía que ibas a elegir ese.
León parpadeó.
—¿Por qué?
—Porque a Ros le encanta la naranja.
—…Eso no tiene nada que ver, ¿no, Isa?
Isa le lanzó el caramelo de naranja y León lo atrapó al vuelo.
—Claro que sí tiene. Cuando amas a alguien, sus gustos te influyen sin que lo notes. Te animas a probar cosas que le gustan… y terminas amándolas también.
León negó con la cabeza y sonrió con amargura.
—A ver… adivina quién fue la que me intoxicó.
Isa parpadeó con sus ojitos brillantes.
No tardó nada en entender a quién se refería.
—Oooh~ ¿La chef? Qué conveniente. Tiene la habilidad perfecta para atacar sin que se note. Esto ya le da mil vueltas a nuestros juegos familiares de Hombre Lobo.
La verdad, Isa sonaba emocionada.
Le encantaban los juegos de estrategia e intuición.
Y más aún cuando León era uno de los posibles enemigos.
León se comió el caramelo.
La piedra de memoria vibró con un aviso:
> Estado de intoxicación eliminado. Puedes asistir a las reuniones con normalidad.
—Entonces dime… ¿por qué crees que Ros me envenenó?
León cruzó los brazos y frunció el ceño, analizándolo en voz alta.
—¿Será que… fue ella quien robó la Piedra Negra? ¿Y al intoxicarme me sacó de la reunión, para así convencer a los demás de votarme?
Mientras planteaba sus dudas, sembraba sospechas sobre su propia esposa, como quien no quiere la cosa.
Isa lo pensó un poco y respondió:
—Conociendo a Ros… creo que su motivo no es tan elaborado.
—¿Ah, no?
—Puede que simplemente… lo hizo por diversión.
León se tapó la cara con la mano.
Usar un recurso tan valioso como el “control forzado” solo por diversión sería una jugada absurda en cualquier Hombre Lobo clásico…
Pero si la culpable era esa dragona rencorosa y vengativa, y el objetivo era él…
Entonces todo tenía sentido.
—Y tú, Isa… ¿cuál es tu misión principal como doctora?
León fue directo al grano.
—¿Yo? Soy veterinaria. Me dedico a tratar animalitos. Como ciertos parientes míos intoxicados.
León notó de inmediato que estaba bromeando.
Se estaba haciendo la graciosa para no revelar su verdadera misión.
Muy lista, como siempre.
Pero tampoco es que él esperara que lo dijera tan fácilmente.
—¿Y tú, cuñadito? ¿Cuál es tu misión?
—Proteger a la princesa.
—¿Eh? ¿Proteger a la princesa?
—Sí. Ahora que la Piedra Negra fue robada, y que la princesa ordenó cerrar el castillo, tengo la sospecha de que el ladrón se desesperará y atacará a la princesa.
Por eso, los buenos como yo debemos protegerla.
Si llega a morir, capaz que el juego termina de golpe, ¿no?
León soltó la mentira con tal seriedad, que casi convencía.
Se llamaba a sí mismo parte del “bando bueno” con una mirada pura y llena de convicción.
Como si la Piedra Negra que escondió bajo el tanque de agua ¡no existiera!
Ahh… la confianza de los justicieros (toma nota, viejo Konstantin).
Isa no lo contradijo. Solo dijo:
—Entonces, buen cuñadito, más te vale ir corriendo a declarar tu lealtad a la princesa.
—¿Y eso?
—Porque como no fuiste a la reunión, todos sospechan de ti.
Decidieron investigarte primero.
—¡Pero no fui porque Roswitha envenenó a su propio marido!
Isa se encogió de hombros.
—¿Y si no lo cuenta? ¿Quién va a saberlo?
Ese era el punto clave.
Al forzarlo a ausentarse, Ros podía hablar mal de él todo lo que quisiera mientras él no podía defenderse.
—¿Y tú me crees?
—Como pariente tuya, sí.
Pero como médica del juego… debo mantenerme neutral.
Ajá.
Isa era lo suficientemente astuta para navegar entre esos matices.
No te daba ni una rendija.
—Está bien…
León dudó un momento y luego añadió:
—Pero escúchame. Si Ros no lo hizo por diversión y realmente buscaba que todos me votaran mientras yo no estaba…
¡Eso significa que probablemente ella sea quien robó la Piedra Negra!
Isa se quedó pensando un instante.
—Podría ser. En este juego seguro hay un rol de “lobo solitario” que puede atacar libremente…
Y además…
—¿Y además?
—Además, que Ros te ataque sí estaba dentro de mis predicciones.
Y si tú tuvieras la oportunidad… también serías el primero en atacarla.
—…
¡Paf!
Isa dio una palmada.
Su alma de shippeadora ardía con fuerza.
—¡Wow! ¡Ustedes dos son la pareja más sincronizada que he visto! ¡Un matrimonio hecho en el cielo~!
¡No seas asquerosa, Isa!
Aunque bueno… si a León le dieran una oportunidad de atacar,
sí que apuñalaría a Ros sin pensarlo.
Los hombres casados no tienen grandes pasatiempos…
Pero les encanta acuchillar (en el juego) a su esposa.
—¿Y ahora qué vas a hacer? —preguntó Isa.
—Como dijiste: voy a ver a Noa. Ella es la princesa, ¿no?
—Hmm… buena idea. Suerte.
—Gracias por el caramelo de naranja, Isa. Nos vemos.
—Bye bye~
¡Y no te dejes engañar otra vez por los encantos de Ros!
Ella lo dijo riendo, como si ya supiera perfectamente lo que pasó en la cocina entre él y Roswitha.
León soltó una risa nasal y se fue sin responder.
Cuando se quedó sola, Isa volvió a sentarse en el sofá.
Abrió de nuevo la cajita de madera de la mesa y sacó la tarjeta de información que había estado leyendo antes.
En realidad, no era su tarjeta inicial.
La había ganado como recompensa por cumplir una misión oculta al final de la reunión.
En la tarjeta solo había dos palabras:
“El único”.
Isa la sostuvo, pensativa.
—“El único”…
¿A qué se refiere?