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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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17 Recompensa: ¡Un tercer hijo! (4K palabras)
Después de beber la [Infusión de Menta], León no tiró inmediatamente la “cura”, sino que la guardó cuidadosamente en una cajita.
Era su as bajo la manga.
Esta “maldición colectiva” provocada por la [enfermedad infecciosa del laboratorio de alquimia] había sido demasiado repentina y sospechosa, así que León tenía que andarse con mucho ojo.
No podía estar cien por ciento seguro de que la cura que su hermana mayor le dio fuera auténtica, pero tampoco se atrevía a apostar. Por eso prefirió usar antes de tiempo la [Infusión de Menta], que originalmente planeaba guardar para el final del juego, para eliminar cualquier efecto negativo causado por la enfermedad.
Si más adelante se confirmaba que su hermana era definitivamente del bando bueno, entonces esa cura guardada sería segura y útil.
En resumen: una jugada conservadora.
Aunque claro… también tenía que agradecerle a Roswitha por eso.
Fue ella quien le dio la [Infusión de Menta]; de no ser por eso, ahora mismo seguiría dándole vueltas al dilema de si tomar o no la cura.
Tras salir del baño y descansar un rato, León volvió a salir.
Primero fue a la cocina común, recuperó la Piedra Negra que había escondido bajo el tanque de agua y luego bajó al vestíbulo del primer piso. Miró alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie cerca, y escondió la Piedra Negra dentro de una de las armaduras de los guardias apostados frente a la sala de reuniones.
Era algo que había notado durante la reunión de la mañana: el vestíbulo del primer piso no tenía ninguna función fuera de las reuniones. No había misiones ni eventos de destino activables ahí, así que, salvo durante las reuniones, era una zona sin tráfico. Por lo tanto, ocultarla dentro de una armadura era una opción bastante segura.
Tras asegurarse de que estaba bien escondida, León regresó arriba.
Y justo entonces, se topó con sus dos hijas del «grupo de amigas».
Moon y Lucecita venían de la otra punta del pasillo, caminando de la mano, y al verlo…
—¡Papá~! —Moon lo llamó dulcemente, y luego tiró de Lucecita para correr hacia él.
León se agachó con una sonrisa.
—¿Qué pasa? ¿Están haciendo una misión?
—¡Sí, sí! Pero es una misión de tres personas. Queremos que vengas con nosotras.
León, por supuesto, estaba encantado de hacer misiones con sus hijas. Pero aún así preguntó:
—¿Y por qué no buscan a su hermana mayor?
Apenas dijo eso, la cara de Moon se volvió fría.
León se quedó un poco desconcertado. ¿Qué había dicho mal?
Miró a Lucecita.
Por suerte, la pequeña de cabello rosa lo entendió todo de inmediato.
Se acercó a su oído y susurró:
—Después de que se acabó el efecto del “Candado de amor eterno de siete días”, la segunda hermana se vio obligada a separarse de la mayor… y desde entonces, la hermana mayor ha estado haciendo un montón de misiones en pareja con Helena. Entonces la segunda hermana… se puso así.
—¡Hmph! ¿Qué tiene de especial? ¡Lucecita y yo también podemos hacer misiones! ¡Y seguro lo hacemos más rápido que Helena!
León se rascó la cabeza.
Dios… qué difícil es lidiar con una hermana obsesionada. El viejo padre suspiró por dentro.
La verdad, León sí se sentía un poco culpable por el carácter tan dependiente de Moon.
Tal vez si él hubiese estado presente desde que nacieron, sus hijas serían más independientes ahora.
Bueno, tampoco es que quiera forzarlas a cambiar.
Seas fan de tu hermana mayor o menor, lo importante es que estemos todos juntos como familia.
León acarició el mechón rebelde de Moon y le dijo:
—Entonces vamos a buscar otra carta de [Candado de amor eterno]. Así podrías volver a jugar con tu hermana.
Los ojazos de Moon brillaron.
—¿De verdad, papá? ¿Sí hay más [Candados] en este castillo?
León asintió:
—Claro. Hay muchas cartas duplicadas. A tu madre y a mí nos usaron una durante el día, y tú también encontraste una para usarla con tu hermana, ¿no?
Moon parpadeó, ladeando la cabeza con ternura.
—Papá, ¿cómo sabías que fui yo quien usó el candado con mi hermana?
¡Por favor, si todo el mundo lo sabía! ¡Tu cara no sabe mentir!
—Está bien, segunda hermana —intervino Lucecita—. No importa cómo lo supo papá. Lo que importa es que, si hay más [Candados], entonces tienes otra oportunidad de unirte a tu hermana.
—¡Genial! Esta vez voy a encontrar tres… no, ¡cinco! ¡NO! ¡Diez cartas de [Candado de amor eterno de siete días]! ¡Así mi hermana estará atada a mí todo el juego!
León sudó con una sonrisa amarga. Su segunda hija solo era persistente en dos cosas:
Una: cobrarle tributo a su viejo regularmente.
Y dos: estar con su hermana mayor.
León se levantó, tomó de la mano a sus hijas y fueron a hacer la misión de tres personas.
La misión no fue difícil. Con la ayuda del viejo, se completó muy rápido.
Como recompensa, obtuvieron una carta de información:
> “¡Esa cosa está maldita! Hay que destruirla… hay que destruirla.”
León frunció el ceño al leerla.
—Parece una frase dicha por alguien, ¿no?
Lucecita se llevó la mano a la barbilla, pensando rápido.
—Si lo ponemos dentro del contexto del juego… podría ser parte de la misión principal de cierto jugador. ¿Tal vez su objetivo sea destruir “esa cosa”?
Moon también intentó pensar un poco.
—¿Y “esa cosa”… no será la Piedra Negra?
—Yo también lo creo —asintió León, con expresión seria—. Pero entonces, ¿quién dijo eso?
Antes, cuando estuvo vinculado a Roswitha, León había encontrado una carta que decía que había al menos dos jugadores lobo solitario en el juego.
Él ya sabía que él era uno… así que probablemente esa frase venía del otro.
Su misión era proteger y ocultar la Piedra Negra hasta el final del juego. Y si el otro lobo solitario quería destruirla…
Entonces el conflicto era inevitable.
Mientras los tres pensaban, el eco del mensaje del juego sonó en el proyector de Lucecita:
> [Amiga B], has sido «eliminada». [Amiga B], has sido «eliminada».
¡¿Eliminada?!
Una frase tan corta los dejó a los tres completamente congelados.
—¿Qué pasó? ¿Lucecita, cómo que te eliminaron de repente?
La pequeña dragona rosada se quedó en blanco.
—Yo… no sé, papá…
Revisó su cuerpo por si tuviera algún objeto raro.
Pero no había nada.
Volteó hacia la sala donde habían hecho la misión… todo normal.
¡Y aún así acababa de ser eliminada sin razón aparente!
Un miedo invisible estalló entre los tres.
Incluso León, que había enfrentado miles de batallas, se sintió intimidado.
Él creía que ser “eliminado” era algo tipo:
> “Me acerco sigilosamente, y en un segundo, te corto el cuello.”
Pero en realidad fue:
> “Me siento, pienso, y te apuñalo desde kilómetros de distancia.”
Lucecita se agarró la cabeza, frustrada.
—Ah… papá, Moon, no estoy triste, de verdad. Solo me duele que ya no podré verlos luchar entre ustedes… ¡eso sí que es una lástima!
León y Moon: …
Lucecita lloriqueó:
—Ay, ¿por qué yo? ¡Solo quería verlos pelear a todos! ¿Acaso es tan malo eso?
Al poco tiempo, un miembro del staff llegó corriendo:
—Señorita Aurora [Amiga B], por aquí, por favor. Vamos a llevarla a la Sala del Observador, donde podrá ver el juego desde la perspectiva de Dios.
¡BRILLING!
Los ojitos de Lucecita se iluminaron.
¡Ver el drama en modo Dios era mil veces mejor que en primera persona!
¡Si lo hubieran dicho antes, se habría autoeliminado desde el inicio!
Así, la niña que hace un segundo parecía deprimida, se fue feliz de la vida con el staff.
Y papá e hija se quedaron ahí… confundidos.
—¡Papá, esto es increíble! ¡Nosotras muertas de miedo por el asesino invisible, y ella allá arriba, sentada y viendo todo como si fuera un reality show! —Moon no lo podía creer.
León se cubrió la cara.
—Bueno… será mejor que convoquemos una reunión de emergencia antes de que el asesino nos liquide también.
—¡Sí!
[Reunión de emergencia]: Cuando se encuentra un “cuerpo”, se puede convocar una reunión especial.
Diez minutos después, en la sala de reuniones del primer piso, estaban todos presentes… menos Lucecita.
Roswitha fue la primera en notarlo.
—¿Dónde está Lucecita?
—Fue eliminada —respondió León—. Por eso estamos aquí. Porque fue justo en frente de Moon y de mí. Sin ninguna señal previa.
Lucecita era la primera eliminada desde que empezó el juego, así que todos quedaron en alerta.
—¿Sin señales? —preguntó Noa.
—Ajá. Acabábamos de terminar una misión, y mientras charlábamos un poco… ¡pum! Fue eliminada.
A pesar de que ya había pasado un rato, recordar ese “ataque invisible” aún les daba escalofríos.
—¿Y antes de eso, con quién tuvo contacto Lucecita?
Moon negó con la cabeza.
—Con nadie. Yo estuve todo el tiempo con ella. Íbamos a hacer una misión de tres personas, así que buscamos a papá.
—¿León estaba con ustedes…? —preguntó Claudia, con la mirada clavada en él—. Entonces, ¿no será que fue él quien la eliminó?
—Encontré una carta que decía que hay al menos dos lobos solitarios en el juego. Su misión debe ser distinta a la del resto, ¿no?
—Y como sabemos que Moon y Lucecita eran parte del bando bueno, eliminarlas podría ser una estrategia para ganar ventaja —añadió Claudia.
Ante la sospecha de la “madrastra malvada”, León respondió con calma:
—Con todo respeto, su lógica tiene un fallo.
—Es cierto que eliminar a alguien del bando bueno ayudaría a los lobos. Pero estás partiendo del supuesto de que yo soy el lobo. Y basar todo el argumento en ese supuesto no tiene peso.
—¿O acaso tienes alguna prueba concreta de que yo soy el lobo?
Claudia asintió levemente.
—No puedo confirmarlo. Pero es un hecho que estabas con ellas cuando ocurrió.
—Yo estoy de acuerdo con la señora Claudia —dijo Isa.
—Mi cuñado tiene muchas sospechas encima. Esta reunión podría ser una “autoeliminación planeada” para hacernos creer que los lobos pueden atacar a distancia. Así, si alguien más cae, ya nadie sospechará de él.
—Pero si papá fue quien eliminó a Lucecita, ¿por qué no me eliminó a mí también? —preguntó Moon.
La siempre callada Helena respondió por fin:
—Según las reglas, solo puedes eliminar si tienes una carta de eliminación. Quizás solo tenía una.
—Tampoco cuadra —dijo León—. Si tuviera solo una carta de eliminación, no la gastaría así de fácil. Perdería mi única forma de defensa.
—Y si fuera lobo, esperaría tener varias cartas antes de atacar. Matar uno por uno solo da tiempo a que el bando bueno reaccione.
Roswitha miró a León.
—No vamos a asumir que eres lobo. Cuéntanos qué piensas tú.
Ah… solo su esposa podía darle un respiro así.
León ordenó sus pensamientos y habló:
—Mi conclusión es esta: el asesino sí tiene una habilidad de ataque a distancia.
—Pero a cambio, esa habilidad solo puede usarse cada cierto tiempo, o una vez a la vez.
—Si no, estaría demasiado roto e imposible de contrarrestar.
Todos empezaron a murmurar entre ellos.
Isa tomó la palabra de nuevo:
—Tu teoría tiene lógica, cuñado. Pero aún no te limpia de sospechas.
¡¿Qué rayos…?!
¿Por qué su cuñada y su “madrastra” estaban tan empeñadas en hacerlo culpable?
León se lamentaba por dentro.
El problema era que demostrar que no hiciste algo, siempre era difícil.
Y León no tenía forma clara de probar que no había tocado a Lucecita.
Estaba en un punto muerto.
—Yo tengo una carta de [Gran Detective] —dijo Roswitha, con voz tranquila.
Los ojos de León brillaron como si viera la luz al final del túnel.
¡Mi esposa es la mejor!
—No se puede usar cartas durante la reunión, pero apenas termine esta, puedo revisar si León eliminó a alguien en las últimas seis horas.
—Si no lo hizo, queda libre de sospecha. Si sí… todos lo vigilamos y lo votamos en la siguiente reunión. ¿Les parece?
Aunque era un uso lógico del juego, en este momento crítico, ese apoyo le supo a gloria a León.
Después de todo, Roswitha le había dicho que siempre le iba a votar en contra.
Y ahora tenía la oportunidad perfecta para eliminarlo…
Pero aun así, decidió usar la [Gran Detective] para protegerlo.
¡Una mujer así merece otro hijo!