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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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21. ¡Maldita sea, no subestimen el lazo de nuestra familia!
León corrió junto a Roswitha hasta llegar al sótano del castillo.
Ahí estaba un poco más seguro.
Ambos se dejaron caer contra la pared, jadeando con cansancio.
Después de recuperar el aliento, Roswitha lo miró de reojo.
—¿De verdad eres el otro lobo solitario?
León apretó los labios y asintió con la cabeza.
—Sí.
La reina cerró los ojos y suspiró.
—Y pensar que hasta te ayudé a probar tu inocencia… Si lo hubiera sabido, te habría dejado que te expulsaran.
—Majestad, afuera hay una diabla roja que quiere matarnos a toda la familia. ¿Podemos concentrarnos primero en cómo derrotarla?
León entendía ahora cómo se sentían los Reyes Dragón que había derrotado en el pasado.
Esa desesperación, esa impotencia al final de todo… se sentía exactamente así.
La inteligencia de Isa, sumada a su rol de [Doctora], le daban un control casi absoluto del juego.
Tan así, que el gran General León no podía hacer más que correr con su esposa, lejos del área de peligro.
—Seguro usó esas supuestas medicinas para combinar con la mecánica de «final de reunión» y así lograr asesinatos a distancia —dijo Roswitha—. Y como su rol es Doctora, las cartas de asesinato que consiguió seguro funcionan con esas medicinas.
—O sea… que todos los que se tragaron esas «curas» al inicio del juego, están sentenciados. Solo es cuestión de tiempo antes de que ella los apuñale.
El tono de Roswitha se tornó más serio. Aunque solo era un juego, ser arrinconada así no era nada agradable.
—En realidad, yo no me comí esa medicina —confesó León.
—¿Qué?
León sacó un pequeño frasquito transparente del bolsillo. Dentro, una pastilla con olor a naranja.
Roswitha lo miró, confundida.
—Si no te la tomaste, ¿cómo no te infectaste?
—Usé ese [Té de menta refrescante] que tú me diste.
Tiró la pastilla a un lado.
—Por suerte no confié del todo y me guardé esa opción. Si no, seguramente ya estaría muerto desde la última «eliminación post-reunión».
—Pero Noa y yo sí tomamos la medicina. No podemos acercarnos a Isa, ella podría apuñalarnos con cualquier carta.
Roswitha bajó la cabeza.
—Así que… ahora mismo, el único que puede apuñalar a Isa… eres tú.
Tenía razón.
Llegados a este punto, solo otro lobo podía matar al lobo.
—Pero tú y yo no tenemos ninguna carta de asesinato. ¿Cómo se supone que vamos a competir contra mi hermana?
Volvían al punto cero.
Por mucho que quisieran jugársela, necesitaban algo con qué pelear.
Y León estaba «desarmado», sin posibilidad de convocar una reunión de emergencia.
—Tch… Oye, señor lobo solitario. ¿No que eras un jugador independiente? ¿Cómo es que no conseguiste ni UNA carta de asesinato en toda la partida? ¡Qué patético! —lo pinchó Roswitha.
León no pudo evitar reconocerlo: su suerte había sido horrible.
¡Más de treinta horas de juego y ni una carta asesina!
—Cuando la desgracia pega… pega fuerte —murmuró resignado.
Silencio.
Ambos sabían que tenían que encontrar una solución.
Si no lo hacían, estaban acabados.
La [Princesa] moriría, [El viejo amigo] no lograría llevarse la piedra negra…
Y todo terminaría en manos de ese demonio rojo con bata blanca.
Drip… drip…
El goteo de una cañería oxidada resonaba en el sótano. Era el único sonido que se escuchaba.
El pastel envenenado —capaz de eliminar a un jugador al instante— estaba entre ellos dos, en el suelo.
La mirada de Roswitha se posó lentamente sobre él.
Sus ojos se abrieron un poco.
—La verdad… no me importa ganar.
Dicho eso, sacó su tarjeta de misión principal del bolsillo.
—Mi misión es parecida a la de la tía Claudia. Ayudar a la [Princesa] a recuperar la piedra negra. Pero también tengo una misión secreta: llevarme la piedra fuera del castillo. Esa sería mi «victoria real».
—La elección del final depende solo del jugador.
—Pero desde el principio… nunca planeé hacer la misión oculta, porque…
—Porque quieres que nuestra hija gane —terminó León, sonriendo.
Roswitha soltó una risita y asintió.
—Exacto. Esta es la primera vez que nuestra pequeña puede jugar con su hermana y su mejor amiga. Quiero que tenga la experiencia completa, que gane. Noa es muy competitiva, ¿sabes?
—Y ahora que sus dos compañeras han sido eliminadas… todo el peso está sobre sus hombros.
—Justamente por eso quiero que gane más que nunca.
Roswitha lo miró.
—Esto no es solo un juego, León.
—Imagina que en unos años, o en diez, Noa recuerde esta aventura en el castillo… y pueda decir con orgullo: “¡Yo salvé a todos!”
—No ganaría solo el juego. Ganaría un recuerdo precioso.
—Te entiendo —dijo León, sonriendo.
La miró con ternura.
—Sabes, Roswitha… estás empezando a parecerte menos a una «madre»…
—¿Eh?
—Y más a una «mamá».
—¿Y cuál es la diferencia?
—Claro que hay diferencia. ¿No recuerdas cómo brillaban los ojos de las niñas cuando les dijiste que te llamaran «mamá» en lugar de «madre»?
Roswitha se quedó en silencio un instante… y luego sonrió con calidez.
—Lo entiendo.
—Entonces… ¿quieres que este lobo se vuelva contra su compañera y les dé tiempo a ti y a Noa para llegar a la reunión?
—No, no. Eso sería muy riesgoso —dijo ella—. Además…
—¿Además?
Su rostro se sonrojó, mirando hacia el frente.
Escondió la mitad de la cara en su brazo y murmuró, rápido y bajito:
—…Además, no voy a dejar que el padre de mi hija haga algo tan peligroso.
—¿No puedes decirlo con dos palabras?
—No. Cállate.
Roswitha lo fulminó con la mirada, pero luego agregó:
—Prométeme que harás ganar a Noa… y yo…
—¿Y tú qué?
La reina parecía dudar. Se acercó y le hizo un gesto con el dedo.
León obedeció y acercó la cabeza.
—Te prometo que…
Lo que dijo fue un susurro.
Y apenas lo escuchó, León saltó del suelo como un resorte.
—¿¡Hablas en serio!?
—Sí.
—¡Uf! En realidad ya tenía pensado ayudar a Noa a ganar, pero con esta motivación extra… ¡Solo digo esto:
—¡Tu hermana hoy no sale viva de este castillo, lo juro por los dragones!
Roswitha se rió.
—Shhh, no grites tanto, o atraerás a mi hermana de verdad.
León se volvió a sentar.
—Entonces… ¿ya tienes un plan?
—Ajá.
Roswitha levantó el pastel envenenado.
—Pero… tu hermana no se lo va a comer, ¿no?
—No, no es para ella.
—¿Eh?
—Es para mí.
—
Último piso del castillo.
Noa estaba acorralada contra una puerta cerrada.
—Ay, ay~ Señorita [Princesa], ya no tienes a dónde correr —dijo Isa con una sonrisa.
Tenía una carta en la mano: su efecto le permitía matar a cualquier jugador que hubiese comido su medicina especial si estaba a menos de cinco metros.
La agitaba despacito, acercándose paso a paso a su sobrina.
Noa jamás había visto a su tía tan aterradora.
Nota mental: “Lucecita, por favor, ¡NUNCA aceptes ser la próxima Reina Roja! ¡Acabarás así!”
—Tía… esto, podemos hablarlo… ¿sí?
—Ay, Noa preciosa. Lo que tengas que decir, dímelo cuando termine el juego, ¿sí? Ahora tengo que eliminarte, luego ir por tus papás. Vamos, acércate, no me pongas esto difícil…
¡No digas cosas tan macabras con ese tono tan dulce!
¡Esto deja traumas en los niños!
Noa pegó la espalda a la puerta.
Solo tenía una carta útil: [Rueda del destino].
Pero solo funcionaba en duelo directo… cuando quedaban solo dos jugadores en pie.
Y según lo que decía Isa, sus papás seguían vivos.
Así que no podía usarla.
¿Qué hago…? ¿Qué hago…?
Noa apretó los dientes. Aunque sabía que era un juego, la presión era enorme.
Mientras tanto, en la sala de observación, las tres dragoncitas miraban la escena en un espejo mágico gigante.
—Ya fue, mi hermana no tiene escapatoria —dijo Moon, decaída.
—Y yo que pensaba que el tío León y la tía Roswitha eran fuertes… pero Isa es aún más increíble —dijo Helena.
Incluso Lucecita, que normalmente solo quería divertirse, estaba tensa.
—¡Aguanta un poco más, Noa! ¡Ya casi es hora de la reunión!
—No va a servir —intervino Claudia desde su rincón, tomando té.
—Faltan más de cuarenta minutos. Ni León ni Roswitha podrán aguantar tanto. Esta partida… ya tiene ganadora. La Reina Roja.
Aun así, las dragoncitas se quedaron mirando, rezando por su hermana mayor.
—
—Noa, ven, no pasa nada. La tía te lleva con cariño a la sala de observación —decía Isa, cada vez más cerca.
Ya estaba por entrar en el rango de ataque.
El corazón de Noa latía con fuerza.
Sabía que no había forma de escapar de esta.
Pero tampoco iba a rendirse.
Si fuera papá, él también…
—Jugador—
Una voz de los organizadores interrumpió el silencio.
Noa bajó la vista a su piedra de comunicación.
¿La estaban anunciando a ella?
Pero al mirar la piedra… no mostraba nada.
—¿Entonces…?
—Jugador [Doctora] ha sido eliminada. Jugador [Doctora] ha sido eliminado.
Isa se quedó congelada.
Su expresión, de puro desconcierto.
—¿Qué…? ¿Cómo…?
Creak—
La puerta detrás de Noa se abrió lentamente.
Y un hombre conocido apareció a su lado.
[Vengador]
“Si presencias una muerte con tus propios ojos, obtendrás el poder de matar.”
En su mano, una rebanada de pastel… con una mordida.