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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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37 Pesca con carnada
—¿Lo viste, hermana? —susurró Lucecita.
—¿Ver qué? —respondió Moon, confundida.
—¡La expresión de la hermana mayor!
Escondidas detrás del cerezo, el dúo cazafantasmas espiaba en secreto.
Lucecita señaló a Noa, que estaba sentada debajo del árbol, aparentemente meditando.
—Antes, cuando la hermana mayor entrenaba sola, también hacía estas sesiones de meditación. Pero mírala ahora: a veces sonríe, a veces se pone seria, y a ratos hasta parece perdida.
Moon parpadeó, igual de perdida.
—Emmmm… ¿Y eso qué?
—¡Que claramente no está meditando! ¡Está charlando con el fantasma que lleva dentro! —afirmó Lucecita con absoluta convicción—. Escúchame, hermana, acabo de estudiar un nuevo círculo mágico que puede hacer que los fantasmas se materialicen. Así que en un rato…
Las hermanitas se pusieron a planear en susurros.
Y en cuanto terminaron, se escabulleron del árbol. Aprovechando que Noa seguía con los ojos cerrados, empezaron a trazar algo en el suelo junto a ella.
Sus movimientos eran tan suaves, y Noa estaba tan concentrada, que no notó nada hasta que el círculo estuvo terminado.
Con todo listo, las dos se pararon frente a su hermana.
Moon murmuró preocupada:
—Lucecita, si esto no funciona otra vez, nos van a volver a dar nalgadas…
—No pasa nada, hermana, ¡el camino al éxito siempre tiene tropiezos!
Moon la miró seria.
—¿Tropiezos? Lucecita, llevamos meses y ya vamos promediando una nalgada por semana. Creo que eso ya no entra en la categoría de algunos tropiezos.
Eso hizo que Lucecita recordara ciertas experiencias dolorosas, y por reflejo se sobó el trasero.
—Confía en mí, esta vez sí va a funcionar. Este círculo para hacer aparecer fantasmas lo saqué directamente del archivo secreto de mamá. No le hace daño al cuerpo de la hermana y sí atrapa al espíritu.
Aunque su hermana hablaba con seguridad, cada vez que decía “esta vez sí” terminaban igual: con el trasero ardiendo.
Moon dudó por un momento, pero al final asintió:
—Bah, ya nos han pegado tanto que una más no hace diferencia.
—¡Eso es tener espíritu, princesa número dos de la casa Melkveil!
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Moon.
—Según el libro, el círculo necesita dos tipos de magia para activarse —explicó Lucecita—. Primero usamos rayo como fuente de arranque, luego, cuando cargue suficiente energía, aplicamos fuego para revelar al fantasma.
Moon se rascó la cabeza.
—¿Por qué suena como si ese círculo estuviera hecho a mi medida?
Rayo y fuego: no solo eran los elementos originales de papá y mamá, sino también los que Moon había despertado como duales.
—Coincidencia, supongo. En un mundo tan grande, siempre habrá uno que otro círculo mágico que necesite justo esos dos elementos, ¿no?
Moon lo entendió y asintió con cara de “ah claro~”.
—Entonces, ¡vamos a empezar!
—¡Sí!
Moon empezó concentrando el rayo como fuente de poder.
Cuando las líneas del círculo comenzaron a brillar de azul, cambió al elemento fuego.
Lucecita se iluminó por dentro: su hermana, aunque floja a veces, cuando se ponía seria no fallaba.
El círculo brillaba más y más, tanto que terminó llamando la atención de Noa.
Abrió los ojos lentamente.
—¿Moon? ¿Lucecita? ¿Qué están haciendo?
—¡Ups! Nos descubrió…
—¡Sigue, hermana! ¡Ya casi lo logramos! ¡Por nuestras pobres nalgas!
—¡O-okay!
Siguieron metiendo energía en el círculo.
Noa quiso avanzar, pero la barrera del círculo la mantuvo en su lugar.
—¿Qué es esto, Lucecita? ¿Qué estás tramando esta vez?
—¡Hermana, solo aguanta un poco más! ¡Ya casi logramos que el fantasma que llevas dentro aparezca!
—Yo no llevo ningún fantasma. Si no paran ahora mismo, se los juro: les voy a dar una tunda.
Aunque la amenaza sonaba seria, Lucecita no se intimidó. Tenían el círculo. Por ahora, estaban a salvo.
—¡No le hagas caso! ¡Sigue, hermana!
—¡V-va!
Mientras las dos seguían inyectando poder, Noa probó lanzar un puñetazo… pero solo golpeó contra una barrera de viento transparente.
Ya no insistió más. Solo cruzó los brazos y dijo con calma:
—¿Estás segura de que este círculo sirve para eso?
—¡Segurísima! ¡Lo aprendí en la biblioteca de mamá! ¡Está garantizado!
—¿Y si no funciona?
—¡Imposible que no funcione!
Lucecita se cruzó de brazos, la colita se le movía de orgullo.
—Y si por alguna razón no funciona… ¡entonces dejamos nuestras nalgas a tu merced! ¡Sin quejarnos!
Noa alzó una ceja. Su cara decía claramente: Al fin dijiste lo que quería oír.
—Bueno… si ya hablaste tan claro, ¿cómo no iba yo a cooperar?
—¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso…?
—Nada, nada —respondió Noa con una sonrisa maliciosa, cruzando los brazos con calma—. Solo miraré cómo se desarrolla este show.
—¡Tch! ¡Eso lo dijo el fantasma! ¡Definitivamente está controlando el cuerpo de la hermana! ¡Vamos, Moon, ya casi!
—¡S-sí!
Las energías seguían girando en torno a Noa. El viento levantaba su falda y su cabello.
Pero ella no se movía. Tranquila.
Cuando el círculo finalmente se apagó… no apareció ningún fantasma.
Lucecita se quedó helada. Dio un paso atrás. Tartamudeó:
—P-pe-pero… ¡el libro decía que funcionaba! ¿Acaso lo dibujé mal…?
—No lo dibujaste mal, Lucecita —dijo Noa, avanzando con calma hacia sus hermanitas—. De hecho, este es un círculo de nivel intermedio-alto. Lograste reproducirlo sin tener formación formal, y eso ya es muy impresionante.
—Pero entonces… ¿por qué no funcionó?
—Porque ese círculo no sirve para eso —explicó Noa encogiéndose de hombros—. Solo transfiere energía mágica. Mira.
Abrió ambas manos. En una palma había rayos; en la otra, llamas.
—Ohhh… ¡Así se siente manejar magia de fuego!
Noa no había dominado el segundo elemento todavía. Esta era su primera vez sintiendo el poder del fuego.
—P-pero… ¿cómo lo sabías tú? Yo…
Lucecita se congeló. Cayó en cuenta.
—El libro sobre los fantasmas… ¿lo dejaste tú a propósito?
Noa sonrió con los ojos entrecerrados, muy satisfecha.
—Exactamente. ¿O creías que era pura casualidad que ese círculo justo pidiera rayo y fuego? No tenía ninguna lógica.
—¡Eso es trampa!
—Yo solo dejé unas notitas mías en la biblioteca de mamá. Nadie te obligó a seguirlas. ¿Dónde está la trampa?
Lucecita sintió un escalofrío. El aura traviesa de su hermana le ponía la piel de gallina.
¿Era eso… la ventaja de la edad?
Entre más crecen, más se parecen a mamá y a la tía Isa: ¡todas llenas de artimañas!
¡Pero espera!
¡Si la hermana mayor es tan astuta…! ¿Por qué Moon, su gemela, no lo es?
¡¿No eran gemelas las dos, maldita sea?!
—Por cierto, Lucecita. ¿Qué fue lo que dijiste antes?
Noa crujió los nudillos, sonriendo.
—Si el círculo no funcionaba, entonces sus nalgas… quedaban a mi disposición, ¿cierto~?
—¡Moon, corre! ¡Corre!
—¡Hermana, por favor no tan fuerte, ¡buuu!
Diez minutos después.
Dos dragoncitas yacían boca abajo bajo el cerezo, sin decir una palabra. El ardor en sus traseros era suficiente para mantenerlas en silencio.
Noa se sentó frente a ellas con las piernas cruzadas.
Tras un rato, le dio un golpecito al mechón de Moon.
—¿Ya manejas los dos elementos así de bien, Moon?
—Nnngh… —respondió ella, con la cara enterrada en la hierba.
Ambas habían progresado más de lo esperado.
Despertar doble elemento ya era raro. Pero dominarlos así en apenas dos años… eso requería un esfuerzo increíble.
Tal vez, en silencio, Moon también estaba esforzándose por su cuenta.
Después de todo, ella había ido a la Academia Saint Hees para alcanzar a Noa.
Y Lucecita, con su habilidad de reproducir círculos mágicos complejos, claramente tenía talento para la investigación.
Incluso papá había dicho que, en el futuro, él logró regresar gracias al hechizo de reversión que ella inventó.
Nada mal. Esta pequeña trampa le había dado más de lo que esperaba.
—Hermana… —susurró Lucecita.
—¿Qué?
La dragoncita de cabello rosado giró un poco la cara y la miró con ojos llorosos.
—Solo dinos la verdad… ¿ese fantasma te está haciendo daño?
Noa se quedó en silencio.
—Así que por eso querías atraparlo… ¿pensabas que podía hacerme daño?
Asintió.
Pero justo después, Lucecita se levantó de un salto:
—¡Entonces sí hay un fantasma en tu cuerpo!
—¡Ya te pusiste intensa otra vez!
—¡Cálmate, Lucecita! ¡No quiero otro castigo hoy! —dijo Moon.
Noa también se puso de pie. Miró a su hermanita y, con toda sinceridad, le dijo:
—No me hace daño, Lucecita. De verdad. Puedes estar tranquila. Solo que, por ciertos motivos, yo…
Pero Noa se detuvo.
Sus ojos se desenfocaron de repente.
Moon y Lucecita se asustaron y la sacudieron por los brazos.
—¡Hermana! ¿Hermana, estás bien?
—¡No me asustes, eh, fantasma! ¡Te lo advierto! ¡Si le haces algo a mi hermana te revien—
—Tch. Mocosa.
Moon y Lucecita: ¿?
Cuando Noa volvió en sí, su expresión también cambió.
—Al principio solo pensaba contarle a esta pequeña sobre la verdadera historia…
Mientras hablaba, se llevó el pulgar a la cabeza con un gesto canchero.
—Pero ya que ustedes insisten tanto… supongo que puedo contárselo a las tres.
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