45
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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45 – Esa terquedad tan típica de los reyes dragón
En cuanto León explicó lo que venía a pedir, a Claudia casi se le van los ojos hasta el techo de lo mucho que los volteó.
—¿Otra vez con eso? ¡Ni comes ni dejas de pedir! Ya te di “Las Nueve Prisiones” y “Juicio del Alma”. ¡Con eso tienes para usar hasta que te jubiles! ¿Ahora qué más quieres?
—No, no, no, maestra, esta vez no es para mí ni para Roswitha. Es… para Konstantin.
Claudia alzó una ceja.
—¿Para él? ¿Y por qué?
León le contó cómo había logrado que el viejo dragón lo ayudara en batalla… básicamente, vendiéndole humo con promesas vacías.
Claudia le regaló otro revoleada de ojos aún más fuerte.
—Pues no. No te doy nada. Búscate la vida.
Y dicho eso, cruzó los brazos, dio media vuelta y se fue sin mirar atrás.
—¡Eh, maestra! ¡Espera! ¡Claudiaaa…!
Se cerró la puerta.
Y se le cerró también el corazón a León, que soltó un suspiro, perdido y sin saber qué hacer.
Charlotte se le acercó, le dio un par de palmaditas en el hombro para consolarlo.
—No te preocupes, León. Mi hermana es puro filo por fuera, pero blandita por dentro. No te va a dejar colgado.
León se revolvió el cabello, frustrado.
—No es que quiera molestarla todo el tiempo, pero hay cosas que de verdad solo ella puede hacer.
—Ya, ya. En un rato le hablo yo. Tú tranquilo.
—¡Oye~!
La puerta volvió a abrirse apenas un poquito. Claudia asomó la cabeza, apoyada en el marco.
—¿Qué pasa, Leóncito? ¿Ya vas a llorarle a tu mami?
—¿Maestra tú…?
Ella alzó la barbilla con gesto arrogante.
—Anda, ven. Vamos a elegir los manuscritos de magia primordial.
Charlotte sonrió con complicidad y le dio un codazo a León, como diciendo: “¡Anda, síguela ya!”
Entendido.
Esa mezcla de dureza por fuera y ternura por dentro era bien típica de los dragones.
Y especialmente de los reyes dragón.
En casa tenía a Roswitha. Fuera, a Konstantin. Y ahora se daba cuenta de que su tía Claudia también era del mismo tipo.
Aunque se preguntaba algo:
¿Será que hay que ser así para llegar a ser rey dragón, o es que uno se vuelve así después de convertirse en uno?
Sacudió la cabeza. Mejor no perder tiempo en tonterías.
Se despidió del maestro y la maestra, y fue tras Claudia.
—Gracias, maestra. Perdón por molestarte tanto.
Mientras caminaban por el pasillo hacia la biblioteca, Claudia, con la vista al frente, le respondió con voz tranquila:
—Eres el hijo adoptivo de mi hermana. Según lo que dicen los humanos, eso te hace parte de mi familia también. Así que no es molestia.
—Pero…
De repente, se detuvo.
León también frenó.
Claudia lo miró con sus intensos ojos azules y dijo despacio:
—Pero igual me lo vas a deber. Me lo voy a cobrar algún día.
León parpadeó, luego sonrió.
—Entendido, maestra. Si algún día necesitas algo de mí, solo dilo.
A fin de cuentas, las deudas de favores no desaparecen… solo se trasladan.
Y usar un favor con Claudia para cubrir el favor que debía a Konstantin… sonaba bastante razonable.
Al menos Claudia era mucho más estable que el temperamental viejo dragón.
(Nota de Kazmod: usar créditos para pagar otros créditos NO es buena idea. Gasta lo que ganas, vive con lo justo, y mantén feliz a tu familia.)
—Ah, cierto. Dijiste que le ibas a dar estos manuscritos a Konstantin. ¿Por qué?
—Es parte del trato por ayudarme en la batalla contra el Imperio. Le prometí una habitación llena de magia primordial, pero… eso era demasiado. Así que recorté la promesa a dos libros.
La dragona de cabello azul sonrió con gracia.
—En realidad, con este tipo de alianzas temporales no hace falta cumplir tan a rajatabla. No se trata de ser buena persona. Es que en este mundo tan caótico, las promesas no valen nada.
—Puede ser… pero la verdad es que Konstantin sí me ayudó mucho. Y quizá en el futuro volvamos a luchar juntos. Prefiero mantener mi palabra.
Claudia asintió, satisfecha.
—Así me gusta. Con razón conquistaste al Rey Dragón Plateado.
León soltó una risita amarga.
—No me lo recuerde, maestra. Lo mío con Ros fue más un accidente que otra cosa…
—El encuentro puede haber sido casual. Pero lo que vivieron juntos hasta hoy, eso sí fue auténtico.
Claudia habló con el tono de quien ya había vivido mucho:
—Tú tienes cosas que la atrajeron. Y ella también tiene algo que te volvió loco. Por eso terminaron caminando juntos.
¿Algo que me volvió loco…?
Hmm…
¿Conejita sexy?
Solo de pensarlo, León sonrió como tonto.
Claudia lo miró de reojo pero no dijo nada. Solo murmuró:
—Ay, juventud…
Después de caminar otro rato, Claudia le preguntó:
—Antes escuché que estabas hablando con tu maestro sobre ese tal “señor Sombra”. ¿Ahora sí planeas investigarlo en serio?
—Sí. Me pareció acertado lo que me dijo el maestro, eso de investigar desde el ángulo del anterior rey del Imperio. Cuando termine con lo pendiente, quiero volver y revisar bien todo.
—Buena idea. Las amenazas más grandes suelen esconderse en lo más profundo.
—Cierto.
—Hemos llegado.
Frente a ellos, la puerta de la biblioteca. Claudia la abrió y entraron.
A la izquierda había una elegante mesa con sillas, llena de documentos antiguos y manuscritos. También estaban los apuntes personales de Claudia. Al parecer, ahí se dedicaba a estudiar y traducir.
—Los de magia primordial están por aquí.
Claudia lo llevó hacia un rincón algo oculto de la biblioteca.
Ahí había una estantería especial.
No tenía muchos libros, pero todos parecían nuevos.
—Estos son los manuscritos de magia primordial que he compilado en las últimas décadas. Son copias a mano. Los originales los tengo en un lugar más seguro.
Claudia suspiró.
—Sabiendo que son para Konstantin… hasta me duele un poco dártelos.
Y mirando de reojo a León, añadió:
—Pero bueno, ganarme un favor tuyo no es tan mala inversión.
Quién lo diría…
Hace seis años, León era el cazadragones más temido del mundo humano. Incluso los dragones temblaban al oír su nombre.
Y ahora… era una figura respetada entre todos los clanes de dragones. Incluso los viejos fósiles como el Rey Dragón del Trueno lo trataban con deferencia.
¿Quién sabe qué será de su vida en otros seis años?
¿Quizá termine casado con alguna descendiente del legendario Rey Dragón Noah?
¡Vaya destino más loco!
—Veamos… si es para alguien tan bueno con la magia de fuego como Konstantin…
Claudia revisó la estantería, pensativa. Finalmente tomó dos libros.
—Estos. Fuego Latente y Llama Interior.
Se los entregó.
—El primero es un hechizo ofensivo muy poderoso, además tiene efecto de sellado. El segundo no es tan ofensivo, pero es ideal para un tipo tan impulsivo como él.
León los tomó con cuidado.
—¿Ah sí? ¿Y por qué?
—Llama Interior es más de cultivo espiritual. Ayuda a reforzar la fuerza mental a través de la meditación. En otras palabras, mientras tenga la voluntad de seguir peleando… no va a caer.
León abrió los ojos.
—¡Vaya, está buenísimo!
Claudia se encogió de hombros.
—La magia primordial es así de misteriosa. Tu esposa usa Juicio del Alma, que es una de las más rotas de todas. Estas dos son más “normales”.
León parpadeó, luego bajó la mirada a los libros en sus manos.
—Hasta me dan ganas de aprender uno yo también…
Pero Claudia le dio un golpecito con el dedo en el pecho.
—Tú no puedes.
—¿Eh?
—Tienes implantada la escama de corazón del Rey Dragón Plateado. Eso hace que no puedas acumular energía mágica como los demás. Y para usar magia primordial necesitas toneladas de energía común. No basta con la que almacenas en tus marcas.
—Así que en combate, mejor quédate con tus técnicas de siempre. Siguen siendo muy efectivas, ¿no?
León asintió con una sonrisa resignada.
—Lo sé, lo sé. Pero tener algo tan fuerte justo en frente y no poder probarlo… duele un poco, la verdad.
Claudia arqueó las cejas, pensativa.
—Si de verdad quieres probar algo distinto… quizá tengo algo perfecto para ti.
Los ojos de León brillaron.
—¿¡En serio!? ¿Qué es?
—Hmph. Qué chico tan codicioso.
—Vamos, maestra. Dos libros o tres… ya no hace diferencia, ¿no?
—Bah, basta de palabras bonitas. Te lo voy a dar.
—¡Gracias, maestra!
—No me des las gracias todavía. En solo diez minutos ya me debes dos favores enormes. Mejor empieza a pensar cómo te las vas a arreglar cuando llegue el momento de cobrártelos~
León la miró.
Y no pudo evitar pensarlo:
Resulta que la característica común de todos los reyes dragón no era solo la terquedad…
¡También eran todos unos malditos zorrillos manipuladores!
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